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La nueva Marina: La Junta de Control Fiscal

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Una nueva Marina que tiene su bota opresora sobre el rostro del país, eso es lo que en la actualidad representa la Junta de Control Fiscal, reflexionó el Padre Pedro Ortiz al cumplirse veinte años de la salida de la Marina de Guerra de Estados Unidos de la Isla Nena, Vieques.

La presencia de los sectores religiosos en la lucha por sacar a la marina de Vieques fue fundamental. Decenas de miembros de las diversas denominaciones –mujeres y hombres– participaron de la desobediencia civil y fueron arrestados y encarcelados. Este acompañamiento se fraguó mucho antes de que se desencadenara su rechazo masivo, a raíz de la muerte del joven David Sanes Rodríguez, según narró en entrevista el padre Pedro Ortiz.



El padre Pedro reveló que, en tanto el gobierno se decide, en la próxima semana espera proponer al Colectivo Todos Somos Pueblo a hacer una convocatoria amplia para plantear la idea de aunar esfuerzos contra la JCF.

“La lucha por la salida de la Marina de guerra de Vieques tuvo un significado trascendental para los puertorriqueños. ¡Para todos nosotros! No solo por Vieques, sino por Puerto Rico, en el sentido de que Vieques es Puerto Rico y Puerto Rico es Vieques. Máxime y máximo, desde la perspectiva socio-religiosa y a nivel teológico. Vieques para ese tiempo pertenecía a nuestra Diócesis de Caguas”.

“El trabajo de la Diócesis de Caguas por promover la salida de la Marina de Vieques y las denuncias del daño que le estaba haciendo a los hermanos viequenses de la Isla Nena se dieron desde los albores del Concilio Vaticano Segundo; es decir, a comienzos de los años 60 del siglo XX. Ahí no solo participó Monseñor Grovas, Monseñor Antulio Parrilla, que en aquel momento era Obispo Auxiliar de la Diócesis de Caguas, y continuó después, sino también los hermanos de la Iglesia Metodista y otros hermanos de las iglesias Pentecostales”. Hizo la anotación de que en esa década de los 60 no solo se habló sobre la situación de Vieques, sino que inicialmente, de Culebra.

Desde ahí –prosiguió– se articularon las bases para el seguimiento que se dio: “Es obvio, todos sabemos cómo el detonante de todo ese proceso de la salida de la Marina fue la muerte del compañero David Sanes, el guardia de seguridad. En ese momento, la Iglesia fortaleció el proceso de lo que ya habíamos venido haciendo hace tiempo desde el primer día”. El padre Pedro expresó que aunque la lucha contra la Marina luego se articuló como una crisis humanitaria creada por la Marina, no es menos cierto que la Iglesia siempre, desde el primer momento, había dicho que era una presencia inmoral y antihumana, por el daño a la naturaleza, a todas las especies y al ser humano como centro de la naturaleza.

“Entonces, todas esas denuncias y críticas y esa lucha que había llevado nuestra Diócesis de Caguas con otras iglesias después se fortaleció en el año 1993 con un proyecto que coordinó la Diócesis, que fue el Diálogo de Reconciliación Nacional”, recordó quien en ese entonces era el Vicario Pastoral de la Diócesis. El obispo lo era el Monseñor Enrique Hernández. 

A partir de ese año se comenzó a articular el trabajo de Diálogo de Reconciliación Nacional (DRN), el que incluyó a artistas, sindicatos, líderes políticos de diferentes partidos, académicos, organizaciones e iglesias. Se nombraron comisiones ecuménicas de diálogos interreligiosos, se ofrecieron talleres de desobediencia civil, se hicieron gestiones en Washington, de tal manera que la discusión se fue abriendo y, cuando arreció la lucha, los religiosos “ya estábamos todos presentes allí”.

El párroco de la Iglesia Santo Cristo de la Salud de Comerío (perteneciente a la Diócesis de Caguas) apuntó que el DRN fue una fuerza aglutinadora que ya desde el 93 venía fortaleciendo todo el proceso de lucha. “En ese sentido, las iglesias hicimos mucha reflexión teológico pastoral de análisis de la realidad y de la respuesta a la situación que estaba viviendo el pueblo viequense”. Además, reconoció y destacó que el proceso tuvo un apoyo amplio de parte de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña y que al igual los obispos estuvieron presentes en Vieques.

La Junta de Control Fiscal la nueva Marina

“Yo quiero que tengamos en cuenta que el pasado Viernes Santo se cumplieron veinte años de que miembros de la armada de Estados Unidos asesinaran a David Sanes, lo que llevó al pueblo a levantarse para exigir justicia. He planteado que tenemos que volver. Para mí el levantamiento que hubo fue un milagro que hubo en Vieques. Creo que tenemos que pedir otro milagro. Pero no solo pedirlo a Dios, es estar dispuestos a luchar unidos para que salga lo que es la nueva Marina”, declaró.

El padre Pedro denunció a la Junta de Control Fiscal como un ente dictatorial, una nueva Marina en Puerto Rico impuesta por Washington, la que ha sumido al pueblo en un agobio terrible para garantizar el pago de una deuda pública de más de $70 mil millones.

Frente a las nuevas circunstancias, apeló a que se tiene que actuar en conjunto de nuevo. Aun cuando hizo la salvedad de que él no es precisamente quién para convocar a un nuevo diálogo de reconciliación nacional, afirmó que cree se debe hacer. “Porque la Junta de Control Fiscal son los nuevos opresores que tienen la bota puesta en el rostro empobrecido de nuestra gente de Puerto Rico, y no podemos permitir que continúe esa desgracia, que junto al gobierno del país, está saqueando a Puerto Rico. Yo pienso que tenemos que hacer una cruzada nacional, todos por igual”.

En esa línea, el padre Pedro llamó a la atención y censuró la acción del gobernador Ricardo Rosselló de quitarle $30 millones al presupuesto del Centro Médico, el único hospital terciario en el país, y darlo a la Fortaleza, además de que la JCF tenga $2.7 millones para gastos de relaciones públicas y cabildeo en Estados Unidos.

“Así que, sabiendo que ese es el nuevo bombardeo que envenena y empobrece, no solo a un municipio como en el caso de la Marina a Vieques, sino que el bombardeo de la Junta de Control Fiscal ahora es a todo el país, yo le pediría al gobernador Ricardo Rosselló y a todo su equipo de trabajo que nos unamos en una gran cruzada nacional para que ocurra el milagro y nos libre de la Junta de Control Fiscal dictatorial que nos está bombardeando a diario. A que el país se desarrolle de manera integral. Yo creo que lo podemos lograr”.

El padre Pedro reveló que, en tanto el gobierno se decide, en la próxima semana espera proponer al Colectivo Todos Somos Pueblo a hacer una convocatoria amplia para plantear la idea de aunar esfuerzos contra la JCF. El Colectivo ha estado articulando vigilias y charlas por todos los pueblos, llevando la voz de alerta y ayudando a reflexionar sobre la realidad tan cruda que vive el país. “Vamos a darle continuidad para que se abra un nuevo diálogo de renacer en el país”.

Esperando la orden del emperador

Por Manuel de J. González/ CLARIDAD

Cuando alguien, ya fuere litigante o abogado, anuncia que va a los tribunales buscando crear un innovador “precedente jurídico” siempre pienso en un caso que el Tribunal Supremo de Estados Unidos adjudicó en 1896, Plessy v. Ferguson. El tal Plessy fue excluido de una sección reservada para blancos de un tren y demandó basándose en las múltiples cláusulas que en la Constitución de Estados Unidos postulan la “igualdad”. Buscaba un dictamen que terminara con la segregación que, encubierta en algunos lugares y abierta en otros, se manifestaba por todo Estados Unidos, burlando el mandato constitucional. El resultado fue una opinión judicial que legalizó la segregación más extrema. Donde antes no la había ahora se imponía por mandato del tribunal, produciéndose un nuevo marco “legal” profundamente inhumano y cruel que se mantuvo en vigor por casi sesenta años. Mr. Plessy fue por lana y salió trasquilado, como dicen en Castilla. 

No hace mucho tiempo un grupo de litigantes –donde se juntan entidades puertorriqueñas muy bien intencionadas con algunos fondos buitres– trataron de que los tribunales estadounidenses decretaran la inconstitucionalidad de la ley llamada PROMESA que, entre muchas otras cosas, nos impuso la omnipotente Junta de Control Fiscal. Con buenas intenciones unos (las entidades boricuas) y con malas intenciones otros (los fondos buitres) pensaban que el tribunal terminaría invalidando la ley que le dio jaque mate a cualquier ilusión de gobierno propio en Puerto Rico. 

La confirmación de que los actuales siete miembros de la Junta trabajan con un solo objetivo –el que beneficia a las empresas acreedoras y exprime a los boricuas– la vimos hace algunas semanas cuando siete entidades que representan a la extrema derecha estadounidense le escribieron a Trump solicitándole que los confirme en sus cargos para otro término. La lista de peticionarios reúne a las asociaciones más activas en la defensa y promoción del capitalismo rancio, las que afirman en su misiva estar muy contentas con las actuaciones de los integrantes de la Junta.

El resultado fue una opinión del Tribunal de Apelaciones con sede en Boston, redactada por el muy militante juez anexionista Juan Torruellas, que sólo declara inconstitucional una sección de PROMESA, aquella que dispone cómo se escoge y se designa a los integrantes de la Junta que nos manda desde hace tres años. Buscando mantener control y a la vez cierto “balance”, la ley dispone que el presidente de Estados Unidos sólo nombra a un miembro de la Junta (recuerden que en aquel momento el presidente era Barak Obama y ambas cámaras eran de mayoría Republicana) y los otros seis los seleccionan los caucus de mayoría y minoría de Cámara y Senado. 

Aunque ante el tribunal no estaba ningún reclamo del Presidente de Estados Unidos alegando que se le había despojado de su poder nominador, eso fue lo que decidió el Circuito de Boston. Para cumplir con la Constitución, los nombramientos tienen que venir desde la Casa Blanca y ser sometidos al Senado para confirmación. 

Ahora, como sabemos, los Republicanos siguen controlando el Senado y en la presidencia está Donald Trump y, de volverse final lo que decidió el Circuito (la Junta aún considera recurrir ante el Tribunal Supremo), serán ellos solitos quienes escogerán y confirmarán a los siete procónsules que nos controlan. Como pueden notar, ese resultado, que le otorga todo el poder al energúmeno Donald Trump, se parece bastante al que produjo Plessy v. Ferguson en 1896. 

Y no es que mediante el sistema declarado inválido los puertorriqueños salíamos ganando. El hecho de que tres de los siete miembros de la Junta sean de selección Demócrata no nos significó mucho porque todos ellos han actuado como una sola voz. Ahora, sin embargo, es inexistente la posibilidad de que entre los nombramientos futuros se cuele alguna voz “amiga” porque nadie puede esperar algo así de un presidente que sólo destila odio hacia Puerto Rico.  

La confirmación de que los actuales siete miembros de la Junta trabajan con un solo objetivo –el que beneficia a las empresas acreedoras y exprime a los boricuas– la vimos hace algunas semanas cuando siete entidades que representan a la extrema derecha estadounidense le escribieron a Trump solicitándole que los confirme en sus cargos para otro término. La lista de peticionarios reúne a las asociaciones más activas en la defensa y promoción del capitalismo rancio, las que afirman en su misiva estar muy contentas con las actuaciones de los integrantes de la Junta. 

En su carta los grupos ultras le recuerdan a Trump que según las actuales normas del Senado el debate para considerar nombramientos se reduce de 30 a 2 horas cuando no se trata de miembros del gabinete. Es decir, que tras él hacer la designación la confirmación será veloz, sin tiempo para que nadie pueda generar alguna protesta. Esa afirmación supone que los proponentes, que a su vez patrocinan a muchos senadores Republicanos y algunos Demócratas, ya tienen hablado con el liderato del Senado lo que ocurrirá tras la acción ejecutiva. 

Si Trump no acepta lo que le piden sus amigos ultras, pasará a nombrar otros que reflejen con absoluta fidelidad lo que él piensa sobre Puerto Rico y los puertorriqueños. Lo que cree y quiere para nosotros lo hemos visto en el contenido de los tuits que ha estado enviando en el último mes. Allí está reflejado con total nitidez tanto la prepotencia imperial como el desprecio racial. Sus nombramientos reflejarán esa “doctrina”.

La actuación del energúmeno de la Casa Blanca se producirá muy pronto, antes del 16 de mayo, que es cuando vence el término de 90 días que establece la decisión del Circuito. Porque la declaración de “inconstitucionalidad” fue de los más rara. Aun cuando la Junta estaba ilegalmente constituida, el dictamen judicial no invalidó sus acciones, todo lo contrario, las confirmó. Luego dejó actuando los actuales miembros por otros tres meses hasta que el presidente, con toda su calma, actúe. 

En algunas semanas el emperador actuará descargando los nuevos poderes que la opinión que redactó Juan Torruellas le otorgó. 

Editorial: Vieques sin Marina, 20 años después

La semana pasada se cumplieron 20 años de la muerte de David Sanes, un viequense que trabajaba como guardia de seguridad civil en un puesto de observación de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques. Un piloto que equivocó su blanco desde un avión de la Marina, lanzó la bomba que segó la vida joven del puertorriqueño, incidente que impulsó el tramo final de la heroica jornada que puso fin a la presencia del cuerpo militar en Vieques. La Marina llevaba 40 años allí, y había convertido las mejores tierras, las playas, el suelo marino y las aguas circundantes de Vieques en un vertedero de desechos bélicos y sustancias tóxicas, así como de bombas sin detonar que aún hoy – 20 años después de su salida- amenazan la vida y seguridad de viequenses y visitantes. 

La muerte de David Sanes sirvió para advertir a una población vulnerable el alcance de los riesgos que confrontaba. Además, rompió el muro de contención a la indignación colectiva que se había ido acumulando por décadas contra la injusticia y los abusos del cuerpo militar. Así cuajó desde todos los rincones de Puerto Rico, y desde Estados Unidos y otros lugares, un masivo e impresionante apoyo popular a la lucha de Vieques por sacar la Marina, que se convirtió en el más importante momento de unidad nacional que ha experimentado el pueblo puertorriqueño en su historia reciente. Una detallada cronología, elaborada por la compañera Cándida Cotto, sobre la trayectoria nefasta de la Marina de Estados Unidos en Vieques, y la respuesta militante del pueblo, se incluye en esta edición. 

El origen de esa historia está atado al coloniaje de Estados Unidos en Puerto Rico y a los conflictos que tan desigual relación acarrea entre colonizadores y colonizados. La Marina fue clave para la victoria de Estados Unidos en su guerra contra España, la cual culminó con la invasión de Puerto Rico y su conversión en colonia estadounidense el 25 de julio de 1898. Ya el 11 de mayo de ese mismo año, San Juan había sido bombardeado por las fuerzas navales estadounidenses al mando del Almirante Sampson, cuyos buques sitiaron la ciudad amurallada, destruyeron plazas militares y civiles de gran importancia, y ocasionaron centenares de bajas entre la población militar y civil. También durante esa jornada sometieron a Vieques a un bloqueo naval que duró 4 meses, con consecuencias devastadoras para una población asediada y sumida en la miseria. 

Durante las primeras décadas del gobierno colonial de Estados Unidos, Vieques (y también Culebra) fueron escenarios de maniobras militares intermitentes hasta que en 1926 se anunció la intención de establecer una base permanente en suelo viequense. A partir de ese momento, creció también la lucha de la población de Vieques contra la presencia de un cuerpo militar que no solo desalojó inmisericordemente de sus hogares a cientos de familia, sino que tomó por asalto ¾ partes del territorio viequense. La Marina de Guerra de Estados Unidos convirtió a la población de Vieques en parias en su propia tierra. Su presencia implicó el súbito fin de la convivencia pacífica en la Isla. Los viequenses se vieron obligados a vivir bajo el constante estruendo de los bombardeos; el daño permanente al aire, los suelos y el agua por sustancias tóxicas, y el terror a la creciente incidencia de serias enfermedades asociadas a dicha toxicidad. Tuvieron que aprender a vivir también con la degradación paulatina de su calidad de vida, así como la amenaza constante de un accidente fatal que les costara la vida. 

A la par con la presencia apabullante del cuerpo militar, se dio la lucha militante de los viequenses para lograr su salida. Fueron décadas de sacrificio y de represión brutal contra la población y los militantes que desde otros lugares la apoyaban, jornada simbolizada ejemplarmente por las acciones de desobediencia civil pacífica realizadas por centenares de manifestantes desde Vieques, Puerto Rico y el propio Estados Unidos. Estas acciones recibieron una respuesta punitiva excesiva por parte de las autoridades de Estados Unidos en Puerto Rico, lo cual, en lugar de disuadir, arreció la militancia, y selló la suerte de la Marina. 

La lucha de Vieques convocó una gran solidaridad desde todos los sectores de la sociedad puertorriqueña; solidaridad que se amplió internacionalmente, convirtiendo a la pequeña isla del archipiélago borincano en foco de la atención mundial. Vieques se convirtió en una piedra en la bota poderosa de Estados Unidos en el mundo, y que fue avalada contundentemente en la consulta electoral, donde 2 de cada 3 votantes de Vieques votaron a favor de la salida inmediata de la Marina. 

La Marina se fue pero dejó bombas enterradas, suelos y lecho marino contaminados, y en su típica actitud arrogante e irresponsable, no ha cumplido con su obligación de limpiar. Veinte años después del sacrificio de David Sanes las circunstancias en Vieques son el reflejo magnificado de la crisis en todos los órdenes que vive Puerto Rico. Estas son el producto del fracaso del sistema colonial impuesto por Estados Unidos y de los gobiernos ineptos y corruptos que se han turnado la administración del país. Pero Vieques demostró que no hay enemigo pequeño, ni obstáculo tan grande que no pueda superarse. En su heroica y exitosa lucha contra la Marina, Puerto Rico tiene ante sí un gran ejemplo y una probada hoja de ruta. 

Hemos avanzado

La gran importancia de la lucha de Vieques, mas allá de hacerle justicia a los viequenses, consistió en desnudar la realidad colonial de Puerto Rico. Eso hizo posible una mayor comprensión y entendimiento, tanto aquí como en el exterior, de lo que significa la subordinación política. Un mejor conocimiento de como funciona el sistema es sin duda un avance en la descolonización.

El problema de Vieques corrió el mundo a través de una diversidad de medios que trascendieron la prensa escrita y televisiva. Por las vías artísticas, deportivas,musicales, políticas, ambientales, religiosas pacifistas y otras, la lucha viequense recorrió el mundo llegando a sitios tan distantes como Australia. En ese país, el club de fanáticas de Ricky Martin integró la lucha viequense a su agenda de trabajo y organizó actividades de solidaridad con la causa. En otras partes del mundo se dieron casos similares 

No hay duda de que en su esencia, Vieques ha sido una lucha descolonizadora que al captar la atención de nuestro pueblo, obligó a definiciones de todos los sectores políticos. Realmente no hubo grandes sorpresas en estas definiciones. Como era de esperarse, el independentismo en su totalidad abrazo la causa viequense. Por largos años, el independentismo había estado solo en esa lucha. Esta vez estuvo acompañado masivamente por nuestro pueblo. El independentismo hizo lo que tenía que hacer, desde la diversidad de trincheras que escogió y jugó un papel de gran importancia en lo que fue el principal frente de lucha contra la Marina, la desobediencia cvil.

Además de obligar a definiciones de los diversos sectores y personalidades del mundo político, la lucha viequense puso de manifiesto todo el aparato represivo que mantiene el gobierno estadounidense en Puerto Rico para defender su dominación política cuando esta amenazada.

El FBI, los alguaciles federales, la policía militar y, la Corte Federal y la Cárcel Federal en Guaynabo, se pudierom ver, en vivo y a todo color, en su verdadera función en Puerto Rico. La Corte Federal perdió la poca de imagen que le quedaba, entre los puertorriqueños como una corte de justicia y se desnudó ante el país como un tribunal cuya función primaria es defender los intereses estadounidenses en la lsla. Igualmente quedó evidenciada la arrogancia y prepotencia imperial. A estas Alturas la Marina ni siquiera ha ofrecido el nombre del piloto que mató a David Sanes. 

En Inhofe, el senador de Oklahoma, vimos la cara del imperio.

Al finalizar victoriosa la lucha viequense se echa por el piso la gran mentira, propagada por la Marina de que Vieques era insustituible y que el cierre de sus operaciones en la Isla Nena pondría en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta postura de la Marina, repetida por muchos años y adoptada por todos los gobiernos coloniales, fue desmentida al final por la propia Marina al certificarle al Congreso que había encontrado sitios alternos para sus maniobras equivalentes o superiores a Vieques. ¡Y los encontraron en su propio territorio, en la Florida! La caída de esta mentira debe servir para que nuestro pueblo enfrente otras mentiras que lo han inmovilizado, como lo son, la pérdida de la ciudadanía americana, el sistema democrático-existente y los de peligros de desmilitarizar a Puerto Rico Pero hemos avanzado. Igualmente reveladora en la lucha viequense fue la indefensión que sufre nuestro pueblo por virtud de lo inoperantes y carentes de poder que son las instituciones políticas y gubernamentales del País. La gobernación y la Legislatura, la mayor parte del tiempo en que el pueblo se enfrentaba a la Marina, eran sencillamente unos espectadores sin poder alguno para intervenir y alterar la situación. El pueblo ya sabe que no puede contar con estas instituciones para lograr justicia. Y eso es un avance. No hay duda de que en la lucha de Vieques hemos avanzado más en la descolonización de Puerto Rico que en décadas de participación electoral.

Fragmento del artículo de Carlos Gallisá en CLARIDAD de junio del 2003

Desmantelamiento

Por Francisco A. Catalá Oliveras/Especial para CLARIDAD

La administración gubernamental de turno está empeñada en desmantelar la institucionalidad pública que le resta a Puerto Rico. Ha encontrado terreno fértil para el cultivo de tal agenda. Mientras la insuficiencia fiscal y la insostenible deuda le sirven de pretexto, el llamado neoliberalismo, con su afán de privilegiar al espacio privado, le provee el marco ideológico adecuado. Por su parte, la Junta de Supervisión (Control) Fiscal no hace otra cosa que sumarle dimensiones a tal propósito. La Universidad de Puerto Rico y todos los sistemas de retiro figuran prominentemente en la “lista negra”.

En realidad, la senda del debilitamiento del espacio público se fue abriendo poco a poco, casi sin advertirse, a lo largo de muchos años. Por lo tanto, los fanáticos neoliberales han encontrado un camino prácticamente sin obstáculos. 

Aunque la “modernización” de Puerto Rico partió del andamiaje institucional que se diseñó durante los primeros seis años de la década de 1940, bajo la gobernación de Rexford G. Tugwell, no puede afirmarse que el mismo marcara la ruta que tomó el país. La razón es sencilla: el diseño se alteró.

El cambio de rumbo comenzó con la Ley de Incentivos Industriales de 1947 y con la reforma gubernamental de 1950. Se convirtió el privilegio fiscal en el instrumento de política pública por excelencia, con el consecuente debilitamiento en la recaudación tributaria. Hoy día se usa, y abusa, para todo. Las reformas gubernamentales, a su vez, han degenerado en fuentes de confusión.

La Compañía de Fomento, organizada en 1942, se concibió no únicamente como promotora sino como incubadora de diversas formas empresariales: privadas, públicas, cooperativas y de capital conjunto. Operaba un laboratorio de nuevos productos. Se reconocía la necesidad de contar con capital externo pero se expresaba la urgencia de formar un empresariado local. Esto se altera con la Ley de Incentivos Industriales, circunscrita básicamente a la atracción de inversión directa externa a base de exenciones tributarias. Con la creación de la Administración de Fomento Económico en 1950 la Compañía pasa a ser subsidiaria de la misma. Posteriormente se cobijará bajo el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio. En efecto, la Compañía perdió su papel protagónico y se convirtió en oficina de bienes raíces.

En la actual administración gubernamental la promoción industrial está a cargo de un artilugio publicitario llamado inicialmente “Enterprise Puerto Rico” y rebautizado luego como “Invest Puerto Rico”, entidad privada “sin fines de lucro” sostenida con fondos públicos. Se trata de un arreglo análogo al de la promoción del turismo en el que se cuenta con otro artilugio publicitario: “Destination Marketing Organization” (DMO) y su brazo de mercadeo “Discover Puerto Rico”.

Para garantizar la mayor autonomía posible de las corporaciones públicas Tugwell insistió en ubicarlas fuera de las agencias convencionales, con juntas de directores nombradas por grupos (“stakeholders”) y no exclusivamente por el gobernador y con directores ejecutivos efectivamente nombrados por sus juntas. Con relación a las corporaciones de carácter comercial—como la Autoridad de Energía Eléctrica—recomendó que cobraran tarifas efectivas, queriendo decir suficientes para cubrir costos, generar reservas y contribuir al fisco. Los subsidios que por justicia social se tuvieran que dar no deberían provenir directamente de las corporaciones ya que se expondrían al canibalismo político. Se consideraba como fuente lógica de los mismos al Fondo General. Estas propuestas murieron casi al nacer.

La reforma de 1950 eliminó cualquier residuo de autonomía. La tendencia centralizadora redujo la agilidad institucional y paulatinamente mermó la vocación innovadora de los primeros años de la década de 1940, prólogo de las actuales dificultades financieras y operacionales. Ahora todo se resume en invocar ciegamente la privatización.

En realidad, la senda del debilitamiento del espacio público se fue abriendo poco a poco, casi sin advertirse, a lo largo de muchos años. Por lo tanto, los fanáticos neoliberales han encontrado un camino prácticamente sin obstáculos.

Resulta irónico que ante tantos problemas provocados por la cacería de rentas o rapiña privada se recurra como remedio a la privatización. Tal parece que es obligatorio premiar al glotón por aquello de que sin acceder al “banquete total” no hay satisfacción plena.

En la instancia de las agencias la más debilitada ha sido la Junta de Planificación. Creada en 1942 como organismo semiindependiente se redujo unos años después a mera dependencia adscrita a la Oficina del Gobernador. Basta observar el desorden urbano, la pobre articulación infraestructural, la degradación ambiental y la carencia de una política socioeconómica coherente para apercibirse del pobre historial de la planificación en el país. Naturalmente, a los desarrolladores se les hizo fácil comprar voluntades y dictar agendas. Para culminar el historial, recientemente la Junta fue subsumida en el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio. Allí morirá.

El ejercicio de subsunción en que se ha convertido la “reforma” gubernamental da la impresión de que se ha confundido la reorganización del gobierno con un juego de lanzamiento de canicas en un cesto. La pieza de evidencia más citada es el desbarajuste en los numerosos componentes del nuevo Departamento de Seguridad Pública: Policía, Bomberos, Ciencias Forenses, Emergencias Médicas, entre otros. 

Otra agencia cuya “reforma” ha ganado titulares es el Departamento de Educación. Sobresale—aparte del polémico cierre de escuelas—su concepción como fragua de “feroz guerra de contratos” en lugar de red interactiva de estudiantes y maestros. Por cierto, el enmarañado tejido de contratos que arropa al Departamento de Educación, ya convertido en enorme momia envuelta en vendajes contractuales, también tiene un largo historial. 

La capacidad de toda sociedad para actuar ante la oportunidad y ante la adversidad se remite a la disposición de una red institucional adecuada. Nada más peligroso que el vacío institucional. Desafortunadamente, desmantelar instituciones es fácil. No requiere ni gran esfuerzo ni mucha imaginación. Suele ser tarea de bárbaros. Por esa ruta, conducente a la inviabilidad acompañada de creciente corrupción, se arrastra al país. Y, como si todo esto no fuera suficiente, no se debe olvidar que la mayor atrofia de la institucionalidad tiene nombre: colonia.