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Otra vez jugando a la República

por Manuel de J. González

Especial para CLARIDAD

Desde que Estados Unidos autorizó que los puertorriqueños eligiéramos un gobernador, a varios de los que han resultado electos al cargo le ha dado por jugar a ser “jefe de Estado”. Como sabemos, la concesión colonial ocurrió en 1948 y el primer puertorriqueño electo fue Luis Muñoz Marín, quien ya era presidente del Senado y presidente del Partido Popular. 

En 1948 las funciones del cargo eran, en esencia, las mismas que tenía el gobernador que hasta ese momento y desde 1900 había nombrado el presidente de Estados Unidos, pero Muñoz, que ya había abandonado su apoyo a la independencia, trató de que las apariencias le dieran al cargo un contenido que en realidad no tenía. Luego, con las reformas que consiguió en 1952 al permitírsenos tener por primera vez una constitución que añadió algunos poderes adicionales al cargo, las fantasías se dispararon. Aun cuando en la práctica el gobernador de Puerto Rico no era distinto al que en otros países tienen los mandatarios de las provincias, entre 1952 y 1964 Muñoz hizo todo lo posible por actuar como si de verdad fuera otro jefe de estado más de la región. 

La realidad política de aquellos años facilitó aquel accionar fantasioso. En el Caribe y buena parte de América Latina – Haití, República Dominicana, Venezuela, Colombia, etc. – operaban dictaduras de viejo cuño al mando de caudillos anacrónicos y a Puerto Rico llegaban algunos de los perseguidos políticos de aquellos dictadores, como Juan Bosch, Rómulo Betancourt y otros, que Muñoz de buena manera acogió. Ser “jefe de Estado” de Puerto Rico le permitía actuar también como “promotor de la democracia” en la región. 

Más tarde, tras el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959, Muñoz hizo todo lo posible porque lo aceptaran como el intermediario que Estados Unidos necesitaba para lidiar con nuevo liderato de La Habana. La historiografía de aquel periodo nos cuenta como el político puertorriqueño buscó afanosamente una reunión con Fidel Castro para tratar de “venderle” al joven líder cubano el modelo de desarrollo económico basado en capital estadounidense que existía en Puerto Rico. Ahora sabemos que hasta el mismo Richard Nixon, entonces vicepresidente de Estados Unidos, trató de coordinar con Fidel un encuentro con Muñoz, que el líder cubano rechazó. En la minuta que preparó Nixon de la reunión que tuvo con el cubano dice: “Esta sugerencia no lo entusiasmó mucho y señaló que el pueblo cubano era ‘muy nacionalista’ y sospecharía de cualquier programa iniciado en un país considerado una ‘colonia’ de Estados Unidos.” 

No sé si Muñoz entonces se enteró del rechazo visceral que manifestó Fidel o de que éste lo veía como un mero servidor de Estados Unidos. De todos modos, su amistad con otros dirigentes de la región, como el mencionado Betancourt y el costarricense José Figueres, servían de contrapeso a aquel rechazo. Más adelante, el juego a la república se derrumbó completamente a partir de 1961 cuando el conflicto entre Estados Unidos y Cuba convirtió la cuenca del Caribe en uno de los principales campos de batalla de Guerra Fría. Entonces Puerto Rico, sin ninguna consideración a su supuesta “autonomía” y sin ninguna consulta con el “jefe de estado” que pretendía actuar desde la Fortaleza, pasó a ser un mero instrumento de una de las partes del conflicto. Ya entonces ni por asomo fuimos “gobierno democrático” de la región, ni siquiera “puente entre dos culturas”, sino un peón de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba y contra los movimientos que inspirados en ella brotaban por todos lados. 

Tras aquel periodo que terminó al principio de la década del 60, se produjeron episodios esporádicos en los que otra vez el gobierno colonial de Puerto Rico quiso posar como “potencia regional” o “jefatura de Estado”. Durante la primera administración de Rafael Hernández Colón, se pretendió “negociar” un acuerdo económico o tratado con Japón, pero el Departamento de Estado de la metrópolis liquidó de inmediato la iniciativa desautorizando el “tratado”. De aquellos tiempos se recuerda también un viaje que el mismo Hernández Colón hizo a Arabia Saudí para “negociar” algún arreglo petrolero que, obviamente, también quedó en nada. Desde entonces sólo de vez en cuando se desempolva la frase de “puente cultural con América Latina” que luego se olvida. 

Durante las últimas semanas hemos visto un renacer de aquel viejo juego a la república o la jefatura de Estado por parte del actual gobierno de Puerto Rico. El objetivo de ahora es llevar de forma oficial una supuesta ayuda a Venezuela y, similar al pasado, se ha querido establecer una relación directa entre los oficiales puertorriqueños y representantes de la oposición política venezolana. A simple vista parece un esfuerzo separado, “independiente”, del movimiento que ya puso en práctica Estados Unidos para ¡otra vez! pretender derrocar un gobierno latinoamericano, en esta ocasión el que preside Nicolás Maduro. Igual como pasó tantas veces en el pasado el montaje del gobierno de Puerto Rico terminó en nada, aunque ahora, además de fracasar, se ha convertido en una farsa porque por tratar de aparentar poderes que no tenían han terminado haciendo el ridículo.

Curiosamente, el nuevo juego a la república lo escenifica Ricardo Rosselló, uno de los gobernadores de la colonia que con mayor ahínco impulsa la anexión total a Estados Unidos y la desaparición de Puerto Rico como ente político separado. De Muñoz Marín, quien con su juego “republicano” pretendía tapar la culpa de haber abjurado al ideal independentista, es posible entender su propensión a posar como jefe de Estado. En cuanto a Rosselló, cuesta trabajo. Tal vez algún psicoanalista pueda explicar este afán por ser lo que oficialmente niegan.   

Al cumplir mis 70 años

Publicado: martes, 15 de enero de 2013


Por Oscar López Rivera
 Al cumplir mis 70 años celebro y le doy gracias a la vida por todo lo que me ha dado y por todo lo que me ha enseñado. La celebro y le doy gracias por haberme enseñado que ella es lucha toda, que si pretendo vivir tengo que luchar y luchar si pretendo vivir.

La celebro y le doy gracias por dejarme experimentar la extrema pobreza material y por retarme a trascenderla sin envidia u odio a nadie. La celebro y le doy gracias por haberme expuesto a experimentar en carne y hueso los prejuicios, la discriminación y el racismo por ser boricua, por mi piel oscura, por mi tamaño, por no saber hablar inglés y hasta por hablar español “chapiao” para que aprendiera una grata lección – que la única raza es la humana y que todos los humanos somos falibles e imperfectos.

La celebro y le doy gracias por haberme expuesto a una guerra para que me paseara por la sombra de la muerte, sintiera la muerte de los otros como si fuera la mía y sin ser conciente de ello convertirme en un sembrador de muertes, de devastación y destrucción en un pueblo que pudo ser el pueblo mío.

La celebro y le doy gracias por haberme permitido sobrevivir la guerra y retarme a buscar otro sendero, una nueva manera de pensar y a encontrar ideales sublimes y nuevas metas.

La celebro y le doy gracias por obligarme a aprender a pensar críticamente, a sumergirme en mi pueblo para que entendiera que su marginación, su invisibilidad y la falta de voz que sufría yo también la sufría y a apreciar y amar mi identidad y a no permitir que los que controlan las riendas del poder me definieran.

La celebro y le doy gracias por ofrecerme la oportunidad de servir la causa más justa y noble que conozco -la lucha por la independencia y soberanía de mi Patria y por un mundo mejor y más justo.

La celebro y le doy gracias por haberme permitido servir esa causa con mucho amor y compasión por más de 4 décadas. La celebro y le doy gracias por haberme permitido sobrevivir más de 3 décadas en los gulags sin desviarme del sendero escogido y con mi espíritu y voluntad más fortalecidos que antes de estar preso.

La celebro y le doy gracias por haberme hecho miembro de una preciosa y valiosa familia inmediata y extendida, por haberme puesto al lado de esos grandes seres humanos que son los(as) compas de lucha y por haberme permitido nacer boricua en la Boriken bella – ese pedacito del planeta que lograra ser jardín edénico de América y del mundo.

La celebro y le doy gracias porque todavía puedo llenar de amor y compasión mi corazón todos los días.

Mucho amor para todos(as).

En resistencia y lucha,

Oscar López Rivera

Los 7O de Oscar

Por Alida Millán Ferrer/En Rojo
Publicado 2 de enero de 2013Cumple 70 años de los cuales lleva 31 encarcelado.  Se acerca el 6 de enero y pienso que a pesar de que en los últimos tiempos hemos redoblado esfuerzos para que Oscar López Rivera sea devuelto a su familia y a su tierra, todavía nos queda un buen trecho por recorrer.

??Oscar cumple años el 6 de enero, lo trajeron los Sabios de Oriente como un regalo a nuestra Patria, a nuestra lucha. Les soy sincera no sé si yo hubiese podido estar confinada todo ese tiempo con el estoicismo y la valentía que el compañero ha demostrado en cada circunstancia, es más, no sé cuantas personas de las que me rodean  pudieran hacer el inmenso sacrificio. Recuerdo siempre la frase de  Carlos Gallisá cuanto se refería a los exprisioneros nacionalistas, “a esos los hicieron y después rompieron el molde”, para recalcar que estaban hechos de otra madera, de la misma madera que esta hecho Oscar.  

??He oído por ahí la frase de que a este país le hacen falta héroes y heroínas, que por eso hacemos de nuestras hazañas deportivas y artísticas un acto heroico; mas pienso, que tenemos los héroes y heroínas, sólo que están ausentes de la historia oficial. Los libros de historia de Puerto Rico en su mayoría no hacen referencia a la lucha centenaria por la independencia y a la  valiosa aportación de nuestros compañeros y compañeras que han cumplido la cárcel y padecido el exilio por luchar por su patria.

??Piénselo quien nos lee, Oscar no ha matado a nadie y dicen los que saben que su sentencia es 13 veces más larga que la de una persona convicta por crimen organizado y extorsión; 8 veces más larga que la persona condenada por ultrajar violentamente a una mujer; 7 veces más larga que la condena impuesta al que comete asesinato en primer grado; y, 5 veces más larga que la impuesta a un convicto de robo armado o robo de banco. No hay forma de no indignarse cuanto se leen estos datos.

??El 2013 nos ofrece una coyuntura que no debemos desaprovechar para adelantar en el objetivo de que nos regresen a Oscar,  ya que desde los tiempos del presidente Kennedy (cuatrienio 1961-1964) no sucedía que los líderes políticos de Puerto Rico y Estados Unidos pertenecieran al mismo partido. Barack Obama puede hacer un gesto de buena voluntad y firmar el indulto, Alejandro García Padilla y su gobierno pueden interceder y presionar para que así sea. Nuestro pueblo puede y debe mantener la lucha con la esperanza de que nuestros reclamos sean escuchados y que este año podamos celebrar la llegada de Oscar a nuestro suelo, a nuestra patria.


 La Libertad
Dúo Guardabarranco
Subida en honor al cumpleaños (6 de enero) del preso político puertorriqueño Oscar López Rivera.
¡Lo queremos en casa!

YA!?https://www.youtube.com/watch?v=5oKzX3l7QVY

Unidad del pueblo para traer a Oscar a casa

Publicado: martes, 24 de mayo de 2011
Por Luis V. Gutiérrez*/Especial para CLARIDADOscar López Rivera es mucho más que un prisionero político. Oscar López es un ser humano que siente y padece, como todos nosotros. Ya es tiempo de traerlo a casa.
Nuestro pueblo es noble y generoso. Y a pesar de estar dividido acerca de cómo debemos enfrentar el problema colonial que tanto oprime a esta Isla, existe un consenso general de que se debe cambiar ese sistema colonial. Muchos puertorriqueños –pienso que una gran mayoría de nosotros– está de acuerdo que el sistema colonial es injusto e inaceptable.

Y es precisamente esa convicción, ese compromiso con dar fin a la injusticia que es el colonialismo, junto a su amor por su gente y por su pueblo, lo que llevó a Oscar López a dedicar su vida a la lucha por sus principios, que incluye la independencia de Puerto Rico.

Siempre he pensado que para caminar hacia adelante como pueblo, debe existir la reconciliación entre los puertorriqueños. Debemos unirnos en todo aquello que podamos unirnos. Y pienso que no se puede avanzar en la ruta de la descolonización de Puerto Rico mientras tengamos personas en la cárcel por haber luchado contra el colonialismo.

Todos los 19 años que llevo sirviendo como miembro del Congreso representando al cuarto distrito de Illinois he dedicado tiempo y esfuerzos a lograr la excarcelación de los prisioneros políticos puertorriqueños. De los 15 prisioneros políticos puertorriqueños de Chicago que comenzaron a servir sentencias a finales de los años ‘70’s y principios de los ‘80’s y luego de treinta años en la cárcel, Oscar López es hoy el único que permanece encarcelado.

Ésta es una situación que debe tocarnos en lo más profundo de nuestros corazones y nuestra alma.

A los puertorriqueños nos disgusta el abuso y la injusticia, y no existen otras palabras para describir la situación de Oscar.

Caminando por el barrio de Chicago o por las calles de las ciudades, pueblos y campos de Puerto Rico he visto cómo gente común y corriente se acerca a los prisioneros políticos liberados y les abrazan, les estrechan sus manos, les expresan su aprecio y cariño.

He escuchado cuando personas les han relatado que bautizaron a una hija con el nombre de Alejandrina, ó Lucy, o Dylcia o a un hijo con el nombre de Elizam, Luis, ó Carlos Alberto, en honor a estos exprisioneros políticos. He visto las caras iluminadas, alegres y llenas de orgullo de algunos de estos niños y jóvenes así bautizados cuando conocen a estas personas en honor a quienes sus padres les dieron sus nombres.

Y he visto con gran alegría cómo estos compatriotas se han integrado a la vida, tanto a la vida de sus familias y sus amigos y de su pueblo, pero también a sus propias vidas, donde se envuelven en sus trabajos o sus talleres de arte o artesanías y a sus actividades libremente escogidas.

El pueblo puertorriqueño les ha recibido a todos con los brazos abiertos. A todos, menos uno. Al que todavía mantienen injustamente en prisión. A Oscar López. A través de todos estos años, he tenido la oportunidad de visitar a Oscar en la prisión en muchas ocasiones. He visto cómo su cuerpo comienza a mostrar el paso del tiempo.

Pero, también he visto cómo ante las peores adversidades, como cuando falleció Doña Mita, su señora madre, o su hermana Clara, en ambas ocasiones en que se le negó el derecho humano básico de asistir a sus entierros, a pesar de esto su espíritu se crece y se fortalece. A través de todos estos años he visto cómo su compromiso con su Patria y con su pueblo nunca ha dado la menor señal de debilitamiento o disminución.

De hecho, a Oscar lo convencieron amigos, familiares y compañeros de que saliendo Carlos Alberto Torres de la prisión aceptara participar de la audiencia para considerar su libertad condicional, o “Parole”.

Sencillamente, luego de 30 años de prisión, no tiene sentido que Oscar siga encarcelado

Desafortunadamente, esta petición de libertad bajo palabra fue recientemente denegada de manera cruel e injusta. Oscar nunca fue acusado, y mucho menos encontrado culpable de hacerle daño a persona alguna. ¿Cómo es posible que veamos a asesinos, violadores, y traficantes de drogas salir de la cárcel luego de 5, 10 o 20 años, mientras mantienen a Oscar preso luego de servir 30 años?

Basta pensar por un momento acerca de nuestras propias vidas por los últimos 30 años para darnos cuenta de que es sencillamente inhumano e inaceptable todo lo que le siguen negando a Oscar al mantenerlo encerrado.

¿Cuántas veces hemos podido tocar y acariciar a nuestros hijos y nietos, secarles lágrimas de sus ojos cuando se pelaron las rodillas corriendo bicicleta, o hemos celebrado con ellos cuando sacaron buenas notas o su equipo ganó el juego que los llevamos a ver?

Pensemos las veces que despedimos el año con nuestros seres queridos, fuimos a la iglesia con nuestros vecinos, fuimos a una boda o a un bautismo, o besamos a nuestras esposas o esposos…

Sencillamente, la situación de Oscar es cruel e inhumana y no podemos seguir tolerando este abuso contra él.

En 1999 el Presidente Clinton entendió que su sentencia fue excesiva al delito por el que se le acusó. Si Oscar hubiese aceptado la oferta del Presidente para salir con condiciones de la cárcel ya estaría entre sus familiares y entre su pueblo. Pero en ese momento Oscar entendió que no podía aceptar la oferta mientras quedaran otros de sus compañeros en prisión.

Pero ya no cabe duda de que sea tiempo de traer a Oscar de regreso a su casa.

Por eso, quiero hacer un llamado a todo el pueblo generoso y noble de Puerto Rico a que nos unamos, como lo hicimos para lograr la paz para Vieques, como lo hacemos en momentos de tragedia, para hablar con una sola voz y exigir la excarcelación de Oscar López.

Es momento de trabajar para lograr que toda la sociedad civil de Puerto Rico, todas las organizaciones cívicas y religiosas, todos los cuerpos de gobierno se expresen claramente a favor de la excarcelación de Oscar.

Debemos estar todos pendientes a las indicaciones de los buenos amigos que dedican tantos esfuerzos en la campaña para lograr la excarcelación de Oscar para saber cómo y cuándo proceder.

Pero no tenemos que esperar para comenzar a hablarles acerca de este caso a nuestros amigos, vecinos, familiares y compañeros de trabajo y de organización, en nuestras iglesias, centros de trabajos y donde quiera que compartimos con otros boricuas, acerca de la necesidad de actuar para corregir esta injusticia que tanto hiere nuestra sensibilidad de pueblo.Sigo y seguiré comprometido con hacer todo lo que esté a mi alcance para colaborar con los esfuerzos para lograr su libertad.

Espero que todos los buenos puertorriqueños lo hagan también.

Pardon for Oscar Now

On May 29, 2001, Puerto Rican political prisoner Oscar López Rivera marks 30 years in prison in the United States. As was true with other imprisoned patriots before and now, even their jailers recognize that they aren’t common prisoners, that their conduct has been governed by a cause of conscience that for him is more valuable and transcendent than his own freedom, and even than his own life: the cause of the independence of Puerto Rico.

The fact that there have been, and still are, men and women disposed to suffer persecution, prison, torture and even death, to obtain freedom for their people, is something that challenges all human logic and confers a superior moral character on these men and women disposed to such a great sacrifice. Only freedom can convene such a degree of vital commitment.For those who have chosen this path, freedom isn’t discussed; it’s taken and enjoyed as an inalienable and fundamental human right. That is the great lesson that our people has received from its patriots and political prisoners, who Oscar López Rivera has embodied for 30 years in an exemplary way. His stature and that of the other combatants for our national independence has been growing in the imagination of our people, in the same way that the U.S. government has been mercilessly treating him, as well as the González Claudio brothers Avelino and Norberto, just as it was previously merciless with Carlos Alberto Torres and their other compañeros and compañeras, and even before as they were with Lolita Lebrón and Oscar Collazo; with Rafael Cancel Miranda, Irvin Flores and Andrés Figueroa Cordero, among many others. The case of Oscar López Rivera is unique for several reasons. He is the Puerto Rican political prisoner who has served the longest time in prison in the United States and is probably also the longest held political prisoner in our hemisphere. Additionally, his excessively lengthy imprisonment is the product of his jailers’ twisted logic. While the United States government claims to give lessons on freedom, democracy and human rights to the rest of the world, it has held Oscar López Rivera in prison for 30 years, denying him, under the rules of the very system it so staunchly defends, the right to parole and requiring him, in an arbitrary and inhumane way, to serve an additional 12 years in prison. The United States government has a responsibility to Puerto Rico which, to date, it has refused to fulfill. Their armed forces mounted an invasion here in 1898, by virtue of which our nation was militarily intervened and our right to decide our own political destiny subjugated — a situation that has lasted to date. That is the principal offense for which it must respond, and the reason for which Puerto Rican independentistas have waged a struggle for 113 years, and during which thousands of Puerto Ricans, Oscar López Rivera among them, have paid an enormous share of sacrifice. Now, Oscar López Rivera’s release from prison depends on the decision of the president of the United States, Barack Obama, who has in his hands the opportunity to emulate other U.S. presidents Jimmy Carter and Bill Clinton and pardon the Puerto Rican veteran. Obama, first Afro-North American to achieve this position, knows by his own experience the difficult path that must be followed to overcome prejudice and discrimination. For this reason, and for an elemental sense of justice and fair play, it is his duty to release Puerto Rican political prisoner Oscar López Rivera without further delay, and return him to the heart of the Homeland he belongs to and to which he has offered his life.

Claridad salutes our patriot Oscar López Rivera, thanks him for his life-long valor and sacrifice, and reiterates that we will continue to be committed to achieving his freedom, sooner than later. We urge the broadest sectors of the Puerto Rican people to participate in this purpose of humane justice.