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NaciÓN

¿Hablar del goce es lo mismo que hablar del deseo?

 

 

Especial para En Rojo

En el espacio cotidiano versus ciberespacial, por lo general, siempre se tiende a percibir desmesurada como generalizadamente al deseo como fuente central del principio de placer. Sin embargo, el concepto del goce desde el lenguaje psicoanalítico lacaniano se concibe como la satisfacción pulsional de la vivencia analítica del significante. Queda evidentemente claro, que hablar de goce envuelve desde la mirada de Jacques Lacan (1976) e inclusive al psicoanálisis como una producción, es decir, que es un resultado que conlleva valores gananciales como de pérdidas. Así que, la búsqueda de este sentimiento más allá de tener un intrínseco vínculo con el objeto @[1] y/o cosa, jamás logra del todo saciar nuestras apetencias, frustraciones, idealizaciones, fetiches, etc. Esto es debido a que el goce y displacer están trenzados como bien nos indica el psicoanalista Alejandro Tolosa (2015) dado que impulsa al ecosistema de la culpa e incluso anímico en general, la cuestión de la angustia. Ha sido aquello que pone en circulación a nuestro deseo lo que le dará relieve a ese objeto @ para hacer de ese estado de satisfacción uno consistente y sobre todo, imparable, tipo efecto vórtice.

Desde el ámbito del deseo, el ser social de antemano acepta y conoce que no existe objeto de deseo per se. Mediante este estado de reconocimiento es que debe hacerse la salvedad que el deseo lo que persigue es seguir deseando, por lo que es siempre revolucionario como presenta Gilles Deleuze (1990) porque quiere más conexiones y agenciamientos. Por tal razón, es que el deseo antecede al goce, puesto que es elemento integral que dinamita a todo lo que tenga interrelacionar para cumplir con único propósito, el mantenerse vivo y reiterante. (Lacan, 1976).

Adentrándose al análisis deleuzeano & guattariano (1972) se aborda al deseo como una realidad intensiva e incluso molecular la cual trabaja bajo una transición entre captura y fluidez debido a las composiciones molares que efectúan y caracterizan a las sociedades capitalistas contemporáneas (Torres Ornelas, 2018). Así que, el deseo ostenta tener una capacidad transversalista/transformista cuyo proceso de registro o codificación nada resulta ser culminado y determinado. Esto es debido aquí no existe represión, sino más bien cancelación de la representatividad, precisamente porque es un afecto y no un sentimiento como el goce. Es en ese sentido que, acontece el síntoma como engendro del malestar en la cultura, hecho que reviste la interminable lucha entre sentimiento de abundancia versus carencia.

Por tal razón, al deseo no se le puede graduar y/o calibrar como sucede con el sentimiento de goce, puesto que como bien expone Deleuze (1990) está en búsqueda de líneas de fuga, mientras que el goce es un determinante-fantasmático de sujeción. Slavoj Zizek (2011) nos dice “que el deseo y el goce son intrínsecamente antagónicos e, incluso, se excluyen entre sí: la razón del deseo no es alcanzar su objetivo para lograr satisfacción plena, sino de seguirse reproduciendo como deseo”. (p.51). Es decir, que, que el deseo podría concebirse como un proceso inacabado el cual está en constante devenir, mientras que el goce fluye por medio de faltas, rezagos, vacíos, etc. Cabe destacar, que el deseo al no requerir de un objeto, la identificación y registro del mismo hacen posible la codificación del objeto de deseo lacaniano el cual a su vez es capaz de no solo darle vida a las cosas, sino más bien, propiciar los modos de subjetivación necesarios para generar sus pulsiones de vida y/o muerte.

Es bajo esa dirección, que en la sociedad actual a la que nos situamos, se ha ido desarrollando por medio de nuevas tecnologías u otros tipos de gadgets científicos hasta inclusive psicofármacos diseños remediales curativos y alternativos para llegar a ese inalcanzable pansexualismo orgiástico que la misma cultura reprime. Así que, a partir de la rampante atmósfera del miedo que ha implantado el sistema neoliberal sociopolíticamente hablando, encontramos que, silenciosa, pero ruidosamente se ha trasquilado un efecto mandatorio tipo placebo de ser feliz, totalizado, curado, empoderado, gratificado y hasta anestesiado contra cualquier malestar psicosocial que estemos confrontando. De aquí es que descansa toda esa batería de artefactos paliativos para complacer la insatisfacción, miedos, fobias, fantasías y falsos imaginarios sociales para ser “feliz” o “normal” aparentemente.

Y es precisamente ahí hacia donde focalizamos esta breve reflexión teórica, intentando explorar/describir acerca de las diversas capas que atraviesa la fábrica de deseos humana dentro del complejo mundo cibercultural que vivimos. De este modo ponemos de manifiesto el análisis psicopolítico[2] que propicia el régimen autogestionario de la cultura digital el cual se apoya en la propia autodestrucción y mutilación sutilmente vía lo técnico- práctico. Es por ello, que para tener una mejor lectura de la práctica asidua que recurre y consume el ser social moderno- tardío, sea en el plano inmaterial intersubjetivamente hablando como cibernético, se necesita antes que todo del perfilar e incluso minar descentralizadamente al deseo vía el desarrollo transmutacional del capitalismo de las emociones (likes, emojis, views, seguidores, pokes, etc.). Asi vamos atajando e interpretando un poco más el inenarrable movimiento de las máquinas deseantes.

 

 

  Referencias
  Chul-Han, B. (2014). La Agonía de Eros. Madrid, España. Herder.
  Chul-Han, B. (2015). Psicopolítica. Madrid, España. Herder.
  Deleuze, G. & Guattari, F. (1972). El Anti-Edipo. Vol. I: Esquizofrenia y Capitalismo. Buenos Aires, Argentina. Paidos.
  Illouz, E. & Kaplan, D. (2020). El Capital Sexual en la Modernidad Tardía. Madrid, España.    Herder.
  Lacan, J. (1976). El Seminario IV: La Relación de Objeto. Paidos. Argentina.
  Zizek, S. (1994). La metástasis del goce: Seis Ensayos Sobre La Mujer y La Causalidad. Paidos. Argentina.

Zizek, S. (2003). El Sublime Objeto de la Ideología. Paidos. Argentina.

Zizek, S. (2020). Pandemia: La Covid 19 Estremece al Mundo. Paidos. Argentina.

Notas

[1]   El objeto @ según nos dice el psicoanalista lacaniano Zizek no es lo que nosotros deseamos, ni mucho menos tratamos de obtener, sino más bien de eso que pone movimiento circular a nuestro deseo. (p.51)
[2] Cuando me baso en el término psicopolítica me estoy basando en el enfoque presentado por el filósofo norcoreano Byung Chul-Han (2015) el cual señala que en esta etapa de la digitalización y autocontrol social ya el disciplinamiento no tiene el mismo régimen que en la época moderna del siglo XVIII, sino más bien uno flexible y multiforme.