Inicio Blog

Aún no ganamos

se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas.

Ruy Costa

Las palabras finales de César –‘Aún no ganamos y la huelga no ha terminado’– me parecen las palabras justas para comenzar mi comentario y presentación de Rebelión – No-Derecho y Poder Estudiantil, la huelga de 2010 en la Universidad de Puerto Rico.

Justas porque este sujeto colectivo del ‘no ganamos’ incluye al autor de este libro, César Pérez Lizasuain, que se identifica con el sujeto colectivo que es el estudiantado que hizo la huelga de 2010, la del 2011 y la del 2017. De esta forma, y para quien no conozca al autor, se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas. 

Para este proceso de identificación que se da entre César y el sujeto colectivo protagonista de la huelga de 2010 será importante señalar que César fue docente sin plaza en la Universidad de Puerto Rico durante varios años, que en 2017, como lo dice en el prefacio ‘en contraste con la huelga de 2010, me tocó ver y participar del evento como profesor universitario’, y que además de esto, César es ciudadano, asalariado, miembro de la clase trabajadora de un país en que la precariedad es junto con el desempleo el futuro expectable para la gran mayoría de los que ahora estudian y trabajan en este país. 

El proceso de construcción del estudiantado en movimiento estudiantil, del estudiantado como agregado de individuos atomizados que ocupan un lugar en la estructura que es la universidad, y que como dice en una entrevista un ex-miembro de la Junta de Síndicos – ‘aquí los maestros vienen a enseñar, los estudiantes a aprender y los administradores a administrar y si hacen cualquier cosa distinta a eso is not okay’ (125), y que se convirtió en un sujeto colectivo conocido como el movimiento estudiantil, y el modo de organización de esta comunidad creada a través de un proceso largo y complejo en el cual la huelga refleja parte de este proceso de subjetivación, digo, este proceso de construcción de una identidad colectiva es lo que faltó hasta ahora en gran medida en los empleados (docentes y no docentes) de la Universidad de Puerto Rico y lo que está faltando hace mucho tiempo en el país, de acuerdo con lo que César dice a propósito del 15 de octubre de 2009:

‘El 0-15 marcaba así un declive, al menos, en la lucha de los gremios sindicales, e instauraba un nuevo ciclo (2009-2011) en el que la resistencia no solamente en el contexto universitario, sino a nivel nacional, no se enfocó en los dos grupos tradicionales que servían de vanguardia a la protesta social en Puerto Rico: por un lado, las y los trabajadores organizados en sindicatos y, por otro, el independentismo.’ (66). 

Como añade un de los entrevistados, miembro de la UJS en el RUM: ‘La verdad, en el momento en que le tocaba al movimiento obrero, ese sector se quedó callado’. 

Ya empecé la presentación del libro pero me permito interrumpirla para ahora hacer una introducción a la presentación: conocí a mi amigo César, y en este contexto pudiera llamarlo también compañero o camarada de lucha, durante la última huelga universitaria en 2017. Esta huelga que ambos vivimos como docentes sin plaza en la UPR, creó las condiciones para que un grupo de docentes se constituyera en comités de acción autoconvocados en distintos recintos de la UPR, y esto es uno de los aspectos novedosos de esta última huelga, en comparación con la huelga de 2010, y fue a través de uno de estos grupos, PARES, que conocí a César. 

El paro que empezó en los últimos días de marzo de 2017 y del cual surgirá la huelga aprobada el 5 de abril en la asamblea de estudiantes, comienza por la noche del día 27 de marzo, luego de una reunión de claustro convocada de emergencia y que sirvió por lo menos para demostrar, a quienes tenían todavía alguna duda, la inutilidad de realizar reuniones de claustro cuando estas son burocráticas, verticales, anti-democráticas (al excluir todos los docentes sin plaza y sin carga académica completa de cualquier posibilidad de la participar en las decisiones del claustro). Los comités de acción autoconvocados están para la reuniones de claustro como los comités de acción estudiantil están para la representación institucional de los estudiantes, docentes y empleados en la estructura de la Universidad. Lo que falta es que estos comités de acción autoconvocados no surjan cuando hay una huelga de estudiantes y se disuelvan o desaparezcan cuando la huelga termina. Lo que falta es todo el trabajo político de construcción de una identidad colectiva descrito en el libro de César y que articula la experiencia de la huelga de 2005, de CUCA, a las huelgas de 2010 y de 2011 y de 2017. Porque estas huelgas no surgieron de la nada y tampoco se desvanecieron en el aire. Lo que falta es que los trabajadores de la UPR pasen por un proceso idéntico de construcción de una identidad colectiva de forma análoga a la que resultó en el surgimiento del movimiento estudiantil y por ahora falta crear los mecanismos para que estos grupos autoconvocados puedan conducir a una lucha por la hegemonía. Como veremos a continuación, los comités de acción y, durante la huelga, las bases por portón y el Pleno son estructuras creadas con el propósito de que una comunidad estudiantil en la huelga pueda organizar, deliberar, vivir, bajo principios de la democracia participativa y de una forma horizontal una vez que se verifican los límites de los espacios institucionales definidos por la ley universitaria. Si las reuniones de departamento, de facultad, de claustro, si el senado no son estructuras en que la democracia participativa se pueda ejercer, entonces habrá que crear otras estructuras que lo posibiliten.

La huelga de 2017 tiene características singulares que la distinguen de la huelga de 2010, descrita en este libro: además de los comités autoconvocados, cambió en gran medida el perfil de los rostros más visibles: de los porta voces al mismo consejo de estudiantes, fueron mujeres muchas de las personas más destacadas del movimiento estudiantil; también, y como me dijo una amiga y antigua participante de la huelga de 2010, Teresa Córdova Rodríguez, ahora el antagonista no era solamente la Junta de Síndicos y el gobierno de Ricardo Rosselló, era también la Junta de Control Fiscal que de forma similar a las Troikas que llegaron a Grecia y a Portugal, llegaban para imponer un programa de políticas neoliberales en un contexto de una crisis financiera del Estado. Por eso, en las demandas de la huelga, además de cero recortes y de cero aumento de matrícula, se exigía una auditoría sobre la deuda de Puerto Rico. 

Hay sin embargo una continuidad entre los procesos de huelga que van desde 2005 hasta 2017, y eso lo reconoce César al inicio de su libro, que es el desarrollo de la doctrina neoliberal en las políticas públicas de Puerto Rico y a partir de la cual se pretende cambiar por completo la Universidad de Puerto Rico. Por esa razón, César utiliza inicia su reflexión utilizando el término subsunción real que proviene del sexto capítulo inédito del Libro 1 del Capital de Karl Marx, y que en las palabras de Antonio Negri que el mismo César cita se lee:

‘… Negri (en La Fábrica de Porcelana) sugiere que la subsunción real ‘significa que todos los aspectos que la sociedad presenta de modo más o menos distinto se resumen en un solo proceso de producción. Todas las formas son subordinadas a la construcción de la ganancia, no existen más fases o espacios intermedios de la sociedad en los cuales las formas de producción independientes puedan subsistir autónomamente.’ 

Si, como dice Boaventura Sousa Santos, ‘el desarrollo de la educación universitaria en los países centrales, durante los 30 o 40 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se apoyó por un lado en las conquistas de la lucha social por el derecho a la educación, manifiestas en la democratización del acceso a la universidad, y, por otro lado, en los imperativos de la economía que exigía una mayor calificación de la mano de obra en los sectores clave de la industria. La situación se alteró significativamente a partir de mediados de la década de 70 con la crisis económica que se instaló. A partir de entonces se generó una contradicción entre la reducción de la inversión pública en la educación superior y la intensificación de la competencia entre empresas, presente en la búsqueda de innovación tecnológica, y, por lo tanto, en el conocimiento técnico-científico que la hacía posible, y en la necesidad de formación de una mano de obra altamente calificada’. 

Como lo sintetiza César, a través de esta lógica neoliberal aplicada a la universidad pública:

“… desde el estado neoliberal se fomenta que la universidad estatal vaya asumiendo lógicas propias de lo privado. La descapitalización, el aumento en el costo de matrícula, la privatización de servicios dentro de la propia universidad (comunicaciones, seguridad, tecnología, patentes, entre otros), la imposición de que se busquen fuentes de financiación en los mercados (préstamos, participación en los mercados de bonos, etc.) y la precarización del trabajo docente tienen el efecto de una privatización de facto del aparato universitario, mientras que jurídicamente conserva su estructura pública. (30-31)

Ante este ataque conducido por los poderes económicos que determinan la lógica neoliberal de las políticas públicas, y siendo el Estado un instrumento de poder de esta clase (se lo puede decir? Burguesa), César encuentra en autores como Alain Badiou y Enrique Dussel la teoría del evento del primer y el concepto de estado-de-rebelión de segundo como teorías que le permiten pensar las revueltas organizadas por el movimiento estudiantil como forma de revuelta en contra esta lógica neoliberal. 

En el análisis que César hace de la Ley 7 de 2009 del gobierno de Luis Fortuño que declaró un ‘’estado de emergencia fiscal’’ y de la reacción del movimiento estudiantil que conduzco a la huelga de 2010 se adecua a la distinción que Enrique Dussel presenta entre estado de rebelión y estado de excepción:

“…el ‘estado de rebelión … es algo más que un ‘estado de excepción. El segundo es correlativo al orden jurídico establecido (potestas), y lo decreta una función del poder constituido (al menos un poder legitimado carismáticamente); el primero, en cambio, es la acción misma originaria de la voluntad consensual de la comunidad política (potentia).” (38)

 Así, si el estado de emergencia fiscal en 2009 (a lo que se sumará en 2016/17) la crisis financiera y la Junta de Control Fiscal, pretendió ser la forma de conseguir el contexto de legitimación del programa neoliberal en toda su extensión, el estado de rebelión es la respuesta por parte de la revuelta estudiantil. Como dice César, esta respuesta no es solamente negativa, o en sus palabras ‘’el evento rebelde transciende la negatividad propia de la protesta y se desenvuelve en un terreno positivo en el que se produce subjetividad.’’ (39). Como se puede ver el terreno positivo? 

En la página 42 dice César: a través, del “…uso de los medios sociales de comunicación en red, expresiones artísticas o cultural jamming, asambleas para la toma de decisiones, nuevas formas organizativas para la participación, nuevos esquemas de mando-obediencia, la renuncia y puesta en marcha de un nuevo entendido sobre la representación, el acto de desobediencia civil, enfrentamientos pacíficos y no pacíficos con las autoridades estatales, entre otros) que producen significados, tanto de ruptura respecto a la hegemonía neoliberal como de creación de un nuevo campo subjetivo mediante la afirmación de una nueva verdad política más allá del Estado-parlamentario y del Estado de Derecho. 

A través de todos estos mecanismos, se puede constatar que es posible inventar normas, formas de organización y de participación y de deliberación, que no están reguladas por la forma jurídica moderna. A estas formas de ordenación social no jurídica, César, de acuerdo con Carbonnier designa como el no-derecho y va a ser a través de este concepto como César analiza la contradicción entre la forma de actuar del Estado, de la Junta de Síndicos, del Tribunal Supremo, hasta del Colegio de Abogados en dado momento de la huelga, y la forma de actuar del movimiento estudiantil.

Los cambios en la composición del Tribunal Supremo en 2010 son, para César, la expresión de la validación jurídica del estado de excepción económico en Puerto Rico. La aprobación en el 24 de febrero de 2010, en la Junta de Síndicos de la UPR de la Certificación 98 que limitaba el acceso de las exenciones y ayudas económicas a estudiantes universitarios fue la causa inmediata de la huelga que comenzó en abril y que se extendió hasta junio de 2010 ocupando diez de los once recintos universitarios.

Sobre el proceso de negociación entre la Junta de Síndicos y el Comité Negociador Nacional, dice uno de los entrevistados por César lo siguiente:

“… la Junta de Síndicos estaba en un cuarto y los estudiantes estaban en otro y el árbitro (un ex juez) iba de cuarto a cuarto y se llegó a un acuerdo así…” (74)

Finalmente, los acuerdos recogidos en el documento titulado Entendidos entre la administración universitaria y el Comité Negociador Nacional fueron certificados por la Junta de Síndicos con fecha del 16 de junio de 2010 y por una asamblea nacional de estudiantes el día 21 de junio de 2010.

Como dice otro de los entrevistados quien fuera parte del Comité Negociador Nacional “… una de las razones de la huelga fue que los que estábamos en el Consejo fracasamos en nuestra labor de poder parar esas acciones de la administración: fracasamos por completo. Fracasamos porque no teníamos el poder para hacerlo…’’ (80)

El poder estudiantil es analizado de la siguiente forma: (1) de carácter cíclico y diverso, (2) en la huelga de 2010 (y en la huelga de 2017 de otra forma – por ejemplo, en abril de 2017, durante el proceso de la huelga docentes entraron en un de los comités de base y de esa forma pudimos participar en los plenos llevados a cabo durante la huelga) se abrió la puerta para una participación amplia y diversa de actores no tradicionales en las luchas estudiantiles, (3) hubo una promoción de la participación amplia, diversa y directa de todas y todos estudiantes interesados en hacerlo, (4) la identidad flexible, no fija, del movimiento estudiantil que obligó a adoptar posturas y formas organizativas no tradicionales. (5) Finalmente, y vuelvo a citar el texto “el movimiento estudiantil se concibe como la propia Universidad (…). No se produjo pues, dentro de este discurso una línea que deslindara al estudiantado, como sujeto participante de unos derechos y obligaciones, de la Universidad como institucionalidad separada que se encuentra obligada a cumplir determinadas obligaciones contractuales. El protagonista se concibió como centro vivo de la propia universidad, contrario a lo que pensaba la administración universitaria.” (83)

En oposición a esta última idea, se puede oponer lo que en la página 129 es la ideología plasmada por el juez asociado Rafael Martínez Torres en el caso Universidad de Puerto Rico v. Gabriel Laborde:

“Cada estudiante firma un acuerdo con la UPR en la que la segunda se compromete a enseñar y el primero a cumplir con sus deberes académicos.”

Es en una lógica de contrato de prestación de servicios, y en una lógica individualista y liberal, en donde no existe el estudiantado como entidad colectiva sino cada estudiante singularmente, que se articula este texto, por oposición a una lógica colectiva en el cual el estudiantado, a pesar de diverso, de plural en sus características no pierde aquello que los une como un sujeto colectivo. 

En la lógica de construcción de este proceso de resistencia se analizan las estrategias para contactar con las audiencias, sea los otros estudiantes sea el resto de la ciudadanía. Entre estas estrategias se encuentra por ejemplo la Carta al País hecha pública el 21 de abril de 2010, la Declaración desde la Universidad tomada publicada el 1 de mayo de 2010 y la Radio Huelga, una estación de radio por internet creada en medio de la Huelga de 2010 para comunicar sobre lo que acontecía diariamente en la revuelta estudiantil. 

En cuanto a la estructura organizativa que conduzco a los Comités de Acción Estudiantil se dice que estos fueron creados por lo menos dos años antes del inicio de la Huelga de 2010 y que se remite a la huelga de 2005 y a las manifestaciones de solidaridad con la huelga en 2008 por la Federación de Maestros de Puerto Rico.

Los CAE se solidificaron como espacios informales por oposición a la estructura formal del Consejo General de Estudiantes y al déficit democrático de la UPR. Ya en el contexto de la Huelga el Pleno era el foro de participación amplia en donde se llevaban cuestiones centrales y en donde se tomaban decisiones. A propósito de la relación entre los Comités de Portones y el Pleno se dice que “… La superioridad del Pleno se daba en la medida en que la participación en la toma de decisiones era plenaria, amplia, participativa y deliberativa. Pero no tenía jurisdicción directa sobre las decisiones locales en los CAE, que se transformaron en los Comités de Portones a partir de la ocupación de los campos universitarios”. El Comité de Seguridad y el Comité en Contra de la Homofobia y Discrimen son otros de los comités descritos. En la huelga de 2017, existía también el Centro de Comunicación Estudiantil y el Comité Central de Comidas y que junto con el desarrollo del huerto dan cada vez más la apariencia de una ciudad, de una ciudad-Estado, de una Comuna. 

En el capítulo 3, se analiza como tanto el CAFI en 2006 que recomienda “un aumento de matrícula y la consiguiente reforma universitaria acomodada a las variantes impuestas por el mercado” (105) durante el gobierno de Aníbal Acevedo Vilá como el CAGFES creado en 2010 por Luis Fortuño siguen un modelo similar de lo que debe de ser la universidad. Eso se puede ver también en la composición del CAGFES que era compuesto por ‘’altos miembros de la industria farmacéutica; por representantes de la empresa privada como fue el Sistema Universitario Ana G. Méndez; por la presidenta en aquel momento de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera y por afiliados al PNP’’ (110)

Además de la utilización del Tribunal Supremo como instrumento para implementar la agenda neoliberal, también la represión de la protesta se está dando a través de una progresiva militarización de la policía, por tácticas de detención y encierro en vehículos en movimiento, o más recientemente por otras leyes.

Concluidas las huelgas estudiantiles de 2010 y 2011, nos dice César, “inició un nuevo intervalo de despolitización de la protesta social’’ que terminó con la huelga con la huelga estudiantil de 2017 y con las manifestaciones del 1 de mayo de 2017 y de 2018. 

Para empezar a cerrar esta presentación quisiera distinguir distintos niveles del análisis: por un lado, como el movimiento estudiantil evoluciona en relación con la audiencia, con la percepción por la ciudadanía en general en una lucha por la hegemonía –y la formación por ejemplo del Comité de Seguridad o la definición de una regla como de no fumar frente a los portones y de definir áreas específicas para hacerlo son medidas tomadas en ese sentido así como las Cartas abiertas o la Radio Huelga– cuando del otro lado tiene no solamente todo el aparato del Estado y de los principales medios de comunicación privados que transmiten un discurso generalmente contrario al movimiento de estudiantes. Por otro, el movimiento estudiantil evoluciona dentro del mismo recinto –por ejemplo la creación de un Comité de Acción de Mujeres y del Pleno de Mujeres son parte de ese trabajo interno del movimiento estudiantil de autorreflexión. Existe también otra evolución que se relaciona con las formas de represión y con la ocupación de la universidad por la policía obligó igualmente a inventar nuevas formas de lucha. 

Finalmente, en el capítulo 3.5.1. titulado Zapatistas en la UPR: el mandar-obedeciendo del poder estudiantil, César analiza la Declaración de la Universidad Tomada, redactada por el Comité de Acción Estudiantil de la Facultad de Humanidades de la UPRRP y su similitud y inspiración en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona. Cito, por última vez a César que comparando ambos documentos dice: 

“A partir de este comunicado (…) y con el característico estilo poético y la carga filosófica de los comunicados zapatistas, se intenta traducir lo siguiente: (1) el rechazo a la situación imperante en la UPR, análogo al ¡Basta! de la Primera Declaración de la Selva Lacandona; (2) la consolidación de la auto-identificación como el protagonista del conflicto en contraposición al poder antagónico contra el que luchan: ‘hemos cambiado la historia, la hemos hecho nuestra’; (3) los objetivos y metas del movimiento estudiantil: ‘Diálogo, negociación, conocimiento, educación, libertad, transparencia, democracia y participación. Éstas fueron nuestras banderas en la madrugada del 21 de abril de 2010; éstas son hoy nuestras exigencias”; (4) la identificación de uno de los agentes antagonistas, la ‘mala administración’, haciendo uso de la referencia zapatista al ‘mal gobierno’; y (5) el criterio de validación mediante la producción de una esfera ética.” (150)

Quisiera terminar agradeciendo mucho a César la invitación a presentar este su libro, que agradezco a todos aquellos y aquellas que luchan por un mundo más justo y que en los años que aquí he vivido los días en que la universidad fue ocupada por el movimiento estudiantil fueron los días en que sentí el olor de la democracia y de la libertad. 

El conde de Montecristo

 

 

 

Dicen que los muchachos ahora no leen porque dedican su atención a los celulares y la vida digital. Apenas pueden, se dice, seguir una trama o un tren de pensamiento. También ha habido una degradación de la escuela en tiempos recientes. En cualquier caso, ofrezco a grandes y chicos esta idea: leer El conde de Montecristo, una de las grandes novelas de la literatura occidental y universal, de Alejandro Dumas, mulato de ascendencia haitiana y francesa (también autor de Los tres mosqueteros). Fue publicada hace 180 años –1846– como volumen completo, al cabo de año y medio de publicarse en serie, o sea, un capítulo tras otro separadamente, en el Journal des Débats en París.

La publicación en serie era a menudo la primera forma en que salían las novelas. La serialización, o publicación de cada capítulo en un folleto insertado en un periódico o revista, fue precursora de las actuales telenovelas y series en internet. Como ocurre con éstas, los autores alargaban la novela según se vendiera, lo cual a veces producía obras, como ésta, de más de mil páginas. Las novelas reclamaban tanto trabajo que era común que dos o más colaboraran en escribirlas. Augusto Maquet fue coautor de esta novela, o tal vez ayudante de Dumas.

La historia debía ser tan interesante que los lectores no pudieran despegarse de su lectura, como sentirá quien lea El conde de Montecristo. Se le describe como una novela de aventuras, pero se engañará quien crea que es solamente eso, o, peor aún, quien la confunda con las versiones que se han hecho para la televisión y el cine, en que es tergiversada, despedazada y reducida. El poder de Hollywood ha generalizado una banalización y simplificación en que se repite la misma estructura narrativa una y otra vez.

Muchas de las incidencias y tramas de El conde de Montecristo se han reproducido en incontables novelas, cuentos, películas y programas de televisión que han venido después. Pero en la obra de Dumas las historias personales y el amor romántico se entrelazan con la historia social y política y con las cuestiones de justicia, moralidad, lealtad, relación del individuo con los otros y con la sociedad, y del poder financiero.

Un humilde, honesto y joven marinero de Marsella, Edmundo Dantés, sufre catorce años en prisión, injusta y viciosamente. Supuestos amigos hacen que se le acuse falsamente de pertenecer al movimiento subversivo que en Francia representaba Napoleón Bonaparte. El procurador del Rey, o fiscal general en nuestro lenguaje, lo envía ilegal e inmoralmente a prisión –sin juicio– en el tenebroso Castillo de If, una fortaleza de calabozos inmundos en una isleta cerca de la costa sur francesa (recuerda a Alcatraz en las afueras de California). Lo arrestan y encierran justo cuando iba a casarse con su amada novia Mercedes.

Después Dantés sabrá que en esos catorce años falleció su padre, su único familiar, sumido en miseria y hambre, y que, suponiendo a Edmundo muerto, su prometida se casó. No sólo es encarcelado injustamente en un instante, de forma inesperada, sino que brutalmente lo arrancan de sus seres más queridos y le arruinan la vida. Quien haya sido acusado falsamente, difamado e ido preso injustamente aunque haya sido por un solo día, y alejado de sus seres queridos, podrá identificarse con este personaje.

Dantés está incomunicado en una mazmorra, sin derechos ni las facilidades mínimas de nuestro tiempo. En la soledad, la oscuridad, la mugre y la desesperación se agrede a sí mismo, incluso trata de matarse. Se le va el sentido de la vida.

Pero varios años después ponen en la mazmorra del lado un preso con el cual logra comunicarse. Eventualmente hacen un pasadizo secreto. Es un abate, un funcionario de la religión, pero además profundo conocedor de las ciencias naturales, la tecnología y la sociedad. Este inolvidable amigo le sirve a Edmundo de profesor –de ciencias, matemáticas, filosofía, mecánica– y psicólogo. Es mediante el intelecto que Edmundo se salva. El conocimiento y la educación le proporcionarán gran vigor y potencia.

Aprovechando la muerte del excepcional sabio, Dantés escapa y nada hacia su libertad. En adelante descubrirá un fabuloso tesoro que sólo el abate conocía, en la pequeña isla rocosa de Montecristo, al oeste de la costa italiana. En esta novela estamos en el mundo multicultural del Mediterráneo. La trama sugiere sus numerosas costas: España, Grecia, Turquía, Túnez, Argelia, Libia, Egipto, Líbano, Siria, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Francia, Italia. Es un mundo ancestral de marineros, puertos, comercio, contrabando e intercambios políticos y pandillescos.

Convertido en millonario, Dantés viaja, aprecia el Oriente e inspirado en las enseñanzas del abate, se entrena durante años en diversos conocimientos: ciencia militar, finanzas, medicina, minerología, literatura, arte, química. Ocultando su identidad, se proclama “conde de Montecristo” y traza un plan meticuloso para vengarse de quienes perversamente lo condenaron a la muerte en vida de la prisión. Uno se hizo general del ejército colonialista francés y se casó con Mercedes; otro es un poderoso y cínico banquero; el fiscal general ha consolidado su posición en la alta burocracia judicial gracias a sus conexiones con la aristocracia y los grupos políticamente poderosos. Estos sujetos han hecho mal como individuos, pero también representan intereses de poder y riqueza en nuestra sociedad de egoísmo.

El héroe asume identidades diferentes y comanda una organización con empleados, sirvientes y bandidos que le son absolutamente fieles. Opera al margen del estado y la ley, y dirige su organización con precisión de ciencia exacta. Quizá en parte la obra domine la atención del lector por el gusto que da generalmente la venganza “bien merecida”, y que la ejecute un héroe hábil y valiente. En la tradición cultural la voz que pone orden suele asociarse a la figura masculina.

Veamos el ambiente histórico. La Revolución Francesa ha entrado en crisis diez años después de iniciar en 1789. No se ha estabilizado un nuevo estado. En medio de un caótico vacío de poder, el militar Bonaparte da un golpe de estado en 1799, y se hace dictador. Es despótico, colonialista y militarista, y por otro lado empeñado en exportar por Europa conceptos e instituciones republicanas que la Revolución ha propulsado, atacando la monarquía y el feudalismo. Es un fenómeno reaccionario y a la vez progresista.

Por haber experimentado una revolución social, Francia quedó retrasada en el progreso industrial capitalista en relación a Inglaterra, que emerge como la vanguardia. Bonaparte busca hacer avanzar la capacidad productiva francesa y modernizar el estado. En las primeras décadas del siglo XIX Francia verá una expansión enorme de la educación, las ciencias, la tecnología y la maquinaria. Se difunde por ejemplo la teoría de Saint-Simon, quien aboga por las clases productivas (empresarios, campesinos, intelectuales, científicos, ingenieros, obreros, artesanos) en lugar de las “ociosas” u holgazanas (aristócratas, grandes banqueros y ricos que se lucran con la renta de inmuebles, tierras y deudas que generan pobreza y oprimen a empresas y fincas que podrían ser productivas). Algo de esto se trasluce en El conde de Montecristo.

Ahora bien, Napoleón, a pesar de su modernización de la guerra –desarrollo de la artillería, ofensivas audaces, batallas de cientos de miles de muertos–, es acosado por la alianza monárquica europea que encabeza Gran Bretaña. Sufre un revés duro y decisivo en 1812 con el fracaso de su invasión a Rusia. Es derrotado en 1814. Sus vencedores evitan meterlo en prisión o ejecutarlo, dado el gran seguimiento popular que tiene, y lo recluyen en la pequeña isla de Elba, cerca de Italia, como una caricatura de reyecito en un reino diminuto. Pero desde Elba Napoleón organiza otra vez un ejército. En esta gestión se involucran muchos franceses e italianos. A ese torbellino es arrastrado, sin saberlo, el pobre Edmundo en la novela.

Bonaparte volvió a dar guerra a los ingleses y sus aliados por más de tres meses –entre marzo y julio de 1815– hasta ser derrotado en un pueblito de los Países Bajos, Waterloo, esta vez para siempre. Por tanto, la monarquía francesa ha regresado en 1814 (en una restauración pos-revolución, pos-Napoleón, y contrarrevolucionaria), para ser amenazada de nuevo en 1815 por Bonaparte. Se instala otra vez tras la derrota final de Napoleón. En estos cambios de gobierno la parte antes perseguida se hace después dominante. En este contexto empieza la novela.

El fiscal general ha metido a Edmundo cruelmente en prisión tildándolo de supuesto bonapartista peligroso (después dice que ha muerto en la cárcel, otra mentira). Persigue congraciarse con la aristocracia y mostrar que es fiel a la monarquía; también quiere distanciarse de su propio papá, quien ha sido bonapartista y militante de las ideas de la Revolución Francesa.

Montecristo se vengará de quienes le destruyeron la vida. Aquí venganza es justicia, podría decirse, puesto que el estado, que debería velar porque las leyes sean justas y se aplique el derecho, es corrupto y está comprometido con intereses políticos particulares y clases reaccionarias indiferentes. No habrá perdón. Eventualmente, sin embargo, nuestro héroe parece cuestionar los extremos de sus castigos a los truhanes.

La opresión social se dramatiza en el horrible régimen carcelario y la disfuncionalidad del sistema de tribunales. La cuestión carcelaria y el tema del estado, como estructura que determina la vida de la gente, producirán literaturas y teorías sociológicas y filosóficas en Francia y muchos otros sitios. La prisión y el estado como perpetuo vigilante y represor serán temas elaborados en otra gran novela, Los miserables, de Víctor Hugo, de 1862.

El protagonista de El conde de Montecristo parece una metáfora de un partido o bando social que, armado con el conocimiento, la ciencia y el intelecto, se opone a las clases financieras, imperialistas, corruptas, ociosas y rentistas. A la vez sostiene que la riqueza monetaria no es en sí misma dañina, ya que, dice, podría servir para hacer mucho bien.

A menudo Dantés se remite a Dios como guía y testigo de su propia conciencia, su venganza, su justicia, su amor y su sinceridad. Discretamente Dumas diferencia a Dios de la iglesia. Es incuestionable la gran religiosidad de aquella época, como también de la actual, pero podría leerse a “Dios” como metáfora del bien común, de las cosas que hacen humana a la humanidad: la necesidad de bienestar, la dignidad, amar y ser amado, formar familia, reproducir la sociedad en comunidad con los demás; la libertad, felicidad y salud de la persona.

La riqueza del texto de Dumas es extraordinaria, como son sus ironías y su conocimiento de la literatura antigua, la pintura, la música y el teatro. El autor moviliza nuestro sentimiento y nuestra ética movilizando nuestro intelecto. Busca que el lector construya con su propia imaginación lo que pasará en la novela; o sea, que se haga también autor y aprenda a relacionar las cosas. Hace alusiones que en algunos casos no entendemos, como si persiguiera que busquemos la información y así nos eduquemos más, espoleados por el placer de la lectura. Dumas escribe con elegancia y delicadeza. Evita forzar opiniones en los lectores; propicia el criterio propio.

La novela asesta golpes demoledores a la aristocracia y la sociedad ricachona y derrochadora de París, que juega frívolamente en los mercados de bonos de Haití o España, se sirve de jugosas deudas e hipotecas, se somete cobardemente a Inglaterra e invierte en las Américas. Sugiere sutilmente que el despotismo que Occidente atribuye a los gobiernos de Oriente existe también en Occidente de otras formas, incluso peores. Repudia la esclavitud y la servidumbre sin decirlo directamente, al relatar la historia de Dantés y muchas otras historias que se cuentan dentro de esa historia –como hace Cervantes en Don Quijote, que incluye una y otra vez cuentos dentro de los cuentos que habitan la novela–, infundiendo así “subjetividad” a distintos personajes, incluyendo los aparentemente poco importantes.

Los terribles acontecimientos que provoca la venganza de Montecristo en los tres criminales incluyen que Mercedes –junto a su hijo– abandone a su marido. Ya ella ha adivinado que Montecristo es Edmundo. Hay gran emotividad en el momento en que los amantes, que ya no podrán volverlo a ser, están frente a frente con su inmenso amor frustrado, o transformado, en la amarga realidad de la finitud de la vida. Han pasado muchos años.

Dantés muestra una y otra vez su decencia y generosidad. Al final, los buenos, por así decir, quedan en situación favorable, y los malos son destruidos. Pero no es un cuento religioso donde la justicia haya llegado milagrosamente. Es una historia humana, y su resultado ha requerido mucho trabajo, destreza, recursos materiales, y premeditación para hacer mal en función del bien. Es un relato asombroso y fantástico, por la fabulación libre y rica de Dumas. El final no es exactamente feliz. Quedan la tragedia y la destrucción de los castigos, y el sabor incierto que dejan.

La intensidad y el dramatismo atrapan al lector de El conde de Montecristo. El drama psicológico se agita entre los personajes así como en el lector, insertado en los conflictos históricos de la sociedad y el mundo. El relato es divertido y espectacular, y las reflexiones ilustradas e ingeniosas de Dumas parecen insistir en que la diversión, la belleza y el intelecto pueden producir fuerza moral.

Publicado el 7 de junio de 2026 en el periódico digital Verdad y democracia, de Barrio Obrero, Santurce

 

La Junta de Control Fiscal: una década de dictadura

 

En junio de 2026 se cumplen diez años de vida de la Ley PROMESA. En junio de 2025, el gobierno de Alejandro García Padilla declaró que la deuda pública era impagable. La Ley PROMESA tuvo como objetivo abordar y buscarle solución a la crisis fiscal del gobierno de Puerto Rico. Como criatura de esta ley del Congreso de los Estados Unidos, firmada por el presidente Obama, la Junta de Supervisión Fiscal se constituyó con poderes por encima del gobierno electo de Puerto Rico. Debido a su carácter dictatorial la opinión pública cambió su nombre a Junta de Control Fiscal (JCF).

Desde su creación, la composición de los siete miembros de la Junta fue muy reveladora. Debían ser personas con peritaje en finanzas, en mercados de bonos municipales y en gerencia, aun cuando la Junta tenía el poder de contratar expertos y consultores. Cuando fueron conocidos sus primeros siete miembros, la sorpresa comenzó a preocupar a la opinión pública. Entre ellos se encontraban tres personas estrechamente vinculadas con gobiernos anteriores de Puerto Rico: José Carrión III, Carlos García y José Ramón González. Dos de estos individuos, Carlos García y José Ramón González, habían estado en la dirección del Banco Gubernamental de Fomento y fueron protagonistas en el endeudamiento del gobierno. Ambos, además, tenían estrechos vínculos financieros como funcionarios del Banco de Santander. El otro, José Carrión III estuvo vinculado con el gobierno de Luis Fortuño. ¿Cómo era posible que para abordar y buscarle solución al problema fiscal del gobierno local fuesen nombrados individuos que habían participado en la creación del problema que venían a resolver?

Pronto se hizo visible hacia dónde se inclinaban los intereses de la Junta. Comenzó a definirse en sus primeros pasos por lo que no quiso hacer, aunque tuvo todo el poder para hacerlo. Dos asuntos principales no atendidos caracterizaron desde sus primeras acciones: a) no hacer una auditoría forense de la deuda; b) no definir los servicios esenciales brindados por el gobierno a la población.

La auditoría de la deuda se había convertido ya en un reclamo con fuertes raíces en importantes sectores de la población. Ante la crisis fiscal existente y ante la magnitud de la deuda pública, era urgente conocer a fondo quiénes emitieron la deuda, cómo lo hicieron y con qué objetivo. La urgencia respondía a la necesidad de establecer si existían partes de la deuda que eran ilegítimas. La JCF no solo no hizo el trabajo, sino que gastó $16 millones en un estudio sobre la deuda realizado por Kobre & Kim, de 600 páginas, estableciendo desde su inicio que no tenía el propósito de responsabilizar a nadie por las acciones realizadas. Un gasto de $26, 666 de fondos públicos por cada página sin ninguna consecuencia para los que pudieron haber actuado irresponsablemente, incluyendo personajes de la Junta como Carlos García y José Ramón González.

El segundo asunto que la Junta se negó a atender fue todavía más escandaloso. La importancia de definir los servicios esenciales provistos por el gobierno fue también un reclamo a viva voz de muchos sectores de nuestra población. ¿Por qué era imprescindible definirlos? Si la JCF venía a corregir el déficit fiscal y los efectos destructivos de una deuda fuera de control, primero se hacía necesario definir los servicios esenciales para asegurar su cumplimiento antes de establecer cuánto de la deuda existente era viable pagar. Al no hacerlo, la JCF dejó saber que su interés principal era el pago de la deuda a los bonistas y no el bienestar de la población.

Con estos dos asuntos, la JCF mostró su verdadera figura. Hizo visible que su función dictatorial, era continuar la misma política neoliberal adoptada por el bipartidismo existente. Por un lado, la auditoría de la deuda hubiese permitido identificar los responsables y entender la dinámica del endeudamiento. El poder dictatorial de la Junta hubiese podido enfrentar uno de los principales problemas vinculados con la deuda: la corrupción. Por otro lado, al definir los servicios esenciales hubiese proyectado la imagen de que colocaba en primer lugar el bienestar de una población ajena a los motivos del endeudamiento.

Pero la JCF no hizo ninguna de las dos cosas. Además, algo que no debe olvidarse, no recibió ninguna presión del gobierno para que llevara a cabo la auditoria de la deuda o definiera los servicios esenciales. Esta complicidad requeriría una extensa explicación para la que no tenemos espacio. Ahora basta mencionar que con la política neoliberal ocurrió un asalto combinado al dinero público de parte de empresarios privados y políticos ambiciosos. Con esta política neoliberal se degradaron los servicios esenciales provistos por el gobierno en la medida en que abundantes recursos públicos pasaron a manos privadas en múltiples formas de corrupción. Lejos de controlar la corrupción, la JCF se convirtió en un mecanismo que la patrocinó en el interior del marco de los planes fiscales que fue imponiendo. Con sus contratos y consultorías sobrepasó los $2,000 millones en gastos de dinero público en el trascurso de esta vergonzosa década, incluyendo contratos millonarios escandalosos con empresas como McKinsey, en situaciones plagadas de conflictos de interés.  Como la historia depara inesperadas sorpresas, con el paso del Huracán María en septiembre de 2017, los terremotos del sur en 2020 y con la pandemia que le siguió, miles de millones de dólares en fondos federales han sido asignados a Puerto Rico, aumentando el botín político- empresarial de la corrupción.

Pero hay otro asunto en que la JCF también fracasó. Siendo la cuestión fiscal el síntoma más visible de una crisis mucho más profunda, la urgencia por formular reformas estructurales tenía una importancia cardinal parta atender la necesidad de ampliar la base económica de la isla. La JCF no solamente no atendió este problema, sino que las reformas propuestas no se orientaban en la dirección señalada y fracasaron. Solamente en una de ellas, la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), apoyada en la Sección 205 (a) de la Ley PROMESA, logró avanzar. Sin embargo, la privatización, defendida tanto por el gobierno como por el sector privado, desembocó en un estruendoso fracaso. Los tres motivos para impulsarla – abaratar los costos, garantizar la eficiencia y asegurar la estabilidad del sistema eléctrico – han tenido resultados contrarios: el sistema es hoy mucho más caro, ineficiente e inestable. La privatización del sistema eléctrico, impulsada por la JCF y el gobierno probablemente pase a la historia como uno de los actos de mayor irresponsabilidad propiciado por los inescrupulosos intereses neoliberales.

Podemos añadir, antes de terminar, que los planes de ajuste de la deuda acordados por la JCF no han respondido a los mejores intereses de nuestra población. El acuerdo de la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (COFINA), por ejemplo, aprobado por la jueza Taylor Swayne el 4 de febrero de 2018, fue muy revelador. De una deuda de $17,637 millones – de los cuales más de $12,000 millones fueron emitidos por el gobierno de Luis Fortuño -, los Bonos Senior constituían 44% del total de la deuda, los conocidos fondos buitres recibieron 93 centavos por cada dólar, habiendo adquirido dicha deuda a precios mucho más bajos, obteniendo ganancias de miles de millones de dólares. Pero lo más “ejemplar” de dicha negociación fue que el bufete de los fondos buitres, Emmanuel Urquart & Sullivan LLP, contrató a Politank, propiedad de Francisco Domenech, acompañado de Kenneth McClintock, por 55,000 dólares mensuales para asegurar una buena negociación. Nada menos que un cabildero local, que hoy es Secretario de la Gobernación, con un ex presidente del Senado y ex Secretario de Estado, fueron figuras claves para una negociación nefasta para el pueblo de Puerto Rico. Antonio Weiss, una persona destacada en la formulación de PROMESA, criticó el Plan de ajuste de la Deuda de COFINA.

Hoy nos encontramos ante una amplia protesta estudiantil en la Universidad de Puerto Rico, con reclamos compartidos por toda la comunidad universitaria. En gran medida se trata de una crisis creada por la JCF y sus irresponsables recortes al presupuesto de la universidad pública y sus aumentos en el costo de los créditos y servicios universitarios. Una institución que estaba cumpliendo efectivamente con sus compromisos de deuda recibió los recortes más agudos y el ataque más feroz de la Junta y del gobierno. Con su menosprecio de la universidad pública y con sus intentos de reducir las pensiones de hombres y mujeres que cumplieron con sus deberes laborales, la JCF levantó su perfil ante el pueblo de Puerto Rico: expropiarle el futuro a la juventud y expropiarles el pasado a los adultos mayores. Mientras tanto, poco le han importado los efectos visibles del cambio climático, la seguridad alimentaria del país y el bienestar de la población empobrecida de Puerto Rico. Con razón las ilusiones que tuvo el país cuando se anunció su llegada quedaron convertidas en humo. Hoy el desprestigio de sus funcionarios solo es superado por la soledad que los rodea. Sería un acto de justicia que su salida fuese el resultado del empujón de una enorme fuerza social en movimiento.

Este articulo se publicó originalmente en la edición impresa de CLARIDAD del mes de abril.

 

 

 

 

 

Tito Rojas ha muerto

El libro supuestamente no es un poemario pero tiene poesía. No es un libro de ensayos pero tiene temas recurrentes. No es una novela pero tiene trama. No es una colección de cuentos pero el narrador cuenta, de manera fragmentada, una serie de oficios: el de escribir, el de la memoria, el de la casa o apartamento y la intimidad doméstica y el de la poesía. Resulta increíble la honestidad declarada por el narrador: “me preocupa el artificio del texto” (38)  justo después de hablar de la relación del cuerpo, memoria y palabra en la escritura. La pérdida está presente. Quizá es lo que más ha unido a les escritores de Puerto Rico que han publicado en las últimas décadas. La pérdida es quizá nuestra nueva atmósfera que nos arropa al momento de la ejecución de nuestra labor artística. La pérdida se hace un espacio material. En su inscripción en el texto no hay melodrama ni fijación pero se palpa un inevitable dejo de nostalgia. Más cuando se combina con los recuerdos que se forjan como aristas al pasado. La abuela, su padre (a quien llama “primer padre”), y el salsero Tito Rojas se transforman en espacios e insignias de la memoria propia. Las relaciones filiales también son relaciones mnemónicas. Se hacen significantes móviles. En Tito Rojas ha muerto de Francisco Félix se reiteran los símbolos y éstos se hacen emblemáticos de una manera personal de hacer literatura. Dudo de la oración anterior. Francisco Félix, más que literatura, hace poesía idiosincrática, inquietante y necesaria. Francisco Félix es ante todo un poeta del mundo puertorriqueño y de sí mismo.

De entrada, los epígrafes de Eduardo Lalo y Marta Jazmín García nos preparan para la lectura del texto. En el primero vemos como la escritura nos lleva al silencio. En el segundo, el de García, vemos como hay un cierto sentido asintótico del dolor: no podemos conocer su peso hasta que se suspende. Tito Rojas ha muerto es, como bien dice el comentario de tapa, escritura que va más allá de un cuaderno de anotaciones o trabajo. El libro es más bien la lágrima que es un disparo en la noche inmensa del recuerdo. En Tito Rojas ha muerto no hay un ajuste de cuentas (aunque sí un poco) sino una labor escritural como espacio para la memoria personal (que es la memoria de la comunidad), de hijos abandonados, de un país arruinado, de un mundo que arde en las llamas de un mundo que es testigo de un genocidio negado y de los neofascismos como alternativa “democrática”. Aún así, la memoria te/me/nos persigue.

En la página 11, el narrador es claro acerca del proceso mnemónico que inicia el libro. Es un tipo de prefacio que no se identifica como tal y no tiene título. Es, en realidad, un poema estructurado por seis versos que son cinco preguntas. Antes de citar el texto quiero que vean que ya caí en la “trampa” de Francisco Félix: escribí “narrador” en vez de “voz poética” o “personaje poético”. Su escritura derriba los límites de los géneros y lo hace por la vía del fragmento:

¿Esta sucesión de imágenes justifica tanta ausencia?

¿Qué esconden algunas casas?

¿Qué se refugia en la memoria

que también es hogar de nuestras historias?  

¿Qué somos sin nuestra casa?

¿Qué somos sin nuestra memoria? (p.11)

La verdad es que me alboroté bastante al leer esta página que da inicio al libro. En los últimos meses he estado estudiando la arquitectura (y en especial, la casa) como alegoría de la nación en la literatura y otros productos culturales puertorriqueños recientes. Francisco Félix monta y desmonta el concepto una y otra vez. Aquí el poema habla desde la primera persona plural. Luego las viñetas y demás fragmentos se hacen más íntimos, singulares. La falsa diferencia entre “nosotros” y “yo” se derrumba.

La estructura del libro parece estar regulada por una dialéctica: caminar/escribir. Cuando se pasea o se camina no se escribe. Cuando se escribe no se pasea. Mucho más tarde en el libro las dialécticas se multiplican. Además de la de caminar o escribir, Félix añade dos más: “mientras más palabras menos país” que evoca el viejo paradigma de la acción política vs. la escritura, y añade otra igual de tremenda: “Mientras más fotos, menos cuerpos” (103), cita que a mí, que fui adolescente en los 90 puertorriqueños, me hace oler papel periódico barato y me tiñe los dedos del rojo sangre-neón de El Vocero y sus portadas macabras de la época. La estructura del libro —junto a las evocaciones, añoranzas y recuerdos de miedos del pasado que escribe el narrador/personaje poético— también parece estar regida por un motor visual que funge de archivo personal.

Muchas de las viñetas responden a un álbum personal de fotos de la infancia. En “Despedida de año” Félix emplea la écfrasis para hablar de la memoria y la pérdida. La écfrasis es importante a través del libro pero más lo es la mención constante y el manejo poético y filosófico de la fotografía. Una y otra vez Félix apunta a los roles que Pierre Bourdieu asigna a la fotografía. El teórico francés entiende que la fotografía opera con la intención de “fijar” y “solemnizar y eternizar”. Si como bien dice Bourdieu “que la fotografía más insignificante expresa, además de las intenciones explícitas de quien la ha hecho, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común a todo un grupo” (43-44 Un arte medio) entonces el trabajo de Félix corresponde a una doble responsabilidad: entenderse como hijo y miembro de una familia específica, con la madre soltera a la cabeza y el deber de expresar la trama de esa historia personal pero como parte de algo más: la vinculación traumática de los puertorriqueños que rondan los treinta años de edad, más aún cuando son racializados y marginados en el país.

Aquí tocaría citar un ejemplo concreto de la segunda parte para mostrar como la doble función que Félix se adscribe a sí mismo aparece en la viñeta “Estadísticas” (pp. 57-58) y luego casi al final del libro en “Esencia y Puerto Rico”. La fragilidad de la vida, en especial la de los puertorriqueños negros más jóvenes, se articula desde un espacio de nostalgia, verdad, e impotencia. No quiero citar las viñetas aquí porque quiero que vayan corriendo a comprar el libro. La edición de la editorial La pequeña es fantástica: pulcra, con un diseño envidiable y atractiva para les devoradores de libros. Los editores de La pequeña hacen libros bonitos y se nota el compromiso con lograr un producto de calidad en forma y contenido.

No puedo terminar esta reseña sin otro alboroto quizá un poco más personal. En la página 103 leo el nombre de mi profesor de la Universidad de Connecticut. Una figura importante que creyó en mí cuando nadie más parecía hacerlo, cuando ni yo mismo creía que podía escapar de trabajos en restaurantes franceses, en escuelas descalabradas o mal pagados en periódicos en español en EEUU a punto de la quiebra. Francisco F. Canales empezó su doctorado en 2017. La Universidad de Connecticut es la misma institución a la que me aceptaron para la maestría once años antes. En ese momento, justo picando los 30, no estaba muy seguro de lo que quería hacer con mi vida. Solo sabía que no quería trabajar de noche y que quería leer poesía. Tres nombres resaltan de esa época: Odette Casamayor, Miguel Gomes y Guillermo Irizarry. Miguel me dio la mano para entrar a la universidad y no paraba de hablarme de poesía. Guillermo me dio el empujón para hacerme más responsable, más riguroso, más pausado, y por ende, mejor escritor. Odette me enseñó a escribir para un público académico y a hacer lo que se llama en la academia gringa “close reading”. Odette es un ser de luz y siempre me trató como colega, no como el muchacho asustado que era. También, como Francisco, le doy las gracias a Guillermo por el afán de mentoría, por hacer tanto por sus estudiantes, por no parar de pulir mi potencial.

Y esta nota que se suponía fuera una reseña me sigue lanzando a la nostalgia, a los recuerdos de un tiempo ya desgranado por el presente. Me regodeo también en los puntos en común que tengo con el narrador como él disfruta de entrar en contacto con la mar aguadillana. Yo sigo pensando en lo que escribe Félix. Detengo la lectura para evaluar cómo mis privilegios me permitieron vivir en Puerto Rico sin tener que “soportar la sospecha como un crucifijo sobre el cuello” (137). Mis rasgos fenotípicos me salvaron, cuando muchacho, de las represalias de la policía varias veces.

Leer a Francisco Félix es entender que su literatura es para él y para los suyos, para la familia y para los amigos, para el futuro y para la memoria, para entenderse y para entendernos. Gracias por el testimonio de tu Puerto Rico, Franco. Gracias por mostrarlo con sus quiebres, con sus luces, con sus posibilidades. Gracias por mostrarnos tus ganas de estar en familia, las ganas de escribir y también las de escapar un rato a la playa. Gracias porque Tito Rojas ha muerto nos ayuda a “robarle algo a la pérdida” (19) a pesar de que siempre nos rodea. Y gracias por la imaginación de otras posibilidades, otros vuelcos de esperanza en el Puerto Rico que será.

 

Roanoke – Carrboro – París – Reykjavik
durante el verano de luto tras la muerte de mi “otro padre” – 2026
 Félix, Francisco. Tito Rojas ha muerto. La pequeña, proyecto editorial. Puerto Rico, 2025.
Bourdieu, Pierre. Un arte medio: Los usos sociales de la fotografía. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 2003.

Coffee shop

 

Me siento a la mesa
con el café.

Intento hojear el libro
que traje conmigo.

La terrible música,
el parloteo sin fin
no lo permite.

Apuro la taza.
Me pregunto
si acaso seré el único

que repara en esto:
con la huida de los dioses

el quehacer humano
se aleja del silencio.