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Salud mental de Trump se convierte en una interrogante

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Especial para En Rojo

Las interrogantes sobre la salud mental del presidente de Estados Unidos, Donald Trump,vienen de personas que en su día trabajaron con él y que desde entonces se han convertido en sus críticos.  Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en el primer mandato de Trump, dijo al periodista Jim Acosta que el presidente es “un hombre que está claramente delirante” y que su reciente cadena de publicaciones beligerantes en las redes sociales a medianoche “reflejan el nivel de su locura”.

Por su parte, Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de Trump en la Casa Blanca, escribió en internet la semana pasada que “está claro que no está bien”, refiriéndose a su desequilibrio mental.Julian E. Zelizer, historiador de Princeton y editor de un libro sobre el primer mandato de Trump hace la observación de que Donald Trump“como presidente [estadounidense] hace caso omiso de cualquier límite de seguridad o sentido del decoro…  para dar rienda suelta a su rabia interior y actuar por impulso”.

En su segundo mandato, Trump parece aún menos moderado y por momentos más incoherente. Utiliza más palabras vulgares, habla por más tiempo y con frecuencia hace comentarios más basados en fantasías que en hechos. Días atrás, en una imagen suya generada por inteligencia artificial en su plataforma digital “Truth Social”, Trump aparece como una figura mesiánica que realiza sanaciones sagradas con la luz divina que emana de sus manos, junto a la bandera estadounidense y la Estatua de la Libertad.

Al reaccionar a la prensa sobre las críticas generadas por la atrevida imagen en la que se asemeja a Jesús, Trump sostuvo; “Se supone que soy yo como médico curando a la gente. Y sí, hago que la gente mejore. Hago que la gente mejore mucho».

La imagen, ya eliminada, generó múltiples críticas tanto dentro de Estados Unidos, como también fuera del país. De hecho, el mandatario de Irán, Masoud Pezeshkian, hizo una alusión este lunes al respecto: «La profanación de Jesús (la paz sea con él), el profeta de la paz y la hermandad, es inaceptable para cualquier persona libre. Le deseo el honor de Alá», escribió Pezeshkian en X.

Trump divaga por tangentes singulares: una divagación que duró ocho minutos en una recepción navideña sobre serpientes venenosas en Perú. Tuvo una interrupción divagatoria en una actualización sobre la guerra en Irán para elogiar las cortinas de la Casa Blanca. Ha confundido Groenlandia con Islandia y más de una vez se ha jactado de haber puesto fin a una guerra ficticia entre Camboya y Azerbaiyán, dos países separados por más de 6000 kilómetros. (Evidentemente, se refiere a Armenia y Azerbaiyán). Acusa de sedición, delito castigado con la muerte, a los críticos a su política que provocan su enfado. De manera peculiar dijo que el director de Hollywood Rob Reiner, quien murió supuestamente apuñalado por su hijo, fue asesinado “debido a la ira que causó” al oponerse a Trump. Cuando murió Robert S. Mueller III, exdirector del FBI y fiscal especial, Trump dijo: “Bien, me alegro de que haya muerto”.

Recientemente, declaró que “el nuevo presidente del régimen de Irán” estaba “mucho menos radicalizado y era mucho más inteligente que sus predecesores”. Excepto que el nuevo presidente de Irán es el mismo que el anterior. No ha habido ningún cambio de presidente. Es posible que Trump se refiriera al nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jameneí, pero se le considera de línea aún más dura que su padre, el ayatolá Alí Jameneí, quien murió en la guerra.

Una diferencia con respecto al primer mandato es que hay actualmente pocos asesores de la talla de Kelly, si es que hay alguno, que consideren que es su responsabilidad evitar que Trump vaya demasiado lejos. “Cuando hace lo que hace, todos los que lo rodean miran hacia abajo y no dicen nada”, dijo Zelizer, el historiador, escritor y profesor de Princeton.  “A diferencia del primer mandato, ni siquiera parecen maniobrar tras bastidores para detenerlo”.»Quizás tal conducta alocada pueda tener un margen de aceptación en los extremistas de la base republicana ultranacionalista. “Hay un elemento de la política estadounidense en la era de la polarización, sobre todo dentro del Partido Republicano, al que le gusta este estilo de liderazgo”, comenta Zelizer. “¿Qué puede haber más antisistema que quien está dispuesto a estar fuera de control?”.

La exrepresentante Marjorie Taylor Greene, la republicana por Georgia que rompió vínculos recientemente con Trump, abogó por usar la Vigésimoquinta Enmienda y argumentó en la cadena CNN que amenazar con destruir la civilización iraní no era “retórica severa, es locura”.

 

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