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Vida de este Gonzo

 

Por Juan Forn

El uso de testimonios orales por parte de biógrafos e historiadores es una práctica de larga data, pero en 1970 George Plimpton pateó el tablero cuando se le ocurrió construir enteramente una biografía con testimonios orales de distintas personas. El libro se llamó Edie, y contaba la vida de Edie Sedgwick, niña bien neoyorquina devenida modelo y fetiche de Andy Warhol, luego drogadicta terminal, luego evangelista, luego causa perdida y por fin cadáver prematuro. Norman Mailer celebró el novedoso formato y dijo que era el primer libro que retrataba los años sesenta tal como estos pedían ser retratados. En plena era del Nuevo Periodismo, del periodismo “de autor”, la biografía coral surgió casi como su contracara: la invisibilidad del autor resultaba más eficaz a la hora de retratar a personajes muy públicos, de los cuales se decían muchas cosas, muy contradictorias entre sí.

Hunter Thompson sin duda calificaba en esta categoría. ¿Por qué? Porque, en los años sesenta, tiró un ácido en la ponchera de la realidad estadounidense, puso a todos a alucinar y les hizo ver en ese trip lisérgico que el American Dream era una pesadilla de la que nadie quería despertar. Tom Wolfe había dicho famosamente que el Nuevo Periodismo era el arte de convertirse en la mosca en la pared. Hunter Thompson le contestó que el periodismo gonzo prefería ser la mosca en la sopa. Hay quienes dicen que Hunter fue el mejor periodista político de su tiempo. Hay quienes dicen que fue el mejor prosista de su tiempo. Y hay quienes dicen que un ácido nos queda rebotando adentro entre diez y quince años hasta que se extinguen sus últimos efectos. Estados Unidos aguantó esos quince años con los dientes apretados hasta que prescribió el ácido que Hunter le había tirado en la ponchera, y entonces se sumergió en los años reaganianos, con Thompson exitosamente desactivado.

Hunter iba a cumplir sesenta y siete años cuando se suicidó en 2005. “Veintitrés más que los que necesitaba, veintitrés putos años de parodia”, había comentado poco antes. Les ahorro la cuenta: 2005 menos veintitrés da 1982, y Reagan había asumido la presidencia a fines de 1981. “El día en que Hunter muera, todos nos haremos instantáneamente viejos”, repetían cuando eran jóvenes todos sus cofrades de generación. Pero se pusieron viejos mucho antes de que él muriera y perdieron rápido la paciencia con aquel bufón que seguía en su trip de los sesenta.

Hunter venía de Louisville, Kentucky. Las tres grandes industrias de Louisville son las destilerías, las tabacaleras y los laboratorios farmacéuticos. Y, como es leyenda, no hay escritor que se haya metido adentro tanto alcohol, tanto humo y tantas drogas como Hunter Thompson. Algo que no le importaba que se supiera; al contrario: “Soy el único ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar. Soy el presidente que Estados Unidos necesita”, declaró una vez. Y cuando le preguntaron cómo podría ser presidente con todo lo que se había metido adentro, él respondió: “No hay otro ciudadano de este país que haya experimentado semejante combinación de sustancias. La sabiduría obtenida en el proceso es también única. Y me capacita en forma única para la tarea de presidir Estados Unidos”.

Una de las ironías de la carrera de Hunter fue que viviese lo suficiente para ver desdibujarse todos los finales espectaculares que anticipó para sí mismo (morir andando en moto con los Hell´s Angels, o de sobredosis en Las Vegas, o cubriendo una campaña presidencial, o describiendo la retirada estadounidense de Vietnam). El intento bombástico de Johnny Depp por darle a su ídolo un gran final, con aquel cohete en forma de peyote que envió los restos de Hunter al espacio exterior delante de trescientos invitados (costo total del funeral: tres millones de dólares), es un mal chiste. Yo prefiero mil veces como final para Hunter el libro de Carroll: una biografía coral que es el texto más gonzo que leí en mi vida, entendiendo por gonzo aquello que Hunter Thompson hacía como nadie.

Elizabeth Jean Carroll, más conocida como Betty Jean, o simplemente E. Jean Carroll, fue una de las pocas buenas plumas femeninas que logró abrirse camino en la Rolling Stone, territorio tan chauvinista o peor que el rock & roll que supo celebrar, así que Betty Jean emigró pronto de ahí a las revistas Playboy, Esquire y Outside, donde escribió piezas legendarias sobre la diferencia de los sexos. Invitada por la revista Elle, firmó durante veinte años la columna para mujeres más popular y más premiada de su país, llamada “Ask E. Jean”, una combinación de consultorio sexual, sentimental y existencial, hoy convertida en página web, tan legendaria como el paso de Betty por el periodismo. Pero mi momento favorito de su carrera es esta biografía que hizo de Hunter Thompson en los años ´90.

¿Cómo puede ser buena una biografía publicada diez años antes de la muerte de su biografiado? Solo el tiempo permite contestar esas preguntas, y el tiempo contestó: mirando retrospectivamente la vida de Hunter Thompson, esos últimos diez años (como los diez años previos) fueron sólo más de lo mismo. Cuando Hunter se suicidó, Jann Wenner, el dueño de la Rolling Stone, encargó (y después firmó) una enorme biografía coral llamada Gonzo, que publicó con bombos y platillos. El libro tenía el doble de páginas que el de Betty Jean y había contado con muchos más recursos de producción; sin embargo, sólo resultó una pálida versión alargada del libro de ella.

Corrían tiempos distintos a éstos cuando Betty Jean Carroll publicó su biografía, y su manera de tratar el chauvinismo de Thompson fue celebrándolo paródicamente. El libro trabaja en dos niveles: por un lado, tenemos los capítulos biográficos, con el formidable armado coral de los distintos testimonios que consigue Betty Jean, y por el otro, tenemos un relato en primera persona de una tal Laetitia Snap, ornitóloga cautiva en el rancho del “doctor” Hunter Thompson, obligada a escribir la biografía de su captor. Betty Jean logra hacer un libro trágico y cómico a la vez y exhibe una endiablada habilidad verbal en ambos registros: las distintas etapas de la vida de Thompson pasan vívidamente frente a nuestros ojos en los capítulos testimoniales y la triste realidad de sus años finales es retratada con el pulso hilarante y frenético con el que el propio Hunter se retrataba a sí mismo en sus libros. Betty Jean Carroll construyó para su querido amigo un libro sin igual, que aprovecha lo mejor que tienen la literatura y el periodismo, y que pinta de cuerpo entero a ese practicante de ambos géneros que fue Hunter Thompson, en su genialidad y en su decadencia, en sus defectos y en sus hallazgos.

Tomado de Página 12, 5 de mayo de 2019. El autor es fundador del suplemento RADAR.

Crucigrama: Gerardo Hernández Nordelo

 

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para en Rojo

Horizontales

  1. _____ Hernández Nordelo; uno de los 5 héroes cubanos encarcelados en EEUU acusados de espionaje.
  2. 24 de _____ de 2015; Hernández fue condecorado con el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Playa Girón.
  3. Ciudad del centro sur del Perú conocida por el cultivo de uvas, espárragos, palmeras datileras, nueces de pecán, algodón, etc.
  4. Imitan.
  5. República Popular de _____; en 1989 Hernández partió a ese país africano en misión internacionalista donde se destacó por su valentía y decisión en 54 misiones combativas.
  6. Gerardo _____ Nordelo; se graduó del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI), además, es caricaturista.
  7. Resonancia, reverberación.
  8. Aupó.
  9. A nivel.
  10. Tisana.
  11. Tercera nota musical.
  12. Preposición.
  13. Olfatear.
  14. _____ González Sehwerert, uno de los cinco héroes cubanos detenidos en EEUU junto a Hernández.
  15. Hace famoso, da fama.
  16. Interjección usada para denotar indiferencia o desdén.
  17. _____ de Jóvenes Comunistas; Hernández ocupó el cargo de secretario general de su comité de base.
  18. Rodillo usado para pintar las paredes.
  19. 4 de _____ de 1965; nacimiento de Hernández.
  20. Reparte las aguas para el riego.
  21. Deseca.
  22. Hogar.
  23. Fernando González _____; uno de los 5 héroes revolucionarios que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  24. Nombre de la letra n.
  25. Catedral.
  26. 17 de _____ de 2014; Hernández fue liberado como parte de un acuerdo entre los gobiernos de EEUU y Cuba.
  27. La _____; ciudad natal de Hernández.
  28. Luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol.

 

Verticales

  1. Antonio _____ Rodríguez; uno de los 5 héroes que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  2. _____ Castro Ruz; condecoró con el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Playa Girón a los 5 jóvenes revolucionarios: Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González Llort.
  3. Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl _____ García; Hernández se graduó de esa universidad en 1989.
  4. Escuché.
  5. Cuarta nota musical.
  6. Bueno, adjetivo desusado.
  7. Dios griego del amor.
  8. Aplaudí.
  9. Partido Comunista de _____; le otorga a Hernández la militancia en 1993.
  10. Gerardo Hernández _____; un tribunal federal de Florida lo condenó el 14 de diciembre de 2001 y le impuso dos cadenas perpetuas y 15 años más de prisión.
  11. Caminamos.
  12. _____; estado de EEUU donde Hernández estuvo encarcelado en la prisión de Victorville.
  13. Me atreví.
  14. Utilicé.
  15. Pintarrajear.
  16. _____ Labañino Salazar; uno de los 5 héroes que, junto a Hernández, se infiltró en grupos terroristas en Miami.
  17. Perteneciente o relativo a los riñones.
  18. Sufre la acción del fuego.
  19. Funde un metal con otro.
  20. Del verbo bullir.
  21. _____ Belén Montes; patriota puertorriqueña encarcelada por EEUU por ayudar a Cuba.
  22. _____ Rosado; 23 de febrero de 1936, él y Elías Beauchamp, ajusticiaron al coronel Elisha Francis Riggs, autor intelectual del asesinato de Sandino y autor de la Masacre de Río Piedras. Ambos murieron en honor a la Patria puertorriqueña.
  23. Distraídos.
  24. Que tiene predisposición connatural para algo.
  25. Otorga.
  26. Prefijo.
  27. Quia.
  28. La fuerza anímica en la mitología egipcia.
  29. Símbolo del elemento químico rutenio.
  30. Terminación verbal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La subversión de la Vida

 

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Cada año, la Organización de las Naciones Unidas consagra el 5 de junio como Día internacional del ambiente.Por eso, en todo el mundo, se hacen conferencias y encuentros sobre el cuidado de la Tierra, el Agua y la naturaleza. Todos saben: la vida en la Tierra se encuentra amenazada.

En todo el mundo, una multitud de personas y la misma vida en el planeta se encuentran en riesgo. En América Latina y Caribe, el sistema económico dominante produce destrucción de florestas, contaminación de ríos y calentamiento del clima. En Brasil, en esa semana anterior a la fiesta de Pentecostés, cristianos y ministros de seis Iglesias se reúnen en la oración por la unidad. En este año, el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas propuso que las oraciones sean en solidaridad a las víctimas de las minerías y por los ríos de la región contaminados con residuos tóxicos.

Sin embargo, en medio de toda esa realidad trágica, la madre Tierra y la naturaleza muestran que la Vida es siempre subversiva. Sea como sea, encuentra fuerza para resistir y reafirmarse presente en escenarios de muerte. Diversas organizaciones sociales buscan cambios de dirección para el mundo. Comunidades indígenas latinoamericanas proponen el Bien-vivir, como paradigma de civilización para la humanidad.

Para octubre próximo, el papa Francisco convoca un Sínodo extraordinario de obispos. En Roma, durante tres semanas, representantes de episcopados de todo el mundo se ocuparán de la Amazonia. Verán cómo apoyar a los pueblos indígenas y habitantes de las márgenes del gran río. Tratarán del cuidado con la selva y el bioma amazónico. En esa semana, el papa envió al Brasil, el Monseñor Bruno Marie Duffé, como su representante para visitar la comunidad de Brumadinho, MG, donde una represa explotó y mató más de 200 personas sepultadas bajo el lodo tóxico. El papa mandó su cruz pectoral como signo de su preocupación y su amor a la comunidad. Es un pequeño signo, pero que nos invita a una actitud de acción de gracias por la subversión de la Vida que irrumpe obstinada, donde ni siquiera se podría esperar. Al mismo tiempo, somos llamados/as a tomar posición en defensa de la Tierra y de la naturaleza amenazadas. Los cristianos que, en el próximo domingo, celebrarán la fiesta de Pentecostés, contemplarán la presencia del Espíritu Divino en el universo y en nosotros. El es esa Vida que vence las fuerzas de la muerte. En el inicio de las celebraciones, cantarán un verso inspirado en el libro de la Sabiduría que dice: El Espíritu del Señor abraza todo el universo y asume todo en su amor, aleluya! (Cf. Sb 1, 7)

La fábrica de botones de Sandra Santana

 

Por Marie Ramos Rosado/Especial para En Rojo

La fábrica de botoneses la primera novela de Sandra Santana, publicada por la editorial País Invisible, dirigida por el Dr. Emilio del Carril. “Esta novela fue la tesis de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, sometida por la autora y aprobada con distinción en julio de 2014.” (Solapa del libro)

La fábrica de botonesva dirigida a los amantes del suspenso y la ciencia ficción, y también para los que reflexionan sobre el comportamiento humano. La historia se desarrolla en Puerto Rico del 1986. La obra enmarca la historia basada en lo que una persona es capaz de hacer para lograr sus metas sin medir consecuencias. Este texto se hermana por su temática de crímenes a Los muertos se visten de blanco(2015) de Hiram Lozada Pérez, editada por Isla negra.

La fábrica de botones la podríamos catalogar como novela de crimen, lo que otros mal llaman “novela negra.” “La novela de crimen, tiene como cualquiera otra novela, la misión de investigar precisamente “las penumbras del alma”, darnos no una “falsa” sino una verdadera psicología, penetrar en los dramas humanos y, a través los deseos dramáticos de descubrir realmente unas y otras contradicciones esenciales de la compleja realidad social. Por lo tanto, podemos definir como novela de crimen sólo aquella producción en la cual el delito no es tratado como episodio o una motivación, sino como tema básico, del cual se derivan o con el cual están relacionados, en uno u otro grado, todas las acciones, dramas y conflictos humanos. “

(Galán Herrera 59)

La novela de crimen pone al desnudo los vicios y las ambiciones de la sociedad capitalista, una sociedad donde el dinero y la búsqueda del poder parecen como los auténticos motores de las relaciones humanas, con su secuela de crímenes, marginación e injusticias.” (Galán Herrera 62).

La portada de la novela nos retrata a una niña de cabello rojo, que parece dar la impresión de tener ocho o nueve años . Sostiene en sus manos, un peluche en forma de oso, color rosado, que posiblemente, sea su único amigo en su larga travesía del secuestro. Pues, la obra inicia con el secuestro de ”La niña peliroja, amarrada a la camilla, permanecía dormida bajo los efectos del somnífero.” (Santana 9)

El título La fábrica de botoneses una metáfora que disfraza y oculta el nivel de violencia que se presenta en la novela. En principio el motivo de la fábrica se queda en suspenso para tomar privilegio sobre la temática de la violencia. Los botones fueron una manera creativa que la autora utilizó para disfrazar las balas hirientes que salen de los revólveres y armas utilizadas por los asesinos, encarnado en el personaje de Fausto y Boquilla.

El asunto gira en torno a la fábrica de uniformes de la familia Sanfiorenzo, ubicada en el barrio El Salto de San Sebastián. Esta fue incendiada intencionalmente para quitar poder a don Genaro, propietario de esta. Su esposa Mariana perece en el fuego. Entrelazado a este asunto principal ficcionalizado, también se entreteje otro fuego, el del Dupont Plaza. Basado en un hecho histórico , ocurrido el 31 de diciembre de 1986 en el Condado; donde perecieron 97 personas. Este fuego obedece a una cuestión sindical; sin embargo, en ambos sucesos, tanto el laboral del Dupont Plaza como el de la fábrica de uniformes obedece a una controversia por el prevalecer en el poder de unos actantes sobre otros.

El ambiente es de tipo urbano, aunque no faltan algunas escenas que ocurren en el entorno rural. La atmósfera que se respira es tipo delictiva, donde el delito, la infracción, la amenaza y el asesinato son denominador común. Espacio urbano opresivo, social y realista por antonomasia. Es un ambiente de alta peligrosidad, en extremo violento donde el poder y el dinero motivan la acción, donde la noche es caldo y cultivo para los acontecimientos.

Esta novela tiene muchos personajes bien desarrollados. Los principales son Fausto, Boquilla y Claudia. Fausto lleva el peso de la acción novelesca. Posee un bachillerato que finalizó con honores. Tiene entrenamiento militar. Experto en el manejo de armas. Sin embargo, su profesión es de asesino a sueldo; encarna a un delincuente o lumpen. Era manipulador, cruel. Boquilla es una víctima del sistema socioeconómico. Era la mano derecha de Fausto en los asesinatos. Tenía poca educación académica. Sabía seguir instrucciones. Era chofer de Fausto. Perdió a su madre, cuando tenía 5años. Sufrió maltrato por parte de su abuelo. Tenía la piel quemada a raíz de un fuego a la edad de 12 años; donde perdió sus órganos genitales. Por tanto, se sentía feo y no le gustaba mostrar su cuerpo. Era un fumador empedernido Posiblemente, de ahí su nombre: “Boquilla”. Parece un hombre más humanizado que Fausto. Pues, este, quería que “El Negrito” José dejara el vicio de las drogas.

Algunos personajes se presentan por oposición. Fausto/Boquilla; Claudia/ Doña Margot (abuela) de Claudia/ Leonor (amiga de más de 40 años de doña Margot,)), don Genaro Sanfiorenzo (padre de Claudia)/Ciprián (asistente de don Genaro), Maru, la drogadicta, Adela( trabajadora, muere atropellada por un auto), Mabel , Carola , Reina, La Madama (jefa del prostíbulo, ), Sarita (empleada de la limpieza en casa de Claudia), En fin, todos los personajes sucumben o perecen de alguna u otra forma, en esta obra. La visión de mundo que se desprende de esta novela es trágica. Los personajes femeninos aparecen victimizados. Por ejemplo, Claudia es manipulada amorosamente y violada por el hombre del que está enamorada. Y Fausto tiene sus propios métodos de corrupción; soborno, desencantado de la vida, moralmente inflexible. Es el retrato de un perdedor. Es un triunfador profesional como sicario ; pero perdedor como individuo. También nos presenta personajes afrodescendientes. Sin embargo, le sugerimos a la novel escritora que sería muy recomendable colocarlos en papeles menos estereotipados, por ejemplo “La negra Candole (espiritista) y Joselito “El negrito” drogadicto. Le sugerimos lea: El texto libre de prejuicios sexuales y raciales de Isabel Picó e Idsa Alegría del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico.

Los botones funcionan como acertijo de premoniciones negativas. Estos aparecen en momentos cruciales; por ejemplo: cuando don Genaro se encontraba convaleciendo en el hospital, a raíz del fuego en su fábrica.: ”Genaro sacó las pinzas de la gaveta. Le molestaba la manga del suero y al hacer fuerza le dolió la mano, pero su rabia era tal que no le importó. Desmontó el botón forrado y leyó el mensaje escrito con tinta blanca en el pedazo de tela negra: “Te estoy observando. Big Brother” (Santana, 45). En otra ocasión, Leonor, lo encuentra en la mano de doña Margot al morir: “Tenía los puños cerrados, ya no abría las manos. Entonces, cuando me fijé, entre el dedo pulgar y el índice, vi algo brillante. Era un botón que parecía un dedal.” (Santana 83) , en el fuego del Dupont Plaza : “En la entrada del casino, uno se agachó y recogió algo que sobresalía entre los escombros. Frunció el ceño, sorprendido. Era un botón forrado con tela roja. Como si lo hubieran puesto adrede, casi no tiene polvo. Esto es algo difícil de concebir entre tanta quemazón. Se lo mostró al portero, quien se lo arrebató de inmediato y se largó, con mucha prisa” (Santana 145) y ya casi al final de la obra, “ Fausto divisó el botón amarillo en forma de estrella en la toca blanca, colocó a la huérfana en la butaca roja. Preparado para hacer uso de la pistola, procedió a confirmar la contraseña.” (Santana 171).

El lenguaje narrativo es realista. Se utiliza un lenguaje nuevo, duro y violento, el de la calle. Se busca el lenguaje callejero, coloquial, cortante o del hampa. Se conocen a la perfección el arma que utilizan, distingue un revólver de una pistola. El uso de muchos anglicismos por parte de los personajes es evidente. Llama la atención la preocupación de la autora; pues los colocó todos en letras cursivas: ballroom, penthouse, blackjack , jackpot

bouncers,hyper , well done , ipso facto . Además, la obra está cargada de muchos refranes boricuas : “Como matrimonio mal llevado”, (Santana 79), “mujer sin varón, ojal sin botón”, (Santana 90), ‘Nadie puede cruzar el infierno, sin quemarse en el intento”, (Santana 122) y otros.

La prosa está cargada de verbos de movimientos. Las descripciones son eminentemente visuales y muy breves.

El diálogo es un vehículo para mostrar la psicología de los personajes y sus fantasmas. Así que tendrá diálogos ágiles y de ritmo cinematográficos inundan sus páginas.

La narración de esta novela se desarrolla en tercera persona, autora omnisciente.

El tiempo de estos relatos son lineales, directos, siempre hacia adelante.

La acción se plantea a base de un misterio que debe resolverse. Así la acción se encamina hacia la resolución del problema planteado. Sin embargo, el interés no gira alrededor del crimen inexplicable, sino en torno a la violencia cotidiana, los asesinatos con el uso de los botones.

En fin, Sandra Santana nos describe la sociedad de nuestro tiempo; una sociedad puertorriqueña en crisis, donde las mafias, las drogas, los asesinatos, los secuestros, la trata de personas y la delincuencia reinan y tienen poder sobre las instituciones públicas y corruptas. La novelista nos presenta una sociedad caótica. La visión de mundo es trágica.

¡Felicitamos a la novelista! Pues, “escribir no es cosa de azar, que sale hecha de la comezón de la mano; sino acto que requiere a la vez martillo de herrero y buril de joyería.” (Martí 21) ¡ Le deseamos muchos éxitos en todas sus proyecciones literarias!

*Texto leído en la presentación de la novela , 27 de febrero de 2019, UPR, Río Piedras.

Bibliografía:

  • Galán Herrera, Juan José. “El canon de la novela negra y policíaca.” Tejuelo.No.1 (2008): 58-74.
  • Martí, José.La verdad Sencilla. Pensamientos de José Martí. Selección de José A. Peláez. Puerto Rico: Arte sobre Papel, 1988.
  • Picó, Isabel e Idsa Alegría. El texto libre de prejuicios sexuales y raciales. (Guía para la preparación de materiales de enseñanza). Río Piedras: Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, 1983.
  • Santana, Sandra. La fábrica de bortones.Puerto Rico: País Invisible, 2018.

El teólogo lee: Sobre Evocaciones literarias y socialesde Luis Rivera Pagán

 

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

          El teólogo es un intelectual muy poco apreciado y muy mal entendido. La gran mayoría cree que es practicante de alguna religión; que es sacerdote, santero, rabino, imán, monje, predicador, ministro u otro tipo de oficial eclesiástico.  Pero el teólogo es un estudioso de las religiones – no necesariamente un practicante de alguna de ella, aunque lo puede ser y muchas veces lo es – que desde una diciplina intelectual – la antropología, la sociología, la sicología, la historia, por ejemplo, o una combinación de estas – se acerca a un rasgo básico de los seres humanos: nuestra necesidad, individual y colectiva, de acercarnos al misterio de lo divino. 

Luis Rivera Pagán es uno de nuestros más importantes teólogos.  A su haber tiene una larga lista de títulos que confirman tal aseveración. Sus estudios sobre el pensamiento teológico latinoamericano, sobre todo sus trabajos sobre la teología de la liberación, la contribución más importante de América Latina a ese campo, así lo confirman.  Su labor intelectual es constante y fecunda.  Por años ha ido publicando notas, reseñas y ensayos en la revista electrónica 80 Grados, algunos de los cuales ahora recoge en Evocaciones literarias y sociales(San Juan, Publicaciones Gaviota, 2018).  Aquí nos ofrece veinticinco textos que divide en dos secciones, como el título anuncia.  En la primera parte se enfoca en literatura (Carlos Fuentes, Gloria Anzaldúa, León Felipe, fray Luis de León, entre otros escritores) y en la segunda, en temas sociales o figuras históricas (la Revolución Haitiana, el exilio, las mujeres durante la conquista de América, fray Bartolomé de las Casas, por ejemplo). Pero a todos sus temas los mira desde la perspectiva teológica.

            La división del libro en dos partes no es verdaderamente tajante porque Rivera Pagán es un humanista que ve la cultura como una totalidad y, por ello, lo literario le sirve para escudriñar lo social y en lo social se puede estudiar con las mismas herramientas que emplea para lo literario. A pesar de ello – y aunque para mí la división no es ni fija ni necesaria – los textos reunidos en cada grupo forman una clara unidad.  Creo que estos más que estar configurados por los temas sociales o literarios que tratan, están unidos por el enfoque crítico del autor: su visión de la cultura y la sociedad desde la teología.  Rivera Pagán está plenamente consciente de su metodología y, por ello, habla del “punto de partida fascinante de un diálogo posible entre la literatura y la religiosidad” (40).  Por ello mismo no ve división entre la teología y la poesía: “La rigurosidad académica del pensar teológico no tiene porque contradecir la sugestividad poética…” (103).  Rivera Pagán ve la cultura como una totalidad en la que quedan insertadas la literatura – sobre todo la poesía – y el pensamiento teológico.  El problema es que, para algunos lectores, sobre todo para aquellos que parten de lo que el autor llama “el fundamentalismo anti-religioso crudo y rígido que permea algunos análisis poco serios académicamente” (148), o sea, para aquellos que no le dan un espacio a la teología en el ámbito de lo intelectual, verán su discurso como tautológico: se habla de la religión desde la religión. 

Pero hay que hacer dos aclaraciones para entender este falso problema.  Primero, la teología bien entendida – como en el caso de Rivera Pagán – es una expresión más del discurso intelectual y por ello es un acercamiento crítico válido.  Segundo, la cultura en general, pero sobre todo la literatura – la manifestación cultural que más le interesa al autor – es un ámbito donde se puede esconder y hallar el pensamiento teológico y el social en un amplio sentido de la palabra. Por ello el autor asevera que “[l]os escritores de ficción, en muchas ocasiones, captan dimensiones y matices cruciales de su entorno social con mayor audacia y anticipación que los científicos sociales académicos, más lastrados estos segundos por rígidos paradigmas epistemológicos y hermenéuticos” (142).  En otras palabras, los artefactos estéticos sirven para entender la cultura; la teología, bien entendida, no la prédica religiosa, es un método válido para descifrar y explicar esos productos artísticos.

            Los lectores de este libro tienen que partir del hecho de que aquí vemos a un teólogo leer y, obviamente, el filtro que emplea – su lente intelectual – matiza y define todo lo que lee y escribe.  El hecho es simple, pero fundamental.  Muy probablemente si yo leyera los mismos textos que lee Rivera Pagán mi acercamiento estaría marcado por mi propia formación profesional e intelectual y, por ello, me interesaría, probablemente, en descubrir las estructuras internas de esos textos. 

Detesto ese refrán nuestro – “Zapatero a tu zapato.” – que, en el fondo, quiere limitar el campo de actividad intelectual del crítico.  Todos nos acercamos al “zapato”, a cualquier “zapato”, desde nuestra particular perspectiva y desde ella enriquecemos la “zapatería”.  Por ejemplo, Rivera Pagán ve la cultura desde la teología y desde esa perspectiva nos ofrece lecturas enriquecedoras.  Su lectura de las letras es teológica, no literaria, pero, por ello, no es menos válida que la de otros posibles lectores. Lo que importa no es su punto de vista empleado sino el rigor y seriedad de su acercamiento, su actitud crítica.  Rivera Pagán no pretende hacer análisis literario sino ver la literatura desde una perspectiva teológica.  Para mí no cabe duda de que al así hacerlo el autor nos ofrece un acercamiento válido, riguroso y enriquecedor.  No es el mío y, por ello mismo, aprendo de su lectura.

            Estos mismos rasgos los vemos en los ensayos que tratan de temas sociales.  En esa segunda parte del libro hallamos hermosísimos textos que, sin abandonar la literatura como uno de sus recursos críticos esenciales, se centran en hechos históricos o en problemas éticos.  De esa segunda parte me declaro particular admirador de un texto donde se relatan las dos visitas de Martin Luther King, Jr. a Puerto Rico.  Este no sólo nos ofrece una excelente síntesis del pensamiento del teólogo y activista afro estadounidense, sino que demuestra el magnífico manejo de Rivera Pagán del género ensayístico.  El texto tiene en el fondo cuatro partes: Rivera Pagán en Praga donde se entera sorpresivamente del asesinato de King; vuelta atrás a la primera visita de King a Puerto Rico; su segunda visita; cierre del texto con una vuelta a sus días en Praga y a la sorpresa de la noticia del asesinato de King.  La construcción circular del texto lo hace muy efectivo, aunque me quedé con inmensas ganas de saber más sobre los días de King en la Isla: ¿con quién entabló relaciones intelectuales? ¿cuál fue su impresión de nosotros?  ¿qué comentó sobre nuestro racismo?  Hasta me gustaría saber si fue a la playa y qué comió. Me interesa ver sus visitas en términos concretos y personales.  Pero esos no son las preguntas que le importan a Rivera Pagán y el hecho de que yo me quede con ganas de saber más no disminuye un ápice la excelencia de este ensayo.

            En esa segunda parte hay varios textos donde se explora el problema de la homofobia en nuestra cultura, sobre todo en el pensamiento religioso tradicional o fundamentalista.  Rivera Pagán ve el problema desde su perspectiva teológica y desde ella es capaz de describir el proceso de cambio que se evidencia en nuestro contexto.  Aquí también, aunque trata un tema social o ético desde la perspectiva teológica, emplea la literatura como otra cala más para acercarse al tema.  Permea su visión sobre los cambios sociales respecto a la homosexualidad un optimismo que casi es paralelo al de los positivistas decimonónicos: su fe religiosa y su visión teológica de la historia, ambas esperanzadoras, lo llevan a ver al ser humano como un ente que se supera y progresa.  Pero más que esa visión lo que me atrae de estos ensayos – y lo que me atrae del libro en general – es la amplitud del pensamiento del autor y su manejo de variadísimas manifestaciones culturales y académicas. Sorprende como Rivera Pagán es capaz de recurrir a evidencia de diversos campos – filosofía, antropología, letras, música, estudios bíblicos, historia, cine y, obviamente, teología – para armar sus argumentos.  Esa inmensa riqueza de fuentes no apabulla al lector ni opaca el texto que está escrito con gran claridad y elegancia.  Eso sí: descubrimos evidentes estrategias estilísticas que se repiten – terminar el ensayo con unos versos o una cita ajena y sorpresiva es la más obvia – y que crean un patrón que a veces deja de ser efectivo por emplearse muy frecuentemente.  Otra crítica que se le puede hacer y que le hago – crítica que surge de su propio acercamiento crítico – es la dependencia extrema, en algunas ocasiones, en la trama de los textos literarios que estudia.  (Esto ocurre especialmente en su comentario sobre una novela de García Márquez.)  Otra es que el texto resulta a veces demasiado breve, breves para mi gusto, porque el autor nos lleva a interesarnos tanto en sus temas que queremos más y más. Pero Rivera Pagán está consciente de esto y por eso mismo llama sus ensayos “evocaciones”.  El título del libro es claro, preciso y escueto, aunque mucho me hubiera gustado uno más evocativo para este texto tan lleno de iluminaciones.  ¡Ah!  Quizás el autor debió copiar a Walter Benjamin y llamar a su libro Iluminaciones sociales y literarias.  Es que eso son porque Rivera Pagán nos aclara mucho, pero nos ilumina más.

            Pero a pesar de mis pocos y ligeros comentarios críticos hay que declarar – y fuerte y enfáticamente lo declaro – que Evocaciones literarias y socialeses un magnífico libro.  Hasta podrá ser en el futuro un documento histórico para estudiar nuestro momento porque retrata a un intelectual de nuestros días con una amplia cultura, una profunda preocupación ética, una perspectiva propia e innovadora y, sobre todo, nos ofrece el retrato de un teólogo que sabe que la teología es también un campo que nos permite acercarnos al mundo desde perspectivas críticas e intelectuales, aunque haya quien así no lo crea y aunque quien lea sus textos – como es mi caso – no sea creyente. 

Mucho he aprendido de la lectura de este libro y por ello le doy las gracias a este teólogo que lee y que sabe leer críticamente.