Inicio Blog Página 1214

Cuando el circo cesa:  la distopía y el trapecio

Por Roberto Alejandro

 

Quizás fue la celeridad de lo imprevisto.  O la realidad de que, por primera vez en la historia humana, un patógeno, sin pasaporte, sin rostro, lenguaje, o color de piel de migrante, y fuera de los radares de las retóricas de la xenofobia, arropó a gran parte del planeta en tiempo digital.

Calles desiertas.  No en Dakota, sino en Nueva York y California.  Subways silentes.  Aviones varados.  Cruceros vagabundos en busca de puertos donde atracar.

O quizás se trata de un asunto exegético:  por algún traspié en la escatología nadie habría notado que el apocalipsis es precedido por un ensayo, una emergencia teatralizada como atisbo y preparación ante la real.  Pero esto no puede ser.  La humanidad ha vivido incontables prefiguraciones de lo apocalíptico:  la plaga bubónica, el exterminio de millones de judíos, Rwanda, las guerras mundiales precedidas y seguidas por un ya normalizado etcétera.

 

Sea lo que sea, lo obvio es que el planeta se achicó.  De súbito.  Eso de la aldea global era harto conocido, pero nadie había imaginado un planeta reducido a un vecindario de cinco o seis calles y todas con siniestros simultáneos. El planeta se encuentra en una versión desprotegida de los versículos 5, 7, y 6 del salmo 91: terrores nocturnos, saetas diurnas, pestilencia que anda en oscuridad y mortandad que en medio del día destruye.

 

Con un nuevo patógeno estragando y aterrorizando a millones en el planeta, de pronto la precariedad de la vida política ha desbordado los oropeles que la cubren y, en Estados Unidos, cortó las sogas del trapecio y apagó la luz del circo.  La primera victima fue el “America First,” el emblema cómico del trumpismoy claveteado sobre gorras manufacturadas en China, Vietnam y Bangladesh.

America First

Apenas un mes atrás, la Casa Blanca sometió el presupuesto para el año 2021.  El mismo incluye recortes durante diez años de un trillón de dólares en Medicaid y Obamacare; una reducción de 182 billones en la ayuda para cupones de alimentos; y otro recorte de 21 billones para familias pobres con niños.   America First. Para el 28 de febrero, cuando ya Alemania había enviado 1.4 millones del equipo necesario para tomar muestras del Covid-19 a la Organización Mundial de la Salud, Estados Unidos había tomado muestras a cuatro mil personas.  Al 17 de marzo, ha analizado muestras de 56 mil personas (1 en 5,800).  Corea del Sur lo ha logrado con 274,000 (1 en 187).   America Last.

Algo puede explicarse por el hecho de que el CDC se apartó de las guías para analizar muestras trazadas por la OMS y optó por inventar sus propias guías para entonces toparse con las predecibles trabas burocráticas.

Ya en el terreno de la distopía, el CDC ha instruido al personal médico a que reutilicen las mascarillas y, de ser necesario, se amarren un pañuelo al rostro como, quizás agregaron, los forajidos en las antiguas películas de vaqueros.  America Last.

Al momento de escribir, un reportaje informa sobre la carencia de suministros para los laboratorios.

Todo se agrava ante el alto numero de personas sin seguro médico (27.9 millones). Según un dato publicado en el Washington Post:  “We have far fewer hospital beds per capita than other advanced democracies (2.4 compared to 12.2 in South Korea), which makes us particularly vulnerable to a pandemic.”

El circo:  Palin y Trump

El circo de la presidencia trumpiana, tambaleante, no podía interrumpir el espectáculo sin algún tantrum. Y el miércoles 11 de marzo, poco antes de un mensaje presidencial y televisado, una excandidata vice-presidencial se encaramó a un escenario y deleitó a su audiencia.  Había estado incógnita en un show con nombre de western, “El cantante enmascarado,” disfrazada de oso y vistiendo un atuendo de tonalidades rosadas, como el sol penumbroso en las tundras de Alaska.  Pero ese miércoles, el show reveló su identidad y Sarah Palin “rapeó” la canción “Baby Got Back” que incluye las líneas “I like big butts and I cannot lie.”  Las comillas que amurallan “rapeó” van como gesto caritativo para evitar describir un esgalillamiento.

Ese mismo día, el presidente se dirigió a la nación para leer el peor mensaje presidencial desde los faraones.  Apareció el señor presidente, más anaranjado que nunca, y con una no disimulada incomodidad por entrar a esa “prisión” de leer un texto solemne donde no podía improvisar su desdén ante sus séquitos ni imaginar las conversaciones íntimas de unos enamorados, como ha hecho en sus mítines, teatro y realidad del abismo contemporáneo.

Habló en un tono robótico, aburrido, como si estuviese leyendo la guía de teléfono y con la entonación de un niño resignado a ir frente a su clase para decir “los zapatitos me aprietan” o, en nuestros tiempos, aguajear algún rap que le ayudó a escribir su abuela. Tan pronto concluyó el mensaje sus ayudantes tuvieron que incluir las correcciones de rigor.  No, la prohibición de viajes de Europa no incluía a ciudadanos norteamericanos; no, no era cierto una veda a la importación de bienes europeos.

El estrago en el estragal

Por más de un mes, el presidente se dedicó a menospreciar la gravedad de la amenaza.  Sus ecos en Fox News, Pravda like, repetían la sabiduría de su líder. Estados Unidos, decía Trump, solo tenía 11 casos, el virus desaparecería en abril y, más bien en aguaje, solicitó dos billones para el sistema de salud.  En alianza bipartidista, el Congreso repudió la indiferencia presidencial y asignó ocho billones.   Pero el circo continuó:  se trataba, alegó Trump, de un hoax demócrata y de la prensa, incansables en perseguirlo.

En su visita al CDC, también el 13 de marzo, el presidente continuó en la dimensión circense:  el equipo para evaluar muestras ya estaba disponible: “As of right now and yesterday, anybody that needs a test [can have one], that’s the important thing, and the tests are all perfect, like the letter was perfect, the transcription was perfect,…”

Y allí mismo, frente a los expertos, se hizo Oedipus y entonó una oda a sí mismo: “I like this stuff. I really get it,” Trump said. “People are surprised that I understand it. Every one of these doctors say, ‘How do you know so much about this?’ Maybe I have a natural ability. Maybe I should’ve done that instead of running for president.”

Trump y el mercado de valores o la magia de lo inverso

La bolsa de valores no registró el mensaje del 11 de marzo o más bien entendió a perfección el vacío conjurado por Trump y su disartria.  Desde la mañana del jueves 12 de marzo el mercado bursátil pareció una chiringa sin hilo y en picada en el Gran Cañón.  Bajó 2,000 puntos.  El viernes 13 de marzo, la Reserva Federal anunció un recorte en la tasa de interés, una medida para incentivar los préstamos y la actividad económica en medio de la pandemia.  El mismo día, fecha de superstición, Trump declaró una emergencia nacional y cuando celebró la decisión de la Reserva Federal de lo único que pudo hablar fue de lo feliz que estarían los inversionistas.  El virus no existía.  Ni sus victimas, presentes o potenciales.  “The market will be thrilled,” dijo.

La bolsa de valores recobró bastante el viernes y la recuperación fue tan sólida que pudo durar un gran total de menos de 48 horas. Tan pronto abrió el lunes 16 de marzo el mercado se desplomó para igualar la peor tercer caída en sus 124 años de historia. Al viernes 20 de marzo, Wall Street termina su peor período desde el 1988, año divisorio que proclamó la Gran Recesión.

Prognosis y modelos

En lo económico, el horizonte ni siquiera tiene color.  Ha desaparecido en lo incierto. En lo vital, los escenarios son dimensión Dante.

Los escenarios, recogidos en modelos calculados por computadoras que evalúan fuente de datos y a la luz de variables hace entrega de sus veredictos, dibujan un panorama de desolación, casi unas horas antes del infierno. En la semana que culminó el 14 de marzo, el Departamento de Trabajo Federal recibió 281 mil solicitudes de ayuda por desempleo, una cifra que represento 70 mil nuevas peticiones en una semana.  Un incremento de semana a semana y tan dramático no ocurría desde el 2008.   Eso es ya historia antigua.  Más de tres millones buscaron ayuda ante el desempleo en la tercera semana de marzo, muy por encima del record establecido en 1982.

Estados Unidos carece de suficientes ventiladores, una deficiencia que ciertamente no puede ser atribuida a falta de previsión y sí a la magnitud de la pandemia. A pesar de la reticencia a informar números oficiales sobre cuántos ventiladores tiene Estados Unidos, NBC revela que la nación tiene 160 mil unidades y otras 8,900 en los almacenes del Strategic National Stockpile.  Algunos estimados sugieren la necesidad de 740 mil ventiladores para luchar contra la pandemia, una cifra que está muy por encima de lo existente.

Los escenarios mas letales estimados por el CDC son “fin de mundonescos.”  Entre 200 mil y 1.7 millones podrian morir.

“And, the calculations based on the C.D.C.’s scenarios suggested, 2.4 million to 21 million people in the United States could require hospitalization, potentially crushing the nation’s medical system, which has only about 925,000 staffed hospital beds. Fewer than a tenth of those are for people who are critically ill.”

El Houdini republicano

En el ámbito de la política pública, la pandemia ha desaparecido la filosofía gubernamental republicana y, hasta el momento, el debate ocurre en el terreno de lo progresista. El sanderismo reaparece, esta vez sin reconocimiento de la paternidad.  El líder senatorial demócrata, Chuck Schumer, exige que cualquier política de incentivos económicos sea dictada por el motto “Workers first.”

Las primeras dos legislaciones aprobadas fueron demócratas. La Cámara de Representantes impuso las pruebas gratuitas del Covid-19, licencias por enfermedad y más fondos para los desempleados.  Y ahora, cuando el Congreso considera enviar cheques a la ciudadanía, parte de un billón de dólares para amortiguar la desolación anticipada en individuos y corporaciones, estamos frente a otra versión del gasto público siempre avanzado por los demócratas.  En cuanto a la idea republicana, la única, eso de reducir impuestos a los ricos, está hoy “missing in action”.  Trump, por supuesto, la sugirió y fue ignorado. El economista Joseph Stiglitz propone el envío de $2,000 a cada persona con el entendido de que los ricos los devolverán cuando sometan sus planillas en el 2021. Para evitar equívocos, también insiste que no haya rescates financieros para las líneas aéreas, muy especial para Boeing quien ha repartido sus ganancias con bonos obscenos para sus CEO.   El New York Times se aparta de su timidez usual y apoya la propuesta de Stiglitz.

A manera de pausa

Con su método Mr. Maggo, la administración trumpiana ha ido descociendo muchos de los tejidos que sostienen y justifican a un gobierno.  La presidencia ha sido un show continuo de noventa mítines, el último el pasado 2 de marzo.  Con tres Secretarios de Defensa en tres años, cuatro directores de Home Land Security, tres Secretarios de Estado, y cuatro jefes de personal, es claro que el oligarca disfruta el caos de la ineptitud.  Todo quedaba excusado, en su mundo, porque la bolsa de valores retaba la gravedad.  Hasta que apareció el Covid-19 y canceló los mítines, enjauló al mercado bursátil en un invernadero, redujo significativamente sus tuits y estropeó sus viajes a los campos de golf.

El Covid-19 ha hecho mucho más que interrumpir la exuberancia de las inclinaciones fascistas en Trump y su base.  Ha descocido esos tejidos enmarañados que le dan legibilidad al orden social, desplazado los hitos de lo normal e impuesto otras lógicas.  ¿Quién crítica ahora del costo de la reforma de salud propuestas por Bernie Sanders y Elizabeth Warren? De pronto, dos trillones de dólares en gasto píblico no es solo una política razonable, sino también signo inaudito de sabiduría en política pública. He ahí, precisamente, el problema.  ¿Por qué se moviliza un consenso entusiasta al ritmo de dos trillones de para apuntalar un sistema profundamente injusto?  ¿Por que esa cantidad esta fuera de los horizontes políticos y de la clase política cuando se trata de proteger la vida, una de las zapatas del orden político??

Como siempre en cada crisis, nos topamos con el poder y su circularidad.  Por ejemplo:  las lógicas que gobiernan la economía y las opciones políticas (piénsese en la glorificación del mercado y en la ausencia de regulaciones y de sostenes sociales) provocan las crisis cíclicas (la Gran Recesión es la más reciente); se diagnostica el problema a la luz de las mismas lógicas iniciales y, por lo tanto, se designan políticas que afianzan las mismas instituciones causantes de la debacle original (piénsese en el rescate de los bancos en el 2009, no de sus victimas).  Se cierra el círculo. Habrá que ver si las políticas que hoy se negocian son para amurallar un orden de pronto aprisionado por un virus, sin reconocer que el aprisionamiento estructural (la inseguridad o falta total de servicios médicos, la imposibilidad de ahorrar para enfrentar emergencias, la precariedad idolatrada por una economía que llama a sus sombras productivas “independent contractors” y que ha diseñado un app para promover la “calma” por quince segundos), está enterrada en la carne misma del orden social.

Los cleptómanos strike back

Era imposible que la ideología del capital, prístina y transparentemente defendida por la facción neo-nazi del republicanismo, no resistiera el empuje demócrata, ya también desplazado hacia visiones progresistas por las nuevas resistencias.

De modo que, en el tercer grupo de piezas legislativas, diseñado por la mayoría senatorial republicana y a un costo de dos trillones, los pobres estaban ausentes.  El dinero en efectivo sería para los que tributan ingresos, criterio que de inmediato excluye a ancianos sobreviviendo o malviviendo del seguro social como también a toda la pobreza que ni siquiera puede rendir planillas.   Tampoco proveía suficientes fondos para los cupones de alimentos.  Ese desdén, disparado a mansalva contra los pobres, no impedía, como nunca lo hace, una cleptomanía sin mácula.  La versión republicana hubiera sido un tumbe de proporciones, well, republicanas.  El tumbe:  creaba un fondo de 500 billones a ser administrado por el poder discrecional del Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, crony del presidente.  De estos 500 billones, 75 billones quedarían en las manos del susodicho para posibles rescates financieros, los célebres bailouts.  Y tales rescates se escudarían en el secretismo de los oligarcas por seis meses.  Sin sorpresa alguna, tanta dadivosidad para las corporaciones beneficiadas ni siquiera las obligaba a proteger a sus empleados. Estaban obligadas, en el lenguaje original, a preservar empleos y salarios “to the extent practicable.”

Esta cleptomanía fue bloqueada por los demócratas.  En la nueva versión (25 de marzo) no hay secretismo y se establecen mecanismos para fiscalizar el desembolso de ese medio trillón.  Pero como es el capital quien sigue dominando, parte del trillón estaría disponible para empresas que han evadido impuestos y, como dijéramos anteriormente, se han tragado las ganancias en bonos para CEOs e inversionistas.

Lo político

El pensamiento político occidental nació en las entrañas de ese entramado de la religión y lo sacro.  Así fue en el pueblo hebreo donde un reino trascendente prescribe normas éticas para la organización religiosa y política de la comunidad.  Así fue también en Atenas desde Hesíodo y Solón.  Fue en esta última donde se postuló un eslabonamiento con carácter ontológico para advertir a los gobernantes.  Hubris-Advertencias-Violencias-Até (ruina) conformaron el eslabonamiento pensado por los poetas mencionados, repetido y sofisticado por los dramaturgos del siglo quinto antes de la era cristiana.  Y en aquella secuencia fatídica, inexorable, las advertencias se unían a avisos cada vez más perentorios, pero ignorados.  Siempre.

La estrecha relación entre lo trascendente y lo político ha socializado a occidente, y sus ecos y manifestaciones aún se escuchan. Pero en el análisis político, no es admisible pensar lo político bajo los supuestos de la trascendencia cuyas revelaciones imponen obediencia, no deliberación y mucho menos ratificación.  Lo que sí es permitido afirmar, desde lo político, es que ocurren momentos donde tanto la secuencia hebrea como la griega hayan confirmación.

Para tomar la griega:  Hubris-Advertencias-Violencias-Até (ruina):

Trump y su partido han victimizado a cientos de miles de migrantes, rostros desesperanzados y huyendo de la muerte, mientras se holgaban y jactaban en sus noventa mítines y en una bolsa de valores floreciente. Y los avisos.  Avisos aparecieron en el 2012, 2015, 2017, 2019 y 2020.  Los informes de inteligencia advirtieron, desde el 3 de enero, sobre los peligros de una pandemia.   En el escenario “Crimson Contagion” de octubre del 2019 se anticipaba como presagio y premonición lo que hoy se vive.

 

El Covid-19 canceló los mítines y desplomó a Wall Street.

Hubris-Advertencias-Violencias-Até (ruina): En Italia, el epicentro del virus es el norte, matriz y cuna del partido político, La Liga, presidida por Mateo Salvini, hijo espiritual de Mussolini.  La Liga, que junto al Frente Nacional francés, el Vox español, y la rufiandad de los tories ingleses, son las estacas donde la xenofobia europea se amarra y dibuja calaveras en su danza macabra.

CodaHoy son más claras las aguas en los canales de Venecia.  También el panorama político goza hoy de más lucidez.  En el reordenamiento impuesto por el virus, gran parte de lo real ha retornado y ha hecho trizas, por el momento, al circo, pero no las supuraciones de sus caos.  El neoliberalismo y la vida no son compatibles.  Un oscuro rumor susurra que los republicanos podrían usar ardides para cancelar las elecciones de noviembre.  El estado de excepción arrea con sus deleites, farsas y peligros.  Los espectáculos y la política usual pierden sus asideros.  Lo ético-político queda como brújula, parpadeante, pero brújula.

Fuentes

https://www.reuters.com/article/us-usa-trump-inauguration-hats/its-made-in-vietnam-at-inauguration-origin-of-red-trump-hats-shocks-many-idUSKBN1542YL.  Algunas de las fuentes de este ensayo pueden requerir suscripción para lograr acceso.

https://www.cbpp.org/research/federal-budget/2021-trump-budget-would-increase-hardship-and-inequality.

https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/03/18/coronavirus-shows-how-backward-united-states-has-become/

https://www.propublica.org/article/cdc-coronavirus-covid-19-test

https://apnews.com/4aac3a10664097f38633149367ac3928

6 “Prior to the ACA, gaps in the public insurance system and lack of access to affordable private coverage left millions without health insurance. Under the ACA, Medicaid coverage has been extended to nearly all adults with incomes at or below 138% of poverty in states that have expanded their programs, and tax credits are available for people who purchase coverage through a health insurance marketplace. As a result, the number of uninsured dropped from more than 46.5 million in 2010 to fewer than 26.7 million in 2016. In 2018, the number of uninsured increased to 27.9 million nonelderly individuals.” https://www.kff.org/uninsured/issue-brief/key-facts-about-the-uninsured-population/

https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/03/18/coronavirus-shows-how-backward-united-states-has-become/

https://www.latimes.com/entertainment-arts/tv/story/2020-03-12/sarah-palin-the-masked-singer-bear-performance

9 Ver la excelente reflexión de Mat Bai, que inspira un poco este párrafo y el precedente. https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/03/13/virus-our-politics-exposed/

10 https://www.vox.com/policy-and-politics/2020/3/7/21169233/coronavirus-trump-cdc-visit-covid-19

11 https://www.vox.com/policy-and-politics/2020/3/7/21169233/coronavirus-trump-cdc-visit-covid-19

12 https://www.nytimes.com/interactive/2020/03/19/upshot/coronavirus-jobless-claims-states.html?action=click&module=Top%20Stories&pgtype=Homepage.  El artículo dice:  “Numbers released on Thursday by the Labor Department — as well as a preliminary analysis of even more recent data — provide the first hard confirmation that the new coronavirus is bringing the United States economy to a shuddering halt. The government reported that the number of initial unemployment claims rose to 281,000 last week, a sharp rise from 211,000 the previous week. This rise in initial claims of 70,000 is larger than any week-to-week movement that occurred during (or since) the 2008 financial crisis. But even these numbers understate the economy’s free fall, as they reflect the state of the economy last week. Based on preliminary news reports this week from 15 states, it’s already clear that initial claims will skyrocket next week, most likely to levels never seen before.”

13 https://apnews.com/1bae3794481cc9d02fc670480cfcb800

14 https://www.nbcnews.com/news/world/coronavirus-ventilator-rush-faces-regulatory-logistical-obstacles-n1161651

15 https://www.nytimes.com/2020/03/13/us/coronavirus-deaths-estimate.html

16 https://www.motherjones.com/coronavirus-updates/2020/03/whats-the-best-way-to-rescue-the-economy/

17 https://www.nytimes.com/2020/03/20/opinion/coronavirus-economy.html?action= click&module= moreIn&pgtype= Article&region=Footer&action= click&module= MoreInSection&pgtype= Article&region=Footer&contentCollection=Opinion

18 https://www.nytimes.com/2020/03/23/opinion/coronavirus-bailout-mcconnell-congress.html?algo=top_conversion&fellback=false&imp_id=788662511&imp_id=608299780&action=click&module=Most%20Popular&pgtype= Homepage

19 https://www.washingtonpost.com/business/2020/03/25/still-too-big-fail-us-is-primed-bail-out-corporations-again/

20 https://www.theatlantic.com/politics/archive/2020/03/pandemic-coronavirus-united-states-trump-cdc/608215/\.   https://www.washingtonpost.com/national-security/us-intelligence-reports-from-january-and-february-warned-about-a-likely-pandemic/2020/03/20/299d8cda-6ad5-11ea-b5f1-a5a804158597_story.html

21 https://www.nytimes.com/2020/03/19/us/politics/trump-coronavirus-outbreak.html

 

Los nuevos escenarios de ciencia ficcion del mundo actual

Por Erick Mota* / Especial para En Rojo

 

En las últimas semanas me he sentido como un personaje de un libro de ciencia ficción. No parece tan malo si tenemos en cuenta que, como escritor de ciencia ficción, de una forma u otra he estado en la piel de mis personajes. El problema es que me he sentido como un personaje, ni siquiera protagónico, de una novela no escrita por mí. Si intentara buscar el estilo de un autor, en el escenario global actual, me debatiría entre Philip K. Dick y Stephen King. Viene a mi mente un meme que muestra un cartel que reza: «No me gusta este capítulo de Black Mirror». Y, en cierta forma, comparto el sentimiento. ¿Cuándo fue que la vida real se volvió ciencia ficción?

Primero, el virus, la epidemia. Después, su evolución en pandemia y posterior cuarentena global. Si me dedicara a recortar noticias, estas lucirían como fragmentos de la novela de zombies, de Max Brooks, Guerra mundial Z (el libro, no la mala película con Brad Pitt). O citas de John Wyndham con El día de los Trífidos (nótese que cito a Wyndham y no a Saramago, porque Ensayo sobre la ceguera, aunque aborda un escenario apocalíptico/pandémico muy semejante, en que los humanos pierden la visión, fue escrito en 1995, mientras que El día de los trífidos data de 1951, y hay que dar prioridad a nuestros mayores). Una enfermedad que se vuelve pandemia y, en solo tres meses, cambia completamente la dinámica mundial. La sola existencia del Coronavirus parece sacada de La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton. Hasta el nombre SARSCov19 parece de ciencia ficción. Su discutido origen artificial (un oscuro laboratorio, en disputa entre China o Estados Unidos, según la fuente) o mutación natural de un virus común en murciélagos, le concede un aura de misterio, al punto que si las investigaciones actuales demostraran que es de origen extraterrestre, creo que a nadie le sorprendería.

 

Pero lo sorprendente de esta pandemia han sido sus consecuencias sociales, culturales y hasta filosóficas. Mi mente de escritor no puede hacer menos que enlazar toda esta información con escenarios de ciencia ficción. Quede claro que prefiero hablar de escenarios dentro de la ciencia ficción y no de subgéneros, cosa que no es muy importante, pero define mi posición respecto a cómo veo la ciencia ficción: un único conjunto de obras artísticas con varios escenarios narrativos.

El éxito del excesivo control social en China, en la contención del virus en Wuhan, recuerda poderosamente escenarios distópicos y paranoicos de Philip K. Dick, George Orwell y Aldous Huxley. Pero que estos resultasen efectivos en el control de la epidemia y que fuesen exportados a países del primer mundo capitalista, históricamente reticentes al empleo de métodos totalitarios y centralizadores, de seguro llevaría a la tumba a los autores de El hombre del alto castillo, 1984 y Un mundo Feliz si no hubieran muerto ya. La eficiencia asiática en contener la enfermedad, el uso masivo de mascarillas, escáners de temperatura en los cascos de la policía, centenares de millones de cámaras de vigilancia en lugares públicos provistas de reconocimiento facial y la creación de una aplicación para alertar por SMS a los ciudadanos que se encuentran cerca de personas infestadas, sin mucho respeto por la vida privada o la protección de datos, nos lleva a un escenario tan cercano al cyberpunk que en estos momentos William Gibson debe estarse preguntando: ¿por qué no incluí todo esto en Neuromante?

La reacción tardía de muchos gobiernos ante la pandemia, así como la manera en que se salió de control la situación en países desarrollados, no deja de recordarme a La guerra mundial Z, de Max Brooks, novela que le da a un apocalipsis zombie tratamiento de pandemia fuera de control. Posiblemente la actual compra excesiva de armas y municiones, en Estados Unidos, se deba al exceso de novelas, filmes, comics y series en las que un escenario de descontrol social cambia, sino destruye, la vida tal y como la conocemos. ¿Acaso los norteamericanos están locos? No más que el resto de nosotros. Simplemente, ellos reaccionan ante el nuevo escenario que es la pandemia del coronavirus esperando un escenario post apocalíptico, a lo Mad Max o La carretera, de Cormac McCarthy, mientras que Europa reacciona con crisis de confinamiento al puro estilo de El sol desnudo, de Isaac Asimov.

La cuarentena tiene dos consecuencias. La primera es la hipercomunicación. Las personas usan más las redes sociales, las plataformas para ver series, películas o descargar libros on line, así como la cantidad de personas jugando videojuegos multijugador masivos en línea (massively multiplayer online game, MMOG, por sus siglas en inglés). Se vive más en el espacio virtual que en el real, por razones obvias, al punto que el 11 de marzo se alcanzó una cifra record de tráfico de internet: 9,1 terabits por segundo (información equivalente a enviar 2 millones de videos en HD a través de una red). Este vuelco hacia la interacción virtual recuerda escenarios del cyberpunk de los 90 o neocyberpunk. Una mirada al desbordamiento de la actividad social en los espacios virtuales me hace recordar novelas como Snow Crash, de Neal Stephenson o Sword Art Online (abreviado SAO), la serie de novelas ligeras escritas por Reki Kawahara. Pero a la cuarentena también se suman estados de extrañeza, incertidumbre, depresión, y ansiedad debido al confinamiento. La necesidad que tenemos de ser seres sociales nos lleva a estados sicológicos especiales cuando no tenemos vida social o, simplemente, espacio suficiente para movernos. Este escenario ha sido explotado en muchas novelas space opera por diferentes autores, pues el confinamiento es parte del día a día de los astronautas actuales y los cosmonautas del pasado.

Y claro, la naturaleza de la enfermedad, mezclada con el alto nivel de contagio en proyección geométrica, provoca un aumento exponencial de los casos que requieren cuidados intensivos. Colapsan los sistemas médicos, incluso en países altamente desarrollados, en especial aquellos que, siguiendo una pauta capitalista liberal, han privatizado sus sistemas de salud. Que una enfermedad viral pusiera en jaque a todo un sistema económico en menos de dos meses, cuando todos los ideólogos de la antigua Unión Soviética no pudieron hacer que el capitalismo siquiera se tambaleara, parece un escenario salido de Mercaderes del espacio, la crítica distópica al capitalismo de Cyril M. Kornbluth y Frederic Pohl, o su secuela La guerra de los mercaderes, escrita por el propio Pohl.

El cambio en las políticas de los países y las relaciones entre ellos es otra fuente de mi extrañamiento actual. Hasta ahora la geopolítica parecía regida por leyes deterministas y el escenario global era aburridamente estable. El capitalismo y el socialismo, rebasada la guerra fría, parecían mantener un distanciamiento radical. Sin embargo, esta pandemia ha logrado titulares que me han asombrado más que cualquier relato de ciencia ficción. «China envía médicos a Italia» o «Francia solicita médicos a Cuba» son titulares reales, pero si lo hubiera mencionado en un relato el año pasado habría provocado, en el mejor escenario, fascinación ante mi imaginación desenfrenada. Esta capacidad detonante que ha tenido la pandemia del Coronavirus en cambiar radicalmente el escenario político me recuerda, acaso, las historias de invasiones alienígenas en las que los humanos abandonaban sus diferencias y decidían luchar juntos contra un enemigo común. Recuerdo varios filmes, y unos pocos libros, donde se mostraban titulares bizarros e increíbles semejantes a las actuales noticias.

 

Y, finalmente, un escenario que nos ha dado una lección a la humanidad: Internet está llena de fotos de delfines en las costas de Cerdeña, peces y cisnes en los canales de Venecia, así como jabalíes en las calles de Barcelona. Un suceso que provoca en mí dos sentimientos. El primero está unido a imaginarme la cara de Greta Thunberg observándome con su dura mirada de adolescente enojada mientras me dice «te lo dije», empleando el mismo tono que usaba mi madre. El segundo es una sensación de total extrañamiento, que roza la negación cuando me sorprendo cuestionando si se trata de fake news o de imágenes reales, ante la abrumadora cantidad de fotos que parecen salidas del relato Soy leyenda, de Richard Matheson, o su versión cinematográfica que comienza con un cervatillo corriendo por Manhattan. Supongo que me acostumbré a ver y aceptar hechos, como la contaminación y el calentamiento global, como parte de una realidad inamovible. Ahora, las imágenes de Wuhan sin el smog de las industrias, me causan la misma sensación que un jarro de agua helada en pleno rostro.

 

¿Por qué nuestras mentes perciben el escenario actual con un referente literario? Podría deberse a que la mente colectiva de la humanidad no maneja bien los cambios abruptos. La adaptación a nuevos escenarios tecnológicos, políticos o sociales suele ser lenta y, de ser sorpresiva, genera movimientos de oposición. La mayoría de las revoluciones sociales, los cambios de doctrinas o las novedades tecnológicas, han generado movimientos de oposición, una especie de inercia social. A los seres humanos no nos gusta vivir escenarios para los que no estamos preparados por lo que resulta lógico que la humanidad se refugie en los escenarios literarios provistos por la ciencia ficción. Es más fácil para los norteamericanos verse a sí mismos en un apocalipsis zombie que tener que afrontar una crisis epidémica que pone en crisis su forma de vida. Es más fácil verse a sí mismo en un escenario controlado, provisto por la literatura y, por tanto, conocido, que tener que enfrentar las consecuencias de una mala gestión política, social o ecológica.

 

«El mundo ya no será como antes». Esta bien pudiera ser una frase de comienzo o final de novela, filme o comic de ciencia ficción, pero hoy en día es una frase tan perteneciente al mundo real que asusta. Ya el mundo con la aparición de los celulares y los tablet se parecía a una novela de Heinlein o un capítulo de Star Trek. La lucha contra el terrorismo y la vigilancia a través de internet nos recordaron que Philip K. Dick quizás no estaba tan loco como parecía. Pero la pandemia del Coronavirus ha cambiado la humanidad de un modo que aún somos incapaces de predecir, fundamentalmente, debido a nuestra falta de imaginación para prever escenarios nuevos. En esto, creo, los autores de ciencia ficción quizás podríamos ayudar. Digo yo.

 

* Erick Mota (La Habana, 1975) es un escritor cubano. Además es licenciado en Física por la Universidad de La Habana. En Cuba ha publicado la novela corta Bajo Presión (2008) y la colección de cuentos Algunos recuerdos que valen la pena (2010). Ha publicado extensamente narraciones y ensayos en revistas internacionales. El ensayo que reproducimos con permiso del autor se publicó en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso de La Habana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los nuevos escenarios de ciencia ficcion del mundo actual

Erick Mota* / Especial para En Rojo

 

En las últimas semanas me he sentido como un personaje de un libro de ciencia ficción. No parece tan malo si tenemos en cuenta que, como escritor de ciencia ficción, de una forma u otra he estado en la piel de mis personajes. El problema es que me he sentido como un personaje, ni siquiera protagónico, de una novela no escrita por mí. Si intentara buscar el estilo de un autor, en el escenario global actual, me debatiría entre Philip K. Dick y Stephen King. Viene a mi mente un meme que muestra un cartel que reza: «No me gusta este capítulo de Black Mirror». Y, en cierta forma, comparto el sentimiento. ¿Cuándo fue que la vida real se volvió ciencia ficción?

 

Primero, el virus, la epidemia. Después, su evolución en pandemia y posterior cuarentena global. Si me dedicara a recortar noticias, estas lucirían como fragmentos de la novela de zombies, de Max Brooks, Guerra mundial Z (el libro, no la mala película con Brad Pitt). O citas de John Wyndham con El día de los Trífidos (nótese que cito a Wyndham y no a Saramago, porque Ensayo sobre la ceguera, aunque aborda un escenario apocalíptico/pandémico muy semejante, en que los humanos pierden la visión, fue escrito en 1995, mientras que El día de los trífidos data de 1951, y hay que dar prioridad a nuestros mayores). Una enfermedad que se vuelve pandemia y, en solo tres meses, cambia completamente la dinámica mundial. La sola existencia del Coronavirus parece sacada de La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton. Hasta el nombre SARSCov19 parece de ciencia ficción. Su discutido origen artificial (un oscuro laboratorio, en disputa entre China o Estados Unidos, según la fuente) o mutación natural de un virus común en murciélagos, le concede un aura de misterio, al punto que si las investigaciones actuales demostraran que es de origen extraterrestre, creo que a nadie le sorprendería.

 

Pero lo sorprendente de esta pandemia han sido sus consecuencias sociales, culturales y hasta filosóficas. Mi mente de escritor no puede hacer menos que enlazar toda esta información con escenarios de ciencia ficción. Quede claro que prefiero hablar de escenarios dentro de la ciencia ficción y no de subgéneros, cosa que no es muy importante, pero define mi posición respecto a cómo veo la ciencia ficción: un único conjunto de obras artísticas con varios escenarios narrativos.

 

El éxito del excesivo control social en China, en la contención del virus en Wuhan, recuerda poderosamente escenarios distópicos y paranoicos de Philip K. Dick, George Orwell y Aldous Huxley. Pero que estos resultasen efectivos en el control de la epidemia y que fuesen exportados a países del primer mundo capitalista, históricamente reticentes al empleo de métodos totalitarios y centralizadores, de seguro llevaría a la tumba a los autores de El hombre del alto castillo, 1984 y Un mundo Feliz si no hubieran muerto ya. La eficiencia asiática en contener la enfermedad, el uso masivo de mascarillas, escáners de temperatura en los cascos de la policía, centenares de millones de cámaras de vigilancia en lugares públicos provistas de reconocimiento facial y la creación de una aplicación para alertar por SMS a los ciudadanos que se encuentran cerca de personas infestadas, sin mucho respeto por la vida privada o la protección de datos, nos lleva a un escenario tan cercano al cyberpunk que en estos momentos William Gibson debe estarse preguntando: ¿por qué no incluí todo esto en Neuromante?

 

La reacción tardía de muchos gobiernos ante la pandemia, así como la manera en que se salió de control la situación en países desarrollados, no deja de recordarme a La guerra mundial Z, de Max Brooks, novela que le da a un apocalipsis zombie tratamiento de pandemia fuera de control. Posiblemente la actual compra excesiva de armas y municiones, en Estados Unidos, se deba al exceso de novelas, filmes, comics y series en las que un escenario de descontrol social cambia, sino destruye, la vida tal y como la conocemos. ¿Acaso los norteamericanos están locos? No más que el resto de nosotros. Simplemente, ellos reaccionan ante el nuevo escenario que es la pandemia del coronavirus esperando un escenario post apocalíptico, a lo Mad Max o La carretera, de Cormac McCarthy, mientras que Europa reacciona con crisis de confinamiento al puro estilo de El sol desnudo, de Isaac Asimov.

 

La cuarentena tiene dos consecuencias. La primera es la hipercomunicación. Las personas usan más las redes sociales, las plataformas para ver series, películas o descargar libros on line, así como la cantidad de personas jugando videojuegos multijugador masivos en línea (massively multiplayer online game, MMOG, por sus siglas en inglés). Se vive más en el espacio virtual que en el real, por razones obvias, al punto que el 11 de marzo se alcanzó una cifra record de tráfico de internet: 9,1 terabits por segundo (información equivalente a enviar 2 millones de videos en HD a través de una red). Este vuelco hacia la interacción virtual recuerda escenarios del cyberpunk de los 90 o neocyberpunk. Una mirada al desbordamiento de la actividad social en los espacios virtuales me hace recordar novelas como Snow Crash, de Neal Stephenson o Sword Art Online (abreviado SAO), la serie de novelas ligeras escritas por Reki Kawahara. Pero a la cuarentena también se suman estados de extrañeza, incertidumbre, depresión, y ansiedad debido al confinamiento. La necesidad que tenemos de ser seres sociales nos lleva a estados sicológicos especiales cuando no tenemos vida social o, simplemente, espacio suficiente para movernos. Este escenario ha sido explotado en muchas novelas space opera por diferentes autores, pues el confinamiento es parte del día a día de los astronautas actuales y los cosmonautas del pasado.

 

Y claro, la naturaleza de la enfermedad, mezclada con el alto nivel de contagio en proyección geométrica, provoca un aumento exponencial de los casos que requieren cuidados intensivos. Colapsan los sistemas médicos, incluso en países altamente desarrollados, en especial aquellos que, siguiendo una pauta capitalista liberal, han privatizado sus sistemas de salud. Que una enfermedad viral pusiera en jaque a todo un sistema económico en menos de dos meses, cuando todos los ideólogos de la antigua Unión Soviética no pudieron hacer que el capitalismo siquiera se tambaleara, parece un escenario salido de Mercaderes del espacio, la crítica distópica al capitalismo de Cyril M. Kornbluth y Frederic Pohl, o su secuela La guerra de los mercaderes, escrita por el propio Pohl.

 

El cambio en las políticas de los países y las relaciones entre ellos es otra fuente de mi extrañamiento actual. Hasta ahora la geopolítica parecía regida por leyes deterministas y el escenario global era aburridamente estable. El capitalismo y el socialismo, rebasada la guerra fría, parecían mantener un distanciamiento radical. Sin embargo, esta pandemia ha logrado titulares que me han asombrado más que cualquier relato de ciencia ficción. «China envía médicos a Italia» o «Francia solicita médicos a Cuba» son titulares reales, pero si lo hubiera mencionado en un relato el año pasado habría provocado, en el mejor escenario, fascinación ante mi imaginación desenfrenada. Esta capacidad detonante que ha tenido la pandemia del Coronavirus en cambiar radicalmente el escenario político me recuerda, acaso, las historias de invasiones alienígenas en las que los humanos abandonaban sus diferencias y decidían luchar juntos contra un enemigo común. Recuerdo varios filmes, y unos pocos libros, donde se mostraban titulares bizarros e increíbles semejantes a las actuales noticias.

 

Y, finalmente, un escenario que nos ha dado una lección a la humanidad: Internet está llena de fotos de delfines en las costas de Cerdeña, peces y cisnes en los canales de Venecia, así como jabalíes en las calles de Barcelona. Un suceso que provoca en mí dos sentimientos. El primero está unido a imaginarme la cara de Greta Thunberg observándome con su dura mirada de adolescente enojada mientras me dice «te lo dije», empleando el mismo tono que usaba mi madre. El segundo es una sensación de total extrañamiento, que roza la negación cuando me sorprendo cuestionando si se trata de fake news o de imágenes reales, ante la abrumadora cantidad de fotos que parecen salidas del relato Soy leyenda, de Richard Matheson, o su versión cinematográfica que comienza con un cervatillo corriendo por Manhattan. Supongo que me acostumbré a ver y aceptar hechos, como la contaminación y el calentamiento global, como parte de una realidad inamovible. Ahora, las imágenes de Wuhan sin el smog de las industrias, me causan la misma sensación que un jarro de agua helada en pleno rostro.

 

¿Por qué nuestras mentes perciben el escenario actual con un referente literario? Podría deberse a que la mente colectiva de la humanidad no maneja bien los cambios abruptos. La adaptación a nuevos escenarios tecnológicos, políticos o sociales suele ser lenta y, de ser sorpresiva, genera movimientos de oposición. La mayoría de las revoluciones sociales, los cambios de doctrinas o las novedades tecnológicas, han generado movimientos de oposición, una especie de inercia social. A los seres humanos no nos gusta vivir escenarios para los que no estamos preparados por lo que resulta lógico que la humanidad se refugie en los escenarios literarios provistos por la ciencia ficción. Es más fácil para los norteamericanos verse a sí mismos en un apocalipsis zombie que tener que afrontar una crisis epidémica que pone en crisis su forma de vida. Es más fácil verse a sí mismo en un escenario controlado, provisto por la literatura y, por tanto, conocido, que tener que enfrentar las consecuencias de una mala gestión política, social o ecológica.

 

«El mundo ya no será como antes». Esta bien pudiera ser una frase de comienzo o final de novela, filme o comic de ciencia ficción, pero hoy en día es una frase tan perteneciente al mundo real que asusta. Ya el mundo con la aparición de los celulares y los tablet se parecía a una novela de Heinlein o un capítulo de Star Trek. La lucha contra el terrorismo y la vigilancia a través de internet nos recordaron que Philip K. Dick quizás no estaba tan loco como parecía. Pero la pandemia del Coronavirus ha cambiado la humanidad de un modo que aún somos incapaces de predecir, fundamentalmente, debido a nuestra falta de imaginación para prever escenarios nuevos. En esto, creo, los autores de ciencia ficción quizás podríamos ayudar. Digo yo.

 

* Erick Mota (La Habana, 1975) es un escritor cubano. Además es licenciado en Física por la Universidad de La Habana. En Cuba ha publicado la novela corta Bajo Presión (2008) y la colección de cuentos Algunos recuerdos que valen la pena (2010). Ha publicado extensamente narraciones y ensayos en revistas internacionales. El ensayo que reproducimos con permiso del autor se publicó en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso de La Habana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los nuevos escenarios de ciencia ficcion del mundo actual

Erick Mota* / Especial para En Rojo

 

En las últimas semanas me he sentido como un personaje de un libro de ciencia ficción. No parece tan malo si tenemos en cuenta que, como escritor de ciencia ficción, de una forma u otra he estado en la piel de mis personajes. El problema es que me he sentido como un personaje, ni siquiera protagónico, de una novela no escrita por mí. Si intentara buscar el estilo de un autor, en el escenario global actual, me debatiría entre Philip K. Dick y Stephen King. Viene a mi mente un meme que muestra un cartel que reza: «No me gusta este capítulo de Black Mirror». Y, en cierta forma, comparto el sentimiento. ¿Cuándo fue que la vida real se volvió ciencia ficción?

 

Primero, el virus, la epidemia. Después, su evolución en pandemia y posterior cuarentena global. Si me dedicara a recortar noticias, estas lucirían como fragmentos de la novela de zombies, de Max Brooks, Guerra mundial Z (el libro, no la mala película con Brad Pitt). O citas de John Wyndham con El día de los Trífidos (nótese que cito a Wyndham y no a Saramago, porque Ensayo sobre la ceguera, aunque aborda un escenario apocalíptico/pandémico muy semejante, en que los humanos pierden la visión, fue escrito en 1995, mientras que El día de los trífidos data de 1951, y hay que dar prioridad a nuestros mayores). Una enfermedad que se vuelve pandemia y, en solo tres meses, cambia completamente la dinámica mundial. La sola existencia del Coronavirus parece sacada de La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton. Hasta el nombre SARSCov19 parece de ciencia ficción. Su discutido origen artificial (un oscuro laboratorio, en disputa entre China o Estados Unidos, según la fuente) o mutación natural de un virus común en murciélagos, le concede un aura de misterio, al punto que si las investigaciones actuales demostraran que es de origen extraterrestre, creo que a nadie le sorprendería.

 

Pero lo sorprendente de esta pandemia han sido sus consecuencias sociales, culturales y hasta filosóficas. Mi mente de escritor no puede hacer menos que enlazar toda esta información con escenarios de ciencia ficción. Quede claro que prefiero hablar de escenarios dentro de la ciencia ficción y no de subgéneros, cosa que no es muy importante, pero define mi posición respecto a cómo veo la ciencia ficción: un único conjunto de obras artísticas con varios escenarios narrativos.

 

El éxito del excesivo control social en China, en la contención del virus en Wuhan, recuerda poderosamente escenarios distópicos y paranoicos de Philip K. Dick, George Orwell y Aldous Huxley. Pero que estos resultasen efectivos en el control de la epidemia y que fuesen exportados a países del primer mundo capitalista, históricamente reticentes al empleo de métodos totalitarios y centralizadores, de seguro llevaría a la tumba a los autores de El hombre del alto castillo, 1984 y Un mundo Feliz si no hubieran muerto ya. La eficiencia asiática en contener la enfermedad, el uso masivo de mascarillas, escáners de temperatura en los cascos de la policía, centenares de millones de cámaras de vigilancia en lugares públicos provistas de reconocimiento facial y la creación de una aplicación para alertar por SMS a los ciudadanos que se encuentran cerca de personas infestadas, sin mucho respeto por la vida privada o la protección de datos, nos lleva a un escenario tan cercano al cyberpunk que en estos momentos William Gibson debe estarse preguntando: ¿por qué no incluí todo esto en Neuromante?

 

La reacción tardía de muchos gobiernos ante la pandemia, así como la manera en que se salió de control la situación en países desarrollados, no deja de recordarme a La guerra mundial Z, de Max Brooks, novela que le da a un apocalipsis zombie tratamiento de pandemia fuera de control. Posiblemente la actual compra excesiva de armas y municiones, en Estados Unidos, se deba al exceso de novelas, filmes, comics y series en las que un escenario de descontrol social cambia, sino destruye, la vida tal y como la conocemos. ¿Acaso los norteamericanos están locos? No más que el resto de nosotros. Simplemente, ellos reaccionan ante el nuevo escenario que es la pandemia del coronavirus esperando un escenario post apocalíptico, a lo Mad Max o La carretera, de Cormac McCarthy, mientras que Europa reacciona con crisis de confinamiento al puro estilo de El sol desnudo, de Isaac Asimov.

 

La cuarentena tiene dos consecuencias. La primera es la hipercomunicación. Las personas usan más las redes sociales, las plataformas para ver series, películas o descargar libros on line, así como la cantidad de personas jugando videojuegos multijugador masivos en línea (massively multiplayer online game, MMOG, por sus siglas en inglés). Se vive más en el espacio virtual que en el real, por razones obvias, al punto que el 11 de marzo se alcanzó una cifra record de tráfico de internet: 9,1 terabits por segundo (información equivalente a enviar 2 millones de videos en HD a través de una red). Este vuelco hacia la interacción virtual recuerda escenarios del cyberpunk de los 90 o neocyberpunk. Una mirada al desbordamiento de la actividad social en los espacios virtuales me hace recordar novelas como Snow Crash, de Neal Stephenson o Sword Art Online (abreviado SAO), la serie de novelas ligeras escritas por Reki Kawahara. Pero a la cuarentena también se suman estados de extrañeza, incertidumbre, depresión, y ansiedad debido al confinamiento. La necesidad que tenemos de ser seres sociales nos lleva a estados sicológicos especiales cuando no tenemos vida social o, simplemente, espacio suficiente para movernos. Este escenario ha sido explotado en muchas novelas space opera por diferentes autores, pues el confinamiento es parte del día a día de los astronautas actuales y los cosmonautas del pasado.

Y claro, la naturaleza de la enfermedad, mezclada con el alto nivel de contagio en proyección geométrica, provoca un aumento exponencial de los casos que requieren cuidados intensivos. Colapsan los sistemas médicos, incluso en países altamente desarrollados, en especial aquellos que, siguiendo una pauta capitalista liberal, han privatizado sus sistemas de salud. Que una enfermedad viral pusiera en jaque a todo un sistema económico en menos de dos meses, cuando todos los ideólogos de la antigua Unión Soviética no pudieron hacer que el capitalismo siquiera se tambaleara, parece un escenario salido de Mercaderes del espacio, la crítica distópica al capitalismo de Cyril M. Kornbluth y Frederic Pohl, o su secuela La guerra de los mercaderes, escrita por el propio Pohl.

El cambio en las políticas de los países y las relaciones entre ellos es otra fuente de mi extrañamiento actual. Hasta ahora la geopolítica parecía regida por leyes deterministas y el escenario global era aburridamente estable. El capitalismo y el socialismo, rebasada la guerra fría, parecían mantener un distanciamiento radical. Sin embargo, esta pandemia ha logrado titulares que me han asombrado más que cualquier relato de ciencia ficción. «China envía médicos a Italia» o «Francia solicita médicos a Cuba» son titulares reales, pero si lo hubiera mencionado en un relato el año pasado habría provocado, en el mejor escenario, fascinación ante mi imaginación desenfrenada. Esta capacidad detonante que ha tenido la pandemia del Coronavirus en cambiar radicalmente el escenario político me recuerda, acaso, las historias de invasiones alienígenas en las que los humanos abandonaban sus diferencias y decidían luchar juntos contra un enemigo común. Recuerdo varios filmes, y unos pocos libros, donde se mostraban titulares bizarros e increíbles semejantes a las actuales noticias.

Y, finalmente, un escenario que nos ha dado una lección a la humanidad: Internet está llena de fotos de delfines en las costas de Cerdeña, peces y cisnes en los canales de Venecia, así como jabalíes en las calles de Barcelona. Un suceso que provoca en mí dos sentimientos. El primero está unido a imaginarme la cara de Greta Thunberg observándome con su dura mirada de adolescente enojada mientras me dice «te lo dije», empleando el mismo tono que usaba mi madre. El segundo es una sensación de total extrañamiento, que roza la negación cuando me sorprendo cuestionando si se trata de fake news o de imágenes reales, ante la abrumadora cantidad de fotos que parecen salidas del relato Soy leyenda, de Richard Matheson, o su versión cinematográfica que comienza con un cervatillo corriendo por Manhattan. Supongo que me acostumbré a ver y aceptar hechos, como la contaminación y el calentamiento global, como parte de una realidad inamovible. Ahora, las imágenes de Wuhan sin el smog de las industrias, me causan la misma sensación que un jarro de agua helada en pleno rostro.

¿Por qué nuestras mentes perciben el escenario actual con un referente literario? Podría deberse a que la mente colectiva de la humanidad no maneja bien los cambios abruptos. La adaptación a nuevos escenarios tecnológicos, políticos o sociales suele ser lenta y, de ser sorpresiva, genera movimientos de oposición. La mayoría de las revoluciones sociales, los cambios de doctrinas o las novedades tecnológicas, han generado movimientos de oposición, una especie de inercia social. A los seres humanos no nos gusta vivir escenarios para los que no estamos preparados por lo que resulta lógico que la humanidad se refugie en los escenarios literarios provistos por la ciencia ficción. Es más fácil para los norteamericanos verse a sí mismos en un apocalipsis zombie que tener que afrontar una crisis epidémica que pone en crisis su forma de vida. Es más fácil verse a sí mismo en un escenario controlado, provisto por la literatura y, por tanto, conocido, que tener que enfrentar las consecuencias de una mala gestión política, social o ecológica.

«El mundo ya no será como antes». Esta bien pudiera ser una frase de comienzo o final de novela, filme o comic de ciencia ficción, pero hoy en día es una frase tan perteneciente al mundo real que asusta. Ya el mundo con la aparición de los celulares y los tablet se parecía a una novela de Heinlein o un capítulo de Star Trek. La lucha contra el terrorismo y la vigilancia a través de internet nos recordaron que Philip K. Dick quizás no estaba tan loco como parecía. Pero la pandemia del Coronavirus ha cambiado la humanidad de un modo que aún somos incapaces de predecir, fundamentalmente, debido a nuestra falta de imaginación para prever escenarios nuevos. En esto, creo, los autores de ciencia ficción quizás podríamos ayudar. Digo yo.

 

* Erick Mota (La Habana, 1975) es un escritor cubano. Además es licenciado en Física por la Universidad de La Habana. En Cuba ha publicado la novela corta Bajo Presión (2008) y la colección de cuentos Algunos recuerdos que valen la pena (2010). Ha publicado extensamente narraciones y ensayos en revistas internacionales. El ensayo que reproducimos con permiso del autor se publicó en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso de La Habana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jaime en el recuerdo

 

Por Jaime Benítez Martínez

Para sus amigos

 

Conocí a Jaime a través de Carlos Gallisá allá para 1964. Yo estaba buscando trabajo, y después de varias conversaciones me indicó que si me interesaba, él creía tener una oportunidad para mí en la agencia internacional que presidía, Lennen and Newell. Inicialmente no fue posible y conseguí trabajo en otra agencia de publicidad, pero mantuve la comunicación con Jaime casi diariamente. Nos unía el interés por el baseball, la música, el trago y la discusión sobre Puerto Rico. Jaime no era un presidente cualquiera, era un ejecutivo excepcional que odiaba lo que hacía. Nunca, y nunca es nunca, utilizó un minuto de su tiempo libre para compartir con sus clientes, adelantar el negocio o incentivar a sus empleados. Tal como él mismo lo expresó en la Introducción de su libro  Partiré Canturreando:

Arbitraria y superficialmente dividí la humanidad en dos: Los terrestres, las laboriosas insoportables hormigas que se pasan la vida preparándose para el futuro y los otros, aquellos que no quieren bajarse de la alfombra mágica, los fracasados que esperan la aplanadora con un vaso en la mano, los que se mueren por un atardecer en altamar, los que se conforman con poder «partir canturreando», los que saben que todos estaremos «protegidos por el olvido», como dijo el poeta.

Jaime tenía una  gran capacidad para excluir de su mundo privado a ostentosos, aburridos, negociantes, manipuladores, gente calculadora, inversionistas de amistades y todo aquel que no despertara su entusiasmo hacia lo que a él le interesaba, que incluía, después del baseball: la música, la literatura, la poesía y la independencia de Puerto Rico. Todo mirado desde un incisivo sentido de humor e ironía. No me puedo olvidar de una noche en el bar del Colegio de Abogados cuando de momento me dice «No mires y vámonos». Acababa de llegar borracho un fanfarrón abogado apodado «El Pinto», El Pinto Miranda. Con su bandera americana en la solapa, el Pinto irrumpía en las mesas a debatir de lo que fuera. Era uno de los dueños de los Senadores de San Juan, no sabía mucho de pelota, pero le gustaba decir disparates que a Jaime le molestaban sobremanera.

Jaime tenía gran agudeza para detectar conductas sospechosas. Conversamos sobre la clásica despedida de duelo de Balaguer al «Estadista dominicano», una joya…  Cortesano de palacio por propia definición, tan adulón como los locales que tienen menos verbo pero igual malicia.

Uno o dos años después, Jaime retomó la  invitación y me fui a trabajar con él a Lennen and Newell. Tanto le molestaba el ambiente publicitario a Jaime que ya el martes o miércoles me llamaba para decirme » Vamos a beber hoy, pa’ salir de eso». Casi siempre empezábamos en el Colegio de Abogados. Si Carlos se unía, después era para el Viejo San Juan, si no, la mayoría de las veces era para » El Bohemio», un bar de dominicanos en los bajos de Caribbean Towers en Miramar. Cuando llegábamos la bartenderle decía al pianista: llegaron Jaime y Jaimito y nos recibían con Take me out to the ballgame. Jaime cultivó al pianista quien tocaba todo lo que él pedía, canciones que solo ellos dos conocían. Siempre quería escuchar Tristeza marina. Y precisamente el otro día cuando hablamos me dijo que Néstor Duprey se la cantó a capella bien entonada. En los recesos  del pianista, me hacía cargo de la vellonera y Jaime tenía que soportar en todas y cada una de las tres selecciones, a mi cantante preferido, Rolando Laserie cantando Las Cuarenta.

Me fui de Puerto Rico a finales de los ochenta y nos desconectamos por treinta años. En un Festival de Claridad, mi hija Edna le pidió que me dedicara una copia de su poemario, El Orfebre Demente. Me escribió: A mi querido amigo Jaime, ¿Cuándo vamos a tomarnos unas cervezas en El Bohemio? Allí está Toño Umpierre y también Gango Romaní. Siempre fue mejor sitio que el Colegio de Abogados. Llama para conversar un rato. Como siempre, Jaime

 A partir de ahí surgió nuestro reencuentro vía telefónica que incluye un repaso de las viejas amistades, casi todos idos. Especulamos con entusiasmo sobre las peripecias a las que se enfrentaría Carlos Beltrán dirigiendo a los Mets en Nueva York (los Mets de Jaime) y cuál sería la suerte de Alex Cora con mis Medias Rojas de Boston; pero no pudo ser. A Jaime le interesaban los personajes secundarios en todos los campos, en nuestras conversaciones mencionamos a los peloteros Félix Mantilla, Arturito Miranda, Valmy Thomas, Pepe Lucas; del hipismo recordamos al Capitán Moraza, quien pasó de ser el dueño de caballos más importante en Puerto Rico a guardia de seguridad en El Comandante; en la política a Luis Laboy, Monagas, Buitrago, Pucho Marzán, entre tantos. En una de nuestras conversaciones la pegué cuando le mencioné el título de la columna a la que él se refería, sin mencionarlo, en una entrevista que le hicieron donde subrayó el trato cordial y de apoyo que recibió siempre de Juan Mari Bras. Hablaba de la época cuando Juan era el director de Claridad, y que solo le había criticado una vez. “Mariano Marea» era título, le dije. Claro, Juan estaba muy ocupado para oír a Mariano Artau una tarde de carreras y por la noche transmitiendo los juegos de pelota de los Vaqueros de Bayamón, pero Jaime y yo que sí lo oíamos y sabíamos que Mariano, mareaba. Coincidimos desde el primer día de Wanda en que después que probara los tostones de pana en la Fortaleza, buscaría la reelección. Y así fue. Intercambiamos libros y todas las semanas hablábamos riéndonos a carcajadas de circunstancias pasadas y presentes.

El sábado 7 de marzo Jaime me llamó como a las 5:00 de la tarde.En esa llamada coordinamos varias actividades, me había enviado unas copias de Partiré canturreandopara lectura de los estudiantes presos en el proyecto de estudios que mi hija Edna coordina desde la Universidad. Se había comprometido a darles una conferencia  sobre su libro a los presos y a los estudiantes del Recinto. Planeamos una entrevista para Claridaddonde íbamos a discutir la vida de Pantalones Santiago, con quien trabajé por muchos años. Me indicó que me iba a mandar unas preguntas para que le diera mi opinión y añadiera otras para él evaluarlas, ya que planeaba hacerle una entrevista a Juan Dalmau durante el verano. Me comentó que tenía una buena opinión de Dalmau y quería ver cómo reaccionaba a un fogueo.

 

Esa tarde fue la última vez que hablamos. Su llamada entró mientras yo escuchaba: “La playa de Vega Baja y la Mar Chiquita, un rinconcito de ensoñación…”,  la carta de presentación del Trío Vegabajeño y uno de los temas favoritos de Jaime. Y así, como siempre, entre tragos, tertulia y buena música, fue nuestra despedida.

 

 

Jaime Benítez Martínez

Nueva York, 1 abril 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones de un Baby Boomer

SAN JUAN, PUERTO RICO 5 DE ABRIL DE 2002--ARTICULO SOBRE CUATRO AMIGOS DE UNA AMISTA DE SOBRE CINCUENTA ANOS. EN LA FOTO JAIME COLDOVA, TUTO MARCHAND Y JORGE SEGARRA.

 

Por Mandy Molina

No es una reflexión como tal pues esta llena de mucha tristeza. Hoy entrando en mi página de Facebook me encontré con un escrito que compartió el compueblano y amigo Francisco Hernández Ortega (Frankie para sus amigos de maldades). Eran unas palabras llenas de mucho dolor y a la vez ternura de una hija que no pudo despedirse de su padre.

Me coloqué en sus zapatos por un momento y recordé que hace casi 15 años pasé por la misma experiencia cuando un mes antes de visitar Puerto Rico para ver a mi padre éste se adelanto en el viaje y no pude darle un abrazo y un adiós final. Hoy, me entero con mucho pesar de la muerte de un gran puertorriqueño, un gran patriota, un gran independentista, un gran jugador de beisbol aficionado que dio lustre a nuestro suelo y un gran amigo para todo aquel que lo conoció. Yo distribuía CLARIDAD ocasionalmente en Barceloneta y veía su nombre y leía sus escritos pero en aquel entonces (mediados de los ’80)no tuve el honor y placer de conocerle personalmente.

Pasaron más de 20 años para lograr ese honor y en el año 2007 (mes de Julio) una delegación deportiva procedente de Puerto Rico visitó el parque de los Medias Blancas encabezada por el alcalde de ese pueblo (creo que solo recuerdo su apodo «Nia» o algo así) y entre los acompañantes distinguidos y acompañando a su hijo mas pequeño estaba Jaime Córdoba. Parecía que nos habíamos conocido de toda la vida y se sintió orgulloso de que yo fuera narrador de beisbol (para ese entonces narraba para los Medias Blancas y hacia los juegos de fin de semana de Milwaukee por Telemundo).

Fue una amistad que comenzó ese día y tan solo terminó ahora que supe de su fallecimiento. Ese día lo lleve de regreso al hotel junto a su pequeño hijo y al alcalde y con la música de Gilberto Monroig. Hablamos de béisbol, de la Patria, de política, de Roberto Clemente y de los hijos. Conoció a mi esposa cuando fuimos al siguiente día al Humboldt Park a ver a su hijo jugar contra un escogido de Chicago. Comimos alcapurrias, no tan buenas como las de Luquillo y pasamos un rato familiar.

Conocer a Jaime y compartir con el era como estar con ese amigo de siempre y del que no te aburres. Quedamos en vernos en las Fiestas Patronales de Luquillo (de San José creo) para marzo del siguiente año pero no se materializó pues quería ir para las elecciones de vacaciones y trabajaba con el gobierno y no me daban vacaciones para esa época. Fui en octubre y después de asentarme bien le llamé y quedamos en vernos. Yo quería ir a Luquillo el quería venir a Barceloneta para ir a La Boca y no se dio porque hubo una emergencia en su familia y quedamos en vernos en otra ocasión. Le llamé varias veces en Navidad para felicitarle y mantener el contacto. Con el pasar del tiempo y las incongruencias de la vida perdimos contacto. Tengo un gran recuerdo de el: su libro «Béisbol de corazón» donde habla de los héroes anónimos: los apoderados locales que meten su dinero sin esperar nada a cambio para que se juegue beisbol (aunque eso ha cambiado mucho) y una bandera de Puerto Rico con una dedicatoria escrita por el. «Quisiera darte la isla completa, pero aquí tienes un pedazo»…fue lo que me dijo al entregármela.

Lo que comenzó con un apretón de manos, termino con una abrazo de amigos y una amistad de siempre. Descansa en paz amigo y salúdame a Elliott Castro dile que me quedé con las ganas de conocerlo en persona.

 

Filmes en tiempos de encerramiento voluntario

Por María Cristina / En Rojo

Aunque todavía mi programación favorita de TV no ha finalizado—y “Blacklist” acaba de comenzar su nueva temporada—ya tengo mi listado para sustituir las horas que pasaba en las salas de cine que ahora, lamentablemente pero con razón, permanecen cerradas. Aquí les incluyo filmes que vi en estreno y luego las repetí muchos años después a ver si todavía tenían el mismo efecto; otros que nunca pude ver en pantalla grande porque nunca estrenaron en Puerto Rico o porque me las perdí en algún festival.

 

BE GIANTS (1971)

(director Anthony Harvey; escritor y guionista James Goldman; cinematógrafo Victor Kemper)

Basado en una obra de teatro, la historia es un tour de forcé para George C. Scott como Justin Playfair, juez que desde que enviuda crea un mundo donde asume el personaje de Sherlock Holmes y Joanne Woodward como la doctora Mildred Watson (pura casualidad) que poco a poco se va convenciendo de que sí existe un complot que requiere la investigación algo rara de su paciente. Se conocen porque bajo engaño, su hermano Blevins lo lleva al hospital psiquiátrico a evaluar y posiblemente confinar por su aparente demencia. Después de conocerlo y encontrar muchos pensamientos afines con Justin/Holmes, ella consiente a lanzarse por las calles de Nueva York en busca de, por supuesto, Moriarty y desenredar el complot que pudiera ser real. Así la pareja pudiera también ser una versión de Don Quijote y Sancho al repetir: “no lo son, pero pudieran ser gigantes.”

RAGTIME (1981)

(director Milos Forman; guionista Michael Weller; autor E.L. Doctorow; cinematógrafo Miroslav Ondricek)

No importa el orden en que se haga, pero tanto ver el filme como leer la novela son viajes hermosos y profundos en estos tiempos de larga espera. El libro tiene muchísimos más detalles e historias secundarias aparte de una recreación de eventos de esos primeros años del siglo XX. El filme enfoca en la historia de Coalhouse Walker y su relación con la familia tradicional de New Rochelle que se definen como Father, Mother y Younger Brother. Otros personajes, aparentemente extraños  a estos dos grupos, ocuparán espacios comunes según se desarrolla la trama. El filme hace un trabajo excepcional en aglutinar eventos y personalidades importantes en una primera escena: un hombre negro muy bien vestido toca el piano en una sala de proyección de cine (el nuevo invento de entretenimiento), mientras en la pantalla se presentan sucesos del momento como Houdini y sus famosas escapadas, el asesinato del arquitecto Stanford White en un lugar público y Emma Goldman dirigiéndose a grupos de mujeres. Ese Nueva York de principios de siglo se presenta vibrante, veloz, caótico y abierto a posibilidades de cambio. Por el contrario, New Rochelle parece congelado en el siglo XIX al ver su arquitectura, rutina, población totalmente blanca a excepción de algunos criados. Cuando Sarah y luego Coalhouse irrumpen en las vidas de esta familia gracias a la humanidad de Mother, el deseo de justicia de Father y las ideas revolucionarias de Younger Brother, se da una transformación en las vidas de todos, algunas muy tristes y otras inesperadamente positivas.

 

MYSTERIOUS SKIN (2004)

(director y guionista Gregg Araki; escritor Scott Heim; cinematógrafo Steve Gainer)

Como soy una seguidora del actor Joseph Gordon-Levitt, hice un binge de sus filmes anteriores y encontré este drama muy intenso por su temática de pedofilia. Son dos historias paralelas, Brian y Neil, que comienzan cuando tienen ocho años hasta que son jóvenes adultos. Brian intenta descubrir qué pasó una noche de la cual no tiene memoria mientras Neil, ahora independiente y lejos de su pueblo, intenta olvidar lo que pasó esa misma noche. Por eso es Brian el que contacta a Neil y es a través de él que logrará reconstruir los pedazos de esa noche. Ambos jóvenes, Brady Corbet como Brian y Gordon-Levitt como Neil, son tremendos y hacen de esta historia una creíble sin ser repulsiva, con un entendimiento distinto por ser la perspectiva de los jóvenes que, aunque se sienten abusados, no son víctimas de nadie.

 

EASTERN PROMISES (2007)

(director David Cronenberg; guionista Steve Knight; cinematógrafo Peter Suschitzky)

Lo que sobresale de este filme es la frialdad con que trata sus asuntos: desde degollar a alguien por haber propagado rumores sobre la preferencia sexual de uno de los “negociantes” rusos, ver desangrar a una joven encinta, violar a una joven como parte de la trata sexual de mujeres, hasta hacer desaparecer a un viejo por haber leído un diario. Todo es un negocio y la ofensiva y las venganzas rigen el comportamiento de estas redes de Europa oriental ubicadas en el Reino Unido. Casi por accidente una joven enfermera, Anna (Naomi Watts) entra a este circuito sin percatarse al principio del peligro al que se expone ella y a su familia. El hilo narrador y conector es el diario– que Anna lee en traducción– de Tatiana (Sarah-Jeanne Labrosse), la chica de dieciséis años que creyó en las promesas de una mejor vida en Inglaterra con una red de apoyo de sus compatriotas. Aquí encontraría empleo, vivienda, educación y un futuro no soñado en su pueblo. Narra cómo cada una de esas promesas se desvanece cuando descubre que su viaje a este país es parte de la trata sexual de mujeres. Sólo el chofer de Semyon, Nikolai (Viggo Mortensen), está dispuesto a descubrir la verdad junto a Anna no importa los riesgos que enfrenten.