Especial para En Rojo
En el verano de 1976 – exactamente el 3 de junio de ese año – una querida amiga me envió desde Puerto Rico a Boston, donde entonces vivía, una copia de la primera edición de La guaracha del Macho Camacho (Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1976) de Luis Rafael Sánchez, novela que acababa de salir y que ella sabía se me haría muy difícil conseguir. Siempre le he estado agradecidísimo por el envío, aunque en el momento no sabía cuán importante sería para mí. Hace unos días – exactamente el 20 de mayo – recibí un ejemplar de la misma novela que compré por vía electrónica. Se trata de una edición que conmemora los cincuenta años de su publicación (Ciudad de México, Editorial Planeta Mexicana, 2026). Obviamente cuando tuve la nueva edición en las manos pensé en el momento en 1976 cuando recibí la primera. Sentí que debía aclararme mis sentimientos sobre el hecho, que algo tenía que decir al respecto, para entender lo que significaba esta celebración, al menos, para mí mismo. Así es porque a los cincuenta años de la aparición de la novela el mundo editorial siente la necesidad de celebrarlos con una edición conmemorativa. Y yo también los celebro con unas breves palabras.
Pero las celebraciones no se limitan a esta nueva edición; son múltiples. La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española publicarán otra edición conmemorativa de La guaracha del Macho Camacho que debe aparecer este año. Caridad Tamayo Fernández, investigadora de Casa de las Américas en Cuba, prepara un volumen de textos críticos sobre la obra de Sánchez para su importante y utilísima serie “Valoración Múltiples”. También hay que apuntar la reciente aparición de números conjuntos de la Revista de Estudios Hispánicos (2023) y la Revista Cuadrivio (2024) donde se recogen los trabajos sobre la obra de Sánchez que se presentaron en el “Fiestón de la Lengua” en 2023, en el que participaron representantes de casi todos los recintos de la Universidad de Puerto Rico.
Estos hechos, más otros muchos más, prueban que a pesar de los cincuenta años que han pasado desde su aparición, La guaracha del Macho Camacho sigue teniendo vigencia y sigue siendo importante para nuestras letras. Estos confirman que sin duda alguna la novela es ya un clásico de las letras puertorriqueñas, que es un texto muy relevante en los contextos caribeños e hispanoamericanos y que su relevancia trasciende al amplio ámbito cultural hispánico. Por ello no cabe duda de que hay que celebrar estos cincuenta años de la novela, cincuenta años que no han servido para encerrar la obra en las estanterías de bibliotecas, ni en los anaqueles de librerías, ni en los archivos de colecciones particulares, sino que esta sigue siendo un texto vivo y vigente. Por ello conservo como oro en paño la primera edición de la novela que he leído múltiples veces y que he manejado y escudriñado críticamente desde su aparición.
¿Pero qué más se puede decir sobre La guaracha del Macho Camacho ahora que tenemos en manos esta edición conmemorativa? Por años me he dedicado a estudiar este texto y toda la producción de Sánchez. Pero no he sido el único interesado en desmontarla para entender lo que en el fondo trasmite y significa. La bibliografía crítica acerca de la obra de nuestro autor y, sobre todo, de esta novela en particular es más que abundante y ha aparecido por casi todo el mundo. Recuerdo que hace años Sánchez me envió la fotocopia de una reseña de la novela en su traducción al inglés que no sabía dónde había aparecido porque estaba impresa en una extraña tipografía. Recurrí a una colega especialistas en lenguas asiáticas para que nos aclarara el misterio. Y así lo hizo, aunque ahora no recuerdo la lengua que la colega identificó. Por supuesto, no pude leer esa misteriosa reseña, así que no supe qué decía su autor sobre la novela. Pero a lo que este hecho sí apunta es que se pueden manejar estudios sobre La guaracha del Macho Camacho que han aparecido en múltiples países: en Francia, en Cuba, en México, en Argentina, en España, en la República Dominicana, en Estados Unidos, en Portugal, en Inglaterra y no se diga los que se han producido en Puerto Rico. La novela ha sido estudiada por investigadores de muy diversos países y desde muy distintos acercamientos críticos. Así lo apunto porque habría que hacer un estudio de esos comentarios, lo que enriquecería aún más nuestra comprensión de la novela. Y estoy seguro que en el futuro continuarán apareciendo trabajos eruditos sobre la novela en múltiples lenguas y en diversos países y desde diversas perspectivas teóricas y que estos enriquecerán nuestra comprensión de la obra. No me cabe duda de que esta nueva edición conmemorativa servirá de acicate para muchos más comentarios.
Me limito ahora a celebrar la aparición de esta edición conmemorativa con este breve comentario de la misma. Y para ello me enfoco en el excelente prólogo de Manolo Muñoz Negrón que abre sus páginas. Dejo el comentario de la novela misma para otros lectores, especialmente para aquellos que la lean por primera vez afortunadamente guiados por las palabras introductorias de Muñoz Negrón. La selección de este para prologar la edición conmemorativa me parece apropiada y, más aún, excelente e idónea. Se puede ver al prologuista como uno de los herederos puertorriqueños de Sánchez y su prosa neobarroca. Eso no quiere decir que Muñoz Negrón sea un mero acólito, un simple imitador, un seguidor, un epígono o un alzacola, para decirlo en puertorriqueño, alguien que meramente sigue las pautas establecidas por el maestro a quien admira. La prosa del prologuista es muy propia, pero no cabe duda de que se puede relacionar a la marejada estilística que Sánchez desencadenó con la suya. Este rompió el muro de contención de una prosa engolada, almidonada y predecible que caracterizaba toda una vieja tradición puertorriqueña, prosa esa con aires de antigualla. Cuando leemos el prólogo de Muñoz Negrón y su propia labor creadora – por ejemplo, Barra China (2012), Comida de peces (2016), Burundanga Express (2019), Mandamás (2023) – nos damos cuenta que el autor tiene una voz propia, pero que esta se pudo dar porque Sánchez desencadenó con la suya nuestra prosa y hasta impactó nuestra poesía. El prologuista mismo así lo establece y por ello asevera que “[p]ocos han reclamado con más fuerza toda una cultura para su órbita verbal.” (12) Con la suya Sánchez liberó nuestra prosa de un rancio academicismo, anquilosado y limitante. Sus verdaderos discípulos, no meros seguidores – Cezanne Cardona, Ana Lydia Vega, Ángela María Dávila, Guillermo Rebollo Gil, Rafael Acevedo, Noel Luna y el mismo Muñoz Negrón, entre otros – no lo copian, sino que buscan su propia voz a partir de las brechas que este abrió. Por ejemplo – y ofrezco una sola pequeña muestra, pero para mí contundente – la última oración de este prólogo sólo se pudo escribir porque ya Sánchez había liberado con la suya mucha de nuestra escritura:
En justicia no haría falta proclamarlo, pero es indispensable que se sepa: la literatura puertorriqueña por venir tendrá la marca, el temblor, la criba, de los sones soñados por un mulato de caserío llamado Luis Rafael Sánchez: il miglior fabbro del parlar materno, que en boricua callejero quiere decir, más o menos, el que trajo el saoco y prendió el bembé, el que puso a perrear a la concurrencia. (22-23)
Ese párrafo es el mejor homenaje que el prologuista puede hacerle y le hace al maestro porque ahí se presenta la que posiblemente sea la más importante lección que Sánchez nos ha dado; la escritura misma que emplea el prologuista, no sólo el contenido, así lo hace. Es que Sánchez nos enseñó que no hay contradicción entre la llamada alta cultura y la popular, que lo soez tiene su propia poética y esta es neobarroca. Pero la aseveración que es también homenaje se hace no con una prédica directa sino con la ejecución misma de lo expresado. Para decirlo como tradicionalmente se solía hacer años ha en la academia: en estas palabras del prologuista fondo y forma dicen lo mismo y se refuerzan una o la otra. Es que aquí Muñoz Negrón, como en todo el prólogo, combina armoniosamente la alta cultura – il miglior fabbro nos remite al homenaje y al agradecimiento que T.S. Eliot le rinde a Ezra Pound en The Waste Land – con el perreo de nuestros reguetoneros. Detrás del poeta anglo americano se esconde la nueva música boricua. En esta oración Eliot y Bad Bunny se dan la mano. Y esa posibilidad es la magna lección de Luis Rafael Sánchez.
En esa oración Muñoz Negrón hace claro que en la prosa de Sánchez se junta también lo que por muchos años los puertorriqueños creímos que eran mundos separados e irreconciliables: el llamado occidentalismo o universalismo y el nacionalismo o puertorriqueñismo. Ya a principios del siglo XX el pensador mexicano Samuel Ramos nos había hecho ver que la cultura nacional – en su caso la mexicana – no es más que la universal hecha propia y aclimatada a su mundo. Y nuestra Nilita Vientós Gastón a mediados del siglo pasado desmontó la falsedad de una inútil polémica entre los que sólo se miran el ombligo y los que sólo creen que lo único que tiene valor es lo que no es nuestro. Pero Sánchez da un paso más allá y Muñoz Negrón lo dice clarísimamente en esa oración final de su prólogo: lo nuestro es tan válido como lo de más allá de nuestras costas y lo popular no niega lo culto. Podríamos parafrasear a Cortázar, como el mismo Sánchez hace en su novela, y decir “todas las culturas, la cultura”.
Con esa última oración Muñoz Negrón resume todo lo que muy acertada e inteligentemente establecía en su hermoso e atinado prólogo. Este, para mí, es una iluminadora síntesis de las lecciones que el prologuista halla en la obra de Sánchez y es, por ello, una manera congruente y espléndida de celebrar estos primeros cincuenta años de La guaracha del Macho Camacho, una gran novela que nos enseñó a escribir y leer en puertorriqueño sin avergonzarnos y sabiendo que así teníamos que hacerlo.
mayo,Gainesville, Florida







