En Rojo
Son las 5:40 de la tarde el viernes 17 de julio y estamos en este teatro natural creado por el conocido grupo teatral puertorriqueño Agua, Sol y Sereno en los predios del Café Arenamar del balneario de Sun Bay de Vieques. “Ritos de agua” es su homenaje al recién fallecido líder viequense Ismael Guadalupe, uno de los arquitectos principales del movimiento que, en 2004, después de décadas de lucha, logró despejar a Vieques de la Marina de Guerra estadounidense.
Este teatro al aire libre improvisado me parece muy digno y absolutamente apropiado al contenido casi mítico del espectáculo-homenaje: cuenta con líneas de visión claras; aprovecha del atardecer para dejar el público en sombra sin que el sol ciegue a los actores; define su espacio escénico con una sombrilla para los músicos y esculturas de telas imprimidas que, además de su belleza, crean bastidores para cambios de vestuario y personajes; está marcado por altas estatuas rituales de multicolores con cabezas de papel maché; y debajo de todo, se sitúa en arena playera, con palmas y otros árboles, el movimiento de vientos y a sesenta metros el mar que se extiende desde allá al resto del caribe barlovento hasta llegar a Cabo Verde.
La lucha (todavía inconclusa) de Ismael empezó hace siete décadas; Agua, Sol y Sereno ha compartido esta tarea de amor y compromiso durante las últimas tres décadas, diciendo presente en Vieques constantemente a través del desfile anual de Carnaval, talleres con la Alianza de Mujeres Viequenses y participaciones particulares dentro de protestas y otros eventos políticos y culturales. A mi saber ningún otro grupo artístico-cultural puertorriqueño ha forjado ese tipo de conexión de alma y gestión comunitaria enraizada en la cotidianidad viequense. Su teatro siempre lanza un acto tanto personal como político; es tanto una expresión de resistencia a la violencia de dominación colonial como una estética teatral multidimensional que asombra por su hermosura de cuerpos y objetos en movimiento dentro del espacio escénico, ya sea la calle durante un desfile o marcha de protesta o un teatro físico.
El montaje de “Ritos de agua” muestra elementos que han marcado la producción creativa de Agua, Sol y Sereno desde su formación en los años 90: la sinergia de creación colectiva, la coreografía del movimiento grupal, la armonía de actor-bailarinxs de experiencias compartidas, la libre dramaturgia del reparto, las máscaras y cabezudos de papel maché, las brillantes telas pintadas de los vestuarios y las piezas esculpidas de escenografía, y siempre lxs zanquerxs que dan altura, balance y ritmo mientras también bailan al ritmo de tambores.
El grupo ha desarrollado una estética híbrida que incorpora técnicas del famoso Bread and Puppet Teatro de Vermont, las máscaras y vestuarios de fiestas populares del Caribe y América Central y otros ritos y gestos mundiales. Sin embargo, es una gestión teatral cien por ciento puertorriqueña que complementa sin costuras la naturaleza del teatro al aire libre frente al mar de Vieques. Todo es parte de la misma tela pintada de colores de agua, tierra, aire y fuego y la misma acción de la no violencia y del amor y respeto a lxs prójimxs que era central a la vida de Ismael Guadalupe y el movimiento que sacó la marina de guerra estadounidense de Vieques.
Ismael aparece primero en la forma de un cabezudo. Sin embargo, es su presencia a través de la actuación de Kenneth Salgado que capta y proyecta el sentido de su impactante desarrollo político y cultural. La transformación de niño-adulto Ismael se enfoca en el texto físico-hablado que constituye un ensamblaje de narrativas en que la isla y vida y cuerpo de Ismael son casi isométricos.
Entra una bella tortuga para conversar con Ismael del daño del bombardeo y la contaminación a la vida marítima y silvestre. Se cuenta de los abusos de los infantes de la marina, de la pesca casi desparecida, de cómo la sociedad viequense pierde su poder generar formas de sustento económico más allá del turismo y la venta de propiedades. Otras narrativas interceden y amplían el cuento: en 1979 hay arrestos, incluyendo a Ismael, y asesinan a Ángel Rodríguez Cristóbal en la prisión federal en Tallahassee.
La lucha continúa y la información fluye de las voces-visiones definidas de las generaciones de tortugas, peces y pájaros que van desvaneciéndose. Se destacan los cuatro personajes enmascarados con colores de agua-mar, aire-cielo, tierra-arena y fuego-sol, cada uno levantando su máscara para contar su parte de la historia.
Las bailarinas-diosas, arropadas en vestuarios de colores impresos en blanquín, mueven a una coreografía colectiva que refleja las mismas potencias. Igual que a Ismael y los enmascarados, cada ninfa contribuye su narrativa a la composición global sobre Vieques, las resistencias, la vida cotidiana viequense, la contaminación, las promesas incumplidas de limpieza y ayuda social y también de dignidad y orgullo — tal vez las más memorable vienen de la boca de la bailarina Tania Adorno Vigo que incorpora – si tengo razón — un poema de Norma Torres, poeta viequense, compañera y ahora viuda del desaparecido Ismael Guadalupe. En total diez – si cuento bien – voces-visiones de perspectivas diferentes de Ismael-Vieques/Vieques-Ismael.
Entre bombardeos, arrestos, encarcelamientos, asesinatos y la contaminación que continuará por décadas, “Ritos de agua” nos presenta la humanidad de Ismael y Norma y la dignidad de Vieques como ejemplo de lucha y como un espacio en que la belleza natural sobrevive a pesar de los abusos coloniales.
Y finalmente aceptamos la invitación del director Pedro Adorno, un nieto en sus brazos, de andar con Norma Torres, el reparto y el público presente, varixs con bastones u otras ayudas, parar andar los 60 metros de playa para ofrecer flores de flamboyán a las olas del mar Caribe – flores de amor, de paz, de justicia y de memoria – “Ritos de agua”.
Gracias a Pedro Adorno, su compañera y co-directora Cathy Vigo, las tres hijas-bailarinas Adorno Vigo y sus compañeros, los colaboradores-actores-zanquerxs de muchos años de experiencias con Agua, Sol y Sereno, los músicos y especialmente en este caso los participante-zanquerxs de la Escuela Montessori Adrienne Serrano. Y al Café Arenamar por acomodarnos en un espacio tan hermoso.








