CLARIDAD
¿Saben por qué tantos empresarios de aquí se asustaron en 2024 cuando por primera vez un candidato que no era del PNP ni del PPD -Juan Dalmau- tenía una probabilidad real de ganar la elección para la gobernación? ¿Recuerdan cómo muchos empresarios, en medio de la histeria, recurrieron a la mentira y el miedo para pedirle a sus empleados que no votaran por Dalmau?
Su preocupación no era puramente por razones ideológicas, sino por algo más sencillo y común: contratos, traqueteos y dinero a manos llenas. Una explicación muy gráfica para aquella campaña la encontramos en un artículo del periodista Efraín Montalbán de El Nuevo Día del pasado 18 de octubre. Allí aparece el siguiente dato: el gobierno de Puerto Rico tiene a su disposición, con más o menos pleno control, un pote de casi $20 mil millones anuales ($19,806 millones, para ser exactos) para repartir anualmente en “acuerdos y compras”. ¡20 mil millones cada año no es poca cosa, ni aquí ni en ningún otro lugar del mundo!
El llamado “presupuesto consolidado” de Puerto Rico, que reúne tanto el fondo general que levanta el Departamento de Hacienda como asignaciones federales, es de $33.5 mil millones. Excluyendo el gasto ya predeterminado (nómina, servicio a la deuda, etc.) nos quedan los casi $20 mil millones antes mencionados para contratación y compra de bienes y servicios. La distribución anual de esa enorme suma se controla desde la Fortaleza. La decisión final de a dónde se dirige el dinero cada año reside en la oficina de la gobernación, recayendo mayormente en la persona que ocupe la secretaría de la gobernación.
El periodista del artículo de ENDI cita a la analista Issel Masses Ferrer quien estima que $4,826 millones lo que se pierden anualmente como resultado de la corrupción o “deficiencias en la prestación de servicios”. Realmente debe ser más, mucho más. Además, aún cuando mucho de ese dinero no se considere desperdiciado o malversado, porque en efecto se ofrece determinado servicio, los contratos y órdenes de compra se dirigen hacia entidades y personas vinculadas de alguna manera al partido de gobierno que, como sabemos, desde enero de 2017 ha estado inalterablemente en manos del PNP. ¡En los casi diez años que han trascurrido desde enero de 2027 hasta el presente el PNP ha tenido disponible para repartir más cerca de $190 mil millones de dólares!
Aún si aceptáramos como correcto el estimado de $4,826 millones anuales como dinero malversado -porque se roba o porque el servicio contratado no se da según acordado- la cifra a diez años es asombrosa. Pero, independientemente del robo, el poder político que representa distribuir cerca de $20 mil millones todos los años nos explica porqué el PNP logra mantenerse en el poder a pesar de su pobre imagen y a la sucesión de escándalos que caracterizan sus administraciones. No sólo es porque parte de ese dinero se le devuelve al partido mediante aportaciones al fondo de campaña electoral, sino que hay mucha gente chupando directa o indirectamente de la teta partidista. Eso incluye a la prensa corporativa, como el mismo ENDI, que reciben aportaciones directamente en forma de pautas o a través de otras empresas del conglomerado que se benefician de la contratación pública.
Durante las últimas semanas se han estado aireando en la prensa y en las redes sociales la cadena de escándalos que salen del Departamento de la Familia que dirige Susan Roig, una persona de largo historial dentro del PNP. Su modus operandi es bastante típico: ofrecer contratos a cambio de beneficios personales. A pesar de todos los detalles que ya se conocen de sus andanzas, obteniendo “perks” tanto para ella como para sus protegidos (incluyendo el tal “baby”), no solo se mantiene en su cargo, sino que es defendida personalmente por la gobernadora González. La defiende igual que antes defendió a su secretario Francisco Dómenech y la otra que dirigía Vivienda: porque son cuadros necesarios controlar la distribución anual del gran fondo que alimenta empresas, cabilderos, amigos y buscones. Todos ellos son pequeñas piezas de un engranaje mucho más amplio y poderoso que se reproduce anualmente y se moviliza al máximo cada cuatro años.
Personas como Susan Roig son pequeños corruptos, meros rateros en un entramado mucho más amplio, dominado por empresarios que se chupan los miles de millones de dólares que el gobierno reparte cada año.








