Una de las peculiaridades principales en la sociedad puertorriqueña, aunque el asunto no sea admitido o discutido con mayor frecuencia, es su estado de continuo colonialismo y dependencia político-económica, a través de la historia, hacia una u otra metrópolis. En este sentido, nos referimos a España, en el periodo de c. 1508 a 1898, y a los Estados Unidos, desde 1898 hasta el presente. Este sistema continuo de colonialismo provocó el desarrollo de una mentalidad de inferioridad y de una autoestima colectiva débil y vapuleada por la desconfianza en las capacidades propias de poder imaginar, analizar y construir un proyecto nacional exitoso. Esta situación tiene sus repercusiones en todos los aspectos de nuestra cotidianidad.
El poder expresar qué somos, para algunos, puede ser un acto dificultoso y hasta no entendible. Si es complejo tener una mirada interna sobre nuestro desarrollo como nación, más difícil aún es interpretar al otro, sin que el espectro de la metrópolis nuble nuestra capacidad cognoscitiva. Ahora bien, todo esto podría terminar siendo parte de nuestro imaginario contemporáneo, entendido como ese conjunto de mitos y discursos colectivos que, aunque falsos o distorsionados, legitiman prácticas de dominación y control social sobre una población específica. Todo esto gestado por la misma presión colonialista que nos trastoca en cada momento.
Siempre he pensado que el puertorriqueño, en lo individual, se crece y prospera; pero en el plano colectivo, los límites impuestos desde el poder colonial provocan una inhibición cognitiva que nos estanca y no nos permite adentrarnos en un mundo que es mucho más abarcador que los tres o cuatro lugares que siempre se mencionan para mantener el estatus inamovible. Un ejemplo se observa en las luchas político-partidistas puertorriqueñas, donde el mundo gira alrededor de Estados Unidos, por un lado, y, por el otro, Cuba, Venezuela y Nicaragua. En otros tiempos se incluía a Haití y República Dominicana; la primera dejada al olvido (quizás nuestro racismo interno) y la segunda tuvo un repunte en sus finanzas nacionales que llevó al sector colonialista a invisibilizar su presencia para no sentirse menos.
La manipulación colonial no los deja ver más allá de la periferia aceptada por los grupos de poder políticos y económicos que gobiernan y controlan el pensamiento local. La visión insularista nos encierra en un espacio limitado geográficamente hablando. Se dejan a un lado las posibilidades de integrarnos de manera crítica al mundo globalizado. Esto se manifiesta en nuestra capacidad de entender cómo otras comunidades en el mundo interactúan, buscando mecanismos dirigidos a establecer pautas que los identifiquen como entes únicos, pero a la vez conectados con una red mundial de relaciones políticas, económicas y culturales. Sobre la globalización, esta puede ser definida como el proceso histórico donde se promueve la interdependencia e integración entre países en aspectos diversos como la cultura, la política y la economía. Por mucho tiempo, gracias al impulso de los Estados Unidos, se estuvo promocionando la idea de la globalización en todos los niveles educativos de nuestra sociedad. Actualmente, la administración del presidente Donald Trump (2025-2028) es contraria a un sistema globalizado e integrado. En su visión, se presenta el mundo dividido entre grandes poderes con sus respectivas áreas de influencia; pueden ser estos China, Rusia y los Estados Unidos.
Con todo lo antes expuesto, algunos puertorriqueños han podido sobrepasar todas estas barreras, que en última instancia parecieran autoimpuestas, para adentrarse en el estudio de la comunidad internacional visto desde nuestra perspectiva, una que siempre tendrá a su espalda la sombra del colonialismo.
Para romper con el ideario que representa el insularismo, los puertorriqueños deben racionalizar varios puntos. El primero de ellos es que Puerto Rico no es una excepción histórica. No es ni la última colonia ni la colonia más antigua del mundo. Además, este estatus no debería ser eterno; aunque hay que aclarar que una integración o separación completa de la metrópolis no garantiza por sí sola el fin del problema.
El segundo punto es que el Caribe, donde Puerto Rico está ubicado, es una zona multicultural que ha sido frontera y campo de lucha de las potencias imperiales. El caribeño, así como el puertorriqueño, conoce de primera mano los procesos globales, los cuales están enmarcados en violencia, conflictos ideológicos y enfrentamientos por la supremacía mundial. El colonialismo, en sus formas clásicas y neocoloniales, es el día a día en una zona que sufre de manipulaciones sistemáticas, donde cada manifestación contraria a las pretensiones imperiales tiende a ser degradada tanto moral como ideológicamente.
El tercer punto es el referente a la historiografía puertorriqueña. El desarrollo de historiadores capaces de interpretar, analizar y producir narrativa histórica internacional enriquece la muestra historiográfica local. Estos nóveles historiadores, como otros que les precedieron y que actualmente están produciendo material al respecto, aunque no se promueva en los medios, demuestran que existe un mundo más allá de nuestras tierras. A esto, hay que añadir que esta nueva cepa de historiadores está dispuesta a utilizar las destrezas historiográficas adquiridas en nuestro sistema universitario para producir conocimiento histórico internacional.
Publicaciones como Rompiendo con el insularismo: Escritos de historia internacional desde Puerto Rico son una muestra más, dentro de un grupo constante de investigadores puertorriqueños que rompen con el estereotipo de qué estudiosos procedentes de una colonia están inhabilitados para poder analizar de manera crítica momentos y problemas históricos. Este grupo de siete estudiosos, todos vinculados de algún modo u otro a la Universidad Interamericana de Puerto Rico, sigue los pasos de investigadores y grupos de análisis anteriores y vigentes que expanden su campo de estudio más allá de nuestro archipiélago boricua. Debo indicar que, aunque en los medios de comunicación tradicionales se obvia la producción historiográfica local sobre temas internacionales, son muchas las publicaciones que se pueden encontrar. Estas no solo se limitan a libros y artículos académicos, sino que existen grupos de divulgación cibernética y de estudios multisectoriales y multidisciplinarios. Solo hay que sentarse a buscar.
En el caso de Rompiendo con el insularismo: Escritos de historia internacional desde Puerto Rico, los autores presentan un hilo conductor entre sus artículos a través de tres ejes modulares: la negociación, la resistencia y la nación. En el primero, se observa cómo los actores periféricos negocian el poder con las estructuras gobernantes o con los que lideran. Se analiza la interacción y la intercomunicación entre diversos personajes u organizaciones con las instituciones de poder.
En el segundo eje se presentan los modos de resistencia que se dieron en las sociedades y tiempos históricos analizados. Cada una de estas sociedades, estuvieran en estado colonial o neocolonial, generó respuestas creativas, ajustadas a sus situaciones particulares y atendiendo los problemas políticos, económicos y culturales que enfrentaban.
El tercer eje aborda la construcción del proyecto nacional que se observa en cada ensayo. En este sentido, es importante mencionar que las construcciones del sentir nacional en cada ejemplo interactuaban con los poderes externos en busca de una autodeterminación que dejara clara una identidad singular. Esto en sí representa un choque entre mantener el estatus de subyugación y el deseo de una población de determinar su destino. Para los poderes externos, cualquier muestra de una actitud contraria a sus intereses debía ser rechazada. Para las inquietudes internas, el establecimiento de proyectos nacionales sólidos y eficientes representaba la oportunidad de tomar, de manera práctica, las riendas de su futuro.
En todo caso, cada ensayo, aunque analiza una situación particular distinta, se entrelaza con los demás escritos para demostrar un hilo conductor que nos lleva a comprender aún más la situación de Puerto Rico ante acontecimientos que, descontextualizados, podrían ser vistos de manera diferente.
Es importante mencionar la labor del Dr. José Carlos Arroyo Muñiz como compilador de los ensayos de este proyecto. Arroyo Muñiz conoce la capacidad y calidad analítica e historiográfica de los investigadores invitados para presentar sus estudios en esta publicación. Cada uno de estos escritos fue base para proyectos de investigación que amplían lo presentado en este libro. De hecho, ya algunos se han publicado y otros están en proceso.
Para finalizar, debo recalcar que este libro es un ejemplo claro de que la historiografía puertorriqueña no se limita a presentar la historia de Puerto Rico, sino que se atreve a incursionar e interpretar el mundo desde una perspectiva local sin que esto sea una limitación. Esta posición reivindica la idea de que la historiografía puertorriqueña puede integrarse a la investigación global y dejar a un lado el impedimento de que estamos limitados a nuestra particularidad colonial. El lector encontrará aquí una invitación a mirar el mundo desde Puerto Rico como sujeto crítico, capaz de dialogar con las grandes narrativas globales.
Edición del epílogo de Rompiendo con el insularismo: Escritos de historia internacional desde Puerto Rico (Lajas: Editorial Akelarre, 2026)







