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La niña Lolita que creció para la libertad

Érase una vez una niña que vivía en un pueblo en el que descubrió un misterio. Su nombre era Lolita. Vivía en el pueblo de Lares, en el centro montañoso de Puerto Rico. Es el pueblo donde ocurrió un gran suceso histórico llamado El Grito de Lares. Cuando Lolita nacido y se criaba, la mayoría de la gente de Lares se dedicaba a hacer una de las mas grandes magias de la humanidad. Sucedía que sembraban semillas pequeñas y de ahí salían plantas y frutos. Esa magia es la agricultura. En realidad, no es magia, pero le podemos llamar así por lo maravillosa que es. La agricultura no era el Lolita descubrió en Lares. Eso era conocido por todos. Las madres y padres le enseñaban a sembrar a sus crías.

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Las familias enteras trabajaban en el campo. Al alba salían en grupos, grandes y pequeños, con el olor del café a caminar hacia las fincas. El sol les hacia sudar desde que salía. A pesar de eso, hacían chistes y cantaban. Las madres regañaban a los niños que no seguían sus instrucciones. Muchos niños deseaban asistir a la escuela, pero no podían. Debian ir a trabajar a la finca con sus padres para lograr hacer las labores que les pedían a tiempo y poder comer algo. En las tardes hacían el mismo camino de vuelta a casa, pero ya sin chistes ni canticos. Al atardecer el cansancio era mucho. Lo que pensaban era en que ojalá pudieran comer y descansar al llegar a su hogar. Unas veces se les cumplía. Muchas otras no porque solo tenían poco de comer para repartirlo entre todos.

Entre todas esas familias de trabajadores vivía Lolita. Su padre era capataz de la hacienda. Su labor era dirigir el trabajo de esos trabajadores en nombre de los dueños de la hacienda. Lolita amaba la agricultura. Ella sabía que era la actividad más importante para que las personas tuvieran qué comer.

Además, le causaba mucha curiosidad como funcionaba la naturaleza que hacia crecer semillas. En especial observaba con interés las semillas de maíz, de las cuales su abuela le había contado que existían desde que en estas tierras solo vivían indígenas y que eran el alimento de América. Lolita olía la tierra y las flores. Observaba las abejas buscando néctar. Seguía con su mirada a las gallinas y gallos. Su amor por la tierra le permitía divertirse y relajarse. A la vez, la guiaba a desear proteger el entorno y entender su importancia.

Lolita tuvo la suerte de asistir a la escuela porque su padre ganaba lo necesario para comer sin tener que poner sus niños a trabajar. Amaba su escuela Manuel Rojas en el pueblo de Lares. Se deleitaba al leer libros. Gozaba los poemas. A veces escribía en su libreta su palabra favorita: LIBERTAD. Su interés por aprender y su curiosidad la llevaban a observar todo a su alrededor. Por eso un día descubrió el secreto misterioso que la marcó para siempre.

Cuando en la alborada Lolita marchaba hacia su escuela, miraba con tristeza a sus amigas ir a trabajar a las fincas. Esto le acongojaba porque pensaba que sus amigas no podían gozar de la diversión de leer cuentos y escribir palabras lindas. Tampoco podían jugar en el recreo con las niñas que asistían a la escuela. No conocían a su maestra que hablaba tan bonito y sabía muchas cosas interesantes. Lolita no podía entender la razón para que las hijas de los trabajadores tuvieran que ir a la finca a trabajar en lugar de ir a estudiar. No podía aceptar que si eras hija de alguien que no era de los trabajadores de finca sí podías ir a la escuela. Ella no entendía que podía diferenciar a unas niñas de otras por la labor que hicieran sus padres. Reflexionando mucho sobre el tema pensó que quizás esa gente aceptaba esa situación porque ganaban mucho. Imaginó que quizás su amiga Isabelita, que no sabia leer ni escribir, tenía mejores comidas y dulces y ropa. Pensó que ni siquiera por esa razón se valía no ir a la escuela y no

poder interpretar el mundo leyendo y escribiendo. No obstante, esa debía ser la explicación para que las familias aceptaran el fatal destino de no gozar de la escuela y los libros. Lolita estaba equivocada.

Paseando y correteando por los campos fue notando que sus amigas no tenían casi pertenencias. Supo que había días que llegaban de trabajar y casi no comían. Entonces fue que se le sembró una duda en su mente. ¿A dónde iban a parar los muchos frutos que esa gente cosechaba en la finca? Con esa interrogante empezó a adentrarse en el misterioso secreto que guardaba su pueblo de Lares.

Un dia Lolita consiguió que su madre no la enviara a la escuela. Escuchó que su padre había comentado que recibiría a unos enviados del dueño de la hacienda en los almacenes donde se guardan las cosechas. Lolita era muy astuta, por lo que se le ocurrió que allí descubriría el misterio de adonde iban a parar esos frutos. Siguió a su padre al trabajo y observó como le entregó un enorme cargamento de cosecha a unos extraños. Cuando los forasteros se fueron, Lolita interrogó a su padre. Don Gonzalo, que así se llamaba el papá, le explicó que los trabajadores recogían las cosechas para poder subsistir en esas tierras pero que tenían que entregarla. Se les pagaba muy poco porque la cosecha se la enviaban al dueño de la tierra, que era el que la vendía y se ganaba mucho dinero de ella. Lolita le replicó: “pero papá, si él no trabaja, ¿cómo puede ser quien cobre mucho cuando los que trabajan no tienen lo necesario? No es justo.” El papá le explicó que había pocas personas que eran los que tenían poder de la tierra y que los demás tenían que trabajar para ellos. Le contó que esos pocos con mucho poder también tenían que entregar gran parte de su ganancia. La causa de eso es que Puerto Rico es propiedad de los Estados Unidos. No somos un país libre. Por eso, los hacendados tienen que pagar mucho para traer productos de afuera y para que les permitan sacar sus productos a la venta. Ellos no quieren perder nada de ganancia, así que le reparten solo una miseria a quienes le hacen sus riquezas que son los trabajadores.

Lolita se asombró con el esclarecimiento que hizo sobre la realidad puertorriqueña. Pensó que el mundo de los adultos que le describía su padre es absurdo y quería crecer para cambiarlo. Sintió que quería dedicarse a que las niñas y los niños como ella pudieran ser libres. Tuvo el fuerte impulso en su corazón de quería dedicarse a que en Puerto Rico no hubiera dueños de afuera que no nos permitieran vivir a todos de manera justa. Así lo hizo. Lolita Lebrón Sotomayor vivió toda su vida para liberar a Puerto Rico obedeciendo solo su consciencia. Cumplió muchos años de cárcel en los Estados Unidos por dirigir un ataque al Congreso de los Estados Unidos, siguiendo el derecho internacional que permite a los pueblos pelear por su liberación. El escuadrón que dirigió estuvo compuesto por los patriotas Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero. Tras una larga lucha en reclamo de su liberación de muchas personas puertorriqueñas, cubanas, latinoamericanas y de otros países, Lolita fue sacada de prisión junto a sus compañeros de lucha. Murió ya de anciana sin ver a Puerto Rico libre pero muy satisfecha de haber hecho su parte con valor.

Módulo educativo integrando la figura del Lolita Lebrón: Currículo Combativo

La educación tiene que ser liberadora o no es educación. Los tiempos que vivimos ameritan que enriquezcamos el currículo todos los días con valentía. Si alguien ha sido valiente, como gremio, en este país es el magisterio. Por ello nos debe resultar de interés exponer a los estudiantes a figuras históricas que resaltan la valentía. Bien decía Nietzsche que no ha sido con la compasión sino con la valentía que se ha salvado a los que se hallaban en peligro. Los tiempos históricos de cambio requieren el arrojo de asumirlos. Está en nuestras manos dotar de ejemplos históricos a nuestras crías. Además, es necesario construir experiencias de debate, de polémicas, de análisis crítico, de tomar posturas y de interpretar mensajes complejos o poco aceptados. Las personas del siglo XXI necesitan esas competencias.

Este mes de noviembre de 2019 se cumple el centenario de una figura que ejemplifica el valor: Lolita Lebrón. Como parte de las celebraciones de sus cien años realizadas por el colectivo “Las Lolitas en su centenario” y otros comités de trabajo u organizaciones, he querido aportar esta serie de actividades educativas. No intento presentar aquí un currículo completo; lo que pretendo es que estas actividades sirvan de modelo para que cada persona dedicada a la educación pueda crear las suyas propias, alterarlas, modificarlas y tomar ideas. Este módulo incluye lecturas y lecciones para todos los niveles educativos. Desde tareas de lectoescritura para los primeros grados escolares, hasta tareas de destrezas complejas de pensamiento que pueden usarse en cursos avanzados. Por ello, para cualquier nivel que trabajen pueden encontrar algo que les sea pertinente para presentarles a las nuevas generaciones quien fue Lolita Lebrón. Mi sugerencia es que luego de una exploración básica, se muestre su imagen y una biografía, un cuento o poema con datos básicos de ella para presentarla. En el caso de nivel secundario se puede introducir la figura de Lolita usando el documental Gritos de Libertad creado por Rosa Villalonga, en el cual he basado una de las actividades de este módulo. Es perfecto para salones de clases porque solo dura 13 minutos. El mismo no se encuentra disponible en internet o a la venta en este momento, pero quien desee usarlo para fines educativos nos escribe y se lo enviaremos. Después de presentar quien fue Lolita, entonces, se puede polemizar y entrar en las demás actividades. A los más pequeños basta con que la conozcan para que sus conocimientos se enriquezcan más allá de lo que tradicionalmente se nos presenta. En este módulo he enfatizado el análisis de lectura, tanto en español como en inglés, destrezas de pensamiento y de lenguaje diversas como interpretación de medios de prensa, exposición a textos argumentativos, destrezas motrices de escritura y lectura. La mayoría de las actividades también pueden servir para cursos de Estudios Sociales o de Historia.

La integración curricular es una metodología probada para hacer de la educación una más pertinente y divertida. La figura de Lolita puede ser integrada de muchas formas y en todas las materias. Quiero presentar algunos ejemplos para abrir el camino a que sigamos creando. Cuando se trabajan textos literarios como La Carreta se puede mencionar a Lolita como ejemplo de la migración de los campesinos desplazados a las urbanas y luego a los Estados Unidos como trasfondo. Del campo en Lares, pasó a la zona urbana de Utuado que era un pueblo desde donde se manejaban los monocultivos y de ahí a NY. En las unidades curriculares de poesía se pueden estudiar los poemas de la autoría de Lolita y algunos dedicados a ella. Así mismo, cuando se trabajan tradiciones como la Navidad o Acción de Gracias en esos días, se les puede presentar a los estudiantes La Fiesta del Maíz como alternativa. En las unidades que estudian los nativos de América se trabaja el maíz. Del maíz, como fruto esencial de América al “popcorn”, que también existía en la América precolombina no hay ni un paso. El “popcorn” puede ser explicado como explosión en la clase de Física y la germinación del maíz en Biología. Parece traído por los pelos, pero no lo es. Repito que las clases con integración curricular suelen ser más ricas. Es tan sencillo como que el día que se enseña el tema en cuestión se hace un alto y se presenta una actividad sobre Lolita referente al contenido trabajado o que refuerce las destrezas de los objetivos del día. La lectoescritura, de hecho, tiene que ser trabajada en todas las materias. Otra gran oportunidad para estudiar a Lolita es cuando se trabaja la literatura urbana puertorriqueña y la literatura nuyorican. En las unidades de narrativa, si se enseña el cuento “Historia de Arroz y Habichuelas” de Ana Lydia Vega, se puede profundizar en que la dedicatoria y el epígrafe de este es de Lolita. Así mismo, si se trabaja la redacción de reseñas, se puede exhibir un video documental de Lolita para esos fines. Ella es muestra de la rebeldía de esa clase obrera que sufrió la explotación en NY luego de ser obligada a emigrar. El asunto del lápiz labial rojo y los señalamientos sobre la imagen pueden ser trabajados desde la óptica de perspectiva de género. El sinfín de obras de arte, canciones, poemas, pinturas que se le han dedicado a Lolita sirven para integrar las Bellas Artes o para estudiar su figura en dichos cursos. Hay un cuadro del propio Osiris Delgado, gran pintor puertorriqueño, dedicado a Lolita y titulado así mismo. Trabajarlo desde el punto de vista estético o artístico puede ser una excelente propuesta en clases de artes. He intentado transmitirles ideas que tengo martillándome la cabeza porque espero que este trabajo sea uno en construcción. Estoy segura de que voy a presentar más propuestas para añadirle. Además, deseo que toda persona que desee sumarse al esfuerzo se motive y prepare sus propias actividades para compartir.

En caso de que utilicen este módulo o que desee contribuir añadiéndole o corrigiendo algo, les hago un llamado a escribirme. Me encantará recibir sus mensajes en mi correo: astridraquel@gmail.com . Además, les invito a buscar en Facebook la página Currículo Combativo para mantenerse comunicado con iniciativas como esta de personas comprometidas.

Márgenes perdidos

Eïrïc Rïchter Durändal Stormcrow

—¿Por qué ustedes los homos siempre se están tocando cuando los guardias no están mirando? —pregunta Heinrich, un testigo de Jehová barbudo por las circunstancias del Holocausto.

—Porque es la única forma de sentirnos que todavía valemos —contesta
Sieg—. Si todavía podemos dar placer, no solo estamos vivos. Nos sentimos vivos.

El jehovita, como les decían los guardias nazis a los del triángulo púrpura, asiente más por respeto que por convicción o convencimiento. Se acomoda la melena incómoda que los guardias no le han permitido cortar o acicalar. Es un castigo extra. O les afeitan los cuerpos enteros, o no les permiten cortárselo, dependiendo del color del triángulo asignado en Auschwitz. Sieg se le acerca.

—También es una forma de sentirnos en comunidad. Como ustedes con su fe.

Esas son palabras que Rich sí puede entender. Todos los días se reúnen para orar antes de que los guardias los hacinen en las literas contiguas. Es la única manera de soportar el frío extremo de la noche y así reforzar la gasolina que les permite sobrevivir hasta cualquiera que sea el final.

—Entonces, estarán bien —contesta y hace una mueca lejanamente emparentada con una sonrisa.

Al día siguiente, el personal del campo de concentración pone a los triángulos rosados, púrpuras y negros a picar piedras y arrastrarlas hasta el almacén, desde donde serán transportadas a otra barraca. Doña Camelia Stone, de 57 años, sucumbe ante el esfuerzo. Unas mujeres de la congregación tratan de incorporarla, pero se ha desmayado. Los guardias gritan órdenes e insultos. La multitud se congrega y se dispersa. Los guardias le apuntan con sus armas a la señora Stone, y le ladran órdenes de levantarse sin importarles la obviedad de que está inconsciente, de que no tiene medio alguno de responderles y, sin pensarlo, la congregación cierra los ojos y se abraza para no ver cuando la rocían con 16 tiros. Rich se abraza a la primera persona que encuentra, Sieg, que se abraza a Rich solo porque quiere. Ambos hombres comparten el llanto de su primera tragedia.

Al día siguiente, los ancianos de la congregación se sientan con Rich.

—Vemos que tienes un nuevo amigo.

—Ni tanto —contesta Rich, adivinando que vendrían a hablarle de su reciente amistad con Sieg.

—Es un sodomita. No debes mezclarte con ellos. 1 Corintios 6:9 dice que los hombres que se acuestan con hombres no heredarán el reino de Dios.

—Lo tengo claro.

—Pues, aplícalo. Recuerda que podrías ser expulsado de la congregación.

—¿Por una amistad con alguien en nuestra misma situación?

—¿Te estás insubordinando, hermano?

—No, hermano, para nada. Me quedó todo claro.

Rich recuerda el bautismo masivo que celebran los Testigos de Jehová en Alemania en la mañana del 9 de noviembre de 1938. Miles de hermanos huyen a los bosques y se bautizan en masa en los lagos y ríos frígidos de los campos. Algunos mueren de hipotermia. La familia de Heinrich lo arrastra hacia la orilla de una ribera. Las uñas de su madre se le quedan tatuadas en la muñeca, incluso visibles por debajo del futuro código impreso por los nazis. Lo sumergen a la brava y casi lo ahogan, mientras le gritan las preguntas que corroborarían que Rich conoce los principios de la fe. En aquel momento son solo 10. Rich dice que sí a todo, tratando de respirar sin que se le agüen los pulmones. Entonces, la memoria se disuelve primero por las esquinas y lo último que ve es la sonrisa de orgullo de sus padres.

Esto sucede apenas un año atrás.

Al día siguiente, seleccionan a Janice y Jerod, un matrimonio jehovita, para ser llevados al ala de medicina y experimentación. La congregación se despide porque sabe que jamás los volverá a ver. Los nazis igual se llevan a Hans y Arthur, de los triángulos rosados. Contrario a la congregación cristiana, los sodomitas no se tapan los ojos para no ver.

Al día siguiente, llegan nuevos triángulos rosados al campo de concentración. Esa noche, se rencuentran amigos, amantes, hermanos gemelos, viejos amores y hasta primos que alguna vez se exprimieron. Al principio no se reconocen. Los intentos de huida y el hacinamiento los han demacrado igualmente. Ludwig se rencuentra con Alf, el amor de su vida, mientras Werner encara a su ex, Wolfgang, que le dejó con una nota una noche de lluvia siete años atrás. Lo único bueno de Auschwitz, piensa con algo de saña, es que nos iguala a todos.

Al día siguiente, los nazis, borrachos por la noche de juerga, deciden rociar de balas la jaula de los jehovitas. Esa noche, a Rich le había tocado dormir al fondo extremo de las literas, allá donde el oxígeno es contado y el frío no hace nada por aplacar el sudor. Es el único que sobrevive y ese día su trabajo será enterrar a sus muertos. Sieg se le acercará junto a varios de sus amigos y lo ayudarán con el tesón de quien enfrenta la oscuridad sin brújula o alguna llama interna. Sieg recuerda la última fiesta con abisinio y cómo hubiera dado lo que fuera por jamás haber nacido. En Kristallnacht, en alguna barra de la ciudad más maricona de Alemania, los nazis tumban la puerta y entran con sus armas. Arrestan al cantinero, a los empleados, a las dragas, a los que se clavaban en el cuarto oscuro y los que mamaban en el agujero glorioso. Los arrestan, arrastran, desnudan y colocan en la calle a la vista del Pueblo. Allí, les meten dinamita en los culos o les aplastan las piernas con taques de guerra. A Sieg lo agarran al final, cuando ya habían satisfecho su morbo sanguíneo. Por eso es uno de los pocos que sobrevive.

Mientras cava el suelo y deposita los cadáveres, Rich se rompe en llanto. Parece que su futuro estará intrínsicamente ligado a la muerte. Sieg se le acerca y lo abraza. Esa noche, sellarán el pacto de muerte con su primer beso.

las cosas de los muertos

Por Sofia I. Cardona / Especial para En Rojo

 

Morimos, y lo dejamos todo como si hubiera entrado un ejército enemigo a la hora de la cena: los platos servidos, las botellas a la mitad, la silla separada de la mesa. Nos fuimos corriendo.

Luego vienen otros a rebuscar en las gavetas, el escritorio, las cajitas selladas y colocadas amorosamente en lo más alto de los armarios. Tienen permiso para mirar, averiguar, descartar. Con esos restos van construyendo una idea de quienes fuimos, como construir un zapato a partir de su huella. No siempre nos gustará el resultado.

Papelitos e historias personales

El sol se ha ido comiendo los dibujitos infantiles de mis hijos ya adultos. No me había dado cuenta hasta esta mañana que corrí las cortinas y pude verlos en toda su palidez. Los más que padecen están escritos a lápiz, sobreviven los de tinta metálica que tuvieron alguna vez. A las fotos les ha pasado lo mismo, y se me ocurre que ya es tarde para reclamarle al laboratorio de W. , que habrá usado para revelarlas químicos reciclados como las pailas de manteca en las que se fríen y refríen las alcapurrias de Piñones. Qué pena.

Últimamente he estado más consciente de que podría desaparecer y dejar mis papeles abandonados para que otros dispongan de ellos, y esto me ha producido escalofríos. Me van a odiar después de muerta, pienso, porque no van a entender porqué guardo esto y lo otro, y tendrán el dilema de si botar o no todo aquello a la basura. Me acordé de mi padre, que dispuso de sus recuerdos los últimos años de su vida. Mi madre fue otra cosa, vivió en un mundo papelero, como abogada, y les perdió el respeto a los documentos al punto de no haber dejado nada, o haber dejado poco; aunque eso no lo sabré hasta que dispongamos de sus cosas, se me ocurre ahora. Igual hay en su clóset un baúl repleto de enigmática basura.

Una vez reclamé los recuerdos del pasado familiar. Resultó que mi madre no había guardado nada (sospecho que no le apetecía dejar pistas) pero su excusa era que de muchacha habían desahuciado a su familia de la casa de Adjuntas (aquí introducía una historia larga e interesante que no ahora no viene al caso) y sólo pudieron llevarse lo imprescindible. En casa de mi padre guardaban en una lata de galletas documentos importantes, cartas y fotografías, pero después de la muerte de los abuelos la lata se perdió en las mudanzas sin dejar rastro. Así que en mi memoria familiar hay un vacío tremendo, y puede que esto explique mi superada obsesión de guardar papeles.

El döstädning

Hace poco tiempo escuché de una costumbre sueca, el döstädning o «limpieza de muerte», que cuando se llega a “cierta edad” (entre cuarenta o cincuenta años según los escandinavos) deberíamos empezar a considerar. No se trata solamente de los trajes y zapatos que no vestimos desde hace más de quince años, sino de papelitos, entradas de teatro, antiguos pases de abordaje, notitas misteriosas que guardamos entre nuestras cosas. Son recuerditos que sólo nosotros apreciamos.

El término ha cobrado notoriedad a partir del libro de Margareta Magnusson, El arte sueco de ordenar antes de morir. A Margareta se les murieron sus padres y su marido, y de pronto se encontró agobiadísima, responsable de disponer de los tereques de sus seres queridos. Supongo que se habrá sentido en algún momento muy mortificada. La entiendo. La compadezco. Afortunadamente, Margareta pasó por su trauma y escribió este libro que, al parecer, ha tenido mucho éxito, algo que habrá alegrado muchísimo a sus herederos.

Encuentro una reseña del libro titulada “El arte sueco para liberarte de lo que no te gusta” y veo que el döstädning toma un giro distinto a la onda pseudobudista que yo le había atribuido: cómo deshacerse de los excesos del consumismo. Claro que la reseñista dora la píldora y, aunque aclara que tiene “algo de meditación”,  presenta el asunto como un acto de ser generoso con el prójimo y no como una forma de deshacerse del montón de cachivaches que impiden al consumidor desear (y eventualmente adquirir) nuevos cachivaches.

La idea, en principio, sin embargo, no sólo me parece sensata sino que he sido testigo de esta práctica (sin necesidad de leer el libro) cuando mi padre, acaso contagiado con la histeria milenarista del 1999, ya octogenario, empezó un lento streap-tease de su biblioteca personal y fue distribuyendo todos los papelitos amados que había conservado por décadas. Estuvo siete años devolviendo, a sus respectivos dueños-emisores, tarjetas de cumpleaños, obras de arte infantil, notitas cariñosas y cositas por el estilo que había guardado con celo. Supongo que el resto de los papeles fue a dar al zafacón, sin que ninguno de sus herederos pudiera impedirlo.

La oficina universitaria de mi difunto marido estaba apertrechada: harina de café (con su taza, cafetera y hornilla), azúcar, galletas, sardinas, diccionarios, abrigo. pilas y pilas de fotocopias repetidas de Pedro Páramo, poemas de Borges y Neruda, exámenes viejos, etc. Semanas después de su muerte fui allí y, antes de devolver las llaves, me llevé las sardinas (para los huracanes), las fotos y sus carteles, y les dejé las estibas de papeles, que eran muchos, y algunos viejos diccionarios. Regresé a casa a disponer de mis papeles, por si acaso.

Los papeles se rompen con coraje

Es más fácil botar cosas que papeles. Muchas de ellas pierden utilidad o no la tuvieron nunca, pueden ser sustituidas o desplazadas, vienen de China y fueron construidas por manos ajenas, desconocidas. Los papeles son diferentes; los papeles escritos a puño y letra, digo, los papeles impresos, sobre todo los bien doblados y engavetados por muchos años, papeles que se convierten en documentos y transpiran un perfume memorioso.

Por eso al principio dudo, hasta que pronto descubro que el airecito ese está más en mi cabeza que en el papel, que tengo gavetas y gavetas de papeles que ya no recordaba, y me enfogono. Me ensaño contra ellos, pobrecitos papeles que no tienen la culpa, y los rasgo con furia, y corto y corto, y me corto con ellos, me chupo la sangre de los dedos cortados y me envalentono, ahora van a saber quién soy yo, y me parece que nada merece la pena retener, y río sardónicamente mientras rompo papeles, y boto y boto y boto. Lleno varias bolsas blancas que parecen más nubes felices que bolsas de la morgue y arrastro todos aquellos papeles muertos hasta la basura. He logrado borrar mi rastro, y, por el momento, voy más livianita por ahí.

Crucigrama

Vilma Soto Bermúdez / Especial para En Rojo

 

Horizontales

1. Cayetano ___ y Toste; poeta, narrador, ensayista, historiador, periodista, político y médico puertorriqueño. Fue nombrado Historiador Oficial de Puerto Rico.

3. José Coll y ___; hijo de Coll y Toste. Primer presidente del Partido Nacionalista.

7. Prehistoria de Puerto ___; libro de Coll y Toste premiado por la Sociedad Económica de Amigos del País en 1987.

10. Raspa, ralla.

12. Patada.

13. Dueña.

15. 30 de ___ de 1850; nacimiento de Coll y Toste.

18. Asistir.

19. En geometría, diámetro principal de una curva.

21. Amarro.

22. Dativo de pronombre.

23. La medicina entre ___ indios; publicación de 1915 de Coll y Toste.

25. Ocre.

26. Juego infantil hondureño.

27. Orisha que posee cada individuo. Deidad yoruba del culto afrocubano.

28. La invasión americana en Puerto ___; libro de Coll y Toste.

30. Salón.

32. ___ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

34. Planta cuyo fruto es la uva.

37. Boletín Histórico de ___ Rico; consta de 14 volúmenes escritos por Coll y Toste.

41. Cuerda que se enrolla al trompo para hacerlo bailar.

45. Reseña del estado social, económico e industrial de la ___ de Puerto Rico al tomar de posesión de ella los Estados Unidos; libro de Coll y Toste de 1899.

46. Cayetano Coll y ___; casó con Adela Cuchí. Autor de “Colón en Puerto Rico: disquisiciones histórico-filosóficas”, “Mártir de Atenas”, “Puertorriqueños ilustres”, “Crónicas de Arecibo” y “Leyendas puertorriqueñas”.

47. Sor Juana ___ de la Cruz; escritora mexicana.

48. Cuatro en números romanos.

50. Campeón.

51. ___; ciudad natal de Coll y Toste.

53. Pequeño grupo de tropas de choque, destinado a hacer incursiones ofensivas en terreno enemigo.

55. Letra s y sonido que representa, pl.

57. Solo de ópera o zarzuela.

58. 19 de ___ de 1930; fallecimiento en España de Coll y Toste.

Verticales

2. Órgano de la visión.

4. Antigua ciudad de Mesopotamia.

5. ___ Coll y Toste; presidió el Ateneo Puertorriqueño, la Sociedad de Escritores y Artistas y la Sociedad de Historia; académico de número de la Academia de la Medicina. Caballero de la Orden de Bolívar en Venezuela.

6. Del verbo haber.

8. ___ Cienfuegos; revolucionario cubano.

9. Lola Rodríguez de ___; escritora y patriota puertorriqueña. Sus restos descansan en Cuba.

11. ___ de Atenas; poema de Coll y Toste.

14. Zona.

15. Cortó una tela en dirección oblicua a la de sus hilos.

16. Asentó algo sobre una base.

17. Isla mítica donde habita Eolo.

19. Memoria sobre ___ aspecto general de la civilización de Puerto Rico en 1797; libro de Coll y Toste de 1891.

20. Interjección para detener las caballerías.

24. Crónicas ___ Arecibo; libro de Coll y Toste de 1891.

29. Puertorriqueños ___; libro de Coll y Toste.

31. ___ puertorriqueñas; libro de Coll y Toste publicado por la Editorial Puerto Rico ilustrado en 1924.

32. Símbolo del astato.

33. Personaje bíblico.

35. Alcé la bandera en el asta.

36. Regala.

37. Francisco ___ y Margall; escritor, historiador y político catalán.

38. ___ pulso de la fiebre amarilla. Notas terapéuticas regionales; publicación de 1903 de Coll y Toste.

39. En México, arraiguen, echen raíces.

40. Horneé.

42. Haré un bis repitiendo una pieza en un espectáculo.

43. Uno.

44. Carta de la baraja.

49. Del verbo visar.

50. Querer.

52. Existe.

54. Símbolo del níquel.

56. Historia ___ la Instrucción Pública en Puerto Rico hasta el año de 1898; libro de Coll y Toste.