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NaciÓN

Carta a Bernardo López Acevedo

CLARIDAD

Querido BLA:

Acabo de leer una nota de tu amiga Magali García Ramis que elogia tu vida preguntándose a cuál de tus dos amores amabas más, si a la patria o la lengua, porque a ambas te dedicaste. Creo que, si pudieras, le dirías que te dedicaste a ambas porque una sin la otra tendrían existencias difíciles y, además, porque siempre viviste ambos amores como uno solo. En la patria irrealizada que nos ha tocado vivir defender nuestro idioma es parte indispensable de la lucha diaria. Y para defenderlo hay que conocerlo y, sobre todo, respetarlo.

Creo que la mención que hace la escritora García Ramis de tus dos amores es muy afortunada porque resume muy bien tu vida. Desde que estabas en tu querida Aguada siendo un muchacho lleno de sueños, empezaste a conocer a fondo la realidad de tu país descubriendo, como corolario lógico, la solución evidente. La realidad, bien lo sabemos, es el colonialismo que nos empobrece y la única cura a ese mal anacrónico es conquistar la independencia frente al colonizador.

De Aguada llegaste a Río Piedras y, como ya tenías conciencia y propósito, entraste por una puerta al aula universitaria y por otra a la Federación de Universitarios Pro Independencia, nuestra querida FUPI. Entonces fue que te conocí, en el hospedaje aquel que compartías con el grupo de aguadeños, todos amigos, patriotas y revolucionarios en ciernes.

Desde la FUPI, en aquella convulsa década del ´70, luchaste, marchaste, peleaste y también escribiste, no solo los poemas que esconderías en alguna libreta, sino también el boletín, la denuncia y uno que otro ensayo provocador. En esos escritos te retrataste como el gran creador que eras, habilidoso artesano de las palabras, y los que ya estábamos en Claridad corrimos a buscarte.

Como Raúl, Miñi, Edwin, Armindo, Dixie y tantos otros, diste a Claridad tus mejores años porque se los dabas al periodismo que luchaba agitando y educando. Sé muy bien lo que aquel periodismo de poesía y barricada significó para ti porque viví lo mismo y, desde distintos ángulos, ambos seguimos viviéndolo hasta la vejez. Recuerdo cómo cada semana, o cada día durante casi dos años, buscaba tus artículos para recrearme con tu artesanía de las palabras. Pienso ahora que el título que buscaste para la columna, Lloviendo sobre mojado, fue un buen ejemplo de esa artesanía palabrera. Quienes hemos tenido la tarea de escribir regularmente sobre la cotidianidad puertorriqueña sabemos lo difícil que es intentar analizar una realidad colonial circular que, como diría nuestro Juan Mari Brás, se repite cada día hasta la náusea. Todos los días llueve sobre mojado en el país donde nacimos, vivimos y morimos.

Cuando saliste de CLARIDAD (o más bien cambiaste tu relación con el periódico porque la vinculación nunca cesa) seguiste en el mundo de las palabras en la Editorial Huracán, que había creado la inolvidable Carmen Rivera Izcoa. Con tu trabajo allí mantuviste, desarrollaste y alargaste la vida de un negocio que nunca fue tal porque, más que comercio, las editoriales son instituciones indispensables para mantener vivo a un pueblo.

En tus últimos años, cuando la maldita diabetes se adueñó de tu cuerpo, entre achaque y achaque, escribiste poemas, ensayos y, con mucho entusiasmo, publicaste un libro que quedará como un pequeño testimonio de tu amor por las palabras. En las páginas de Claridad, guardadas como pequeñas perlas, quedan tus escritos, tus columnas y creo que uno que otro poema. Allí quedan para que, en el futuro, cuando nuestra patria sea libre, los forjadores victoriosos saquen tiempo para hurgar en el pasado y rescatar del olvido a quienes, como tú, sin buscar aplausos pusieron al servicio de la lucha patriótica su grande o pequeña habilidad de artesano. No tengo la menor duda de que ese momento llegará, entre otras cosas, porque una de las aportaciones de nuestra generación fue ayudar a conservar la Patria, con el idioma, la cultura y todas las expresiones de una nacionalidad cada vez más fuerte.

Te puedes ir tranquilo querido hermano porque gracias a tu trabajo de artesano todavía tenemos Patria.

Te recuerda tu amigo,

Manuel de J.