CLARIDAD
Aunque hemos visto llover, el agua que ha caído no es suficiente para llenar los embalses y mucho menos decir que ya pasó la sequía. Todavía los embalses de Carrízo y La Plata no tienen la capacidad suficiente para salir del control por racionamiento.
“El problema hidrológico se combina con la ineficiencia”, argumentó el planificador Félix Aponte, sobre la situación con el suministro de agua. Nos explicó que a pesar de que en la primera semana de septiembre se tuvo una lluvia importante, esta no fue sustancial. La situación se debe a que la cuenca del Río Grande de Loíza, que drena la represa Carraízo y la represa del río La Plata, ha ido acumulando un déficit de la precipitación de lluvia ordinaria.
El curso ha sido que a partir de mayo y junio llovió muy poco, en julio casi no llovió y, de hecho, fue el récord de precipitación más baja en 100 años en la isla. En agosto, aunque cayó lluvia, el déficit de agua en Carraízo era de 15 pulgadas menos de lo que normalmente debía haber acumulado en el año. Aponte aclaró que no empece a que la lluvia de la última semana de agosto aportó quizás entre cuatro a cinco pulgadas, el déficit de agua acumulado desde el punto de vista hidrológico se observa más en los flujos de caudales que los ríos transportan y no tanto en los embalses. Por ejemplo, cuando hubo los primeros aguaceros fuertes, la mayor parte de la primera lluvia que cayó se convirtió en escorrentía superficial. Es decir, el agua cae al suelo seco sólido, buena parte del agua discurre rápido al río, eso satura un poco los ríos; pero de la misma manera, el suelo absorbe parte de esa agua y se infiltra a suelo profundo.
“Esa agua que se infiltra es la que nutre continuamente los ríos. Así que cayó el aguacero, la mayor parte del agua fluyó rápido al río, el río subió el caudal y ese tipo de descarga llenó el embalse. Entonces se refleja una crecida en el embalse. Pero la realidad es que al otro día ya el flujo había bajado y volvió a estar al flujo mínimo”, nos explicó.
Aponte comentó que parte del problema que ha estado exponiendo en varias entrevistas es que el ciudadano común considera que no es suficiente que les hablen de ese tipo de dato debido a que no promueve en el ciudadano un sentido de ser cauteloso en el consumo. Señaló que para el ciudadano común no tiene ningún sentido decirle que el embalse subió 15 metros; lo que sí tiene sentido es decir “el agua almacenada dura, a la razón que la estamos sacando, para diez días u ocho días”.
Prosiguió explicando que él hace un pequeño balance todos los días de cotejar los flujos de los ríos tributarios, que son el Gurabo, el cual aporta mucha agua igual que el Loíza, y los ríos menores que fluyen al Cagüita, Bairoa y Río Cañas. Cuando se suma la cantidad de agua que está fluyendo por esos ríos, por ejemplo el día de nuestra entrevista, sumaban 50 millones de galones. Pero entonces Acueductos (AAA) saca para filtrarla entre 80o 90 millones de galones.
“Así que, técnicamente, le están sacando más agua de la que entra (a Carraízo), pues vuelve a bajar. Cuando se mira el flujo de entrada hace unas semanas, al embalse le estaban entrando menos de 40 millones de galones y le estaban sacando 80. Cuando nos informan diariamente que bajó determinados centímetros, esa baja es la diferencia entre el agua que sacaron y el agua que entró”.
Añadió la observación de que los aguaceros de la primera semana de septiembre no produjeron descargas profundas a los ríos, así que tan pronto el agua surca al suelo, los ríos regresaran a su caudal mínimo porque están por debajo del promedio.
El planificador experto en el tema del agua resaltó que la proyección de que llueva parece ser que una vez pase septiembre, si no llegan ondas tropicales fuertes, “lo que parece que no van a llegar”, los ríos regresarán a unos flujos mínimos.
“Llevo muchos años aficionado al tema. No recuerdo ver el río Fajardo. En el río hay dos estaciones donde se mide el flujo y en una de ellas era cero, no había agua fluyendo. El río Fajardo es parte del drenaje de El Yunque, así que el nivel de sequía que había allí era extraordinario. Pienso que potencialmente vamos a regresar a ese nivel, donde muy poca lluvia va a ocurrir y los ríos se van a deprimir mucho en el caudal y no va haber mucha agua para almacenar, por lo que técnicamente pudiésemos estar de nuevo en la situación que estuvimos para el año 2015, o peor”, advirtió.
El fenómeno de El Niño
Ante esta posibilidad, Aponte indicó que la situación de la sequía actual se asocia con el fenómeno de El Niño y que, según los expertos del clima, la presente sequía es potencialmente, o va a igualar, a una que hubo en el 1950, que fue muy severa. “Pero hay muchos expertos que piensan que será más severa que la del 50 y es más probable que sea la más severa en 120 años”.
No obstante, aclaró que en principio lo que eso quiere decir es que el país va a estar mínimo hasta febrero del 2027 con muy poca lluvia, muy por debajo del promedio. En el caso de Puerto Rico, que por lo normal no llueve en febrero ni en marzo, tendremos que esperar lluvia en mayo.
“En ese escenario probable, de no ocurrir algún huracán, vamos a tener simultáneamente mermas de agua en casi todos los ríos de Puerto Rico, en particular el área oeste. Eso va requerir que el manejo de la presente sequía requiere mucho más cuidado porque pudiera ser una sequía histórica para la cual no tenemos precedente en varias generaciones”, advirtió.
En tono crítico, el exmiembro de la Junta de Planificación apuntó que en este escenario supondría que tuviesen administradores del agua “competentes, inteligentes con capacidad, y creo que eso está muy disminuido. Los funcionarios son incompetentes para manejar las situaciones ordinarias cuando no hay problemas de lluvia. A la hora de manejar una sequía severa, entonces la incompetencia se hace terrible, y eso viene desde Fortaleza a todos los niveles de los jefes de agencia”.
En esa dirección, señaló que un ente clave es el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), el cual tiene una responsabilidad en ley, que se supone que es el hidrológico del Estado, que es quien asesora en hidrología y es el custodio de todos los recursos de agua.“Y tenemos a un señor que no brilla por su capacidad”, dijo en referencia al secretario del DRNA.
Elaboró que a la situación de sequía se le suma que la infraestructura de la AAA se ha deteriorado y los niveles de pérdidas de agua son altísimas, que ha habido poca agua para extraer de los lagos y que de la mucha o poca que se extrae, la mitad se pierde en la tubería. Todo ello complica aun más la situación.
,Hasta ahí, expuso Aponte, el panorama de la costa norte. En lo que concierne al sur, dijo que ya hay problemas porque los acuíferos del sur, que son la fuente de agua primaria para los pueblos de Juana Díaz, Santa Isabel, el 70 % de Coamo junto a Salinas y buena parte de Arroyo y Guayama, se declararon en situación de no aptos antes de la sequía del 2014.
De acuerdo con el monitoreo de sequía semanal, la región sur se encuentra en sequía extrema consecutiva. Observó que las lluvias recientes no alteraron la situación de sequía en el sur de manera fundamental, por lo que eventualmente habrá problemas de falta de agua en esos municipios. Probablemente ocurrirá primero en Salinas, después en Santa Isabel.
Esa región no cuenta con un sistema de agua superficial para poder complementar la falta de agua subterránea, a menos que se hagan cambios en los cuerpos de agua superficiales. Destacó que esa es la decisión critica que tendrá que hacer el secretario del DRNA o la gobernadora: si el agua que utilizan los agricultores para el sistema de riego no se ofrezca a los agricultores y que los pocos caudales que hay en el lago Patillas, lago Carite y en el lago Guayabal se puedan utilizar para consumo humano aun en forma limitada. “El panorama para la región sur se proyecta también exigente en un manejo cuidadoso y en observación científica de cómo progresa este problema”, planteó.
De acuerdo con los expertos, no hay expectativas de que vaya a producirse un ciclón en los próximos meses que pueda alterar esta sequía, indicó. Eventualmente, en el año próximo o de aquí a dos años, la preocupación va a ser uno o dos ciclones de alta potencia cerca sobre nosotros. Entonces tendremos el problema de las inundaciones.
Aponte concluyó que la realidad que estamos viendo es la expresión del efecto del calentamiento del planeta y que se supone que como sociedad nos estemos adaptando a esa nueva realidad. “Si el gobierno empieza por tener una negación de que el calentamiento del planeta es real, pues, ya se tienen problemas. Una reflexión mínima que se tiene que hacer es: esta es la situación, ahora cómo vamos a prepararnos y cómo vamos a trabajar para futuro. Esa conversación no se escucha”.








