¿Por qué a veces vemos aguas usadas en el litoral costero?
CLARIDAD
Para 1973, el profesor Félix Aponte Ortiz recuerda haber cursado una clase en que le presentaron unos llamados “aireadores” en la laguna del Condado: unos sistemas mecánicos que oxigenaban el agua desde el fondo. Cuando vio la imagen, el entonces alumno pensó ver “unas fuentes de lo más bonitas”, elementos estéticos integrados a la planificación. Pero su profesor de planificación ambiental le corrigió inmediatamente.
“En esa laguna estaban descargando, directamente, aguas crudas sin tratamiento de 18,000 apartamentos. La laguna del Condado era un pozo séptico, y en lo que se corregía para obtener un servicio alcantarillado sanitario correcto, hubo que airear la laguna. Aún con ese nivel de contaminación, la gente lo utilizaba para hacer ski con los botes. La gente utilizaba esa agua comprometida con propósitos recreativos”, relató el ex vice presidente de la Junta de Planificación.
En la práctica, explicó Aponte Ortiz, la descarga de aguas usadas en grandes cuerpos de agua era frecuente en muchas partes del mundo. Antes de la instalación de la primera planta de tratamiento regional en 1957, en Puerto Nuevo, las comunidades recibían servicios de alcantarillado que recogían las aguas de cada casa, la enviaban por cañerías de lluvia y acababan crudas en la laguna San José.
“La laguna San José tenía el beneficio de que, dos veces al día, la marea subía y un volumen insustancial de agua entraba desde la laguna Torrecilla por el canal Suárez, movía un volumen significativo del agua de la laguna San José a través del Caño Martín Peña y lo llevaba a la bahía de San Juan. Era, dos veces al día, como dos descargas de inodoro. Pero hubo momentos en que no era suficiente”, compartió en entrevista con CLARIDAD.
Cuando el agua marina no daba para el drenaje natural, una gran mortandad de peces surgía de la laguna por el oxígeno comprometido en el agua restante. Aponte Ortiz citó unos documentos del Departamento de Salud estudiaban, en la década de 1960, los efectos químicos que lastraba este modelo de desarrollo. Como resultado, miles de residencias y espacios urbanos transformaron sus alcantarillados.
“Ese cambio histórico no fue excepción en el Condado e Isla Verde. Hay una troncal grande de Isla Verde, que pasa por debajo del Caño Martín Peña, y viene a esa planta regional (de Puerto Nuevo), pero no hay conexiones suficientes a esas troncales. Los laterales de esas troncales primarias se fueron construyendo de forma más lenta. Todavía existen sistemas que se conocen como combinados”, elaboró el profesor.
La fórmula híbrida, de acuerdo con el jubilado de la Escuela de Planificación, recoge el agua pluvial y la descarga simultáneamente con aguas usadas. Este modelo, traído de los EE. UU., funciona mejor en cuerpos de agua acaudalados como el río Hudson, en Nueva York, donde la fuerza de la corriente arrastra los desperdicios. En la zona del Condado-Isla Verde, se comenzó a emular esta práctica con el océano.
“Esas troncales que observas en los vídeos (que aparecen en redes sociales) son troncales que se supone solo sean pluviales, pero que todavía tienen conexiones a sistemas de aguas usadas sin tratamiento. Que yo conozca, Acueductos no ha hecho un estudio reciente para confirmar que el agua usada de los clientes a los que les vende agua potable y les cobra por tratamiento llegue a los sistemas que Acueductos maneja”, planteó Aponte Ortiz.
Es decir, la AAA podría desconocer cuánta agua usada maneja en sus operaciones. Esta realidad, agregó la fuente, no considera los salideros ni las roturas que contiene la infraestructura. Cuando el agua se escapa, entra a las tuberías que recoge el agua de lluvia y eventualmente llega a cuerpos receptores como la quebrada Juan Méndez, el río Piedras y afluentes como la Josefina, Doña Ana, Buena Vista y Guaracanal.
“Esas quebradas tributarias del río Piedras tienen una gran cantidad de bacterias provenientes de (aguas) sanitarias escapadas de las tuberías. Eso es lo que yo he dicho, y lo llegué a decir en Acueductos. No caí bien. El agua potabilizada que nos sirve Acueductos tiene que tratarse correctamente, pero Acueductos no cobra el 60% de esa agua que potabilizó. La agencia tiene costos de potabilización de todo tipo, y cuando factura recupera esos costos”, prosiguió el experto.
Además, Aponte Ortiz destacó que la AAA se ahorra gastos cuando el agua usada no llega hasta la planta de tratamiento. Al tener menos agua para tratar, invierte menos del dinero que ya le cobró a los clientes. Solamente el rigor de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, en inglés) ha mantenido a la agencia estatal dentro del marco legal, multándola y exigiéndole inversiones millonarias en la restauración del sistema sanitario.
“Todavía eso no está resuelto. Hay un acuerdo con el tribunal federal, en inglés se conoce como un consent decree. Es un acuerdo de consentimiento entre Acueductos, la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos en el tribunal federal de aquí. En el acuerdo, Acueductos se comprometió a hacer inversiones para rehabilitar las plantas, las tuberías y los sistemas de bombeo del manejo sanitario”, continuó.
El acuerdo pautó un período de diez años que debió acabar en 2015, pero las recientes crisis del país le han pospuesto los términos. La hipótesis de Aponte Ortiz con relación a las descargas consiste en que las troncales, al estar sobrecargadas, de vez en cuando vierten aguas usadas al océano, como llegó a hacerse antes del pleito legal. Con decenas de proyectos nuevos en la zona, el profesor se cuestiona cómo la agencia pretende ofrecer este servicio.







