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NaciÓN

El Bourdain reimaginado de Matt Johnson en Tony

Especial para En Rojo 

En mi última reseña para Claridad, publicada el 26 de agosto, escribí sobre la representación de la juventud en la novela, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Veo mi vida universitaria reflejada en el dinamismo de ese grupo de escritores jóvenes en los setenta que roba libros, que recorre los antros del DF y cuyos miembros experimentan con todo. La angustia romántica de los diferentes narradores, la mayoría en sus veintitantos años, es peligrosa por momentos y siempre fascinante.

El centro de mi reseña era la película colombiana, Un poeta (dir. Simón Mesa Soto; Colombia, Alemania y Suecia; 2025). El protagonista, Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos) vivió una juventud de melancolía y poesía. Pero a sus 50 años solo le queda la tristeza profunda por la duda y la pérdida de su juventud. Sin embargo, la película Tony (dir. Matt Johnson, EE.UU. y Canadá, 2026) se resiste a la tristeza de la adultez de Un poeta. Conocemos el trágico futuro de Anthony Bourdain, el joven Tony de la película. El silencio de la voz de Bourdain todavía es duro para muchos de nosotros. Su voz maldita, cuyo timbre nos recuerda las delicias del cigarrillo, es idónea para narrarnos las rutinas y sacrificios en las cocinas de los restaurantes de Nueva York (sus libros en Audible están entre las mejores grabaciones) y contarnos sobre sus viajes por el mundo con curiosidad auténtica y suficiente cinismo.

Tanto como el personaje de Óscar Restrepo, Anthony Bourdain vivió una melancolía tan arraigada que lo llevó a la autodestrucción. Pero en Tony, Matt Johnson se concentra en el caos juvenil de Bourdain durante su estadía en Provincetown, Massachusetts. Aunque en la película es solo un verano, Bourdain pasó cuatro en el pueblo costero durante la primera mitad de la década de los setenta. Aquí Tony Bourdain saboreó la vida de los real visceralistas de la novela de Bolaño, pero como un escritor entre los piratas de la cocina del Flagship, un acogedor restaurante de pescado y mariscos cerca de los muelles.

En Tony, Matt Johnson reconstruye con una mezcla de ficción y con elementos de la vida real las experiencias del joven Tony Bourdain (Dominic Sessa). Este llega a Provincetown detrás de Nancy (Emilia Jones), una chica que le gusta, y después de haber perdido una beca para un programa de escritura en Vassar College. Para mantenerse en el área, Tony encuentra trabajo en la cocina del solitario Chef (Antonio Banderas). El jefe de la cocina y dueño del restaurante es uno de estos capitanes que habla en gruñidos que suenan más a sabiduría que a amenaza. Chef observa todo lo que ocurre a su alrededor y, a pesar de que es católico practicante, entiende y respeta sin juicios la intensidad de la vida de un empleado de cocina. Banderas actúa al personaje como un viejo marino abatido por el mar y que ha creado un espacio seguro para jóvenes perdidos como Sal (Leo Woodall), un cocinero algo patán que le enseña a Tony la delicia de las drogas.

A pesar de que la cocina tiene otros personajes interesantes como Stavros (en una participación bien limitada, pero muy divertida de Stavros Halkias), el enfoque de la película es Bourdain. Las prevalentes tomas en primer plano de la cara de Dominic Sessa develan el aislamiento de Tony y la intensidad con la que observa todo. Sessa refleja la impredecible inocencia que asociamos con la voz narrativa de Bourdain en los primeros tres capítulos de su primer libro, Kitchen Confidential, que cuentan sus vivencias en Massachusetts y sus comienzos en el Culinary Institute of America (CIA).

Tony no es una película perfecta. La visión juvenil de Matt Johnson, que brilla junto a su compañero Jay McCarrol en Nirvanna the Band the Show the Movie (dir. Matt Johnson, Canadá, 2025), le da a Tony una inocencia setentosa que recuerda las películas de Hal Ashby, como The Last Detail (EE.UU., 1974). La cámara de Michael Bauman retrata las arenas blancas de Provincetown y la energía de la pesca nocturna con Chef, dándole al lugar una resonancia mítica en la formación de Bourdain.

Sin embargo, muchos de los personajes de la cocina permanecen como tipos sin definición limitando el desarrollo del grupo de trabajo. No sabemos nada sobre Mary (Monica Raymund), la bartender con la mirada de que lo ha escuchado todo, o de Tyrone (Michael Jibrin), el cocinero veterano que agarra sartenes calientes sin quejido alguno. Inclusive, el personaje de Nancy, que lleva a Bourdain a Provincetown, demuestra las limitaciones más problemáticas en la escritura de Johnson. Nancy es un personaje sumamente acartonado y solo sirve de justificación para que Bourdain llegue a Provincetown, para que el joven se mantenga en el lugar y para ser la confidente de los planes futuros del protagonista.

No obstante, Tony es un interesante, aunque imperfecto, relato visual de un joven que encuentra su voz de escritor en la cocina, que descubre la calma junto a la disciplina de Chef y que se asoma a los demonios que lo perseguirán por décadas. La película se exhibe en la pantalla grande, el lugar idóneo para vivir el Provincetown imaginado que formó a Anthony Bourdain.