Se sentó con las piernas cruzadas, casi recostado en el asiento. Su frente amplia, sus cejas rectas y pobladas, sus ojos oscuros que rara vez parpadean más de lo necesario, su mandíbula marcada y su postura rígida construyen una imagen que no es casual. Robert F. Mujica Jr. encarna el tecnócrata puro: el hombre que llega con papeles, métricas, auditorías y una disciplina fiscal que no admite titubeos. No sonríe. No improvisa. No seduce. No busca aplausos. Su lenguaje corporal es una línea recta, como si cada gesto fuera un gasto que debe justificar.
Allí estaba, frente a Alexandra Lúgaro contestando en la Última palabra, y en medio de su quietud, dejó caer una frase que no pertenecía al mundo frío de los números, sino al mundo ardiente de la historia: “Muchos de los que llevaron a Puerto Rico a la quiebra todavía están en el gobierno.”
La dijo sin levantar la voz. La dijo sin mover las manos. La dijo sin que su rostro cambiara.
Pero la frase cayó como un trueno en una habitación insonorizada.
No lo dijo con rabia ni con dramatismo. Lo dijo como quien lee un número en una hoja de cálculo. Pero la frase no era un número. Era una advertencia.
Porque cuando un tecnócrata —uno que evita la política como si fuera una variable contaminante— decide señalar a los responsables históricos del colapso, no está haciendo un comentario casual. Está trazando un mapa del riesgo. Está diciendo que la Junta se irá, pero los hábitos que llevaron al país al precipicio siguen vivos, siguen en funciones, siguen tomando decisiones.
Y si siguen ahí, ¿qué nos espera cuando la Junta se marche?
Mujica no lo dijo. No lo diría. Su estilo no le permite entrar en ese terreno. Pero su mensaje, leído con la seriedad que exige el momento, deja claro que el país podría estar caminando hacia un segundo ciclo de irresponsabilidad fiscal, esta vez sin un ente externo que obligue a la disciplina.
Su frialdad, lejos de restarle fuerza, la amplifica. Porque cuando alguien que nunca dramatiza decide señalar un peligro, el peligro es real.
La entrevista mostró a un hombre que representa una estructura que muchos rechazan, pero también mostró algo más incómodo: que la salida de la Junta no garantiza la salida de las prácticas que nos llevaron a la quiebra. Que la estabilidad fiscal no es un decreto, sino una cultura. Y que esa cultura, según Mujica, sigue en manos de quienes la quebraron.
No es un llamado explícito a sacar a nadie del gobierno. Pero es, sin duda, un llamado a mirar de frente a quiénes están ahí, qué decisiones toman y qué país están construyendo. Es una advertencia que, si se ignora, podría convertirse en profecía.
Mujica no vino a caer bien. Tanto el como el resto de los que componen la Junta de Supervisión fiscal se han ganado el desamor con creces. Pero en esa entrevista, con su rostro frío y su voz sin adornos, dejó caer una verdad que el país no puede darse el lujo de ignorar.
La Junta se irá. Los responsables, según él, se quedan. Y el futuro de Puerto Rico dependerá de si escuchamos la advertencia… o repetimos la historia.








