En un mensaje que dirigió el martes pasado ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parecía cautivo de un febril delirio de grandeza. Hablando como si fuese emperador del universo, profirió abiertamente una serie de amenazas claramente contrarias a la Carta de la ONU y al derecho internacional contra países miembros de ese foro mundial. Amenazó con aniquilar a Irán si no se somete a sus designios y, además, amenazó con usar la fuerza militar en América Latina contra cualquier país, como ya ha hecho contra Venezuela y dice que hará contra Cuba, si Estados Unidos ve peligrar sus intereses imperiales. En cuanto a Irán, afirmó sentirse ante una disyuntiva: o se someten o, en ausencia de ello, los envía “al infierno sin ninguna posibilidad de sobrevivir y sin esperanza alguna de grandeza futura ni de generaciones venideras”. A buen entendedor, con pocas palabras basta: se trata de una amenaza de ataque genocida con armas nucleares contra el pueblo iraní.
De paso, el mandatario yanqui también defendió la ilegal agresión militar realizada el 3 de enero de este año contra Venezuela, el cual incluyó el secuestro de su presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, además de ser responsable por más de un centenar de muertos, incluyendo 32 cubanos que formaban parte de la seguridad del mandatario venezolano. Y puntualizó al respecto: “Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos”. En el público se encontraba Delcy Rodríguez, la actual presidenta encargada, quien encabezaba la delegación venezolana. Se veía con la mirada en blanco mientras escuchaba el alardeo de Trump contra su país, como si la cosa no fuese con ella.
El genocidio silente del pueblo cubano
Sobre Cuba, Trump alegó que es “un Estado absolutamente fallido … y acabará cayendo.” Nada mencionó sobre el criminal bloqueo que ha intensificado contra el pueblo cubano, el cual ya raya en una especie de genocidio silente. A diferencia de la delegación venezolana, la delegación cubana abandonó la sala en protesta ante las palabras ofensivas de Trump.
Cuba, la Numancia de nuestros tiempos, le calificó en septiembre de 2021 Andrés Manuel López Obrador. El entonces mandatario mexicano comparaba así la heroica resistencia del pueblo de Cuba frente al criminal bloqueo yanqui con la desplegada por el pueblo de la ciudad de Numancia, una población celtíbera, la cual resistió durante más de 20 años, del 153 al 133 AC, los ataques y el cerco del Imperio Romano, prefiriendo finalmente morir que someterse. ¡Patria o muerte!, fue también la consigna de los numantinos como la sigue siendo hoy entre los revolucionarios cubanos.
Trump continuó su discurso delirante abordando también sus ataques militares indiscriminados e ilegales con drones contra embarcaciones civiles en el Caribe y el Pacífico. Alegó sobre ello que “los cárteles son el ISIS del hemisferio occidental” y que al igual que en el caso del grupo terrorista “deben ser asesinados, exiliados o detenidos como combatientes enemigos sin posibilidad de liberación”. El narcotráfico ha sido declarado por Trump una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Claro está, Washington no ha presentado prueba alguna de que dichos ataques indiscriminados contra embarcaciones civiles sean efectivamente contra narcotráficantes. Si tuvieran que hacerlo, tal vez pasaría igual que la fatula acusación en que se basó el secuestro de Maduro de encabezar un llamado Cartel de los Soles, sobre el cual su Departamento de Justicia ya desistió por no haber prueba alguna al respecto. Incluso, tuvo que aceptar de que ni siquiera hay prueba tan siquiera de que exista tal Cartel de los Soles.
Groenlandia y Puerto Rico
Por otra parte, el presidente estadounidense se refirió al acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia, que se firmaría oficialmente poco después de su discurso. Alegó engañosamente que dicho acuerdo le “otorga a EE. UU. el control permanente sobre la seguridad y todas las necesidades de ese territorio” y anunció que su gobierno estará construyendo próximamente dos grandes bases militares en Groenlandia. En realidad, el mentado acuerdo con Dinamarca y Groenlandia esencialmente repite y formaliza lo suscrito ya en un acuerdo previo de 1951. El llamado nuevo acuerdo sólo busca que Trump pueda salvar cara ante la frustración de su ambición declarada de anexarse a Groenlandia. Además, dicho acuerdo incluye un reconocimiento expreso al derecho de autodeterminación del pueblo de Groenlandia, incluyendo una cláusula de vigencia de lo acordado en la eventualidad de que éste opte finalmente por su independencia de Dinamarca.
Como puertorriqueño, no puedo dejar de recordar como en el 2019 Trump le ofreció Puerto Rico a Dinamarca a cambio de Groenlandia. Dinamarca y Groenlandia rechazaron tajantemente el canje.
En el 2025, el centro de ideas para la acción Plan B Independencia, emplazó a Trump para que dejara de tratar a Puerto Rico como mera propiedad y botín de guerra, y decidiese poner fin de una vez y por todas a su condición colonial, traspasándole la soberanía para dar inicio de inmediato a un proceso de transición hacia su independencia. Ante el evidente colapso del régimen colonial, agravada por la rampante corrupción e incompetencia del anexionismo gobernante, dicha propuesta se insertó en un nuevo despertar del movimiento independentista en mi país y en aquella parte de nuestro pueblo que vive en Estados Unidos. También ha ido poco a poco penetrando en los corrillos del poder en Washington en oposión a aquellos quienes, mayormente en el Partido Demócrata, favorecen culminar la conquista colonial de Puerto Rico, con su anexión final a Estados Unidos.
La respuesta inmediata del gobierno de Trump fue la remilitarización de Puerto Rico para su uso como base de operaciones militares contra Venezuela, Cuba y el resto de la región.
La trampa de Tucídides
Por último, el discurso guerrerista de Trump ante la Asamblea General de la ONU tocó el tema de la Inteligencia Artificial. Afirmó que rechazaría cualquier propuesta para regular internacionalmente la “inteligencia artificial”, la cual crecientemente se vislumbra como un instrumento de guerra igualmente poderoso como lo fueron las armas nucleares en su momento. Detrás de la IA se agrupan una serie de fuerzas, algunas claramente tecnofascistas como, por ejemplo, Palantir, que consideran dicha tecnología como un instrumento de dominación que permitirá subsumir real y totalmente la gobernanza bajo las lógicas y dictados del capital. Quien gane en materia de IA, dominará el mundo, afirmó Trump.
Sobre la competencia con China al respecto, ayer jueves Xi Jingping, quien se encuentra en una visita de estado en Washington DC, le volvió a advertir a Trump de que no caiga en la llamada trampa de Tucídides y, como potencia hegemónica en declive, pretenda imponerse sobre China, la nueva potencia en ascenso, mediante el uso de la fuerza, en vez de la cooperación o la sana competencia.
Finalmente, si bien Trump insistió en que Estados Unidos está más poderoso que nunca, tanto en lo militar como en lo económico, la realidad tiende a ser una muy otra. La guerra total e hibrida que ha lanzado contra el mundo, ha representado un alto costo interno para Estados Unidos. Su población ha sido una de las mayores víctimas debido a la creciente precarización de la vida de la inmensa mayoría. Ello, aseguran los analistas, parece que condena a Trump y las fuerzas que lo apoyan a una derrota significativa en las elecciones de medio término que se efectuarán en noviembre próximo. En ese sentido, Trump podría perder la mayoría en ambos cuerpos del Congreso, lo que le dejaría crecientemente debilitado.
El derecho del más fuerte
Ahora bien, más allá de los cambios políticos internos que podrían darse próximamente en Estados Unidos, ¿qué está en condiciones de hacer la ONU en respuesta a estas amenazas claramente violatorias de su Carta y el derecho internacional en general? La Carta de la ONU y el derecho internacional no pueden seguir declarando una cosa y estados miembros como Estados Unidos e Israel haciendo lo contrario, sin que finalmente tengamos que aceptar que dicha Carta y el derecho en que se fundamenta son una triste y engañosa ficción y que la realidad dura e innegable es que hoy lo que prevalece con total impunidad es “el derecho del más fuerte”. La ONU ha quedado evidenciada como una institución crecientemente disfuncional, con una estructura de poder propia de la pos-Segunda Guerra Mundial, pero ya incapacitada para reflejar las nuevas relaciones de fuerza que se dan hoy en las relaciones internacionales.
Es imperativo que tomemos consciencia de que estamos en tiempos de guerra. Lo querramos o no admitir estamos en medio de la Tercera Guerra Mundial, dentro de la cual la América nuestra constituye uno de los frentes de guerra abiertos por Washington. Y frente a la guerra sólo valen los actos de fuerza. No me refiero unicamente a los armados sino que también los políticos, los cuales constituyen de igual manera actos de guerra por otro medio. Lo demás son juridicismos defensivos que si no están acompañados de acciones de fuerza, contribuyen poco o nada a la potenciación de cambios de sentido en las circunstancias actuales, específicamente con efectos estratégicos concretos.
Sin embargo, no basta con indignarse con ese discurso de Trump en la Asamblea General. Hay que negarse a contribuir a que se se sigan normalizando los crímenes que fueron el centro de su discurso abiertamente imperialista. “¡Al vencedor pertenece el botín!”, manifestó sin sonrojarse el mandatario yanqui. ¡Nada de mundo multipolar sino una cruda reafirmación de un mundo unipolar bajo sus criminales dictados!
Una “República nueva” de espaldas a Chávez y Maduro
Finalmente, hubo otro discurso ante la Asamblea General que me produjo también una gran indignación. Se trata del mensaje de Delcy Rodríguez. Sin mencionarlos, le echó la culpa a Maduro e incluso a Chávez por la crisis política que dividió a los venezolanos.
Nada sobre la lucha de clases que hubo ni la lucha librada por su pueblo contra el criminal y violento intervencionismo de Estados Unidos y Europa. En todo caso, expresó sentirse agradecida a Trump por toda su ayuda para enderezar al país.
Rodríguez anunció un proceso de reformas “democratizadoras“ de Venezuela y de construcción de una República nueva. Indicó que primero habrá una reforma jurídica y del sistema judicial que elimine la posibilidad de “atropellos a manos de un poder arbitrario”. En segundo lugar, anunció que habrán elecciones”, aunque sin comprometerse con una fecha específica. Pidió respaldo para una Venezuela libre y soberana sin restricciones económicas e intromisiones de ningún tipo. Dijo que Venezuela quiere abandonar el camino divisionista que se impuso en el pasado reciente. Habló de asumir “una responsabilidad histórica, la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto a una etapa de democracia plena … una nueva etapa de bienestar para el renacer de la democracia en Venezuela.”
¿Y qué del proyecto de Estado comunal propuesto por Chávez y reafirmado bajo Maduro? ¡Ni mención de ello! Para ella, pues, el chavismo gobernante que le precedió fue antidemocrático y un desastre para los venezolanos.
Demás está decir que la “presidenta encargada” de Venezuela no denunció el secuestro del presidente constitucional por parte de EEUU ni reclamó su liberación. Tampoco expresó su solidaridad con Cuba e Irán. Fue un discurso que confirmó que la revolución bolivariana ha muerto.
“Parece que ella ha cambiado”, admite posteriormente en una entrevista de prensa el viceministro de relaciones exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossio. Reconoce que Venezuela ya no es un aliado sino que tan solo un país amigo.
En fin, la América nuestra se enfrenta a una coyuntura de franco ascenso de la influencia del imperialismo yanqui y sus achichincles en la región, y un repliegue de sus fuerzas de cambio progresistas, sin hablar de las revolucionarias. Pero, así es el devenir histórico: una dialéctica material de ascensos y descensos, ofensivas y repliegues, discontinuidades y continuidades, la eterna contradicción entre lo nuevo y lo viejo, la cual constituye una trinchera sin fin. Y en ésta solo nos cabe luchar y luchar, una y otra vez, para seguir potenciando lo nuevo y derrotando los monstruos que surgen en el proceso.








