José Ignacio y María Clemencia, siempre juntos hasta el final. Así fue su compromiso con la vida, que como decía nuestro Juan Antonio Corretjer, “es lucha toda”.
José Ignacio fue un historiador apasionado, defensor de causas justas y con un compromiso social inquebrantable. Luchó incansablemente por la independencia de su amado Puerto Rico y por la Revolución Bolivariana de su amada Venezuela. Su entusiasmo y empeño eran infinitos. Constantemente, organizaba actividades sobre Puerto Rico en Venezuela y sobre Venezuela en Puerto Rico. La mayor parte de ellas las coordinó desde el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan, una de las instituciones más prestigiosas de la isla. Allí el doctor en literatura y laborioso funcionario de la ONU se destacó como asesor de la institución dirigida por don Ricardo Alegría, de quien también fue amigo personal.
Cuando José Ignacio coordinaba las actividades, recurría a su lista de contactos y llamaba personalmente a cada invitado para conseguir su compromiso de asistencia. Ponía pasión en todas las iniciativas que emprendía y es de notar que contagiaba con su entusiasmo. Presentó a muchas figuras destacadas y un sinnúmero de documentales, gracias a los cuales la comunidad puertorriqueña tuvo la oportunidad de comprender la realidad venezolana, y también presentó la realidad puertorriqueña a los venezolanos. “Sus conferencias sobre la realidad venezolana ante los más diversos públicos de la isla han servido para contrarrestar la ola mediática contra la revolución bolivariana que al principio inundó la prensa en Puerto Rico.”
En la Plaza de Armas del Viejo San Juan participaba en las tertulias nocturnas de los parroquianos y desde allí mismo gestaba sus proyectos. Era su segunda oficina, pues allí se citaba con los amigos y compañeros de la vida y de la lucha.
José Ignacio participó activamente en la lucha por la liberación de los prisioneros (as)políticos puertorriqueños de las cárceles estadounidenses y defendió con tenacidad la cultura de todas sus patrias, entre las que también se encontraba España, debido a sus antepasados almerienses, de la provincia andaluza.
Su esposa María Clemencia, compañera inseparable y una destacada diplomática venezolana, compartió con él esa vida de lucha toda. Tenían una comunicación muy especial y de total compenetración. Eran un equipo de luchadores a los cuales tendremos siempre en gran estimación y admiración por su compromiso irrenunciable y tenaz, no sólo con las causas de Puerto Rico y Venezuela, sino además con las de la querida isla de Cuba.
Que descansen en paz, unidos para siempre, José Ignacio y María Clemencia. Si un día tuvieron que naufragar porque el tifón rompió sus velas, nos queda el consuelo de que al partir permanecieron unidos cerca del mar en su hermosa Venezuela. No los olvidaremos. Especialmente, cada vez que veamos una orquídea florecer…
*José Ignacio Jiménez y María Clemencia López Ramírez fallecieron en La Guaira, Venezuela tras los terremotos del 24 de junio de 2026.







