Inicio Blog Página 1663

La libertad de Lula y de nuestros pueblos

Entre los golpes de Estado que diversos países del continente latinoamericano han sufrido en estos años recientes, lo que se hizo en Brasil sigue siendo noticia. En 2006, el congreso brasileño votó por la destitución de la presidenta, sin que ella hubiera cometido ningún crimen previsto en la Constitución. Desde entonces, el gobierno ilegítimo que tomó el poder compra congresistas para garantizar la victoria de su proyecto de entregar el país a las empresas multinacionales y dirigir la política de acuerdo con los intereses del imperio. Como todas las encuestas muestran que el expresidente Lula puede vencer en la primera vuelta de las presidenciales de 2018, el poder judiciario, unido a los grandes medios de comunicación, han condenado Lula con acusaciones infundadas y sin comprobar nada. El 7 de abril, Lula fue aprisionado y puesto en una celda de aislamento en Curitiba. En todo Brasil, las organizaciones sociales denuncian la ilegalidad de la prisón y exigen la libertad de Lula. El Frente Popular, que congrega 48 organizaciones de base y partidos, mantiene a Lula como candidato. Desde las bases se prepara un Congreso del Pueblo que tendrá su sesión nacional en Rio de Janeiro en agosto. Movimientos sociales han montado un campamento permanente, cerca del sitio donde Lula se encuentra preso.

Ahora, la justicia aceptó que, semanalmente, recibiera una visita religiosa. La primera fue de Leonardo Boff. Tuve el honor de hacer la segunda visita. Encontré el expresidente sereno y con buen ánimo. El me confesó que siente indignación porque los jueces que lo condenan saben que él es inocente. Han armado una trama política para impedir que sea candidato en las presidenciales de octubre. Lula siente la indignación, pero no acepta que el odio se instale en su corazón. Su preocupación no es consigo mismo sino con la realidad social de los pobres. Y sufre al ver que, en toda América Latina, los organismos creados para la unidad del continente están siendo destruidos. El mensaje que el presidente Lula me dejó para transmitir a ustedes es que tenemos de garantizar esa unidad no a través de los Estados que nos son contrarios, sino desde el diálogo entre los movimientos sociales de los diversos países. Al salir de aquella prisión, cuando el guardia que me conducía cerró la puerta detrás de mí, sentí que salía de un espacio de libertad interior de un hombre, poseído por el amor solidario y entraba en la prisión de un mundo cerrado por la indiferencia a los más pobres. Y me recordé de la palabra de Jesús: “La verdad los hará libres” (Jn 8, 32).

Casa de los Contrafuertes: Refuerzo para el arte y la cultura

No es casualidad que la arquitectura de la centenaria edificación “La Casa de los Contrafuertes”, enclavada en la plaza San José del Viejo San Juan, haya influenciado la denominación del lugar, pues acorde con la definición de la palabra “contrafuerte”, varios pilares o arcos adosados a los muros refuerzan o sostienen esa construcción.

Tampoco es casualidad que los artistas Charles Juhász-Alvarado y Ana Rosa Rivera hayan querido conservar el nombre original de ese histórico edificio y adjudicárselo al proyecto cultural que emprendieron en 2012. Y es que a partir de ese año ambos gestores reactivaron el espacio –considerado patrimonio histórico y público, y custodiado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña– con la intención de desarrollar un proyecto que invitara a la confluencia de diferentes artes. Es así como la Casa en sí misma conforma un proyecto en el que se solapan o coinciden fotografía, literatura, música, performance, teatro, medioambiente y resistencia.

“Decidimos no quitarle el nombre histórico. Yo creo que muchos de los proyectos que estamos desarrollando aquí tienen que ver con la historia de este lugar. Aquí no venimos a imponer una nueva historia, sino que nuestro contrafuerte es todo ese legado que hace posible esto”, dijo Charles en entrevista con En Rojo.

Para el también profesor en la Escuela de Artes Plásticas y amante del diseño, esta iniciativa es la más importante y la mejor que ha podido desarrollar porque además de administrar la propiedad, ha servido de inspiración para crear algunas de las piezas que estarán exhibidas durante “el tiempo que sea necesario”. Destaca el hecho de que las exposiciones de la Casa, que desde mayo 2017 se ha consolidado como lugar de encuentro cultural, no tienen límite temporal. Aquí, en este centro localizado en la calle San Sebastián, no existe la rigidez de un museo o una galería, sino que importa “que hayan solapes y que cuando estemos juntos nos reforcemos”, manifestó Charles a la vez que reconoció que la libertad que respira el proyecto se debe a que no hay intervenciones administrativas ni de auspiciadores.

La Casa consta de varios puntos angulares: un jardín interior de plantas medicinales y comestibles, un escenario, un camerino, un café, varios salones para exponer, un salón de lectura, un taller de serigrafía y una residencia para artistas. En ese sentido, es un “espacio multidisciplinario, un modelo cooperativo. No es espacio para presentaciones individuales; lo que se presente tiene que concordar con todo lo demás. La idea del espacio es que sea uno colaborativo, en el que confluyamos todos y todas”, continúo el artista.

Al hablar de los orígenes del compromiso de los gestores con la Casa de los Contrafuertes, Charles señaló que todo comenzó en el 2012, cuando lo invitaron a participar en una edición de la Trienal Poligráfica, cuyo tema giraba en torno a artistas que trabajaban de forma colaborativa. En ese momento, propuso hacer algo a nivel de edificio. Solicitó uno en desuso que le permitiera desarrollar sus trabajos e incluir los de otros artistas. Casi orgánicamente, fue armándose un proyecto relacionado a la metáfora de una colmena, que era el pie forzado de la trienal. El artista recordó que aprovechó esa clave para ampliar la idea de que las abejas se conciben como un organismo integral al momento de trabajar en la colmena.

De otro lado, Charles enfatizó que un tema bien importante para la gestación de este espacio es el tiempo. “Hay muchas situaciones que nos aguantan y a mí me gusta ir adelante. Es bien importante para mí el cómo nos movemos en el espacio a través del tiempo”. Continuó explicando que en proyectos como este siempre se espera por permisos y propuestas para actuar, sin embargo “hay que aprovechar que estamos vivos… Me parece que este estancamiento y dilación tienen que ver con el colonialismo. Estamos metidos en un tiempo que no es natural, que no es el nuestro. ¿Cómo bailamos? ¿Cómo jugamos baloncesto con agilidad? Nosotros tenemos unas capacidades de movernos que no son las que se ven en proyectos así”, concluyó.

Énfasis en el Caribe y sus diásporas

Ana Rosa y Charles están concentrados en promover el trabajo colaborativo e interdisciplinario en la Casa y enfatizarlo en el Caribe y sus diásporas. Así que articular un proyecto sobre nuestra relación con Haití fue la respuesta a ese enfoque que pretenden realzar.

Desde el pasado mes de abril, en el segundo piso de la Casa se despliega la exposición “Haití aquí: honneur, respect”, la cual pretende “explorar cómo ha sido nuestra relación con Haití con el objetivo de que mejore, porque es una relación escasa o pobre”, reconoció Charles, quien fungió como curador de la muestra.

En esta exhibición hay trabajos realizados por puertorriqueños que se inspiraron en Haití y de artistas haitianos que estaban en manos puertorriqueñas o en colecciones. Las fotos son de fotoperiodistas puertorriqueños que fueron a reportar el desastre humanitario que dejó en el país hermano el terremoto de 2010.

“A mí me encanta la exposición porque no solamente es un examen, sino que yo quiero y creo que a la larga promueva una mejor relación con Haití. Aquí hay una combinación de fotos “fuertes”, cada uno de los fotógrafos da un relato de las circunstancias en las que se encontraron cuando tiraron la foto”, comentó Charles mientras le ofreció un recorrido a En Rojo.

Después del terremoto, Puerto Rico le devolvió una escuela primaria a Haití gracias al esfuerzo del Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haití. En honor a esta encomienda que aún sigue comandando el Comité, la Casa reservó un espacio llamado “El aula”, el cual consta de una maqueta – realizada por Charles – que muestra el proceso de construcción de la escuela Solidarité. “Me parece que tiene que ver con la Casa de los Contrafuertes porque esos fueron unos individuos que se organizaron, consiguieron el dinero y los voluntarios, llevaron los materiales y la escuela está allí y está funcionando”, dijo Charles.

Esta muestra se tiene que observar en conjunto con la que custodia la Fundación Casa Cortés de Viejo San Juan, titulada “Haití aquí: a cuatro tiempos”.

“Construyendo con la historia”

“La idea es que estemos juntos en el proyecto, construyendo con la historia”, comentó el curador de la exposición. En ese sentido, han colaborado y participado en la Casa Petra Bravo, coreógrafa y bailarina que ofreció un taller de verano; Nibia Pastrana Santiago, performera que presentó el proyecto “Condiciones materiales para la ficción y la fatiga”; Mariana Sofía Lima-Espada, joven que exhibió su evento Mama Ángela en homenaje a la poeta Ángela María Dávila; y Teófilo Torres con su monólogo “A mis amigos de la locura”.

Otro ejemplo de colaboración con la Casa de los Contrafuertes es la séptima edición de la exposición “Pequeño formato”, del artista plástico y exprisionero político Elizam Escobar. El pasado jueves 24 se inauguró esta muestra, gestada además por Luis Maysonet y Luis Alonso. En esta edición participaron como invitados los artistas Ana Rosa Rivera y David Rodríguez.

“Que lo estudiantes vengan, crear una alianza con la Escuela de Artes Plásticas, hacer lo máximo para que el lugar se accesible a todo tipo de público, ver cómo los solapes nos refuerzan”, enumeró Charles algunos objetivos del proyecto.

“Contrafuertes es una búsqueda, un centro cultural de arte contemporáneo, un sitio de exploración”, concluyó el entrevistado.

La destreza de insultar

Miguel “el zapatero” vivía con su perra en la parte de atrás de la casa de mi bisabuela. Se levantaba temprano para poner su puesto de trabajo en la plaza del pueblo y estár allí hasta las tres de la tarde, hora en que de mal humor recogía y bajaba la cuesta camino a su casa. Miguel era el mejor zapatero del área, pero además tenía otro gran talento: insultaba con una destreza inigualable; no sólo a quien le afrentase directamente, sino a cualquier ser visible o invisible que él, con razón o sin ella, hiciera responsable de “las desgracias de su existencia”. En ocasiones tenía una delicadeza impresionante, sublime para maldecir como quien echa una flor, y en otras, podía ser el más escatológico y tajante de todos los maldicientes. Justo es reconocer que Miguel dominaba el verbo con agudeza, y esa agudeza le concedía a su expresión un tono, una forma que producía en quien lo escuchaba, además de desconcierto, hilaridad, risa en respuesta a su ingenio y suspicacia.

Es un lujo, cada vez más, escuchar insultos inteligentes; lo común es la palabra soez, despectiva y ramplona de la radio, de la calle, o entre amigos. Insultos sin sustancia, llanos y dichos como por instinto. Pero poner un letrero frente a tu casa —como hizo Miguel—, dedicado a un enemigo oculto luego de la muerte de su perra con el siguiente mensaje: “una muerte como la que tuvo ella es la que yo le deseo al que me envenenó a Maya”, es tener talento.

Larga es la lista de conocidos personajes de la historia hábiles en el arte de injuriar, y, varios los que han teorizado sobre el tema. Filósofos antiguos, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Jorge Luis Borges (en su libro Historia de la eternidad tiene un ensayo titulado “Arte de injuriar”), Arthur Shopenhauer, entre otros tantos, han dedicado páginas al insulto, y tal vez no siempre con el fin último de ofender, sino con la intención de hacer ver al otro alguna verdad sobre sí mismo, o sobre algún otro asunto que comprometa la paz entre las partes. Por ejemplo, en marzo se acaba de publicar en español Correo literario de la premio Nobel polaca Wislawa Szymborska; libro que recopila las respuestas de la escritora a aquellos que pretendían debutar en su revista “Vida Literaria”. Las respuestas que encontramos en este libro pueden ser una excelente muestra del verdadero arte de injuriar sin necesariamente querer ofender. Se reconoce en cada respuesta una fina ironía y cierta franqueza cruel —como diría don Tite Curet— capaz de ofender, sí, al más perspicaz y sensible, pero también de hacer entrar en razón al más obtuso, puesto que, como la autora misma advierte, les aconsejaba e instaba a que fuesen “mínimamente críticos consigo mismos” al momento de juzgar sus escritos y enviarlos a la revista. Sus palabras, como valde de agua fría, le vienen a constatar al destinatario la dura realidad, su falta de talento, y eso no le cae bien a casi nadie, supongo. El desengaño duele.

Este es un libro valioso no sólo porque podemos disfrutar del don de la injuria y la agudeza inigualable de su autora, sino porque además, de ello se desprende el sesgo pedagógico de la ironía, mediante el que Szymborska lograría que su destinatario, el aspirante a escritor, dudadara de sí mismo y sus aspiraciones. Pero además, consigue sacarle par de carcajadas a su lector y la posibilidad de intuir el concepto que la poeta tiene sobre la literatura. Szymborska incita el pensamiento, provoca risa y sorprende al develar su falta de talento a los escritores debutantes, así como Miguel “el zapatero” consiguió conmigo aquella tarde en que yo niña, miré para su casa, y por la maldición inscrita en la pared concluí que Miguel creía en la Ley del Talión.

Será otra cosa: Volver a casa

1. Miro por la ventana

Casi todo el vuelo de Nueva York a San Juan, es sobre el mar. A los pocos minutos del despegue, después de pasar sobre los pantanales de los suburbios, el avión sobrevuela un mar plateado y calmo, entre nubes idénticas a las nuestras, las del otro lado. Si me concentro solamente en esa sección del paisaje, es como si ya estuviera llegando a casa.

He cruzado de un lado a otro, abrigándome y desabrigándome, adivinando la lengua en la que debo dirigirme a la gente, ampliando mi conocimiento sobre líneas aéreas, puertas de salida, estrategias de sobrevivencia y de calma; y esto es lo que presiento como posible rutina en mi futuro. Entonces, ¿dónde estará la gente más querida? ¿A dónde los tendré que ir a buscar? ¿Tendré salud y dinero suficiente para llegar hasta ellos?

Me imagino con un pie allí y otro acá, despatarrada.

2. Miro la gente

Me conmueven las ancianas despistadas que suelo encontrarme en el gate de salida. No falta ese personaje que permanece inalterable en la memoria de mis frecuentes viajes entre Hartford y San Juan.

–¿Qué dijo? ¿Grupo A o grupo E?

La mujer busca desesperadamente una respuesta entre quienes la rodeamos en la multitud, segura de que alguien la comprende y le responderá. El bilingüismo tiende estas trampas.

– Group A.

– Eh, grupo A.

La señora se deshace aliviada, los músculos se le aflojan y se acomoda en la fila. Me fijo en lo mucho que se parece la doña a mis primos del Pepino –sus pómulos altos, su piel cobriza, su larga trenza canosa sobre la espalda. Parece una mujer como de otro tiempo, de esas que salen en las imágenes de principios del siglo pasado: delgada, cariacontecida, cejijunta y medrosa. ¿Será real, alguien más la ve? ¿La estaré imaginando? La pierdo de vista tan pronto entramos al avión y no la volveré a encontrar hasta que lleguemos a Isla Verde. Allá la está esperando una barahúnda de parientes igualitos a ella, el parentesco es evidente.

3. Islas

Nueva York, mira, también es una isla: isla levantada sobre la explotación, el clasismo, el impulso feroz de los esforzados caníbales del progreso y mucha fantasmagoría. Hace casi cien años Federico García Lorca ya describía esta ciudad así:

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

En eso pienso cuando veo su línea del cielo como un bastidor de cartón más allá de la pista de aterrizaje; es la última imagen que me ofrece la ciudad, con coquetería. Por un momento no parece lo que es, una ciudad, y podría ser simplemente un montón de construcciones que se alinean frente a frente sin mirarse, con rencor. Repaso las visiones desde dentro de ese laberinto. Sé muy bien que dentro de poco, a la distancia, será tan irreal como cualquier ciudad en la memoria.

Pronto salgo de mi alelamiento porque han llegado mis compañeros de asiento: una mujer con sus dos niños.

4. Los que regresan

Por el pasillo hacia dentro del avión, iba atenta a mi alrededor: es mayormente gente que regresa. En esta ocasión, enero de 2018, algunos concluyen unas vacaciones de los apagones, dicen. Disfrutemos del aire acondicionado, los baños con agua, las comidas calientes. Dentro de poco se incorporarán a la rutina pos-María, a los esfuerzos por cumplir cada jornada a tropezones: precariedad, incomodidad, desconcierto. Tienen aspecto cansado, como si en lugar de vacaciones hubieran viajado para cumplir una misión.

Vuelven, me confiesa mi compañera de asiento, porque no se animan a dejar su barrio, su escuela, su gente, porque no aguantan ese frío pelú. Se sienten en la obligación de excusarse, como si regresar a la isla en ruinas fuera un demérito, como si haberse ido por un ratito al confort de la casa de los primos hubiera sido una traición. Me cuenta con aire cansado que las nenas jugaron en Central Park con la nieve, vieron los dinosaurios del Museo y patinaron sobre hielo. El chiquito se revuelve en el asiento, la hala por el brazo, tiene morriña. Ahora van de vuelta a la escuelita en Maunabo. Ya tienen luz, qué bueno. La mujer está agotada y le saca al nene dos muñecos, un Hulk y un SpiderMan. Son juguetes nuevos. Yo había olvidado que era enero y los Reyes habían llegado hacía poco. El nene se tranquiliza, aunque no deja de rasparme las piernas con los bracitos de su Hulk. Spiderman parece mucho más tranquilo aunque su dueño lo blande como si fuera una espada. Despegamos.

Pienso en mis sobrinos del norte, de la misma edad. Mi hermana me dijo que el día del huracán lloraron desconsolados frente al televisor cuando apareció el informe del tiempo para el Caribe en la televisión local. Habrá quedado para siempre grabada en sus memorias el dibujito del ciclón en la pantalla, un tirabuzón ancho y colorado que prometía arremeter contra la islita donde viven (¿agonizan?) los abuelos, una silueta monstruosa y amenazante, como los efectos especiales de las películas de desastres, incompatible con las aburridísimas visitas a la familia. Esta tarde, sin embargo, esos niños deben dormir plácidamente en sus camitas, sin pensar en la isla maltratada, ni en los abuelos, ni en los primos, ni en nadie. Estamos muy lejos, somos tan reales para ellos como personajes de un cuento.

5. Una legión de tristes

Los viajeros de este avión piensan que algo ha cambiado en sus vidas después del huracán, y van bien tristes, pero se alegran cuando anuncian que estamos llegando. Como es de día, desde esta altura no sabemos dónde ha llegado la luz y dónde no, pero sí podemos ver los toldos azules de las casas sin techo.

Dentro de poco todo esto estará en el olvido y será un trauma lejano. Puede que sí, puede que no. Puede que esto sea el principio de otra cosa que no tiene nombre todavía, una cosa que a los más viejos nos costará reconocer y apreciar.

Me consuela pensar que aún no tengo miedo a volar, que casi lo disfruto. Todo parece indicar que tampoco yo me quedaré quieta, que seré parte de esa bandada que va y viene constantemente, importunando a los oficiales de inmigración y a los políticos de turno. Pienso en que tanto ir y venir debe llevar a los del censo por el camino de la amargura. Esta gente no se queda quieta, dirán. Cuenten los que van, cuenten los que regresan, inconstantes, impertinentes, impredecibles. Somos legión.

Vázquez Maccarini pide oportunidad para jugar en la final del campeonato nacional absoluto 2018

La ajedrecista puertorriqueña Danitza Vázquez Maccarini hizo un llamado a la Federación de Ajedrez de Puerto Rico (FAPR) a que le permita participar en la Final del Campeonato Nacional Absoluto de 2018, a celebrarse a principios de junio, mediante una preclasificación.

Vázquez Maccarini no ha sido preclasificada porque no cumplió con el requisito de jugar por lo menos diez partidas en torneos “abiertos” en Puerto Rico, lo que considera una interpretación injusta y restrictiva del reglamento del organismo porque se ha mantenido activa dentro y fuera de Puerto Rico representando al país.

Varios de los torneos “abiertos” que celebra la FAPR anualmente no fueron celebrados o fueron celebrados fuera de fechas debido a los huracanes Irma y María. Además, para dos de los torneos, William Bermúdez Memorial y Clasificatorio para Campeonato Nacional, Vázquez Maccarini estaba representando al país en torneos internacionales, para los cuales contaba con el aval de la FAPR.

Otro de los torneos, Narciso Rabell Memorial de 2018, fue cancelado solo unos días antes de su celebración y luego fue jugado cuando Vázquez Maccarini, ante la cancelación, se había comprometido a jugar en dos torneos fuera de Puerto Rico.

El propósito de requerir la participación en torneos “abiertos” en Puerto Rico es que el jugador se envuelva y participe en competencias en suelo boricua para que aporte al ajedrez puertorriqueño.

Además, si a toda la ejecutoria antes mencionada, se añade que por lo menos dos o tres veces al año Vázquez Maccarini ofreció exhibiciones de partidas simultáneas “abiertas”, lo más justo es que se le preclasifique para la Final del Campeonato Nacional Absoluto de 2018.

“Es una injusticia que la federación me diga que no voy a ser sembrada (preclasificada) en el Campeonato Absoluto de Puerto Rico. Casi todo mi tiempo libre lo invierto en practicar y en irme a distintos países a jugar, y cuando regreso, al momento de la verdad -que es para escoger al equipo olímpico, del cual he sido miembro desde los 10 años- me dicen ‘no, vas a tener que jugar el clasificatorio (para poder jugar la final) porque supuestamente no tienes las partidas abiertas necesarias’. Yo entiendo que eso no es justo porque yo he traído muchos logros para la Federación de Ajedrez y para Puerto Rico y creo que me merezco esta oportunidad”, dijo Vázquez Maccarini.

Entre abril de 2017 y abril de 2018 (periodo relevante bajo el Reglamento de la FAPR), la adolescente jugó cerca de 70 partidas oficiales, en y fuera de Puerto Rico (el doble de las 35 requeridas), que afectaron su clasificación en el sistema de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), y resultaron en que al finalizar el 2017 tenía más de los 2200 puntos requeridos para ser preclasificada para la Final del Campeonato Absoluto (tenía 2217 puntos).

Para la jugadora, la alternativa para solucionar la controversia no solo es permitirle jugar en la final sin necesidad del clasificatorio (al cual decidió no participar por conciencia), sino también evaluar el actual reglamento de la FAPR para contemplar enmiendas que beneficien a las mujeres y a los jóvenes, además de no penalizar a jugadores que han salido fuera de Puerto Rico para participar en competencias y procurar la evolución de su juego.

“No podemos encajonar a nuestros jugadores solamente en Puerto Rico porque así no vamos a lograr ningún tipo de progreso”, dijo la jugadora.

Con tan solo 15 años de edad, la adolescente se coronó como la jugadora más joven en ganar el Campeonato Nacional de Ajedrez de Puerto Rico, que incluye tanto a hombres como mujeres. Actualmente, a sus 18 años, la jugadora es finalista en el Campeonato Mundial de Ajedrez Femenino, que se celebrara en noviembre en Khanty-Mansiysk, Rusia.