No conozco a mucha gente a la que no le guste el cine. Honestamente no conozco a nadie, pero no quiero empezar una nota sobre el tema con afirmaciones categóricas.
Para mí es entretenimiento pero reconozco que el cine, como industria, supone una combinación entre creación artística y un modelo económico a gran escala. Basta imaginar que un film Involucra guionistas, directores, actores, técnicos y grandes inversiones de estudios o productoras. Un trabajo colectivo que, por
Con la transición al formato digital y la llegada de plataformas como Netflix, Disney+ o Amazon Prime Video las formas de cómo y dónde el público consume las historias ha cambiado radicalmente. Siempre, no importa cómo ni dónde, me interesa ver cine independiente o de países pequeños.
Mongil afirma que “esa democratización de la imagen ha hecho proliferar un cine de entretenimiento que mantiene al pueblo enajenado pero también ha estimulado el crecimiento de un cine documental revolucionario que provoca una “dialéctica del espectador” quien deja de ser un consumidor pasivo y comienza a cuestionar la historia y por tanto, el poder opresor”.



Digamos que, en Puerto Rico, como país sometido al colonialismo por siglos, el cine está distorsionado por esa manera de ver el mundo. De ahí que los documentales pueden convertirse en herramientas fundamentales para la preservación de la memoria colectiva, actuando como archivos vivos contra el olvido y la distorsión histórica – a eso me refiero cuando uso la palabra- en las naciones que han vivido procesos de colonización.
A diferencia de las historias oficiales, que han sido escritas y continúan narrándose desde la perspectiva del colonizador, el cine documental en los países poscoloniales cumple roles cruciales, por ejemplo, la descolonización de la mirada y la narrativa y el cuestionamiento del archivo colonial.
Un documental expone las omisiones, sesgos y manipulaciones de los documentos oficiales elaborados y guardados por las antiguas metrópolis. Y en el caso de países como el nuestro, cuyo caso todavía es discutido en la ONU, por dar un ejemplo, nuestro historiar contemporáneo es urgente.
En este mismo periódico hemos revisado las recientes aportaciones en ese sentido que ha hecho Juan Manuel Dávila Marichal -en torno al nacionalismo albizuista- y Sofía Gallisá -sobre la actividad de Los Macheteros desde una perspectiva experimental- entre otres.
Tuve el privilegio de charlar un rato, otra vez, con Inés Mongil Echandi. Hace unos meses hablamos con ella sobre su proyecto documental Yo soy Lolita Lebrón ( https://claridadpuertorico.com/yo-soy-lolita-lebron-proyecto-documental-de-ines-mongil/). Allí, la cineasta explica sus ideas sobre el documentalismo y sobre ese trabajo en particular. Ahora nos convoca Tiempos propicios, documental que se presentó el 18 de octubre como parte de la celebración del octogésimo (80) aniversario de la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño.
El documental surge de una idea del legislador Denis Márques para recuperar la memoria histórica de ese instrumento de lucha para la justicia social, la libertad y la solidaridad que ha sido el partido. En la pieza se hace un recuento histórico desde la semilla del nacionalismo, la creación del PPD y la necesidad de un instrumento de lucha que asume la lucha por la independencia desde una perspectiva diferente, pero complementaria al Partido Nacionalista y ya imposible de sostenerse en el muñocismo traidor. Se recupera la figura -y la voz- de Giberto Concepción de Gracia, así como pietaje de la Revolución Nacionalista del 1950, justo en el momento en el que el PIP va consolidándose como una alternativa independentista.
Con una edición de ensueño también observamos el liderato de Rubén Berríos, que encabezó desobediencia civil en Culebra y Vieques para denunciar y sacar la Marina Estadounidense. Es importante destacar que el documental incluye las perspectivas de líderes independentistas que pertenecieron a otras formaciones políticas pero que reconocieron el valor incalculable del instrumento de lucha, como Juan Mari Brás. Un gran trabajo de Mongil, hilvanando una narrativa que recoge la labor de militantes que han dado su vida a la lucha por la independencia desde el primer día, haciendo hincapié, además en el amplio contexto que esa lucha implica.
Para Inés, “el proyecto es parte de la intención de politizar la imagen histórica y crear un cine de contrainformación que lleve a los espectadores a despertar, reflexionar, indignarse e identificarse como sujetos activos en la lucha libertaria”. Lo cumple a carta cabal.








