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NaciÓN

Acueductos opera con un modelo de desfase

 

Una voz experta analizó el trasfondo del estado actual del sistema

CLARIDAD

 

La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) atraviesa, desde hace más de un año, averías en los servicios que ofrece en partes de la región metropolitana. El Estado y el director de la agencia, Luis González Delgado, han emprendido, desde entonces, diversos proyectos y nombramientos para paliar la situación, como el nombramiento de un “Zar” del agua y la reciente colaboración con el Municipio de San Juan para abastecer el recurso.

En varias ocasiones, la agencia ha reiterado mejorar algunas plantas de filtración– como la Sergio Cuevas, en Trujillo Alto– o drenar embalses como soluciones a la situación. Y aunque el asunto es tan complejo, explicó el veterano planificador Félix Aponte Ortiz, a veces se puede describir de forma más sencilla.

“Lo que tenemos hoy como infraestructura de servicio de agua potable, que incluye lo sanitario, es el producto de un desfase de modelo de más de 50 años. Un modelo que no es apropiado para la actividad urbana”,  aseguró el experto en el manejo del agua como recurso.

Para Aponte Ortiz, la planificación dispersa del terreno en Puerto Rico comprometió, a lo largo del desarrollo urbano, la capacidad de la AAA, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y el manejo de carreteras. La infraestructura construida, contó, operó sin considerar las normas de planificación prescritas desde la creación de la Junta de Planificación, en 1942. Desde aquella época, la entidad ratificó dos reglamentos para la urbanización en Puerto Rico: el Reglamento #3 de Lotificación y Urbanización y el Reglamento #4, que regulaba la zonificación.

“Se supone que la Ley de Planificación, inclusive la reforma que se hizo en 1975 con la nueva ley de planificación, la que ahora rige después de 50 años, estuviera montada sobre esas mismas conceptualizaciones de cómo se organiza el espacio en ciudades, cómo se organiza el proceso de urbanización para hacer viable una ciudad”, elaboró.

Estas conceptualizaciones, reparó Aponte Ortiz, siempre han estado condicionadas a la disponibilidad de asentar una infraestructura eléctrica y de acueductos. Sin un plan vial que considere estos elementos, no puede haber un plan de uso de terrenos completo puesto que, en estas servidumbres viarias, descansan las cablerías y tuberías de ambos servicios. A partir de la década de 1980, estas consideraciones perdieron vigencia.

“De momento, se empiezan a autorizar proyectos para urbanizar las planicies de inundación. Desmontamos las tierras agrícolas con caña de azúcar, y donde había caña de azúcar, se sembraron casas. Los proyectos se aprobaban sin la viabilidad real de un sistema de acueductos correcto. Acueductos venía corriendo detrás de esa vorágine impulsada por el sector financiero de la construcción”, agregó Aponte Ortiz.

En ese proceso, Acueductos expandió su sistema de distribución de agua potable “con un enfoque distorsionado” y considerando grandes represas de agua cruda que transmiten agua cruda a grandes distancias. Para el profesor, el Superacueductos de la Costa Norte representa el caso ejemplar. Se trae agua desde el lago Caonillas, en Jayuya, a través de más de 60 millas hasta dar con las plumas de casas en Juncos, Loíza y múltiples municipios más.

“Esa infraestructura tiene una vida útil por diseño, y cuando esa vida útil se compromete hay que reemplazarla… Los sistemas de acueductos (también) se supone que incluyeran tanques de reserva. Ordinariamente, no se construía un sistema de acueductos si no se tenía un tanque de reserva. Ese tanque de reserva tiene dos funciones primarias”, aseveró.

La primera función, dijo, agrega cloro al agua potabilizada en reserva para prevenir el desarrollo de microorganismos que pueden causar enfermedades. Esa desinfección requiere una cantidad de cloro residual para que, en la trayectoria de la fuente al punto de consumo, no se desarrollen bacterias. Incorporar un tanque al sistema de distribución, puntualizó Aponte Ortiz, permite el tiempo de contacto necesario entre patógenos potenciales y el cloro.

“(La otra función consiste en que) el tanque puede suplir y satisfacer las demandas mínimas durante la noche, cuando hay menos consumo de agua que durante el día. Pero más importante es que el tanque permite que el mantenimiento necesario, recurrente al sistema transmisión y distribución del agua se pueda hacer sin que la gente se quede sin servicio. Un tanque debe proveer de tres a cinco días de reserva”, compartió Aponte Ortiz con CLARIDAD.

No obstante, el ex vice presidente de la Junta de Planificación recordó que, en 1981, la AAA evaluó todos los tanques disponibles para la agencia. La evaluación reveló que una parte sustancial de los tanques estaba vacía. Gigantes de plomo erigidos en Puerto Nuevo, Caguas y Sagrado Corazón con millones de galones disponibles– y sin uso– para almacenar agua. Aponte Ortiz enfatizó que la zona metropolitana no tiene muchos tanques públicos.

“¿Qué ocurre? Cuando Acueductos tiene que darle mantenimiento a un tubo o se rompe un tubo, tiene que cerrar válvulas y el sistema se queda sin agua. Cuando el sistema regresa, regresa con turbidez en el agua, con sedimento suspendido, posiblemente es agua que necesita desinfectarse de forma agresiva”, comentó con relación a la correlación entre las averías y los trabajos.

Aponte Ortiz profundizó en cómo esta situación ha provocado que cientos de miles de ciudadanos adquieran su propio tanque de agua y lo coloquen en el techo de sus casas, sus patios o como parte de la oferta de sus condominios. En algunos casos, incluso, el planificador destaca urbanizaciones desarrolladas con cisternas como parte de las amenidades. De acuerdo con el experto, estas cisternas podrían afectar la salud de los consumidores.

“Todos tuvieron que adquirir un tanque de reserva, que es costoso. Los de plástico costarán entre $2-$3 el galón de almacenaje, así que almacenar 250 galones debe considerar un presupuesto de $500 a $600… Ese tanque de plástico también tiene una vida útil limitada porque el plástico, expuesto a los rayos ultravioletas de la luz solar, se deteriora rápidamente. Yo añado que tampoco es saludable porque esos tanques están construidos con tántalo. Eso es un cancerígeno”, advirtió Aponte Ortiz.

Gerencia alejada de soluciones nuevas

 El ex vice presidente de la Junta de Planificación catalogó a la gerencia de la AAA de “ineficiente, incompetente”, que no conoce el sistema a cabalidad, invierte mínimamente en la restauración de la infraestructura y reproduce el modelo de desfase de hace medio siglo. Para Aponte Ortiz, hace falta un “modelo diferenciado” que renueve sus métodos de distribución, como valiéndose de acuíferos o pozos cerca del punto de consumo.

“En vez de usar el tanque en metal, en una colina o elevado en columnas de hormigón, usamos la reserva natural que está debajo de la tierra. Que algunos tienen volúmenes y capacidad de oferta mayor que los lagos que tenemos sobre la superficie… Si una gente muestra ser incapaz de manejar lo que tenemos, hablarles de un modelo diferenciado, de un futuro distinto, se le tilda de utópico. No pueden concebir una manera diferente, yo diría correcta, de organizar la infraestructura de agua potable”, añadió.

Por otro lado, Aponte Ortiz no descarta que la factura del agua aumente dada la guerra que los Estados Unidos (EE. UU.) actualmente libra contra Irán. Reparando en la dependencia al combustible y en el 30% del presupuesto dedicado a la nómina, Aponte Ortiz entiende que el agua será más cara y su transmisión por igual.