¿Quién hubiese imaginado que Antonio Caban Vale, conocido como El Topo y vinculado al grupo Guajana, cultivara el soneto, forma poética que no es tan popular en el presente como el verso libre? Tal vez algunos piensen que fue decimista porque provenía de Moca, tierra de trovadores y de porfías. Otros siempre rememoran la canción que compusiera sobre Antonia Martínez, estudiante asesinada durante las luchas estudiantiles en la Universidad de Puerto Rico : “Antonia, los pueblos no perdonan, tu nombre es una historia de un pueblo que te busca y se ha encontrado en ti”.
Uno de los sonetos del reconocido cantante utiliza mayormente la metáfora y el encabalgamiento para enlazar y dar mayor cohesión a su poema:
Dulcísima Loraina, piel de luna
Doncella de mis noches encantada
por la costa del cuerpo, la ensenada
de tus hombros navego por la bruma
del deseo sin bridas, a horcajadas
me sumerjo en los valles y las dunas
de tu vientre fecundo por la ruta
de labios y mejillas asediada.
Eres al corazón, Loraina mía
Eva primaveral, dación de vida
en el altar del beso propiciada.
Fruta madura que la miel destila
y gota a gota fluye ensimismada
hacia el centro de ti en llama viva.
Otros miembros de Guajana cultivaron sonetos como Edgardo López Ferrer, Ramón Felipe Medina y José Manuel Torres Santiago. No solo estos sino también numerosos poetas de distintas generaciones practicaron sonetos.
Esta forma poética fue cultivada, según Daniel Torres, por el primer poeta puertorriqueño Francisco Ayerra y Santamaría en el siglo XVII, lo que también documenta Eloísa Rivera en su libro La poesía de Puerto Rico antes de 1843. El soneto es muy antiguo. Se introduce desde Italia con Petrarca. Llega a España a fines de la Edad Media y luego es traído al mal llamado “nuevo mundo” en donde surgieron muchísimos cultivadores de esta tradición hispánica. (¿Cuándo estudiaremos poesía africana?) Se compone de 14 versos divididos en cuatro estrofas. Las dos primeras tienen cuatro versos de 11 sílabas y las dos últimas tienen tres versos endecasílabos o de 11 sílabas como los demás. Durante el modernismo sus versos se alargaron a 14 sílabas. El poeta nicaragüense Rubén Darío fue uno de sus grandes exponentes. Modernamente, en ocasiones los autores alteran su métrica de forma desdibujada como si estuviéramos frente a una obra gráfica.
Los españoles Lope de Vega y Francisco de Quevedo, escritores del Siglo de Oro español, son dos de sus más famosos practicantes conocidos muy especialmente por sus famosos sonetos amorosos. “A una dama tuerta, pero hermosa” del segundo no es tan conocido. Sí lo es el de Lope de Vega que define el amor mediante los contrarios con sus antítesis y paradojas, buen hijo del barroco español:
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Este otro soneto es del chileno Pablo Neruda. No sigue exactamente las normas del soneto clásico como el anterior, pues pertenece al siglo XX. En el poema el amado expresa con su voz lírica que disfruta de la amada en todas sus facetas, mezclando el paralelismo y la anáfora con la metáfora, el símil y la imagen ilógica:
Mi fea, eres una castaña despeinada,
mi bella, eres hermosa como el viento,
mi fea, de tu boca se pueden hacer dos,
mi bella, son tus besos frescos como sandías.
Mi fea, ¿dónde están escondidos tus senos?
Son mínimos como dos copas de trigo.
Me gustaría verte dos lunas en el pecho:
las gigantescas torres de tu soberanía.
Mi fea, el mar no tiene tus uñas en su tienda,
mi bella, flor a flor, estrella por estrella,
ola por ola, amor, he contado tu cuerpo:
mi fea, te amo por tu cintura de oro,
mi bella, te amo por una arruga en tu frente,
amor, te amo por clara y por oscura.
En Puerto Rico se destaca Hjalmar Flax por su escritura de sonetos, quien construye una arquitectura clásica para sus versos. “Sonetista, versolibrista, autor de haikús, lírico, conversacional, exquisito” le llama Mercedes López Baralt. Este autor se ha distinguido por su maestría en el quehacer poético del soneto. En este lamenta la pérdida y lo fugaz del amor, palabra que titula al mismo:
Ella se va, se acaba, como en sueño,
fluyendo en el azogue de sus piernas
hasta llegar al borde del abismo
para caer en él, sin darse cuenta.
Ella se va, se pierde, como un ave
que vuela más y más en línea recta
hundiéndose en el cielo hasta volverse
un punto distanciado de la tierra.
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Ella se va, la apura la distancia,
a cada instante se hace menos ella,
dejándome las manos detenidas
a mitad del dolor, palmas abiertas,
y el corazón trepándome en el pecho
como una rata ahogándose en su cueva.
Las mujeres también han publicado sonetos. Le concedo primacía a la sorprendente obra de Sor Juana Inés de la Cruz debido a su tiempo histórico, sus audaces temáticas como las de las redondillas conocidas por su primer verso: “Hombres necios que acusais….” Y por consolar a los celosos que no comprenden el amor como lo demuestra el soneto publicado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y que retoqué con fines editoriales:
Que consuela un celoso, epilogando la serie de los amores
Amor empieza por inquietud,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos,
susténtense de risas y de ruego.
Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre luminosos velos,
hasta que con agravios o con celos
enciende con sus lágrimas su fuego.
Su principio, su medio y fin es éste;
pues, ¿por qué querido mío, sientes el desvío
de ella que siempre bien te quiso?
¿Qué razón hay, de que dolor te cueste,
pues no ten engaño, Amor, cariño mío,
sino que llegó hasta el hacer preciso.







