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A los amigos betancianos reunidos en San Juan

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Paul Estrade

Desde París, sumamente honrado y conmovido por haber sido asociado a ese foro cultural, les mando un caluroso saludo de solidaridad y de agradecimiento personal. Cualquier acto público que ensalce a Betances suele llenarme de entusiasmo, pero el de hoy adquiere un significado especial. Contribuye a preparar la celebración del bicentenario del nacimiento del Padre de la Patria Puertorriqueña, y lo han organizado apreciados amigos cuyo interés por El Antillano no obedece a pruritos de oportunismo mediático sino a arraigados sentimientos patrióticos.

Por lo tanto, desde la segunda patria del ilustre doctor, permítanme felicitar a Liliana Cotto-Morales, a Carlos Rojas Osorio, a Juan Carlos Torres, a Migdalia Alvarado, administradora de la Casa Norberto, a los actores de Agua, Sol y Sereno, y a ustedes los presentes. Betances vive en sus corazones. Su asamblea férvida lo atestigua, aunque lo silencien las redes omnipotentes. Betances vive y ha de vivir más allá de esa Plaza, de esa Isla, de ese Caribe, de esas Américas y de nuestro mundo revuelto, dondequiera que estén de pie mujeres y hombres movidos por los resortes de la dignidad y la indignación y alzados contra las injusticias y los atropellos.

Al saber que yo no podría viajar físicamente hasta San Juan, la querida Liliana me pidió que les explicara cómo y por qué me había dedicado a estudiar la vida y obra de aquel “Anciano Maravilloso”, así estampado por mi inolvidable compadre Félix Ojeda Reyes. Acepté volver sobre el tema, pese a haberlo aclarado en algunas circunstancias[1], porque trasciende mi currículo, común y corriente.

Nada me destinaba a emprender esa vía ni nadie. Soy el heredero equis de generaciones de campesinos pobres de Lemosín, no soy un Estrada afrancesado de origen asturiano o antillano. Mis padres deseaban que fuese maestro de escuela. Lo fui y en seguida me encaminé hacia el profesorado de segundaria. Dado el parentesco entre el idioma nativo de mis genitores y antecesores y el castellano, decidí cursar hispánicas en la Sorbona. En el ínterin, el 1° de enero de 1959, triunfaba la Revolución Cubana, despertando en el estudiantado de París un movimiento de curiosidad y simpatía. En junio de 1960, estuve entre los fundadores de la futura Asociación de amistad Francia-Cuba, la primera de esa índole en Europa, todavía activa. Soy un hijo espiritual de dicha Revolución.

Tratar de comprenderla y tener que defenderla me llevaron a descubrir y a estudiar al “autor intelectual” de la misma (Fidel Castro dixit), o sea a José Marti, el Héroe Nacional de Cuba. Empecé en 1966 una tesis doctoral sobre sus ideas económicas, sociales y políticas, y su acción revolucionaría[2]. En el curso de mis investigaciones en los archivos franceses, en busca del papel de la colonia cubana de París durante las guerras de independencia (1868-1898), noté con asombro que el más ardiente de los patriotas emigrados y su jefe, el más afín con la línea de Martí y su delegado, era puertorriqueño y se llamaba Ramón Emeterio Betances. Confieso que su mera existencia me era desconocida.

El feliz hallazgo ocurrió en 1970. Tras el impetuoso movimiento estudiantil de mayo de 1968, la Universidad me había reclutado para impartir clases de Historia de la América Latina contemporánea. Salió al año siguiente mi primer artículo sobre esa emigración, de facto sobre Betances[3]. En junio de 1972, durante el coloquio internacional de Burdeos sobre Martí, la hija de la renombrada Margot Arce, Carmen Vázquez Arce, me regaló el Betances de Bonafoux que acababa de reeditarse. Me engolfé en su lectura. La portentosa labor rebelde y humanista del instigador del Grito de Lares me fascinó; necesitaba indagarla.

En realidad, no pude entregarme plenamente a rescatar e investigar la obra betanciana sino después de concluida mi tesis martiana y ascendido a catedrático (1985). Entonces, junto al cubano Emilio Godínez Sosa y a Félix Ojeda Reyes, iniciamos el “Proyecto Betances” que el grupo de “Historia de las Antillas Hispánicas” (HAH) de la Universidad de Paris VIII incorporó en su quehacer y cuya culminación ha sido en 2018 la edición por Zoomideal de las Obras Completas de Betances.

Dentro del referido Proyecto, que la muerte repentina de Emilio amenazó desbaratar, era natural que recayera en mí la labor imprescindible de estudiar a Betances en Francia (46 años de su vida) y en francés (la cuarta parte tal vez de su obra escrita): dos aspectos de su existencia y de su producción que se hallaban poco escudriñados[4]. En esa vía, creo haber traído alguna información ignorada y suscitado alguna mirada novedosa.

Me fijé en particular en el Betances escritor (tanto el misterioso cuentista Louis Raymond como el articulista de varias publicaciones parisinas)[5]; en el Betances periodista autor de casi treinta entrevistas a lo largo de la Guerra de Martí (1895-98); en el Betances agente diplomático de la República Dominicana  en tiempos de Luperón y portavoz de la nación haitiana vilipendiada; en el Betances protagonista de la Sociedad Bolívar y la Unión Latina Franco-Americana (ULFA), dos organismos de cohesión y defensa de la que Marti llamaba (y Betances también a veces) “Nuestra América”; en el Betances médico e higienista respetado por sus pares y por la élite culta de la capital; en el Betances íntimo y su esposa Simplicia Jiménez, una mujer sencilla oriunda de su propio pueblo, a quien hará falta rehabilitar frente a la fea fama que la rodeó. Ramón Emeterio la tenía por “su mambisa”, un vocablo elogioso sin par en su boca.

La biografía que redacté luego y a la que se está aludiendo esta tarde se ha beneficiado también de otros diversos aportes, procedentes de fondos cubanos, dominicanos, españoles y austríacos, que añadimos con Félix a lo largo de más de tres decenios de estrechísima colaboración. Les diré que la conclusión del libro me causó tanta satisfacción como la salida anterior del último tomo de las Obras Completas. ¡Compromiso de solidaridad cumplido! ¡Ojalá se concreten ahora en breve las simpáticas veleidades de traducción de la obra al español y/o al inglés con motivo del bicentenario!

Ante la imposibilidad de abordar hoy tal o cual momento clave de su acción múltiple desempeñada desde su oficina – secreta embajada de la confederación antillana en ciernes -, me limitaré a evocar su consubstancial e inflexible fuerza moral. Campea a la raíz de cada una de sus reflexiones, reacciones y resoluciones. Es importante por cierto que se venere a Betances en su patria, y esencial que se le conozcan mejor la vida, las luchas y las ideas en su continente. Pero es importantísimo que nos valgamos de su ejemplo en cualquier sitio del planeta.

Betances ha sido un dechado de dignidad y un heraldo de la indignación.

A finales de 1872, apenas de regreso en París, ante la próxima emancipación de los esclavos de Puerto Rico, el abolicionista radical aboga por su liberación completa e inmediata y por la de los esclavos de Cuba: cuestión de justicia[6].

En 1874, al prolongarse la cruenta guerra de independencia de Cuba en medio de cierta indiferencia y confusión, el independista antillano alza la voz en defensa de los mambises y alerta contra la corriente anexionista que extravía el movimiento: cuestión de conciencia y de honra[7].

En 1878, ante el posible estallido de una guerra por el dominio del Bósforo y los preparativos bélicos de los imperios implicados, el cronista de Le Moniteur (Haití) recomienda que se desobedezca la sentencia romana “Si vis pacem, para bellum”, hipócrita, falsa y peligrosa, y que se bregue por la paz: cuestión de rectitud y de responsabilidad[8].

En 1883 en París, al inaugurarse la Biblioteca Bolívar para el centenario del natalicio del Libertador, su discípulo caborrojeño, alma de la institución, lee un discurso en su honor llamando a la unión latinoamericana: cuestión de salvación[9].

En 1887, la autoridad colonial de Puerto Rico desencadena una violenta represión contra gentes tildadas de subversivas. Desde París Betances la condena en la prensa francesa[10], pero a la vez sacude a los liberales autonomistas que callan y no la enfrentan. A su amiga Lola escribe: “Yo espero que la generación venidera, educada en la indignación a lo que hoy pasa, será incapaz de soportar este estado de salvajismo de los gobernantes”[11]. Cuestión de decencia.

Entre 1895 y 1898, desesperado de ver que sus compatriotas no se yerguen contra el yugo colonial, el representante del partido de José Marti y delegado oficial de la república de Cuba, se las ingenia sin descanso para sostener a los insurrectos y socorrer a los presos. Envejecido, enfermo y pobre, se sacrifica por la causa de la independencia absoluta de las Antillas[12]: cuestión de fraternidad.

¡Cuántas lecciones de dignidad! ¡Cuántos llamados a la indignación! Justas y honrosas en su tiempo, valederas y necesarias hoy más que nunca en el Caribe, la Europa oriental, el próximo y el medio Oriente, el Africa del Este.

¿Qué ser humano podrá seguir siendo ciego, sordo, dormido y mudo, en medio de los conflictos que afligen la humanidad, ante las barbaridades de quienes aspiran a gobernar el mundo a su antojo, imponiendo el poderío destructor de sus armas, invirtiendo más dólares en la guerra que en la salud, la educación y la cultura, violando sin vergüenza el derecho internacional, atropellando la soberanía de los pueblos inconformes, asfixiando con el bloqueo a poblaciones enteras, asesinando o raptando a dirigentes extranjeros, desterrando a millones de personas, matando a decenas de miles de inocentes, amenazando aplastar bajo las bombas a los supervivientes y esterilizar su tierra retornada a la edad de piedra.

Ante tal desaforada coyuntura, no quedemos indiferentes y silenciosos. No miremos hacia la bóveda impenetrable. Concentrémonos, mirémonos adentro y reaccionemos en conformidad con el legado moral del Antillano inquebrantable y universal, portándonos como él se portó ayer y seguro se hubiera portado hoy día:

         DIGNIDAD E INDIGNACION, DE BETANCES ES LECCION.

         PERO PARA NOSOTROS, SERA IMPERATIVA ACCION.

 

 París, 23 de abril de 2026

El autor es Profesor Emérito de la Universidad de Paris VIII.Premio Internacional José Martí otorgado por la UNESCO (2023)

Notas

[1] Por ejemplo, en una entrevista recogida por Julio A. Muriente (La palabra comprometida, San Juan, Gaviota, 2001, p.291); y en el preámbulo a nuestro En torno a Betances, San Juan, Callejón, 2017, pp.21-22.
[2] Doctorado de Estado en Letras y Ciencias Humanas otorgado por la Universidad de Tolosa II, julio de 1984. Cuarta edición en español: La Habana, Casa de las Américas, 2017, 2 vols.
[3] Artículo publicado en Caravelle, Tolosa, n° 16, 1971.
[4] A pesar del meritorio empeño de Ada Suárez Díaz.
[5] Cf. el capitule 7 de la biografia publicada en 2023 (Paris, Les Indes Savantes) y los dos libritos anteriores: Les écrits de Betances dans la presse latino-américaine de Paris, Paris, HAH, 1988 ; Les écrits de Betances dans ‘La République Cubaine’, Paris, HAH, 1992.
[6] La abolición de la esclavitud y el gobierno radical y monárquico de España, Paris, 29 de diciembre de 1872. OCZ, IV, 239-235. Allí el autor apela a la “justa reprobación del mundo civilizado, que las leyes de expediente no pueden engañar, mientras […] exista en Cuba – a nombre de España – un solo esclavo asiático o africano”.
[7] Cuba. Paris, 10 de abril de 1874. OCZ, IV, 247-270. Allí el autor se pronuncia tanto “contra el español que oprime como contra el yankee que suprime”, y advierte: “creer que la constelación americana reemplazará en el cielo cubano la estrella solitaria, sin sacudimiento en la tierra, eso es ceguedad”.
[8] Correspondencia especial (Betances). Le Moniteur, Port-au-Prince, 20 de abril de 1878. OCZ, XII, 71-79. Allí el sagaz observador contrapone a la falaz máxima otra, clara y sencilla:” Quieren ustedes la paz, preparen la paz”, y sentencia con toda intención: «Es bueno que las naciones oigan la frase famosa: Pueblos, no se rindan, y cabe añadir: “Gobiérnense ustedes mismos”.
[9] Con esta frase acaba su discurso del 24 de julio de 1883: “Es bajo la sombra del nombre augusto de Bolívar que tenemos que esforzarnos en hacerle la guerra a la guerra y en establecer para siempre la solidaridad más poderosa y respetable entre las naciones suramericanas”. OCZ, IV, 127.
[10] “La Inquisición restablecida en Puerto Rico”, firmado “El Antillano”, Le Voltaire, 23 de octubre de 1887.
[11] Carta a Lola Rodríguez de Tió, 7 de noviembre de 1887, OCZ, I, 175.
[12] Exhorta a mantener unida la patria antillana “como si, al poner el pie izquierdo en la pequeña (grande Antilla) no tuviesen los yankees el talón derecho levantado para, pasando por encima de Santo Domingo, aplicárselo al cuello de Cuba. Métale bien en la cabeza a todos […] que deben atreverse cubanos y puertorriqueños a reclamar del pueblo americano la independencia absoluta de las Antillas”. Carta a Juan Gualberto Gómez, 27 de mayo de 1898. OCZ, VIII, 274.
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