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NaciÓN

Cabo Rojo, el Karso, el Escambrón y el despojo que nos arropa

Puerto Rico es un país que ha vivido bajo asedio por demasiado tiempo. Además de la multicentenaria ocupación colonial de dos imperios, España y Estados Unidos, la cual ha dejado secuelas fatales sobre nuestro territorio y población, el colonialismo de hoy, impulsado por un capitalismo neoliberal asentado en el mundo entero, arropa a Puerto Rico con su agenda de apropiación y despojo de todo patrimonio nuestro con valor de compra y venta en el mercado.

Esto no es nuevo. El coloniaje y el capitalismo son por naturaleza  extractores rapaces de la riqueza de los pueblos, y Puerto Rico no ha sido la excepción. Sólo que ahora, el ritmo del despojo se ha vuelto asfixiante como ilustra la feroz ofensiva de inversionistas extranjeros atraídos a Puerto Rico por los recientes gobiernos del bipartidismo PNP-PPD y sus leyes de incentivos contributivos ( ley 22, ahora Ley 60) que facilitan la privatización de nuestros bienes comunes.

Es un modelo que prioriza el valor de nuestros recursos y patrimonio en el mercado por encima de las necesidades de nuestro pueblo, una modalidad de colonialismo económico y ambiental que se extiende por todo nuestro territorio nacional, como ilustran el megaproyecto turístico Esencia en Cabo Rojo, el proyecto de ley de la Cámara de Representantes para eliminar las protecciones que han preservado nuestra vital zona del Karso en el norte d e Puerto Rico y el proyecto de reconstrucción del Hotel Normandie, que conlleva la construcción de un edificio multipisos de estacionamiento para 950 vehículos, que impactaría nocivamente el uso y disfrute público de la playa del  Escambrón y el litoral de la isleta de San Juan. Detrás de cada uno de estos proyectos hay intereses muy poderosos, inversionistas extranjeros multimillonarios o figuras de peso con vínculos cercanos al partido y gobiernos del PNP que han administrado esta colonia de Estados Unidos consecutivamente por los pasados diez años.

Esencia es un proyecto que nuestro pueblo no debe permitir que se construya en Cabo Rojo ni en ningún lugar de Puerto Rico. Las pretensiones y tamaño del mismo, a erigirse  en 2,000 cuerdas de terreno protegido contiguo a la Reserva Natural de Boquerón, lo hacen insostenible e incompatible con la realidad y necesidades de la población de Cabo Rojo y áreas limítrofes. El propio periodista de la Revista Forbes, en su reportaje de encargo sobre Esencia y sus proponentes, Three Rules Capital y Reuben Brothers, no abundó en los  detalles sobre la viabilidad del proyecto y limitó su escrito a la representación que sobre Esencia le hizo su entrevistado, Will Bennett, CEO de Three Rules Capital.

El proyecto de ley para alterar la Ley del Karso ( P de la C 1079) es una iniciativa del presidente de la Cámara de Representantes, Carlos «Johnny» Méndez,  cuyo paso por la poltrona cameral ha sido de bajo perfil, excepto cuando ha actuado para impulsar medidas legislativas que alteran las protecciones ambientales. Bajo el manto de una supuesta defensa del desarrollo económico de Puerto Rico, el presidente cameral ha dejado entrever sus verdaderas intenciones: priorizar la flexibilidad de permisos y trámites para grandes proyectos hoteleros y comerciales en el área este de Puerto Rico, donde ubica el Distrito 36 que él representa en la Cámara. Ahora, también pretende eliminar las regulaciones ambientales a la Ley del Karso ( Ley 292- 1999) con el evidente propósito de facilitar proyectos de construcción en esa zona, hoy protegida. ¿ Casualidad o arreglos por debajo de la mesa? Ya el tiempo dirá.

Los expertos afirman que hay que preservar como hasta ahora la zona kárstica ( de roca caliza) porque  provee una estructura vital de filtración de sedimento. La eliminación de sus protecciones pone en riesgo de contaminación a los acuíferos del Norte y el sistema de cuevas, sumideros y bosques que sirven de hábitat a especies endémicas que son únicas de Puerto Rico. Sin karso no hay agua, destruirlo aumenta el riesgo de inundaciones y afecta los pozos, el agua potable y la agricultura. Las organizaciones ambientales se oponen al P de la C 1079, por ser un intento de facilitar la explotación económica de la zona, lo que significaría despojar a Puerto Rico de un recurso esencial que cubre el 28 por ciento del país y abastece de agua a más de 500,000 personas. De aprobarse el P de la C 1079 se  sustituiría la conservación por el aprovechamiento y se establecería un uso distinto para la zona del Karso como «fuente de materia prima para el desarrollo y la construcción». En esa frase se define el rumbo del despojo que sufrirían los valiosos y vitales terrenos calizos de Puerto Rico, amén de que se haría permanente la crisis de agua que sufrimos.

En el área de la Playa del Escambrón, una oposición fuerte y organizada se enfrenta a los intentos desarrollistas en los terrenos del único balneario público de la isleta de San Juan. La controversia gira sobre el contrato del Municipio de San Juan con una empresa extranjera para la reconstrucción y operación del Hotel Normandie en el área de la isleta, proyecto que requiere multiplicar los espacios de estacionamiento en el área, comprometiendo los terrenos en la zona marítimo terrestre. Una demanda judicial le ha dado un nuevo giro a la controversia ante la decisión de la Legislatura Municipal de San Juan de aprobar sin vistas públicas, ni estudios de necesidad o viabilidad la expansión del estacionamiento actual en la Playa de El Escambrón a una mole de cemento multipisos para 950 vehículos, y otorgar el contrato de operación del mismo, sin subasta, y por 60 años, a la empresa privada de un donante copioso vinculado por décadas a los gobiernos del PNP. Otro flagrante ejemplo de cómo un recurso que pertenece al pueblo, como el histórico balneario de El Escambrón, se convierte en ficha de canje para favorecer a un inversionista extranjero y a un «amigo de la casa». Típica conducta de los mercaderes del despojo.

La amenaza del despojo es uno de los mayores retos que enfrenta nuestro pueblo en la coyuntura actual. De cuánto podamos detener y resistir dependerá nuestro futuro y el de las nuevas generaciones de boricuas. A ellos y ellas  les debemos una Patria donde puedan vivir y crecer con oportunidades y en paz.