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NaciÓN

Despiden a Ludmilia Rivera Burgos

 

 

En Rojo

 Era un atardecer caluroso a pesar del sol medio escondido entre nubes grises y blancas. Tres hombres hablaban, cerca de la Carpa Roja de CLARIDAD, de la influencia del comunismo en las causas emancipadoras del país. Parecían más contentos por estar juntos que por hablar del tema, y esa contentura los llevó a hablar de Fidel, de sus nietos y los piscolabis disponibles.

En la carpa, un florero acompañaba el retrato de la mujer recordada esta tarde de lloviznas inesperadas: la licenciada Ludmilia Rivera Burgos. La monoestrellada orlaba el fondo de la mesa y tres asientos aguardaban por quienes eventualmente las ocuparían: los abogados Florencio Merced, Manuel de J. González y la escritora Mirelsa Modestti.

Lcdo. Florencio Merced Rosa. Fotos Christian Medina Rosado
Lcdo. Manuel de J. GonzálezE

El cantautor Alí Tapia amenizaba la noche entrante, y la licenciada Josefina Pantoja remitió un mensaje de la presidenta del Colegio de Abogados y Abogadas.

Florencio Merced habló, a modo de broma, de cómo Rivera Burgos «era mala cobrando». Empero, destacó su trayectoria como abogada y pionera en la Clínica de Asistencia Legal. La describió como una hermana o una tía, o una amiga sin hijos pero con muchos sobrinos repartidos por el mundo. Cierta contención entró el tono del amigo. Recordó la vez que Rivera Burgos impidió, como «magia», que su padre fuera desahuciado de su hogar. “Y como ella no sabía cobrar y yo soy malo pagando, ambos salimos bien”, dijo.

Merced, González y Modestti evocaron los osobucos y los beef wellingtons que la abogada fenecida preparaba en su apartamento de Monte Bello. Todos y todas –creyentes y no creyentes– saben que Rivera Burgos era un ángel, agregó Merced.

Mirelsa Modestti González.

Modestti, hija de la exsenadora Velda González, añadió que la cocinera poseía el particular don de atraer lo mejor del melonismo, la frontera indecisa entre ser popular e independentista, de su madre. En el 2000, entraron a los terrenos de la Marina estadounidense y Cuca Santaña, sobrina de Felisa Rincón de Gautier y ayudante de González se opuso,tampoco entró, pero la senadora y Ludmilia si lo hicieron.De J. González, por su parte, repasó algunos de los “experimentos legales” de Juan Mari Brás en los que participó Rivera Burgos.

Pocos días después de esta noche –que aún retiene el calor del día entre el concreto– Bernardo López Acevedo se unió a Rivera Burgos en descanso.

Pero antes, entre compañeros de toda una vida de lucha, el escritor y exdirector de la Redacción en CLARIDAD describió a la abogada en su etapa de reportera:

“La nobleza de Ludmilia. Muy noble persona. En un momento llegué a pensar que Ludmilia había inventado la parsimonia. Porque pasaba lo siguiente: yo llegaba a las 11:30 (a.m.) a la Redacción de CLARIDAD porque me había ido  tarde la noche anterior. Todos los redactores estaban con sus fuentes cuando llegaba. Ludmilia estaba, efectivamente, en la legislatura. Yo no tenía p… idea de lo lentos que son esos procesos en la Legislatura. Yo tenía la responsabilidad de que el periódico cerrara a tiempo porque la impresora lo estaba esperando. Y yo hablo de la etapa del diario. A eso de las 7:00, 7:30 (p.m.), Ludmilia regresaba a escribir. Desde las 11 a las 7 hay un buen trecho. Yo decía: «Ludmilia, escribe, escribe». Ella inventó la parsimonia, lo reitero, pero al momento de redactar yo pensé que el modo de ella era abigarrado. Fue óbice cuando ya yo estaba agotadísimo. ¿Reescribir algo a las 10 de la noche? ¿Algo que yo no había visto? ¿Que Ludmilia había estado allá? Les confieso, con todo el cariño, todo el amor y toda la admiración que le tuve: hubo noticias que no llegaron a ver la luz en el  periódico”, contó con maestría de la palabra.

Alí Tapia nos acompañó con sus canciones

Más tarde, Tapia cerró la noche –más fría que el atardecer– con canciones de Silvio Rodríguez. Los hombres, barajados como cartas, reanudaron sus tertulias heterogéneas. Muchos comían jamones y galletas. Algunos se adelantaron al despido.