Yo nunca pensé que llegaría a creer en ángeles. Mi madre, Evelyn, era de ‘follones’, y un día le dio uno muy intenso con el tema de los ángeles. Se obsesionó. Leyó libros sobre los ángeles, compraba objetos de todo tipo de ángeles, los ponía por toda la casa, decoraba los árboles de Navidad con sus ángeles, les rezaba, les hablaba, les escribía. Algunas veces sazonaba las conversaciones con anécdotas de sus supuestos ángeles. Decía que tenía visiones donde las alas enormes de esos seres misteriosos se le acercaban y se abrían en un abrazo. En fin, una verdadera obsesión. Yo la miraba raro cuando hablaba de eso pero, como ella era excéntrica, tampoco me sorprendía demasiado.
Un día llegó con María Jesús Mompó y me dijo muy tranquilamente que Mompó era su ángel. Nunca había nombrado a nadie como su ángel pero no le di mucha importancia. Hasta que un día empecé a darme cuenta de que Mompó sí parecía un ángel. Se presentaba siempre con una risa, de hecho, traviesa, para acompañar a mami en sus momentos de terapias, médicos, enfermedad. Se presentaba en los momentos de luchas: en las marchas y acciones por Vieques, en las de los presos, en toda actividad de justicia, ahí estaba Sor Mompó, acompañando, haciéndose presente, andando camino. También se presentaba en las celebraciones. Mami la mandaba a buscar y la vacilaba diciéndole que le mandaría todas las faldas al sastre para que les cogieran ruedo porque estaban demasiado largas. “Pareces una monja”, le decía muerta de risa y Mompó se reía a carcajadas, hasta beberse las lágrimas.
El día que mi madre iba a morir, la energía de su cuerpo descompensado apenas le alcanzó para decirnos dos cosas: una de ellas fue que buscáramos a “su ángel”, María Jesús. De todas las personas en esta vida que mi madre conoció, ella solo quería que buscáramos a Sor Mompó. Y lo hicimos. A media noche salió un familiar de Santurce a Gurabo a buscar a ese ángel que, junto a la familia, la acompañó en su despedida. Mami encontró en Sor Mompó lo que históricamente se ha buscado siempre en los sacerdotes: apoyo espiritual, hermandad, consuelo, amistad incondicional.

Desde entonces, he tenido que creer en ángeles. No ha habido un solo momento en que me haya encontrado con Mompó y no haya sentido que estoy ante una ángel. Una ángel divertida y traviesa, tierna hasta el extremo, dulce y amorosa y comprometida hasta la última partícula. Pero una ángel al fin. No solo nuestra, no solo de las personas enfermas a las que ha dedicado gran parte de su vida religiosa durante muchos años. Esta ángel, nacida en España pero adoptada como boricua, es también una criatura de la justicia, de la acción y la transformación. Gracias, Mompó, querida, siempre.
Reproducido del libro Maria Jesús Mompó Una puertorriqueña nacida en España- Red de Esperanza y Solidaridad









