Treinta puertorriqueños y puertorriqueñas viajaron a Dallas, Texas – encabezados por el ex representante PNP, Angel Cintrón y la señora Zoraida Fonalledas, delegada permanente de Puerto Rico en el Partido Republicano de Estados Unidos- para participar del nuevo embeleco de Donald Trump- la «Convención republicana de mitad de mandato»- con el actual Presidente de Estados Unidos de atracción en la pista principal. Trump tratará de motivar a su base política más fanática para que salga a votar en las elecciones legislativas de medio término que se celebrarán el próximo mes de noviembre, y que no pintan bien para los Republicanos.
El Presidente sigue bajando en las encuestas. El agregado de encuestas de Real Clear Politics apenas le da un 40 por ciento de favorabilidad entre los electores estadounidenses, lo cual no es un buen síntoma a tan sólo dos meses de que se renueven electoralmente la Cámara y el Senado de Estados Unidos. Si son ciertos los pronósticos que apuntan a un triunfo de los Demócratas en la Cámara de Representantes, poco será lo que puedan lograr Trump y los Republicanos en lo que queda de cuatrienio, a menos que Trump pretenda y el Tribunal Supremo apruebe, seguir gobernando por decreto en Estados Unidos.
La nota de prensa que anuncia la participación de la delegación boricua no dice nada sobre una agenda que el grupo lleve para presentar en la «Convención». ¿Qué propósito tiene, entonces, su participación en ese escenario, lo mismo que en convenciones para elegir candidatos presidenciales o en otros foros políticos de Estados Unidos?
Más allá de figurar, tomarse fotos, o hacer gestiones de negocios o de intereses particulares, un desfile de puertorriqueños en gallinero ajeno no tiene sentido ni explicación, que no sea seguirle el juego a los políticos de allá- en este caso, a los Republicanos- que no tienen interés demostrable en Puerto Rico.
Como colonia/territorio, tampoco hemos sido ni somos factor en el Congreso. Nadie que vive y vota aquí puede votar por candidatos en las papeletas legislativas de los 50 estados de la Unión Americana. Puerto Rico no participa de esa contienda de medio mandato. Tampoco se vota en Puerto Rico por el Presidente ni el Vicepresidente, ni mucho menos se influye en quienes serán los próximos líderes de Cámara y Senado. En resumen, no hay agenda qué defender porque en ese escenario, Puerto Rico es irrelevante. La única agenda de los políticos del bipartidismo PNP-PPD ha sido y es seguir aumentando la dependencia de Puerto Rico en los fondos federales para continuar cultivando el miedo y el sentido de impotencia de nuestro pueblo.
¿Para qué van a Dallas, Texas,entonces? ¿ Para sentirse importantes ? ¿ Para aparentar una cercanía que no existe? ¿Para allegarse al poder que los hace sentir falsamente seguros? ¿ Para «adelantar» una estadidad que no ha llegado en 128 años y que está hoy más lejos que nunca? ¿ Para congraciarse con un patán como Trump que mientras más se le alaba, más nos desprecia?
En Puerto Rico las cosas no están para viajes de turismo político. La crisis general de gobernanza está llegando a su clímax y ya se avizora cómo se deshace otra administración de gobierno colonial del PNP. Por eso, Jennifer González, Gobernadora de Puerto Rico, Republicana y partidaria de Donald Trump no fue al viajecito a Dallas. Porque ya empiezan a revelarse los detalles ocultos del escándalo de Power Expectations, y la negligencia, dejadez y encubrimiento que hubo en todo el proceso de ese fallido contrato. Esto es solo la punta del témpano de una crisis política – y de falta de agua y energía- que seguirá profundizándose, porque su raíz está en el derrumbe de una administración pública débil, incompetente y podrida, que atrae especuladores y farsantes de toda calaña, que sólo se acercan para beneficiarse ellos – y repartir un poco entre políticos y funcionarios que les faciliten la faena- de los miles de millones asignados para la reconstrucción. El patrón es claro. Fueron Whitefish y Cobra, entre otros, tras el huracán María. Ahora son LUMA, AES, GeneraPR, New Fortress y, por casi, casi nada, también nos coge de bobos Power Expectations. El despojo es grande y sin consecuencias para sus ejecutores porque Puerto Rico también se ha convertido en el reino de la impunidad.
Nada de esto será tema durante el «circo» de Trump en Dallas. A juzgar por el discurso que dio a los participantes, la oferta del Presidente es repartir dinero a cambio de los votos que le mantengan a su administración el control de la Cámara y el Senado federales. Los 30 puertorriqueños y puertorriqueñas que fueron allí no tiene votos para ofrecer. Engañados por la fantasía de traer de vuelta alguna buena noticia para sus huestes, seguramente regresarán cabizbajos y con las manos vacías.








