Inicio Blog Página 1533

Editorial: Momento definitorio en la Universidad de Puerto Rico

 

El destino que confrontaría la Universidad de Puerto Rico (UPR), si se sigue adelante con las bárbaras medidas que la Junta de Control Fiscal ( JCF) ha aprobado e impuesto en su Plan Fiscal para el principal centro de educación superior pública en Puerto Rico, sería cerrar el año en déficit y prácticamente iniciar su gradual desaparición. Así lo ha aquilatado el presidente de la UPR, Jorge Haddock Acevedo, quien ha alertado a la comunidad universitaria sobre la necesidad de unirse para intentar revertir tan funesto derrotero. Es significativo que el Presidente de la UPR levante este “issue”. La Junta de Gobierno lo escogió sobre muchos otros candidatos y candidatas para ese puesto, precisamente por considerar que él sería el oficial idóneo para implantar la fuerte agenda de austeridad que ya vislumbraba la JCF, y que había recibido el aval de la administración del entonces gobernador Ricardo Rosselló. 

Sin embargo, en sus expresiones públicas del pasado fin de semana, Jorge Haddock Acevedo fue enfático en que la UPR no aguanta una carga fiscal como la que pretende imponerle la JCF en el Plan Fiscal del año próximo. Explicó cómo, tras haber hilado hasta los más fino, pudo cumplir con las expectativas de la JCF de hacer recortes significativos en gastos e implantar los aumentos en matrícula y otros costos al estudiantado; cómo hubo de cancelar contratos de docentes y congelar plazas de empleados regulares, docentes y no docentes; cómo hubo de trabajar contra el reloj para poner al día los informes financieros- incompletos y atrasados- para poder lograr la re acreditación de la institución por Middle States; y cómo la totalidad de esas medidas brutales redundaría en una reducción presupuestaria de $86 millones el año pasado. De hecho, el Presidente afirmó que durante los pasados tres años la UPR ha enfrentado recortes presupuestarios por $333 millones. 

Pero la JCF, insaciable, exige más a la UPR. Ahora pretende que, para el año próximo, se duplique la aportación patronal al plan de pensiones de los retirados del sistema universitario, además de un recorte de $71 millones en el plan fiscal para dicho año. El Presidente no está de acuerdo. Afirma que tales medidas terminarían por estrangular a la institución, y mucho más ahora, tras los ajustes profundos implantados durante los pasados años. Todo esto apunta a que la JCF quiere liquidar la UPR como la conocemos. Un cantazo adicional de decenas de millones sería nefasto, con el efecto de continuar desestabilizando la institución y minando la moral de sus estudiantes y trabajadores. 

 ¿A qué obedece este brutal ensañamiento de la JCF contra la UPR? ¿Por qué insiste la JCF en profundizar aún más la crisis en la Universidad, si ya la administración en solo un año redujo decenas de millones del presupuesto? Las respuestas a estas preguntas variarán según quien las conteste. Pero, sin duda, responden a profundas diferencias ideológicas y de clase sobre cuál debe ser la misión de la UPR, cómo debe organizarse y hacia dónde debe dirigirse. 

Para empezar, ni los miembros de la JCF, ni Natalie Jaresko, ni ninguno de los asesores y consultores que diseñaron el Plan Fiscal de la UPR conocen la institución, su historia, su trayectoria y su pertinencia e impacto en el desarrollo del Puerto Rico moderno. Ninguno ha estudiado allí, ni puede aquilatar los beneficios que la UPR ha representado y representa para la sociedad puertorriqueña. ¿Qué saben ellos o qué les importa si desde hace 116 años la UPR ha sido el mayor productor de cultura en Puerto Rico, y el principal promotor de movilidad social y económica por vía de la educación? ¿Cómo explicarles el rol de la UPR en la forja de ciudadanos y ciudadanas de primera clase que se han dedicado por generaciones a levantar y sostener los cimientos del país? ¿Cómo enseñarles a apreciar el legado de la UPR en la creación de un capital humano profesional de tanta calidad que es cotizado dentro y fuera de Puerto Rico por su excelente formación y destreza? O quizá sí lo saben y es eso precisamente lo que quieren atacar y liquidar. Que Puerto Rico pueda seguir contando con una universidad pública que democratice la educación profesional y responda a las necesidades económicas y anímicas, idiosincrasia, cultura e identidad puertorriqueña es un objetivo que contrasta con el enredo ideológico y de espíritu que exhiben, sin avergonzarse, los miembros de la JCF y sus adláteres. 

Es muy significativa la convocatoria del Presidente para que todos los sectores de la institución pongan a la UPR primero. Es un llamado a detener la embestida financiera e ideológica que mina los cimientos de la educación superior pública en Puerto Rico, y pone en riesgo la viabilidad y existencia de la UPR. No sabemos qué opinan Walter Alomar, Zoraida Buxó y demás miembros de la Junta de Gobierno de la UPR sobre el llamado del Presidente para que se detenga la ofensiva de la JCF en contra de nuestra Universidad. Ni tampoco sabemos qué podrá hacer, si algo, la gobernadora Wanda Vázquez, para detener esa embestida. Sólo sabemos que los sectores universitarios, acostumbrados a luchar por sus derechos, si se ponen de acuerdo en unas estrategias básicas, sabrían afinar con inteligencia cómo enfrentar este gran reto en un momento definitorio para el presente y futuro de la Universidad de Puerto Rico.

Carta a un joven escritor: Miguel Meléndez Muñoz a Emilio Díaz Valcárcel

Por Emilio Díaz Valcárcel

Se detuvo frente al balconcito sin saber qué hacer. Miró por un instante el viejo sillón de mimbre, la escalera de tablas carcomidas, las puertas cerradas y pegadas a la faz de la casa como dos ojos enormes. Se quedó inmóvil, la mirada perpleja, en el mismo momento en que una patrulla de recuerdos lo asaltaba. Debe de estar en el rosario, dijo, y se volvió para ver si lo habían escuchado. Pero sólo un perro vagabundo cruzaba la callejuela solitaria, veteándose de luz al pasar bajo las bombillas que se encarnizaban contra la noche. Volvió a contemplar el balcón destartalado, el viejo sillón de mimbre, rechazando un recuerdo. (El cuarto femenino, el olor a cold cream, el suave y voluptuoso olor a cold cream que él siempre llevó dentro aun sin tener que percibirlo con los sentidos; el cuarto femenino en penumbras, las piernas blancas, la mano sobre la redonda rodilla, la madre ausen­te. . . ¿Cuánto tiempo hacía? ¿Cuándo?). “Todavía no”, le había dicho Catalina. “Cuando vuelvas seré tuya.”

El hombre se llevó las manos a la frente, donde comen­zaban a destellar diminutas gotas. ¿Por qué tengo que volver a esto?, se dijo.

Cuando llegó al pueblo embutido en su nítido uniforme, lo recibió la metralla de preguntas: “¿Cuándo llegaste?” “¿Peliaste mucho?” “¿Y las coreanas, cómo son las co­reanas?” Pero no hizo otra cosa que emprender la retirada. Alguien disparó una interrogación a sus espaldas y él se apresuró a explicar: “Si me notan algo raro, es la alegría que siento.”

Eso, una hora antes. Ahora se dio a caminar sin rumbo, saltando la alambrada de su desánimo, sin atreverse a mirar a las mujeres que de rato en rato lo rozaban con sus miradas.

—Date la fría, mi hermano.

Se había encontrado emboscado entre aquel alborozo de amigos, con música de vellonera de fondo. Tenía una cerveza pegada a los labios, el cogote hacia atrás, los ojos fijos al batallón de botellas del mostrador. Frente a él, borroso, el rostro del dependiente reía y reía. Había mucha alegría. Pero él no comprendía el porqué de aquellos dientes pelados.

—Me invitas a la boda, panita.

Se dio vuelta de repente, alzando un puño con lentitud hasta la altura de la cabeza. Ya empiezan, se dijo; deben de saberlo. Bajó el puño y desvió la mirada, avergonzado.

—Están todos invitados —dijo forzando una sonrisa.

Salió a la calle fumando un cigarrillo. Mejor es que le hable, pensó; no sabe que estoy en el pueblo. Caminó hasta el frente de la casa, nuevamente. Si lo supiera, se dijo, me hubiera esperado en el balcón, como siempre. Se detuvo sin saber qué hacer. Allí estaba el viejo sillón de mimbre otra vez, la escalera un poco deteriorada, las puertas siempre abiertas para él, el cuarto en penumbra, el espejo de luna donde él se había mirado de reojo al mirarla a ella… “Cuando vuelvas”, había dicho ella retirándolo con las manos sobre el pecho de él. “No, ahora, Catalina, vamos a hacerlo ahora.” Encendió otro cigarrillo, lanzando el fósforo sobre el lomo de un perro que le olía los ruedos del pan­talón. “Yo regresaré pronto.” Chupó hasta colmarse los pul­mones. El perro lo miraba receloso, las orejas tiesas y el rabo erguido. “Cuando vuelvas, no ahora”, sonó la voz de Ca­talina. Se estrujó el pañuelo por la frente y miró a todos lados. El perro continuaba estático, con los ojos como luces de bengala. “Pero yo te quiero ahora, nena.”

Un gato saltó de una lata de basuras y se perdió tras una casa. El perro ladró sin moverse de su sitio y el hombre, sobresaltado, lo amenazó con un puntapié. Huyó el animal, minando parte del silencio con su aullido. Miró su reloj pulsera: las ocho y treinta.

Dos mujeres venían hablando animadamente. Cerca ya, dejaron de hablar y lo miraron de soslayo, rehuyéndole un tanto. Cuando sus figuras comenzaron a desdibujarse en la distancia recomenzaron su charla, mirando hacia atrás de rato en rato. Lo último que percibió de ellas fue algo como un leve silbido de admiración.

Chupó hondamente del cigarrillo que ya le quemaba los dedos. “Vendré enterito para ti”, le había dicho a ella, en el cuarto oloroso a cold cream y a sueño, tasándola de reojo en el espejo, de pie contra su cuerpo, mientras la madre estaba en el rosario. Luego vino la lucha inútil sobre la cama, las piernas cerradas con obstinación para rechazarlo. Y meses más tarde la notificación de la marcha hacia la guerra, la despedida junto al sillón de mimbre, el eterno viaje de treinta días por mar, el asalto a la colina Kelly con las luces de bengala en lo alto, en una noche que ahora es el recuerdo de una pesadilla; los hombres cayendo por montones, unos sobre otros, como sacos de arroz en una trastienda. Y él escondido tras un arbusto, haciendo fuego bajo un cielo negro, apedreado por el miedo, con el recuerdo de ella palpitando en lo más hondo. El estallido de la mina aquélla, casi debajo suyo, y la bruma que le entró por los ojos hasta llenarlo sordamente como el guano a la almohada. Las luces pálidas del hospital, el olor mareante del éter, el médico de rostro esculpido en madera vieja diciendo una y otra vez: “Mal sitio para una herida, mal sitio para una herida.” Y su grito ahogado: “¡Catalina!” “Cuando vuelvas seré tuya.” Debo hablar con ella, se dijo el hombre encendiendo otro cigarrillo. No me va a querer, pensó; ninguna mujer quiere a un hombre así. Caminó en círculo frente a la casa, pisoteán­dose la sombra.

Un perro ladró en la esquina. El hombre columbró una silueta en la punta de la callejuela y se pegó a una pared, el aliento contenido. La vio cruzar bajo un chorro de luz con aquel paso resuelto que él conocía tan bien. El canto de un gallo se escuchó ronco y prolongado detrás de las últimas casas del barrio. La sentía avanzar, y el rumor de sus pasos quedaba suspendido en el aire lento y vacío de la noche. Agiles reflejos de luz se agitaban en los pliegues de su falda; las sombras le apretaban la cintura.

La vio subir la escalera, contoneándose, abrir la puerta y encender la luz de la sala. Ahora cruzaba las piernas al sentarse a la mesa con papel y pluma en las manos. Me va a escribir, pensó él, recordando las cartas recibidas en Corea, y las recibidas luego en el campamento norte­americano.

Minutos después ella se levantó y puso la carta sobre el cristal del chinero. Él la vio hundirse ahora en la oscuridad de la cocina y salió de su escondite en el instante en que se encendía sobre ella una bombilla. He venido a hablarle, pensó, y así lo haré. Subió temblando al balcón, con pasos suaves como si temiese pisar el resorte de una mina, y acarició por un instante la baranda donde ambos se habían reclinado infinitas veces. “¿Por qué tengo que volver a esto”, se preguntó, dudando un momento. Luego se irguió con resolución y tocó a la puerta. La voz de la mujer serpenteó desde el fondo de la casa:

—¿Quién es?

“Cuando vuelvas.” No pudo contestar. Ella volvió a pre­guntar, al cabo de un largo minuto, un poco sobresaltada:

—¿Quién está ahí, ah?

Sintió resonar sus pasos, lentos, medrosos, a través de la sala. “Cuando vuelvas seré tuya.” Los pasos estaban ya junto a la puerta. “Cuando vuelvas…” El hombre saltó la baranda y se perdió entre los callejones.

Pedro Pietri Hands Awards en el centenario de Lolita Lebrón

 

Por Maria Mercedes Ojeda / Especial para En Rojo

El 9 de octubre pasado se llevó a cabo la premiación del Pedro Pietri Hand Awards. Pietri, el poeta urbano por excelencia, el enlace entre la Diáspora y la Isla, es la inspiración de una serie de performances y encuentros de artistas en el último lustro. Desde las Cenas Negras convocadas por el Partido Anartista -cuyo presidente es el poeta Rafael Acevedo- hasta pintadas y los Hand Awards, la presencia creativa del autor del clásico Puerto Rican Obituary está presente. El propio Acevedo y Mariposa Fernández fueron anfitriones. 

Fernández declamó con belleza varios poemas de Pietri y un conjunto de poetas -Urayoán Noel, Nicole Delgado, Che Melendes, Mayra Santos, Alejandro Alvarez Nieves, entre otras y otros se dieron cita.

Mientras se llevaba a cabo la actividad el Colectivo Moriviví -Raysa Raquel Rodríguez, Sharon González, Salomé Cortés- realizó un mural en homenaje al centenario de Lolita Lebrón que ahora adorna la hermosa Casa de los Contrafuertes. Simultáneamente, un poderoso performance de Milena Pérez Joglar, la instalación de la Santa Iglesia de la Madre de los Tomates de José Luis Cortes y la exposición de los Hand Awards diseñados por Adál y esculpidos por Charles Juhasz-Alvarado con mangas cosidas por Zelma Alvarez para un constante acto creativo en todos los sentidos. 

El primer Hand Award lo recibió el pintor y poeta Elizam Escobar. Se reconoció su obra artística y su patriotismo.  La otra mano, fue recibida por Santos Febres puesto que Oscar no pudo asistir a la ceremonia. Se aprovechó la oportunidad para leer la proclama del Partido Anartista en homenaje a la lucha y la resistencia del puebo y los artistas ante la represión, el neoliberalismo y la Junta de Control Fiscal. 

Irizelma Robles como la Monja ciega que lo ve todo se robó el espectáculo. La solicitud y entrega de pasaportes del Puerto Rican Embassy allí en la Casa de los Contrafuertes fue muy exitosa.

La organización del Partido Anartista pidió un aplauso como de Hand Award para Ana Rosa Rivera y Charles Juhasz-Alvarado por la colaboración y “todo el trabajo beyond what any other space would have given us porque la verdad es que se pasaron con su generosidad en la ayuda de montar las exhibiciones y el evento bien heavy y al Festival de la Palabra [Alejandro Álvarez Nieves] por la colaboracion en la publicidad [Nemesis Mora] y documentacion del evento [Alonso Sambolin] y nuestro sound engineer and audio landscape artist, Calin Dover-Tarrats is the bestest in the whole world. Thank you so much Calin” exclamó Adál Maldonado, el artista de la escritura de luz, portavoz universal de la organización y presidente de la Agencia Aeronáutica del Espirit Republic of Puerto Rico.

La Casa de los Contrafuertes, que sirvió de espacio para el evento, es un formidable lugar que es la cede de un centro cultural independiente que en sus siete años de fundación ha respondido con ímpetu al compromiso de buscar, exponer y apoyar el trabajo de artistas de varias disciplinas, con un interés particular en el Caribe y la diáspora. Este 9 de octubre cumplió a cabalidad esa función.

CLARIDADES: Octubre de 1935 Masacre de Río Piedras

 

El 24 de octubre de 1935, a eso de las 11:00am, en la calle Brumbaugh, la Policía insular asesinó a cuatro nacionalistas y un civil en lo que nuestra historia se conoce como la “Masacre de Río Piedras”.

Para comprender este suceso y su desarrollo hay que hacer mención de varios factores. En primer lugar el Presidente del Partido Nacionalista, Don Pedro Albizu Campos, venía de dirigir una huelga de los trabajadores de la caña de Fajardo, la cual se extendió por muchas centrales del país. Los sucesos del 24 de octubre, también se dan poco después de que el Partido Nacionalista hiciera público un plan para matar a la alta dirección del Partido en especial a su presidente. También fue sucedido de una información que el Partido le presentó al país, sobre el intento del doctor Cornelius Rhoads (miembro del Instituto Rockefeller en San Juan) de estar sembrando cáncer en los pacientes para así acabar con los puertorriqueños/as.

Para colmar la copa, el 10 de octubre Albizu Campos dio un mensaje en Maunabo el cual exhortó a los jóvenes a distinguir dentro de la educación universitaria el intento de convertir a los estudiantes en unos cobardes y traidores de la Patria y que los jóvenes debían ser valientes y viriles para defender los intereses patrios

Ante este discurso, 4 estudiantes avalados por la alta jerarquía universitaria intentaron realizar una asamblea el 24 de octubre para declarar a Pedro Albizu Campos “enemigo número 1 de los estudiantes universitarios”. Ante ese intento los nacionalistas estaban en los alrededores de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, pero ante la evidente cantidad de policías en el área muchos de éstos no llegaron a entrar a la Universidad. Fue entonces cuando un Policía identificó el carro que conducía el líder nacionalista Ramón S. Pagán junto a tres nacionalistas más. El agente hizo detener el vehículo de Pagán y se produjo un fuerte careo que degeneró en balacera. El primero en caer fue Pagán. Luego cayó Pedro Quiñones y finalmente Eduardo Rodríguez Vega. Dentro del auto se encontraba Dionisio Pearson que resultó gravemente herido. Mientras se da la cruel matanza, el joven nacionalista José Santiago Barea, teniente cadete de la República, desenfundó contra los policías en la escena. Una vez se le acabaron las balas, Santiago Barea se entregó y la Policía lo acribilló a balazos. En el tiroteo murió el paisano Juan Muñoz Jiménez, quien compraba billetes de la lotería cerca de la escena.

Según el periódico El Mundo del 25 de octubre de 1935 (Pág. 4.), “los testigos presenciales declaran lo contrario. La policía acribilló a tiros a mansalva a Don Ramón S. Pagán”. Según la Policía, la razón de los asesinatos fue impedir que se diera una interrupción en la asamblea estudiantil. La misma nunca se llegó a concretar y se pospuso para unos días luego.

En el duelo de los cuatro nacionalistas Albizu dio un discurso del cual compartimos parte: “Aquí se repite la historia de todos los tiempos. La libertad de la Patria se amansa con nuestra sangre y se amansa también con la sangre yanqui. Venid aquí a prestar un juramento para que este asesinato no quede impune… Juramos todos los que crean libres. Juramos todos que el asesinato no perdurará en Puerto Rico”.

En respuesta a lo sucedido en Río Piedras, el 22 de febrero de 1936, dos jóvenes nacionalistas ajusticiaron al jefe de la Policía Francis Elisha Riggs. Estos jóvenes nacionalistas de nombre Elías Beauchamp y Hiram Rosado, hicieron justicia por los mártires de Río Piedras. Ambos también fueron asesinados por la policía.

Edición de un escrito por Ángel M. Rivera Rivera y Ángel Pérez Soler, tomado del archivo de facebook de Dario Ortiz Seda

Vieques y Culebra Todavía en veremos el problema de las lanchas

 

Por Giancarlo Vázquez López /CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Las vistas públicas que tendrían lugar la semana pasada en Vieques y Culebra para presentar los cambios en las tarifas de viaje fueron canceladas hasta nuevo aviso. Aun cuando esto se hace “en cumplimiento con las disposiciones de la Ley Núm. 21 del 31 de mayo de 1985 y el Transit System Title VI Plan de la Autoridad de los Puertos de Puerto Rico…”, residentes de las Islas Municipio han reclamado que la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM) no ha suministrado suficiente información como para justificar y aplicar los cambios propuestos. 

El pasado lunes, 7 de octubre, un grupo constituido por residentes de Vieques y Culebra se reunió con la gobernadora Wanda Vázquez. El primer tema que se trajo sobre la mesa ese día fue la renuncia de Mara Pérez como directora de la ATM.

En una minuta circulada a la prensa que no pretende ser un informe oficial, Hilcia Guadalupe, quien participó de la reunión en representación de Vieques, relata que previo a la reunión se había acordado que “se pondría como condición a la gobernadora que por las acciones recientes de la directora Mara Pérez, debía comprometerse a revaluar su posición respecto a la permanencia de la directora en su puesto”. 

Una vez en la reunión el líder comunitario y activista, Ismael Guadalupe, estableció dicha condición. La Gobernadora indicó que no podía tomar una decisión al respecto en ese momento, pero se comprometió a revaluar su posición referente a Mara. Entonces dio comienzo al conversatorio. 

Más adelante, Hilcia Guadalupe, aclara en su relato que:

 “[…] [L]a Sra. Feliciano (representante de Culebra) habló, y casi al final de su turno, indica que se deberían suspender las vistas públicas de Culebra. Ella expresó sus razones, las cuales respeto, entiendo pero no necesariamente comparto. Explicó que muchas personas que no son residentes bonafide acuden a las vistas y expresan ideas o comentarios que realmente no representan el sentir ni las necesidades de los culebrenses y que, además, esas vistas ya se habían dado el año pasado y que ya tenían los comentarios hechos; en esas Ismael dijo que respaldaba la posición de Culebra. Pero en ningún momento se indicó que se debería suspender las vistas para Vieques, ya que se estaba hablando sobre Culebra. Yo expresé que para Vieques no era igual, ya que Joe Vázquez había dicho que la intención era también discutir la mudanza a Puerto Mosquito (cosa que no creo que sea legal, ya que no está en la convocatoria). Sin embargo, debo añadir que en la parte final de la gobernadora, donde estaba básicamente resumiendo sus “compromisos” no mencionó en ningún momento la posibilidad de cancelar las vistas públicas, tampoco lo mencionó en la conferencia de prensa. Me parece que fue una decisión que Wanda Vázquez tomó luego de consultar con su gente”.

Guadalupe, aclaró estos puntos ya que “la Sra. Gutiérrez y la Sra Wanda Vázquez han dicho que fuimos nosotros quienes solicitamos la cancelación de las mismas; entiendo que esto causó un malestar y además pienso que fue una movida mal intencionada. Al igual que la decisión de que Mara Pérez no le dará cara a los Viequenses ni Culebrenses, pero seguirá en su cargo”.

Hablan los activistas

Ismael Guadalupe, dijo a CLARIDAD que él se unió a esa petición en apoyo, pero no pidiendo que se cancelara la vista en Vieques. Pero la vista de Vieques también fue cancelada. Sin embargo, Guadalupe mencionó que luego de esto consideró las razones ofrecidas por la representante de Culebra para suspender la vista. 

Guadalupe, argumentó que “Si la ley los obliga ellos no pueden implementar ningunas tarifas porque no han hechos las vistas públicas […] ahora yo veo que nos conviene [que se pospongan las vistas] si es que la ley contempla que para aumentar las tarifas tiene que haber unas vistas públicas aprobadas por la comunidad”

Entonces, “si las vistas públicas no se llevan a cabo ¿procede o no el aumento? ¿Es por ley o por capricho?”, cuestionó. 

Por otra parte, Dolly Camareno, activista y residente de Culebra, sostuvo que: “Para que se hagan unas vistas públicas la ATM debe suministrar toda la información al que va deponer. Nosotros necesitamos saber en ¿qué consiste ese gasto de diésel? El presupuesto, ¿qué están haciendo con el dinero? Nosotros queremos saber en qué basarnos para nosotros deponer. Ellos vienen a hacer una vista pública, como dice la gente, planchada”.

“Vienen a cumplir con su requisito de hacer una vista, de tener una firma de gente que estuvo allí. Pero a nosotros nos interesa saber de qué se trata esto, en qué ellos se basan para esos aumentos; cómo eso se refleja el gasto de diésel, de personal, gasto de mantenimiento de embarcaciones, son unos datos básicos y ellos no han suministrado esa información”, abundó Camareno, quien también participo en la reunión. 

Sobre las vistas públicas que se llevaron a cabo en julio de 2018 y en las que participaron residentes de las islas, Camareno dijo que nunca hubo resultados. 

“Nunca tuvimos ningún tipo de informe. ¿Qué pasó? ¿En qué pararon las opiniones de los usuarios? Fue una vista terrible. No trajeron Equipo. En lugar de traer una pantalla, lo proyectaron en el costado de una van. Tampoco trajeron grabadora. Fue una vista bastante informal”, reclamó.