Especial para CLARIDAD
Juan Antonio Franco Medina, fallecido antes de tiempo a sus sesenta años, fue tan diverso como lo podía ser un diplomático de la nueva lucha de la independencia de Puerto Rico.
Fue Obispo de la Iglesia Evangélica Unida de Río Piedras, cinta negra en judo, dueño de la carcajada más espectacular de esta parte del mundo y esposo y padre excepcional de su compañera Ada e hijos Juano y Marilú.
Lo conocí en los años formativos del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y su Seccional en Estados Unidos. Otros lo disfrutaron en sus años de postgrado en Santa Bárbara, California. Compartir con él en innumerables reuniones en el entonces Comité de Puerto Rico ante Naciones Unidas (COPRONU) fue mi privilegio.
En los tempranos 1990, Washington hubiera preferido abolir el Comité de los 24 en la ONU. Juan Antonio viajó, varios años consecutivos, a los estados insulares del Caribe Oriental a hacer trabajo diplomático por la supervivencia del Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas. Gracias a que seis de sus jurisdicciones, Saint Kitts y Nevis, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Dominica, Granada y San Vicente y Granadinas dijeron presente, se salvó en aquel entonces el Comité de Descolonización. Cuando falleció Juan Antonio, lo sustituyó en este trabajo, hoy abandonado, Elliot Monteverde, Olga Sanabria y, finalmente, este redactor. Como resultado neto de ese abandono es que hoy, en 2026, por poco no hay votación al no haber el quorum necesario al momento de votar.
De mis muchas experiencias junto a Juan Antonio, nunca olvidaré nuestra jornada en Harare (vieja Salisbury), capital de Zimbabwe (vieja Rodesia del Sur), en 1989, asistiendo a la Conferencia Ministerial del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL). Integramos la delegación Juan Antonio Franco, Charlie Mohler (entonces delegado del PSP en La Habana y la OSPAAAL) y este redactor. Fue incorporada, por solidaridad, una delegada de la Unión Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG).
Fue un viajero incansable. Fue a Argentina, Chile, Perú, Colombia, República Dominicana, Brasil, Venezuela, Argelia, India y la Unión Soviética. En el Caribe viajó a Jamaica, Trinidad-Tabago y Guyana. En la década de los 1960 viajó a Addis Abeba junto al compañero Aaron Ramos y se reunió con el entonces Emperador Halie Selassie, símbolo de la independencia de los pueblos y autoproclamado “Dios en la Tierra”.
De 1970 a 1973, viajó extensamente por América Latina representando a la Federación Universal Movimiento de Estudiantes Cristianos (FUMEC). Fue en la década de 1970 cuando Juan Antonio asistió al hermano de un amigo boliviano a escapar clandestinamente y esconderse en Perú. Ese amigo fue recibido en San Juan en 2005 por COPRONU.
Fue catedrático en la Facultad de Ciencias Sociales en el Recinto de Rio Piedras de la UPR. Llevaba sus estudiantes universitarios a Sudáfrica, Zimbabwe y Zambia. Nuestro hijo mayor tuvo esa experiencia dos veranos casi consecutivos. Como padres, le guardamos un agradecimiento eterno.
Juan Mari Brás fue específico ante el fallecimiento de Juan Antonio:
«Nunca he creído, al pie de la letra, en el lugar común que escuchamos con frecuencia de que nadie es indispensable en una lucha. Eso depende del tiempo, el espacio y las circunstancias particulares de esa lucha. El pasado sábado en la mañana murió súbitamente el Rvdo. Juan Antonio Franco, pastor evangélico, profesor universitario y patriota puertorriqueño. Su vocación patriótica la conjugó perfectamente con sus otras dos vocaciones, así como con el deber de solidaridad internacionalista que fluye siempre del patriotismo de los socialistas. Apenas hará de diez días estuvimos reunidos, en el local de la Fundación Francisco Manrique Cabrera en Hato Rey, un grupo de quienes atendemos anualmente el caso de Puerto Rico en Naciones Unidas, bajo la presidencia del Reverendo Franco, quien había sustituido a Wilma Reverón en la presidencia del Comité Puerto Rico en la ONU. Nos proponíamos iniciar el seguimiento del trabajo conducente a elevar cualitativamente los triunfos alcanzados en los dos últimos años en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. A propuesta suya, se aprobó en principio un ambicioso programa de trabajos, publicaciones, viajes y conferencias que, al término de tres años, para el 2005, esperábamos nos lleve a inscribir el caso de Puerto Rico, como tema separado en la agenda de la Asamblea General de la ONU. Franco era, sin lugar a dudas, la persona más idónea para dirigir ese aspecto tan importante de nuestra lucha por la completa descolonización de la independencia de Puerto Rico. Su humanidad vital se desbordaba continuamente en simpatías hacia todos lo que le ganaba la fácil proximidad de quienes le acompañaban, aquí y en otras partes del mundo, en las tareas de cada momento. Logró el equilibrio muy evidente entre su inquebrantable fe religiosa y la dedicación a las causas sociales, destacando con el ejemplo de su vida, la verdad de que no hay contradicción, ni puede haberla, entre la fe religiosa y el compromiso social frente a los problemas mundanos de la humanidad. Por eso el domingo, en la actividad realizada en la tarde por familiares y con feligreses suyos de la Iglesia Evangélica Unida de Río Piedras. Cantábamos su vida y llorábamos su súbita muerte por igual, ministros y dirigentes independentistas, junto a la gran familia de aquellos a quien Juan Antonio Franco Medina sirvió con tanta autenticidad en ambas responsabilidades. En este preciso momento el vacío que deja Juan Antonio Franco en el Comité Puerto Rico en la ONU es uno muy peligroso.
Ese Comité ha sido, históricamente, el principal responsable de los logros obtenidos en Naciones Unidas a lo largo de los últimos treinta años. Y esos logros han sido, a la vez, uno de los verdaderos pilares en que se ha ido montando el proceso, ya irreversible, de la descolonización de Puerto Rico. Por eso, hago un llamamiento a todos los compañeros y compañeras que han acumulado en el pasado experiencia en las lides diplomáticas del trabajo internacional, y especialmente el que se dirige a monitorear-el caso de Puerto Rico en la ONU a que activen sus participantes en el Comité Puerto Rico en la ONU, a ver si entre todos podemos compensar, con nuestro esfuerzo redoblado, el duro golpe que representa para nosotros la ida del querido compañero y hermano. Que Dios lo tenga en su gloria y que desde ella, nos pueda alumbrar el camino escabroso de esta lucha incesante por la libertad de una de las últimas colonias del mundo.»
¡Honor a Juan Antonio Franco Medina! ¡Honor!




