Especial para CLARIDAD
José Aníbal Carrión Díaz: la historia detrás del árbitro puertorriqueño que llegó a la cima del baloncesto internacional
Esta es la historia del joven que recibió el impulso inicial de sus compañeros, en juegos entre amigos, y de sus mentores; que tuvo que abandonar su país y abrirse camino nuevamente. Es la historia del hijo, del estudiante, del profesional y del ser humano detrás del uniforme de árbitro. La trayectoria histórica de uno de los mejores árbitros de baloncesto que ha dado nuestra nación: José Aníbal Carrión Díaz.
Nació el 1 de enero de 1973, en Fajardo; se crio entre Río Grande, Barrio Malpica y Luquillo. Estudió sus grados primarios en el Colegio El Pilar, en Canóvanas. Sus padres son José Aníbal y Vidalis, sus hermanos: Gloria, Juan, José, Johanna y Vidalis. Tiene dos hijos: Aníbal Leonardo, de 29 años, y Alejandro José, de 25 años. Su madre, hijos y familia son primordiales en su vida y los menciona repetidamente.
Posee un bachillerato en Educación Física de la UPR, Río Piedras; una maestría en Administración de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas; y una maestría en Educación Bilingüe de la Universidad de Connecticut. José Aníbal es un reconocido árbitro del baloncesto nacional, internacional y colegial, con más de 30 años de experiencia, y en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 le correspondió estar encargado de la evaluación de los nuevos árbitros FIBA a nivel de Centroamérica y el Caribe.
Sus comienzos y pasión por el arbitraje, a pesar de nunca haber jugado baloncesto
“Porque desde el principio mostré pasión por el arbitraje. Y eso es algo, la pasión, que no se enseña”.
Todo comenzó en El Pilar. Mucho antes de los Juegos Olímpicos, los campeonatos mundiales y las grandes canchas del baloncesto internacional, el BSN y la NCAA, su historia comenzó en el Colegio El Pilar, en Canóvanas. Comenzó arbitrando de forma informal cuando cursaba el 8.º o 9.º grado, a la edad de 13 o 14 años. Como no practicaba ningún deporte y sus mejores amigos de la escuela eran los atletas, le encargaron desde muy temprana edad ser el árbitro de todos los deportes que hacían en El Pilar. Sobre ese período de su vida señala:
“Como no era atleta, el árbitro fui yo. Yo era el árbitro de todo: baloncesto, lucha libre, lucha, todo lo que hacíamos. Voleibol, yo era el árbitro. Y ahí comenzó mi interés por el arbitraje”.
Lo que comenzó como una actividad para ser aceptado por su grupo de amigos se convirtió en una pasión, en su pasión de vida, en su actual empleo a tiempo completo. Estudió con los hijos del profesor Paquito Rodríguez, “Enciclopedia del Baloncesto Boricua”, y le pidió un libro de reglas a su amigo Nico. Para su sorpresa, Paquito se lo llevó personalmente. Le dijo a Paquito que iba a ser árbitro del Baloncesto Superior. Lo declaró.
En El Pilar no había enfoque deportivo y era solo hasta 9.º grado. En 10.º grado ingresó al Colegio María Auxiliadora y allí era lo contrario: tenían un enfoque deportivo. Se quedaba en las tardes, mientras lo recogían, viendo los partidos de las ligas en las que participaba la escuela. Es allí donde entra en contacto con uno de sus primeros mentores, el profesor Carlos Samuel Calzada, conocido por el apodo de Piche.
Reconoció al profesor Calzada porque, viviendo en Luquillo, su madre, que nació y creció en dicho pueblo, lo conocía y eventualmente ayudó a Carrion a comunicarse con él. De María Auxiliadora pasó al Programa CROEN, en Mayagüez, donde terminó su escuela secundaria. En CROEN seguía siendo el árbitro en los partidos en los que participaba la escuela. Se graduó en 1989, regresó a vivir en Luquillo y fue entonces cuando conoció formalmente al profesor Calzada.
“Casi de inmediato, le dije que si podía ir con él a las reuniones de la Federación de Árbitros, que era la organización a la que él pertenecía, y a esa pertenecí más tarde gracias a él. Y es entonces cuando comienza mi arbitraje organizado, en 1989, gracias a Piche. No tenía carro, porque Piche fue quien me llevó a las reuniones”.
Aquel primer acercamiento al silbato terminaría convirtiéndose en una trayectoria de más de tres décadas y en una de las carreras arbitrales más destacadas de Puerto Rico. Carrión obtuvo su licencia de árbitro en 1989 y pocos años después ya trabajaba en el Baloncesto Superior Nacional. Su carrera continuó creciendo hasta trascender las fronteras de Puerto Rico. En 2001 se trasladó a Estados Unidos, donde comenzó nuevamente desde niveles escolares y eventualmente alcanzó el baloncesto de la División I de la NCAA, tres Olimpiadas y varios Campeonatos del Mundo.
Escenario internacional
El escenario internacional abrió otra etapa de su vida. Su trayectoria incluyó Campeonatos Mundiales y numerosas competencias de FIBA, pero existe un logro que resume la magnitud de su carrera: Carrión representó a Puerto Rico como árbitro en tres Juegos Olímpicos consecutivos: Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012. Le preguntamos: de todos los eventos internacionales en los que has participado, ¿qué momento fue muy importante para ti en algunos de estos Juegos Olímpicos?
“Todos tienen su magia. Atenas tiene su magia porque fueron mis primeros Juegos Olímpicos y fue algo completamente inesperado. Acababa de empezar el año anterior, en 2003, para arbitrar en la ‘International Basketball League’. Mi primer torneo fue en 2003, en Grecia, exactamente”.
En 2004 pasó algo interesante a nivel de FIBA. Hubo una disputa entre FIBA, a nivel mundial, y FIBA Europa. FIBA decidió que no se llevarían “árbitros FIBA Europa” a los Juegos Olímpicos. Los europeos, en ese momento, eran los árbitros más solicitados del mundo. Incluso vinieron a América como árbitros neutrales en todos los torneos de relevancia. Esa situación, podemos decir, abrió las puertas de los Juegos Olímpicos a jóvenes árbitros de América. Llevaron a 30 árbitros nuevos, de los cuales 12 eran de las Américas. Había árbitros con experiencia y árbitros sin experiencia. A José Aníbal, esos primeros Juegos Olímpicos lo tomaron por sorpresa y le abrieron las puertas del baloncesto olímpico e internacional. Le preguntamos sobre un partido memorable y nos señaló:
“Ese primer partido. El primer juego que pité era Argentina y Serbia. Ese partido fue —aparece en YouTube— el famoso juego donde Ginóbili mete un tapeo, toca la bola en un pase que recibe y la bola se mete. Si podemos llamarlo ‘objetivo’, tiene que ser un pase, y toca el balón, y la bola va contra el tablero y entra. Argentina acaba ganando por un punto. Soy yo quien valida el canasto y Argentina derrota a Serbia”.
Ese partido ya traía mucha rivalidad porque, en 2002, en la Copa del Mundo que se celebró en Indianápolis, Yugoslavia (ahora Serbia/Montenegro) venció a Argentina en tiempo extra, en una final controversial. Así que José Aníbal entró a la escena internacional y olímpica con esta jugada que tuvo que cantar entre dos equipos con una rivalidad histórica. Eso fue un caos durante tres o cuatro minutos después del partido. Nos señaló al respecto:
“Gracias a Dios, esa fue mi decisión y tenía razón. Estamos hablando de 2004. En 2004 no había monitor como ahora. En 2004 solo había dos árbitros. Así que mi primer juego pudo haber sido mi último partido. Pero, gracias a Dios, la decisión que tomé fue correcta. Trabajé en mis primeros Juegos Olímpicos y yo arbitré en la semifinal: Italia vs. Lituania”.
En 2008, en Beijing, fue escogido nuevamente como árbitro. Nos señaló que la infraestructura que diseñaron y construyeron fue espectacular. En cuanto a tecnología se refiere, impresionante. Mientras trabajó en cinco partidos en Atenas, en Beijing arbitró 12 y en Londres 12 partidos: tres Olimpiadas como oficial en la cancha. Entre sus logros está que, en los Juegos Olímpicos de 2004, fue árbitro en las semifinales. En 2008 y 2012 le encargaron el juego por la medalla de bronce en baloncesto masculino. Me señaló lo siguiente:
“Así que fui bendecido con el tiempo que tenía y donde trabajé internacionalmente, porque no solo era que participé, sino que también trabajaba en partidos importantes”.
Un país que visitó y al que le gustaría volver es Japón, donde participó en la Copa del Mundo FIBA de 2006, una experiencia única, según me señaló. Cada nominación de FIBA que recibía era una muestra de su buen trabajo en la cancha. Le preguntamos: de los Juegos Olímpicos, la NCAA y el baloncesto internacional, ¿cuál ha sido el momento más difícil de tu vida como árbitro?
“Creo que el primer juego que pité en 2004, en Atenas. Te puedo decir la fecha: 15 de agosto de 2004”.
Esas Olimpiadas no solo fueron buenas para el baloncesto boricua por la participación de José Aníbal, sino que, además, Puerto Rico venció por primera vez a la selección de Estados Unidos en Juegos Olímpicos. Fue la primera vez que Estados Unidos perdió frente a los nuestros en el baloncesto internacional.
Entiende que FIBA fue muy importante en su carrera internacional. Me señaló:
“En los años que yo estuve activo como árbitro en FIBA, tuve la bendición o la maldición —creo que es una bendición— de que, en todos los eventos élite de FIBA, en la época de oro del baloncesto argentino, me tocó pitarle a Argentina. Todos los juegos, la mayoría de los juegos FIBA duros que el equipo argentino jugó, yo estaba en ellos. Ginóbili, Nocioni, Pepe Sánchez, Oberto. Yo trabajaba esos juegos; esa época la trabajé completa”.
El arbitraje como “sacerdocio” de José Aníbal,

Honradez, respetabilidad, honestidad, integridad, rectitud, seriedad, ética de trabajo, e imparcialidad son parte de sus virtudes como árbitro. Un mentor de FIBA le mencionó años atrás que arbitrar en torneos locales es más difícil que trabajar en torneos internacionales. Porque en los torneos internacionales ves a los jugadores una vez al año, pero en los torneos locales te ven año tras año.
“Hoy día, con la tecnología, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, vas a internet y pones mi nombre, y lo pones en partidos trabajados contra esa universidad, y te dicen todos los partidos que he trabajado con esa universidad y el historial que tienen conmigo. El arbitraje es un desafío, un reto. Todas las noches haciendo este trabajo. Puerto Rico tiene un nivel excepcional de arbitraje. Puerto Rico ha dado excelentes árbitros, a nivel local y a nivel internacional, reconocidos así internacionalmente. Puerto Rico es el mejor taller. Gracias al arbitraje yo me hice como ser humano. Mis hijos estudiaron y están en la universidad. Y yo amo el arbitraje”.
Entiende que manejar las emociones y saber comunicarse con jugadores y entrenadores resulta fundamental en la cancha. Para él puedes ser el mejor, pero si no eres capaz de comunicarte con jugadores y entrenadores no serás exitoso en la profesión. Además, la tecnología, los sistemas de repetición instantánea y las nuevas exigencias han transformado el arbitraje. Pero detrás de todo ello continúa estando una persona tomando decisiones bajo presión. Carrión ha vivido esa transformación desde las canchas de Puerto Rico hasta el máximo escenario del deporte mundial. Para él la función o trabajo del árbitro, en cualquier deporte, es identificar los errores que otra persona comete. Con lo que eso implica: a nadie le gusta cometer errores, mucho menos que le digan o le señalen que cometió un error. Él entiende que la función del árbitro, su trabajo y decisiones son muchas veces difíciles.
“Yo, dentro de mis limitaciones, dentro de mis límites, porque no soy perfecto, soy un ser humano, intento ser lo más justo posible, un buen compañero de equipo y un buen maestro”.
Dentro de sus anécdotas menciona una serie en el BSN en la que le tocó arbitrar un séptimo partido con Pucho Figueroa y Carlos Villanueva. Me dijo que, cuando salieron a la cancha, un jugador del equipo visitante le dijo a otro de sus jugadores en voz alta: “Esta noche tenemos posibilidades de ganar”. Ese comentario entiende que marcó su carrera:
“Eso, para mí, ese era un comentario que marcaba mi carrera. Que la gente, los jugadores, porque obviamente el fanático es un fanático, pero los jugadores, la gente con la que trabajas, las personas con las que compartes reconozcan tu imparcialidad, local o visitante. Y eso, para mí, eso es extremadamente importante”.
Le pregunté: ¿cómo quieres que se te recuerde, tanto en Puerto Rico como internacionalmente? Sin pensarlo, me contestó:
“Como buen compañero o como buen maestro. Ya, de hecho, tengo varios compañeros que me llaman profesor. Como buen compañero de equipo y como buen maestro”.
Conexión con patria y familia
Detrás de esas asignaciones de trabajo existe otra historia que este reportaje pretende contar. Porque, después de recorrer el mundo, hay algo que permanece: cuando José Aníbal Carrión regresa a Puerto Rico, regresa a Luquillo. Allí están su mamá, su familia y sus hijos. Vive solo en Estados Unidos; su madre, sus hijos y sus hermanos están en Puerto Rico. Así que, al regresar a Puerto Rico, está volviendo a sus raíces, regresando a casa en todo el sentido.
“He estado arbitrando durante 36 años en la Liga de Baloncesto Superior, que es donde me convertí en árbitro, si podemos decirlo así: regresar a Puerto Rico es regresar a casa. Así que, volviendo a Puerto Rico, estoy volviendo a casa”.
Las redes sociales lo ayudan a mantenerse en comunicación prácticamente diaria con su madre, hijos y hermanos. Además, escucha diariamente Fuego Cruzado (el viejo formato), Carlos Díaz Olivo y Luis Pabón Roca y Cátedra 580. Gracias a las redes sociales no se ha desconectado de la realidad del país. Hablamos de muchos temas que aquí no podemos incluir por cuestión de espacio y entiendo que está muy bien informado. Es Gallito de corazón. Uno más de los que tienen que abandonar la nación en búsqueda de mejores oportunidades por el deterioro de la colonia. Estamos seguros de que regresará al archipiélago cuando llegue su retiro. Lleva a Puerto Rico pegado a él. Es BORICUA DE PURA CEPA.








