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NaciÓN

Las tres trampas de la historia y las distancias de la guerra

 

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Con su gran gesta invasora para mantener su imperio derrotando enemigos imaginarios, pero al coste real de destruir pueblos y dejar miles de muertos en países como Irán, Cuba y Groenlandia, la Casa Blanca está retando también lo que se conoce de las leyes destiladas por miles de años de historia militar.

La situación es tan grave, que una victoria sangrienta en cualquiera de esos escenarios de operaciones cambiaría por muy poco tiempo la situación de EEUU.

Hasta ahora, sin embargo, el gobierno de Washington no presta atención a las advertencias, como la que hace poco más de un año le hizo el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, de que haría falta un “milagro de productividad” para salvar a Estados Unidos de la debacle.

Ese milagro parece estar lejos de ocurrir y la deuda pública de EEUU ha seguido creciendo hasta ser el 123 por ciento de su producto interno bruto y el servicio de la misma supera de manera sostenida la capacidad de presupuesto para gastos militares. Esa condición de endeudamiento por encima de su PIB se ha mantenido y agravado desde por lo menos 2011, lo que – según el informe del Instituto Hoover- viola la Ley de Ferguson, propuesta en el siglo XVII y que ha servido para explicar la caída de sistemas como los imperios de España, Inglaterra, Francia, Holanda, Austria-Hungría y hasta el imperio Otomano.

En la guerra con Irán, por ejemplo, luego de haber bombardeado 13.000 blancos y haber gastado miles de sus misiles más caros, además del agotamiento de las fuerzas aeronavales y sentir en los propios EEUU el impacto económico y político, Irán mantiene su capacidad de respuesta de misiles, su economía sigue produciendo a paso acelerado -al punto de haber reconstruido infraestructuras dañadas por los bombardeos- y su esfera de control marítimo ha crecido en lugar de reducirse.

Parte del problema tiene que ver con la imposibilidad de ahogar ese país con un bloqueo fuera del estrecho de Ormuz. Irán tiene fronteras con muchos países y una economía muy sofisticada que no responde a la imagen de un país árido y pobre, sino que tiene hasta sistema de producción y lanzamiento de satélites espaciales, es uno de los principales productores de automóviles del mundo y goza hasta de centros de esquiar en sus montañas nevadas.

Al cierre de esta nota, Washington preparaba otra vez planes para otra ofensiva devastadora para destruir completamente a Irán, en un proceso de indecisiones que ya preocupa en importantes medios de noticias militares estadounidenses, como The War Zone.

Tampoco la Casa Blanca prestó atención a la advertencia de China de que evitara caer en lo que se conoce como “la trampa de Tucídides”, en referencia a las teorías desarrolladas por el estudio del clásico griego sobre “La guerra del Peloponeso”. Entre otros señalamientos, Tucídides advierte que “la causa más real, aunque la menos manifestada de palabra, creo que fue el hecho de que los atenienses con su engrandecimiento inspiraron el temor a los lacedemonios (espartanos) y los forzaron a la guerra”.

Pero no solamente no se escuchó el llamado a la prudencia de China, sino que los miembros de la delegación presidencial estadounidense al salir de Beijín, según el periódico The New York Post, exhibieron como tiraban a un bote de basura al pie de la escalera del avión los celulares desechables, identificaciones, chapas de identificación y cualquier otro recuerdo que les hubieran regalado los chinos. En el lenguaje de Tucídides, esa actitud de desprecio altivo a los adversarios se define como “necedad”.

Al despliegue global de sus gigantescos recursos militares, EEUU ha sumado las amenazas a todos los países de que si no cumplen sus instrucciones serán castigados con aranceles confiscatorios y otras medidas punitivas. Ha llegado al extremo de prohibir que país alguno le venda petróleo a Cuba y a intentar un bloqueo que impida la entrada de suministros a esa isla caribeña, que no se rinde.

En el caso de Cuba, EEUU ha decretado que ese país de menos de diez millones de habitantes representa una amenaza que requiere su captura y en el caso de Groenlandia, se trata de prevenir la amenaza -también imaginaria- de que podría caer en manos de Rusia o China. Ante eso, esta misma semana, Groenlandia contestó que no está en venta y que su autodeterminación no es negociable.

Particularmente revelador es el caso de Puerto Rico, que desde finales del siglo XVIII fue soñada como plataforma de lanzamiento del imperio mundial de EEUU, lo que se cumplió a partir de la Guerra Hispanoamericana, en 1898.

La revista “Patrimonio”, de la Oficina Estatal de Preservación Histórica, acaba de publicar un ensayo enjundioso de la profesora Minette A. Bonilla Ramos en el que se documenta cómo, entre 1954 y 1978, Puerto Rico fue usado por una entidad del grupo Rockefeller para el desarrollo de decenas de miles de viviendas para la clase media, que incluyó grandes desarrollos suburbanos, centros comerciales y otras instalaciones, todo con un fuerte apoyo de los gobiernos de EEUU y Puerto Rico. Era un “laboratorio” para promover la estabilidad económica y la justicia social en el hemisferio y evitar avances de las ideologías comunistas.

Pero ahora, en el mismo Puerto Rico, los jóvenes trabajadores y profesionales no logran encontrar viviendas asequibles, y el gobierno se encuentra en un estado de corrupción tan rampante que proliferan los informes sobre fraude electoral y acceso de los traficantes de drogas a la elite política. Hasta en la Universidad de Puerto Rico se ha desarrollado un movimiento de protesta que reclama, entre otras cosas, comida y vivienda para los estudiantes.

Fue en el siglo XIV cuando el historiador Ibn Khaldun, escribió en “El Muqaddimah”, que cuando un imperio llega a su senilidad no logra suficientes impuestos para sostener sus fuerzas militares y ni siquiera puede controlar sus provincias remotas.

 

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