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La víspera del pueblo

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás, Claridad

Roy Brown y Noel Hernández están aportando una nueva modalidad de la expresión patriótica a la lucha independentista. Es la versión puertorriqueña de la canción protesta; música y poesía que recogen el clamor popular en carne viva. En las dos últimas concentraciones independentistas, en Guánica y Aguada, hemos visto como cala entre los independentistas esta novel manifestación artística.

Lo que pasa es que en la creación de estos jóvenes se conjuga una alta calidad estética con la más clara comprensión de las inquietudes de nuestro pueblo y su fiel expresión en el lenguaje cotidiano de los puertorriqueños de hoy.

Una de las más conocidas canciones de Roy Brown advierte a los inversionistas, capitalistas y politiqueros que todo su poder va a hacerse trizas y van a tener que cruzar “el mar a nado”. “Porque el pueblo borinqueño está pronto a despertar, es la víspera del pueblo que ya mismo va a gritar”.

El artista, como el escritor, es sobre todo un testigo de su época. En la medida en que atestigua con fidelidad el pulso de su tiempo se logra como creador.

No hay cuatro palabras que definan mejor este minuto histórico de Puerto Rico que “la víspera del pueblo”. Sería ilusorio creer que el pueblo puertorriqueño ha entrado ya en plena realización de su función estelar. Todavía el andamiaje colonialista logra asfixiar el afloramiento d su voluntad. Pero es torpe quien no alcance ver que ese afloramiento empieza a despegar desde todos los costados de la nacionalidad.

El régimen cree, por pura miopía intelectual, que puede contener los brotes de inconformidad que se producen en todas partes a base de una especie de aplicación en reverso de la teoría revolucionaria del foco guerrillero. Si ésta es discutible en su validez táctica, su versión represiva es totalmente inoperante, y en ocasiones contraproducente para los defensores del statu quo.

Tal es la situación del actual gobierno de Puerto Rico en su empeño de parar el desarrollo de la nueva lucha de independencia. Han elucubrado que todo el problema consiste en destruir los focos desde los cuáles se desarrolla la actividad patriótica y revolucionaria. Y creen, los pobres diablos, que así van a parar el curso de la historia. Lo que hacen es acelerarlo.

Ejemplo claro de la desesperación del régimen es el plan maestro de Mellado para la represión del movimiento estudiantil en todos los niveles. El plan se funda en tres criterios igualmente contraproducentes para el régimen: 1) la persecución y el acosamiento a maestros y dirigentes estudiantiles independentistas, 2) la descentralización de los focos de mayor actividad patriótica y 3) la creación de instituciones oficiosas que canalicen la expresión estudiantil en forma mediatizada y dirigida por la maquinaria del sistema.

La persecución, se ha demostrado hasta la saciedad, lo que logra es redoblar la rebeldía y obligar a ésta a convertirse en eficaz acción revolucionaria.

La descentralización de los focos de actividad patriótica lo que hará es generalizar esa actividad. La lógica de Mellado es tan mellada como su apellido. Como la Facultad de Ciencias Sociales es donde se concentra el mayor número de activistas, proporcionalmente, en todo el Recinto de Río Piedras de la UPR, él ha propuesto mutilar esa facultad y sacar varios de sus departamentos para otras facultades. De igual manera, como el Recinto de Río Piedras es el más politizado, sugiere ampliar los centros regionales para menguar la matrícula de este recinto. Ambas medidas redundarán en proyectar hacia un radio mayor la influencia de los sectores politizados.

La creación de instituciones oficiosas redundará en que éstas serán arropadas por el movimiento estudiantil que, o las convierte en suyas, o se las lleva de frente.

En fin, ninguna de estas medidas puede contener el desarrollo del movimiento estudiantil. Tampoco podrán aislar al movimiento estudiantil para dejarlo al margen del resto del país. Porque la realidad es que nuestro pueblo empieza a despertar masivamente. Y despertar quiere decir, no solo comprender su realidad, sino disponerse a transformarla. 

Quien haya seguido de cerca la vida puertorriqueña de la última década, y no esté en babia, percibe que se está operando un cambio dramático en la psicología de los puertorriqueños. Los imperialistas, que no son tan babosos como los colonialistas del patio, empiezan también a comprender este cambio. Véase la cantidad de reportajes sobre Puerto Rico que se está produciendo en la prensa, la radio y la televisión norteamericana, y podrá notarse que el míster inversionista empieza a recibir el mensaje de Roy Brown. Intuyen que, en efecto, ya es la víspera del pueblo.

Publicado el 9 de agosto de 1970.

La denuncia del crimen de Maravilla se llevó al mundo

Foto Archivo CLARIDAD

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

Los crímenes realizados por el gobierno de Estados Unidos, en combinación con la gobernación colonial de Carlos Romero Barceló en el Cerro Maravilla, el 25 de julio de 1978, los llevó el PSP a las Naciones Unidas y al Movimiento de los Países No Alineados, así como a distintos gobiernos, partidos y movimientos sociales de muchos países del mundo, en especial de América Latina. Lo hizo, poniendo en ello su mayor énfasis y todos los recursos a nuestro alcance. Fue así que pudimos lograr que tanto la ONU como los No Alineados aprobaran medidas condenando esos crímenes.

La denuncia en la ONU la hicimos en las discusiones sobre el caso colonial de Puerto Rico en 1978, 1979 y 1980, ante el Comité Especial de Descolonización.

En 1978, a los pocos días de los fatídicos sucesos, comparecimos ante la ONU y formulamos la denuncia de esos crímenes. Ese mismo año, tras la aprobación de la resolución sobre Puerto Rico por el Comité Especial, en la que se condena la persecución realizada contra el movimiento independentista y sus integrantes, respondiendo a nuestras denuncias, volvimos a denunciar esos hechos en un documento que dirigimos a todos los miembros de la Asamblea General, en anticipación a la consideración por dicha asamblea del informe del Comité de Descolonización, que contenía el texto íntegro de su resolución aprobada ese año. Lo mismo ocurrió en 1979, así como en la cumbre de los Países No Alineados celebrada en La Habana en septiembre del mismo año de 1979.

En 1980, que fue cuando Romero Barceló consiguió que se archivaran los cargos federales contra los asesinatos de Maravilla, volvimos a comparecer ante el Comité de Descolonización, y en mi intervención manifesté lo siguiente:

“Este mismo año, aquel caso del doble asesinato del Cerro Maravilla, que nosotros denunciamos aquí a raíz de haber ocurrido, en 1978, y volvimos a ahondar sobre él en 1979, ha tomado nuevos giros que dramatizan el peligro de esa confrontación de que estamos hablando. Porque el caso del Cerro Maravilla no es el asesinato aislado de dos jóvenes patriotas por mero error de cálculo o equivocación de una línea gubernamental. El caso del Cerro Maravilla delató una conducta oficial del gobierno de Puerto Rico dirigida a la erradicación, mediante el asesinato y la violencia, del movimiento de liberación de Puerto Rico en todas sus manifestaciones. Y el gobernador de la colonia, que dirigió intelectualmente el operativo del Cerro Maravilla, y posteriormente lo ha tratado de encubrir, hizo declaraciones patentes en el sentido de que pretendía que aquello sirviera de escarmiento para contener el desarrollo del movimiento independentista puertorriqueño.”

“Y si el patrón del Cerro Maravilla se multiplica, y se pone en práctica, entonces estamos inmersos y sumergidos en la confrontación. Y recuérdese que esta confrontación se daría no sólo en el territorio nacional puertorriqueño sino en territorio nacional de Estados Unidos.”

“Benjamín Civiletti, procurador general de Estados Unidos en la administración de Jimmy Carter, ordenó el cierre de la investigación del Cerro Maravilla por el gobierno federal norteamericano mediante una negociación burda y barata con Carlos Romero Barceló, gobernador de Puerto Rico y responsable principal del encubrimiento del asesinato doble del Cerro Maravilla, en un trueque nauseabundo, mediante el cual Carlos Romero Barceló, Republicano de toda la vida, se tornaba en Demócrata para darle los votos puertorriqueños bajo su control en la convención Demócrata a las aspiraciones de renominación de Jimmy Carter, a cambio de que le cerraran la investigación del caso del Cerro Maravilla por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Y se de esa forma actúa un gobierno que tiene el control y la hegemonía directa de Puerto Rico por virtud del coloniaje, estamos jugando con candela en este instante.”

“Se llegó al extremo insólito, casi increíble, si no estuviera tan reciente en la historia, de que un juez federal de Estados Unidos, de nombre Juan Pérez Jiménez, nombrado por Jimmy Carter, ordenó mantener en secreto la declaración jurada que prestó el gobernador de Puerto Rico, por órden de otro juez que ya se había muerto, sobre la situación del caso del Cerro Maravilla, y ordenó mantener en secreto las declaraciones de otros testigos, incluyendo a un ex-policía que estaba presente en el Cerro Maravilla el día del asesinato, y que observó dos ráfagas de tiro contra esos jóvenes independentistas. Después de la primera ráfaga, vio que ya tenía detenidos a esos dos jóvenes y los estaban injuriando y los estaban pateando, de lo que se deduce obviamente que la segunda ráfaga fue la que les remachó para  matarlos, y de lo que se deduce lógicamente, que fue un asesinato frío, no en evitación de que ellos cometieran un delito, sino siguiendo las instrucciones del supuesto escarmiento de que había hablado el gobernador de Puerto Rico. Y esas declaraciones están ocultas, encerradas en la caja fuerte del Tribunal de Estados Unidos en Puerto Rico, por órdenes de ese señor que finge de juez, de nombre Juan Pérez Jiménez, para que el pueblo puertorriqueño no las conozca y se les ha amenazado a los abogados que estuvieron presentes en la toma de esas declaraciones que si revelaban el contenido de las mismas serían desaforados de su profesión y encausados criminalmente.”

“Nunca se había visto en el propio ordenamiento jurídico de Estados Unidos una violación tan flagrante, de lo que ellos llaman el debido procedimiento de ley, como ésta que se realiza para ocultar esa masacre, porque el propósito es ocultarle a Puerto Rico y al mundo la realidad de lo que es la estrategia represiva del imperialismo en Puerto Rico, para el confrontamiento que lleve a la aniquilación física del independentismo puertorriqueño.” 

Todo lo que aquí he reproducido de mi libro “Puerto Rico: el Otro Colonialismo” (publicación del Comité Central del Partido Socialista Puertorriqueño, 1982, pp. 148-227), es fruto de investigaciones llevadas a cabo muy escrupulosamente por los miembros del colectivo de CLARIDAD. En el caso de la negociación en Wáshington entre Romero y Civiletti, obtuve la información de una fuente inexpugnable, que fue un viejo amigo y compañero a quien conocí cuando trabajé en la Brrokings Institution. 

Al momento de brindarme la información estaba relacionado con el Departamento de Justicia bajo la dirección directa de Civiletti. Considero que es una de las informaciones fundamentales que revelan la indiscutible inmersión de Carlos Romero Barceló en todo el plan represivo que incluyó el entrampamiento, asesinato y encubrimiento del horrendo crímen del Cerro Maravilla. Dejo a la historia por testigo y juez. No tengo dudas que ella lo inculpará ante los siglos del porvenir. Personalmente no tenía ninguna razón para inculpar a Romero por esos actos, si no tuviera la cabal conciencia de que el conjunto de los hechos que pudimos acumular, principalmente en el trabajo investigativo de CLARIDAD, pero con la destacada participación también de otros periodistas como Tomás Stella y Manny Suárez del San Juan Star de la época, le acusa directamente a él como artífice del crímen. Antes de esos acontecimientos, Romero era mi colega y con quien llegué a mantener una relación cordial, como lo he hecho con otros adversarios siempre. Desde Maravilla, ya Romero está fuera del ámbito de mis relaciones personales, porque los asesinatos del Cerro Maravilla constituyen dos crímenes imperdonables para la patria puertorriqueña. 

Periodismo Político

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El capitalismo se sostiene elevando la mentira, el engaño y la confusión como práctica universal. Es una ideología enmascarada. Cuando pierde sus disfraces, no le queda más alternativa que imponerse con toda la furia de la fuerza bruta. Eso es el fascismo, o sea el capitalismo en estado de desesperación.

Uno de los recursos más usados por los capitalistas en el forcejeo ideológico por mantener encubiertas su naturaleza brutal, inhumana y discriminatoria es el doble juego, herencia ancestral del fariseísmo.

Ningún concepto ha sido tan abusado por el doble juego capitalista como la democracia. Siendo los negadores de la democracia, el cinismo capitalista ha llevado a identificarse con ella como si fuera sus custodios.

Pero su democracia se funda en un truco demasiado manido, que es la despolitización de las masas. De ahí surge esa insólita teoría que convierte la política en tabú dondequiera que ellos (los capitalitas) no ejercen control.

Por eso plantean que no haya política estudiantil en las escuelas. Los burócratas de Instrucción Pública cuelan continuamente su política capitalista  y colonialista en currículos, textos y planes de cursos. Pero a los alumnos se les niega el derecho a la discusión política inteligente. 

Lo mismo hacen respecto al movimiento obrero. Mientras sus lacayos incondicionales controlen una unión o un sindicato, les parece muy bien que infiltren su política entreguista en la retórica y la práctica. Pero ponen el grito en el cielo tan pronto perciben la influencia ideológica del proletario en el movimiento sindical. ¿Habráse visto planteamiento más absurdo? Según el mismo, Hipólito Marcano puede ser dirigente sindical al mismo tiempo en que es senador, miembro del cuerpo directivo del Partido Popular —uno de los partidos de los capitalistas— gran gurú de la masonería colonial y otras cuántas etcéteras. Pero que Pedro Grant sea dirigente sindical siendo miembro del Comité Central del Partido Socialista —el partido de la clase obrera— es suficiente para que se tornen histéricos y arremetan contra su liderato con las más sucias manipulaciones. 

Exactamente igual ocurre en el periodismo. ¿Hay alguien tan ingenuo en este país que a estas alturas ponga en duda la naturaleza esencialmente política de todos los periódicos?

El “San Juan Star” es órgano del gran capital yanqui. Pretende estar por encima de la política “local”, como le llaman los invasores a la que se da en el plays. Su imparcialidad es la de los amos ante sus esclavos. Mientras no les afecten sus intereses, mantienen su ecuanimidad paternalista. Pero, Dios libre que alguien pretenda ejercer un periodismo comprometido contra lo que ellos representan. Porque entonces lo tachan de infiltración política en “el sagrado sacerdocio del periodismo”. Por eso Andrew Viglucci, director del “Star”, sostiene que CLARIDAD no hace periodismo. Nos llama político que fungimos de periodistas. ¡Como si todo el periodismo no fuera político! ¡Como si no fueran él y sus adláteres los únicos intrusos en el periodismo puertorriqueño!

Los diarios que se publican en español, por su parte, no solamente son todos capitalistas y colonialistas, sino que también toman partido entre los partidos coloniales. ¿Quién tiene dudas de que “El Nuevo Día” responde al PNP y que “El Mundo” y “El Vocero” se alinean con el Partido Popular?.

A principios de siglo, cuando el capitalismo era todavía primitivo en Puerto Rico, había periódicos diarios de los dos partidos de la burguesía criolla. “La Democracia” fundada y dirigida por Muñoz Rivera, era el órgano del Partido Unionistas y “El País”, que dirigió el doctor Barbosa, o fue del Partido Republicano.

A medida que fue desarrollándose la estructura de poder imperialista y fundiéndose los intereses de la burguesía criolla con los de los capitalistas yanquis mediante su transformación en burguesía intermediaria e importadora, el periodismo burgués tomó nuevos visos. Poco a poco se fueron desarrollando las grandes empresas periodísticas, cuyo principal exponente es “El Mundo”, que combina periódico con radio y televisión.

Nunca antes había tenido la clase obrera un periódico diario. Si no tenía ni siquiera un partido, que es lo básico, no podía esperarse que acumulara la conciencia y la fuerza necesarias para publicar su propio periódico diario. El proceso de formación del Partido  Socialista —que ha tomado quince años— ha conllevado simultáneamente el de la formación del diario de los trabajadores.

La clase obrera, en los planes capitalistas, no cobra conciencia de su existencia, sus intereses y su fuerza, de la noche a la mañana. Aquí en Puerto Rico, agravada su enajenación por el colonialismo, la clase trabajadora ha estado permeada por todas las confusiones que emana la ideología burguesa.

El desarrollo de CLARIDAD no ha estado exento de esa influencia de la ideología burguesa. Hubo períodos en la historia de nuestro periódico en que prevaleció el criterio farisaico de que había que encubrir la ideología proletaria del semanario. César Andreu Iglesias y Samuel Aponte —por ejemplo— sostuvieron la tesis de que había que aguar a CLARIDAD para que pudiera despegar. Cuando no lograron imponer sus ideas conciliadoras, se fueron de CLARIDAD. Ensayaron las mismas al fundar “La Hora” y tuvieron que irse también. Fueron a parar con sus vacilaciones a la prensa burguesa. El resultado es dramático: mientras ellos se replegaron a hacerle periodismo a la burguesía ala gusto y antojo de ésta, CLARIDAD siguió su curso ascendente. Amplió su contenido y circulación, profundizando al mismo tiempo su calidad ideológica. Pasó de semanario a bisemanario y de bisemanario diario, sentando un precedente de gran importancia en el periodismo puertorriqueño.

Así va a seguir siendo CLARIDAD: objetivo pero no imparcial, como lo ha indicado certeramente el director, compañero Raúl González Cruz.

No habrá en las páginas del diario de los trabajadores asomo alguno de mentira, engaño o doble juego. Nuestra ideología —la más avanzada alcanzada por la humanidad— se filtrará con toda nitidez en el contenido del periódico. Informaremos  y analizaremos objetivamente por qué a la clase trabajadora no le interesa confundirse a  sí misma. La verdad objetiva, su escudriñamiento  y análisis, es instrumento esencial en el propósito del proletario de transformar la realidad. Por eso es que seremos objetivos.

No seremos imparciales porque estamos totalmente parcializados del lado de los trabajadores, contra los capitalistas; del lado de la independencia contra la colonia, del lado del socialismo contra el capitalismo. No haya lugar a equívocos. 

Con objetividad y parcialidad, llenaremos el cometido que nos corresponde como vocero de las más altas aspiraciones del pueblo puertorriqueño. Ayudaremos, así, a motorizar el masivo despertar de los trabajadores boricuas, que conduzca a la destrucción del sistema capitalista-colonial y la construcción de la nueva sociedad: independiente, socialista y verdaderamente democrática. Para eso, y para nada más, es todo este esfuerzo que representa CLARIDAD diario. 

Las predicciones de Juanma

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El amigo Juan Manuel García Passalacqua ha vertido una nueva predicción “politológica”. Es muy precisa, como las anteriores: el 23 de septiembre de 2010, el Congreso de Estados Unidos “dispondrá del territorio” en el caso de Puerto Rico.

Hagamos un poco de historia. No acertó su predicción de que, el 12 de octubre de 1992, cuando se cumplió el medio milenio de la llegada de Colón al nuevo mundo (en el lenguaje de los europeos), se bajaría la bandera de Estados Unidos en el capitolio de Puerta de Tierra y se proclamaría la república asociada de Puerto Rico. No ocurrió nada al respecto. Un humorista de la época, quien sigue siéndolo, cada vez con mayor éxito, manifestó su preocupación, poco antes de la fecha fijada por Juanma para su presagio, que ya era evidente que no iba a ocurrir, que el politólogo criollo tuviera que suicidarse frente al capitolio cuando llegara esa fecha y no ocurriera su predicción, varias veces anunciada por él con tanta seguridad. Le comenté públicamente, desde uno de mis rincones periódicos en CLARIDAD, que no se preocupara porque cuando fallara el presagio de Juanma, él culparía a la historia del fallo, liberándose de toda culpa.

Luego, durante años, García Passalacqua se ha pasado presagiando la muerte del estado libre asociado para dar paso a la anexión (estadidad) o la soberanía plena (la independencia). Poco a poco ha ido variando el presagio, para adaptarlo a los tiempos, según su argumento. De esa manera ha engatusado de tal suerte a algunos independentistas que éstos consideran a Juanma el orientador mayor del independentismo, al sostener que a Estados Unidos ya no le interesa la dominación colonial de nuestra patria. Lo último que dijo, en esa dirección, fue vísperas de la discusión del caso colonial de Puerto Rico en el Comité de Descolonización de este junio de 2008, cuando le recomendó al asistente de su programa radial, quien iría a cubrir el evento a la ONU, que antes de entrar al edificio de la ONU, fueron al tercer piso del edificio del frente, en la embajada americana, para que se enterara allí que Estados Unidos le iba a dar su aprobación a la resolución que se aprobaría con su anuencia ese mismo día en la ONU. Juanma ni siquiera se había enterado de que hace ya varios años Estados Unidos mudó su embajada de frente a la ONU para otro lugar en Manhattan, y que el antiguo edificio fue implosionado y hace meses se está construyendo uno nuevo, que todavía no se ha terminado ni está en uso. Lo importante de este dato es que indica que García Passalacqua ni siquiera pasa por la Primera Avenida, entre las calles 42 y 49, donde radica la ONU, desde los tiempos en que trabajaba para la administración de Carter, que tuvo entre sus funciones ir allí a cabildear en contra de los proyectos independentistas que se presentaban año por año. No hubo tal allanamiento de Estados Unidos.

Cuando fallaron sus predicciones y cabildeos contra el ELA, se ha ido acomodando en una nueva versión para su empeño de eliminar la independencia: que Estados Unidos disponga del territorio, entre integración y soberanía. Lo importante para Juanma es que todo nuestro destino se ponga, en primera instancia, en manos de Estados Unidos, como si fuéramos una propiedad suya. En su formación como abogado y burócrata de la política internacional norteamericana, tal interpretación es la verdad revelada, como las tablas de la ley. Que todo se acomode al deseo de Wáshington es imperativo, según su versión. Para él —su formación no da para más— el presente del poder yanqui sobre nuestro pueblo es la eternidad. Tanto en Harvard como en Yale le enseñaron que no hay solución posible a nuestra definición política sin la previa aprobación de lo llamaban “el gobierno permanente” de Estados Unidos; es decir, la alta burocracia de carrera, que no cambia con los cambios de administración. Como hace tiempo que no toma cursos de educación continuada, no se ha enterado que eso ya no es así; que Estados Unidos ya no está en el siglo de su hegemonía sobre el mundo, sino en lo que sus propios analistas llaman “el siglo post-americano”.

El declive relativo del poderío norteamericano en el mundo se ha acelerado. En nuestro caso, esto obliga a Wáshington, quienquiera que sea el nuevo presidente a partir del 2009, a reorientar algunos aspectos de su política exterior. Los burócratas del viejo “gobierno permanente” que son las fuentes de Juanma, ya no son los que trazan política para las nuevas promociones. 

Ya no podrán evitar emplazar el caso colonial de Puerto Rico dentro de las nuevas realidades del Caribe y América Latina. Los países que constituyen hoy la línea del frente de esta importante región caribeña y latinoamericana, están bien claros en que Puerto Rico es una nación caribeña y latinoamericana que tiene pleno derecho a la libre determinación y la independencia.

Nosotros, los independentistas puertorriqueños que no nos dejamos embaucar con viejos esquemas analíticos que conducen a la sumisión y el vasallaje, sabemos que nuestra patria tiene mayor valor que antes, tanto para las ambiciones del imperio en declive como para las aspiraciones del patriotismo nacional. Lo tenemos por la ubicación geoestratégica de la nación puertorriqueña, como por su valor económico en función del inmenso recurso que representan los talentos, conocimientos y gran creatividad del pueblo boricua, como por la inmensa ganancia que le estamos generando al capital transnacional, de origen norteamericano y hoy suelto por el mundo entero, además de los recursos naturales con los que contamos para un verdadero desarrollo sustentable —como son el agua y el sol— todo lo cual converge el propósito de levantar a sus mas altos niveles el poder colectivo de nuestro pueblo para alcanzar la plenitud de sus derechos.

Por eso, y muchas razones más que no caben en tan poco espacio, anticipo que tampoco saldrá la tercera predicción del decano de nuestros politólogos Juan García Passalacqua. Ésta consiste en que, nada menos que el 23 de septiembre del año 2010 (para seguir engatusando a independentistas ingenuos en la celebración del Grito de Lares), el Congreso de Estados Unidos va a disponer del territorio, o integración a Estados Unidos en espera de eventual estadidad o pueblo asociado en camino a la independencia. La idea es que por miedo a la independencia, el pueblo opte por la integración, o sea el territorio incorporado, que significa aplazar por cien años más la definición del status.

Apunta esto, amigo Juanma. Los independentistas puertorriqueños, que somos la fila de alante de nuestro pueblo, no vamos a permitir que sea el Congreso norteamericano el que decida nuestro futuro. Eso lo decidiremos nosotros. Y en esa decisión cabrás tu también, porque el hecho que hayas fallado tanto no te hace menos boricua que cada uno de nosotros. Y todos juntos, aunque pueda parecer ilusorio ahora a tardos ojos (al decir hostosiano), lograremos por fin la descolonización y nuestra verdadera integración, que es a los pueblos de los que somos parte integrante, no por fiat electoral pasajero, sino por imperativo de la historia, la geografía, la economía y el espíritu común, que es la América Nuestra, la que definieron con tanta brillantez José Martí y nuestros patricios pioneros, Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos. 

Nulidad del Tratado de París ( cápsulas de un discurso Albizuista V y última)

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari BrásClaridad,

Luego de haber discutido ante el público presente su interpretación sobre el alcance que tuvo la Carta Autonómica de 1897 con relación a Puerto Rico, en la que aseguró que al extenderse por la Corona Española dicha Carta tal acto tuvo el efecto de convertir a nuestro país en nación soberana bajo el único vínculo de su lealtad a la dinastía de los Borbones, Albizu elabora los fundamentos de su teoría sobre la nulidad del Tratado de París. Dice sobre el particular:

“Ahora bien, señores, el reconocimiento de personalidad, ya sea en el derecho civil privado, o ya sea el derecho público internacional; si cualquiera de vosotros tiene un hijo que ha llegado a los dieciocho años de edad, pero que no ha llegado a la mayoría de edad, van a la corte de distrito de Mayagüez, su abogado presenta un expediente de emancipación y el juez dictará la emancipación del menor. Al otro día, después de decretada la emancipación, el padre y la madre se arrepienten y quieren volver con otro expediente para anular la emancipación del hijo, no pueden porque una vez reconocido el derecho de personalidad, es irrevocable. Porque si pudiera ser revocable, no podría existir ninguna relación jurídica de hombres. Es decir, que si yo quisiera hacer con cualquiera un contrato sobre la venta de una finca, si éste pudiera ser revocado, sin considerar el derecho adquirido por el contrato de venta, yo no contrataría nunca. Eso es claro. Y por eso es que el reconocimiento de personalidad en el derecho privado es completamente firme y terminante, porque es la base de la relación jurídica en una sociedad. En el derecho internacional es lo mismo. El reconocimiento de personalidad es irrevocable. Y una vez que se concede, no hay poderes para retractarse. Y así, España no tenía derecho a ceder a Puerto Rico, ni Estados Unidos tenía derecho a adquirir a Puerto Rico en virtud de una cesión. Ningún tratado entre España y ningún poder será obligatorio para Puerto Rico sin el expreso consentimiento del parlamento de Puerto Rico.”

“Si los yanquis creían que tenía derecho a recibir a Puerto Rico como botín de guerra, ¿porqué no sometieron el Tratado de París al Parlamento de Puerto Rico? Era que temían que el parlamento no fuera a aceptar la cesión de Puerto Rico.”

“Pero es más todavía, señores. A la pobre España se le ha dicho que ella cedió a Puerto Rico sin defenderlo. Quisiera que aquí, en justicia a la historia, se sepa toda la verdad. Cuando estalló, los Estados Unidos decían que iban a la guerra con fines humanitarios (como a todas partes; yo no he oído nunca a los yanquis que iban a una parte sino con fines humanitarios). España, al verse declarada la guerra, con gran sensatez, le ofreció a Estados Unidos un armisticio en lo que discutían los términos de paz. “Que cese el derramamiento de sangre;  no sacrifiquéis vuestras vidas, ni sacrifiquemos las nuestras, y no pongamos en peligro la vida de cubanos y puertorriqueños’ y Estados Unidos dijo que sí, pero que ellos habían hecho un sacrificio muy grande con declarar esa guerra, y habían gastado tanto dinero ya, que era necesario una compensación, y que pedían en compensación por su declaración de guerra, la cesión de Puerto Rico como condición del armisticio. No había desembarcado un solo yanqui todavía en Puerto Rico. Entonces las negociaciones se conducían por mediación del embajador de Francia, rotas ya las relaciones diplomáticas, Monsieur Jules Calhous, fue quien comunicó al ministerio de relaciones exteriores de España la pretensión de Estados Unidos. Ellos habían ido con fines humanitarios, pero querían que le pagaran. Y había que pagarles, ¿con qué?, con la personalidad de Puerto Rico, y con sus intereses. Y España dijo que no, y le dijo al embajador francés que resolviera con ellos. Y ellos dijeron que o cedían a Puerto Rico, o seguía la guerra. Y España entonces siguió la guerra.”

“Los yanquis desembarcaron en Puerto Rico, y entonces, como veían que para los fines de la cesión de Puerto Rico era casi ridículo pedir que se cediera un país que no habían ocupado, metieron en Puerto Rico quince mil  hombres de todas las armas. Los españoles adoptaron la táctica  de reconcentrarse en San Juan, y se fueron replegando para evitar derramamiento de sangre, y en diciembre de 1898 España volvió a proponer un armisticio, estando las tropas españolas en contacto con las de Estados Unidos en Coamo. Le propusieron un armisticio, y entonces Estados Unidos volvió a decir que para cesar las hostilidades, España tenía que ceder a Puerto Rico; y España, viendo desaparecer su escuadra, roto ya su crédito internacional, desaparecido su ejército en Cuba, no le quedó más remedio que acceder a las pretensiones del enemigo perverso. Y entonces cesó la guerra. Vino el Tratado de París, y de acuerdo con el protocolo diplomático, había una cuestión planteada en virtud de un armisticio…”

“En el Tratado de París hay una cesión pura y simple de Puerto Rico a Estados Unidos; y ese tratado es nulo porque España no podía contratar con referencia a Puerto Rico después de la autonomía sin el expreso consentimiento de Puerto Rico, y eso nunca fue sometido al parlamento de Puerto Rico para su aprobación. Derrumbaron el gobierno autonómico que existía en Puerto Rico, e implantaron el régimen militar que tienen. La ciudadanía tiene la misma validez que tienen todos los actos de los yanquis derivados del Tratado de París. Es lo mismo que si los chinos decretaran que los puertorriqueños son chinos porque el dragón imperial así lo manda.”

Esta teoría sobre la nulidad del Tratado de París por falta de consentimiento por parte de Puerto Rico, fue cónsona con el planteamiento hecho por Hostos cuando regresó a Puerto Rico como presidente de la Liga de Patriotas en 1898. El propio Albizu la expandió en sendos alegatos jurídicos redactados por él en casos de los años treinta. La hizo suya también el Doctor Juan Augusto Perea, ilustre historiador y jurisconsulto mayagüezano quien presidió el primer Congreso Pro Independencia en 1943 y es y sigue siendo la base jurídica de todos los que negamos validez alguna al régimen de dominación norteamericana en Puerto Rico.

FIN