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¿Cómo se limpia una base ocupada?

 

CLARIDAD

 Ceiba– Dos guaguas blancas esperan por quienes reservaron, con meses de antelación, un espacio para el recorrido. El sol continúa, con los mismos meses de antelación, tornando el verdor de los céspedes en un amarillo blancuzco, tostado. Hay bruma en el aire, calor en el ambiente y todos cuantos llegan visten con gafas, sombreros, mangas largas y botas de trabajo. Los motores de las guaguas, adyacentes a la carpa de inspección militar, braman mientras van llegando. Al final solo una hizo falta.

Más de 20 personas respondieron, el pasado 20 de agosto, a la convocatoria del Comando de Sistemas de Ingeniería de Instalaciones Navales (NAVFAC, en inglés) para visitar seis zonas de la antigua base Roosevelt Roads. La entidad– encargada de la planificación, construcción, el diseño y mantenimiento de instalaciones de la Marina estadounidense en todo el mundo– invitó a la comunidad para conocer, como parte de un proceso que inició oficialmente en 2007, las etapas de limpieza en que se encuentran estas instalaciones.

“Históricamente, como parte de las evaluaciones ambientales que se hicieron durante el cierre, se identificaron unas áreas donde existían posibles desechos. Por eso hemos completado unas investigaciones. La más reciente, una investigación de la instalación donde recogemos muestras del suelo y analizamos los posibles riesgos a la salud… Eso se completó en abril y mayo del año pasado (2025)”, explicó Jamie Butler, coordinadora ambiental de la Marina en el proceso de cierre y limpieza de la base.

Desde 2004, poco después de cesar la actividad militar en Ceiba, el comando identificó posibles derrames en las zonas donde la Marina mantenía actividad militar. 21 años después, algunas de estas áreas entran ahora al estudio de medidas correctivas, cuando la Marina identifica los remedios para aplicar al suelo. El sitio SWMU 60, por ejemplo, se utilizó como una marina con una isla de bombeo y tanques para almacenar combustible. Entre 1940 y 1960, tres de sus áreas fungieron como vertederos clandestinos para residuos sólidos y chatarra.

“93 % de los terrenos que pertenecían a la Marina se ha transmitido a otras entidades fuera de la Marina o el Departamento de Guerra. Se han transmitido y se han reusado o tienen planes para desarrollarse nuevamente. La porción restante se arrienda a la autoridad de desarrollo local y se puede utilizar, pero la Marina aún retiene la propiedad hasta completar los trabajos de limpieza”, agregó Butler antes de continuar a la segunda zona: los muelles que supervisa la Autoridad de Transporte Integrado (ATI).

A pocos pasos de las neveritas de playa, de las bicicletas, de los perritos calzados con zapatos que resisten el calor, de la boletería y las riserías y las ansiedades para zarpar a Vieques y Culebra, la zona SWMU 55. Por aquí, debajo del suelo, corría tricloroetano (TCE), una sustancia que provoca cáncer renal, de acuerdo con el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos (NCI, en inglés). Entre noviembre de 2012 y noviembre de 2014, la NAVFAC excavó la tierra, instaló una galería de infiltración, aplicó oxidación química e inyectó aceite vegetal emulsificado (EVO, en inglés) en el agua para paliar la situación.

“Se instalaron (entre 2020 y 2021) nuevos pozos de monitoreo e inyección para inyecciones adicionales de EVO y se repararon pozos de monitoreo dañados durante la excavación para el estacionamiento de la terminal del ferri”, reza el documento oficial del recorrido. En marzo de 2023, a cinco años de mudarse el terminal a Ceiba, el área del muelle recibió una tercera ronda de EVO.

A todas estas, la carpa de inspección yace en la entrada de la antigua base. Detiene y requisa a los contratistas que ofrecen servicios a la plétora de aviones y equipos que almacenan en los hangares y pistas de aterrizaje. Una fuente de entero crédito compartió cómo, semanalmente, naves ingentes como la Osprey despegan y reparten su rumor por los cielos del Este. También avionetas que se accidentan y reparan sin que nadie –salvo los que tienen acceso a esos espacios– se entere. Y todo pasa por la carpita marrón militar, contigua al portón. Pero hoy, día del recorrido, solo las avionetas comerciales anuncian sus viajes.

“Esto es una zona de remediación entre agua y tierra. Se instaló un sistema de circulación nuevo que ayuda a limpiar el agua del subsuelo que estaba contaminada con solventes clorados. Ese sistema ya no es necesario de acuerdo con las concentraciones que ahora hay. Estamos observando los niveles de concentración sobre el suelo para (analizar) el uso sin restricciones”, explicó Butler.

“Los contaminantes que estudiamos son los que tienen que ver con la antigua actividad del Navy”, respondió María Dubois, representante de NAVFAC, a preguntas de los visitantes. Esas investigaciones se limitan a la huella donde la Marina tenía asentado algún edificio o activo.

A pocas leguas de la siguiente parada –una antigua cantera de la Marina– dos camiones aparecen estacionados bajo la sombra de algunos árboles. Cargan pedruscos que se asoman por los lados de sus vagones; similares a los que le extraían, años atrás, al llamado SWMU 71. La NAVFAC observó, en 2018, barriles de tránsito enterrados con residuos de asfalto en esta zona. La parcela aguarda por la antepenúltima fase de la limpieza: la Declaración de Fundamentos.

Las últimas tres zonas se dividieron en dos paradas. La primera, donde se almacenaban, abarca el AOC F. Tras más de 30 años de investigaciones, análisis y remedios que la propia Marina determinó, esta ubicación sirve de ejemplo de los trabajos de limpieza y están a punto de transferirse los terrenos al Gobierno de Puerto Rico, de acuerdo con los portavoces de la NAVFAC.

Las dos zonas finales forman parte de la misma explanada, una antigua estación de gasolina. La zona SWMU 54, igual que la AOC F, espera por los trámites finales para pasar a manos del Estado local. La segunda parte de la explanada, empero, aún espera por la segunda ronda de investigaciones tras arrojar TCE y metales en los primeros resultados del estudio. Aquí, al pie de la biblioteca abandonada, reinan los zancudos y los mosquitos. Amos soberanos de este lote que, por lo demás, luce baldío.

Para limpiar el suelo donde, de acuerdo con los oficiales, la Marina sostuvo actividades pesadas, la NAVFAC sigue los siguientes pasos:

  1. Evaluación de la instalación (RFA, en inglés)– Es el primer informe que se publica sobre posibles derrames o escapes de contaminantes.
  2. Investigación de instalación (RFI, en inglés)– El segundo informe y el más riguroso; caracteriza la naturaleza de los contaminantes y determina la respuesta “apropiada”. También se evalúan riesgos.
  3. Estudio de medidas correctivas (CMS, en inglés)– Identifican y evalúan los acercamientos de limpieza.
  4. Declaración de Fundamentos– Describe y publica la selección de la medida correctiva. En esta etapa la ciudadanía puede comentar sobre los trabajos planteados.

5.Implementación de medidas correctivas (CMI, en inglés)– El propietario del terreno (la Marina) debe realizar los trabajos y monitorear los resultados de la medida implementada.

  1. Cierre de sitio– Cuando las concentraciones de contaminación se reducen a niveles aceptables, la Marina transfiere el terreno al Gobierno de Puerto Rico con o sin restricciones. Algunas de estas limitaciones integran el tratamiento de desperdicios sólidos o el agua.