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Una señal ¿pero de qué?

Zahira Cruz / Especial para En Rojo

Hace unos días releí la última novela de Rafael Chirbes, Paris-Austerlitz, publicada póstumamente por Anagrama en 2016. En ella se narra una intensa historia de amor entre dos hombres que, propone una reflexión sobre los límites del amor, el compromiso y el final de la vida. Pero, además, sobre aquellas cosas —muchas— que llegan a condicionar los sentimientos y las formas de relacionarnos con los otros. Es una novela triste. ¡Parece que son mis favoritas!

En ella hay un pasaje que capturó mi atención, no solo por lo desenfadado del juicio que expresa sino porque lo estaba leyendo en Semana Santa. Lo transcribo:

El chico bien vestido que acompaña al obrero borracho Michel. Que se follaba al borracho Michel. Que seguramente le paga porque es un rico vicioso que se excita con los marginados. Los hay. Olisquean en los túneles del metro, en los muelles del río. Buena parte del santoral católico se nutre de ese tipo de pervertidos. Que te excite la pobreza ajena, descubrir un rescoldo de la energía subyacente donde se ha consumado la derrota y querer sorberlo, apropiarse de ese fulgor: una caridad corrompida (11).

Me quedé un poco con la boca abierta, no porque me ofendiera la declaración del personaje ni porque no se me hubiera ocurrido que esta perversión fuera posible, sino más bien porque se trata de una de esas casualidades que al reparar en ella me descubro perpleja. Leer esto, justo en la Semana Mayor, en la que muchos fariseos, no únicamente católicos, andan dándose golpes de pecho, fue casi como una epifanía. Como cuando, en otra ocasión, leía por primera vez El sueño de un hombre ridículo, cuento de Fiodor Dostoievski, y me topé con que el hombre ridículo había escogido el día tres de noviembre para suicidarse, mismo día en que yo lo leía, y, además, sintiéndome bastante ridícula —no por estar leyendo a Dostoievski—. Son como señales, exactamente de qué…? ni idea, pero señales al fin. Entonces, pienso en las casualidades como eventos que me erizan la piel e incitan la imaginación. Pienso en las probabilidades, en el azar y en la fortuna, y, reconozco que nuestras certezas penden de un hilo. He comenzado a creer en la existencia de un plan siniestro.

Crucigrama: Sylvia del Villard

Horizontales

2. Sylvia del _____; actriz, coreógrafa, bailarina, cantante y declamadora; estudiosa de la aportación africana a la cultura puertorriqueña. Trabajó en el cine en las producciones “The Time We Lost” y “The Americans Came Playing the Violin” y en “Los traidores de San Ángel” del argentino Leopoldo Torre Nilsson.

7. Socorro.

10. Símbolo del elemento químico indio.

11. Satélite galileano más cercano a Júpiter.

12. Estrujó.

13. Antes de Cristo.

14. Pronombre personal.

15. Impar.

16. Afirmación.

17. Artículo neutro.

18. Punto cardinal.

20. Otorga.

22. Cuarta nota musical.

23. Árbol de la familia de las anonáceas.

25. Divinidad egipcia.

26. El _____; obra teatral en la que participó Sylvia del Villard.

28. Símbolo del berkelio.

29. Acción de ondear.

30. Travesía, trayecto.

31. Pacto.

35. Reúno, junto.

37. El _____; obra teatral en la que participó Sylvia del Villard.

40. Gri-_____; obra teatral en la que participó Sylvia del Villard.

41. 28 de _____ de 1928; nacimiento de Sylvia del Villard.

45. Artículo, pl.

46. Nombre de la c.

47. Unidad de tiempo geológico, equivalente a mil millones de años.

48. Conozco.

52. Esencia, razón, causa.

54. Pulimenté.

55. Miré.

56. Escuché.

58. Puerto _____; Sylvia trabajaba en este proyecto al sobrevenir su muerte.

59. _____ del Villard; se destacó en producciones como “La cuarterona”, “El casorio”, “La muerte”, “La tempestad”, “El reto”, “Gri-Gri”, “Las ventanas”, la zarzuela “Cecilia Valdés”, “Aquelarre tambó” y “El baquiné” de Abelardo Díaz Alfaro, entre otras.

Verticales

1. 5 de _____ de 1990; fallecimiento de Del Villard.

2. Caminos.

3. Incurra en una falta.

4. _____ tempestad; pieza teatral en la que trabajó Del Villard.

5. Brillan con luz trémula.

6. Engaño, fraude, simulación.

7. _____ Juan; ciudad donde falleció Del Villard.

8. Órgano de la visión.

9. _____; compañía artística fundada en Nueva York por Del Villard.

19. Sector sanjuanero donde nació Del Villard.

21. Acá.

22. Confíen.

24. Rebatió, refutó.

26. Serpiente americana.

27. Primera mujer.

32. Alabé.

33. _____ -Boricua Ballet; Del Villard trabajó con esta compañía.

34. Emperador ruso.

35. Símbolo de la plata.

36. Conjunción.

38. Artículo gramatical.

39. Forma de pronombre.

41. Virtud teologal.

42. Nombre de la b.

43. Preposición.

44. Símbolo del osmio.

46. Teatro Afro-Boricua El _____; compañía fundada por Del Villard en 1968.

49. Campo sin cultivar.

50. Resida.

51. Teatro _____ Palés Matos; fue abierto en el Viejo San Juan por Del Villard.

53. Del verbo dar.

54. Río de Italia.

57. Seis en números romanos.

Topografía • Luisa y Nemesio: desencuentro y fantasía

Bajo la influencia de ellos mismos, de estos desinquietos e incorregibles seres de nuestra historia literaria y política me ha dado con pensar en y fantasear con el desencuentro de sus vidas paralelas. Incita y frustra constatar cómo, a la vez, en el mismo tiempo y espacio, al parecer, no se conocieron ni hubo diálogo entre ellos.

Aunque el libro pionero sobre Capetillo lo escribió Norma Valle Ferrer (Luisa Capetillo. Historia de una mujer proscrita), he consultado Amor y anarquía Los escritos de Luisa Capetillo, (edición de Julio Ramos) y Absolute Equality (introducción y traducción de Lara Walker).

En cuanto a Canales, el libro consultado es la Antología preparada por Servando Montaña.

Luisa nace en 1876 y Nemesio en 1878. Ella muere en 1922 y él en 1923. Ella estuvo en el planeta 46 años y él, 45. Hasta donde sabemos, no se conocieron. Ella, “hija natural”, recibe su formación cultural principalmente de sus padres y de un colegio; él, hijo “legítimo” de familia acomodada estudia aquí, en España y en Estados Unidos, y se convierte en abogado y político de renombre. Sus vidas transcurrieron como dos líneas que nunca se tocaron.

Veamos algunos puntos de desencuentro en esas líneas.

Primero.

En 1909, Canales presenta el proyecto de ley “Para la emancipación legal de la mujer”. Aquí hay 2 coincidencias que llaman la atención porque no llegan a nada: 1. En ese momento, Canales es delegado a la Cámara, precisamente por el distrito de Arecibo, donde nace y se cría Luisa Capetillo; y 2: el tema es un poderoso vínculo entre ellos. ¿Supo Luisa del proyecto de Nemesio? ¿Cuál fue su reacción? No sabemos. No parece haber evidencia de ningún diálogo entre ellos con respecto a la iniciativa legislativa.

En ese mismo año (1909) Capetillo funda la revista La mujer. No sabemos si Canales vio la publicación. Pero es una ironía que ambos coincidan en el tema de los derechos de la mujer y, sin embargo, al parecer, estén siempre separados. (¿Distancias de clase, de género . . . ?)

Segundo punto.

En 1916, en el artículo “Nuestras mujeres”, Canales, dirigiéndose a ellas las amonesta diciéndoles: “[. . .] ¿Es muy posible, mujeres de Puerto Rico, que en esta hora de crisis para las viejas normas de civilización, en que las mujeres todas de los países avanzados sienten sed de cultura y afán de comprensión y de renovación, es posible, pregunto que sigáis tranquilas, consagradas al tedioso sillón, o a la rutina mísera del menudo quehacer doméstico, leyendo de vez en cuando alguna insulsa novelita de novios que se casan y son muy felices y conversando naderas con las visitas, sin que ni por un solo momento os sintáis agitadas, conmovidas y llamadas por la voz lejana en que la mujer universal pregona su noble propósito de pelear por un nuevo ideal?”

¿Hacia dónde miraba el vate Nemesio que no veía a Luisa? Es curioso y sorprendente que justo en ese mismo año, 1916, Luisa Capetillo publica su cuarto libro Influencias de las ideas modernas. Ya había sacado a la luz Ensayos libertarios (1907), La humanidad en el futuro (1910) y Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer como compañera, madre y ser independiente (1911). ¿No supo Canales de la existencia de esos libros?

En el libro Influencias . . . aparece la obrita “En el campo, amor libre”. El siguiente diálogo equivale al “noble propósito de pelear por un nuevo ideal”:

Víctor- Me permitirás conducirte, por ese tortuoso camino y evitar que puedas tropezar?

Aurora- Con gran placer. Pero creo que la mujer debe caminar sola, es decir unidos sí, pero que haya una protección mutua, que no haga aparecer a la mujer bajo un tutelaje o dirección que al fin y al cabo resulta odiosa. Que la hace aparecer inferior siempre y en todas las ocasiones, y no la deja adquirir suficiente confianza en sí misma en cualquier caso de urgente necesidad, y además la inutilizan pues no tiene ocasión de usar su inteligencia y se atrofian sus facultades físicas y morales.

Víctor- Muy bien, pero para eso necesita ilustrarse y prepararse. No ha sido mi intención tratar de imponer mi voluntad, te ofrecí mi ayuda para amarnos mutuamente pero sin que se me ocurriese que pudieras imaginar que trataba de cohibir tus actividades naturales y tus iniciativas personales. En eso no me inmiscuyo, eres completamente libre de hacer lo que te plazca.

Aurora- Conforme, ahora dime, ¿has pensado en mí?

Hasta aquí el diálogo. Por supuesto que es teatro didáctico, ideológico, utópico, ¿aburrido? Nadie habla así por el mero hecho de atravesar un camino difícil en el bosque. Son seres ideales que representan las ideas que Luisa quería divulgar. Habría que ver el montaje teatral para pasar juicio. (¿Cómo lo haría Teatro Breve, con Isel Rodríguez y otras?). Pero al menos dos cosas quedan claras: 1. Luisa dijo lo suyo, lo de todas, a tiempo y 2. No sabemos para dónde miraba Nemesio que nunca la vio.

En este momento, le cedo el turno a la fantasía y al deseo. En 1914, Canales publica el artículo “Tagore feminista” donde resume la obra, Chitra, del poeta hindú.

Chitra, princesa, es criada como varón e instruida en los deberes de un futuro rey. Un día, en el bosque, vestida de hombre, se encuentra con el príncipe Arjuna y se enamora de él. Después se le presenta vestida de mujer pero él la rechaza, aparentemente porque no le gusta su físico. Luego, ella ruega a los dioses, y estos le conceden belleza, pero solo por un año. Durante ese tiempo Chitra y Arjuna se hacen amantes y se casan pero con el tiempo el príncipe se cansa de la “mera belleza plástica” y despierta en él el deseo de conocer a Chitra, esa princesa “noble e inteligente” de la que tanto le han hablado. Al final, ella recupera su cuerpo original, le cuenta todo a él, y conocen el amor de un modo completo.

Ahora que se habla mucho de multiversos y de universos paralelos propongo leer esa sinopsis transformándola, según el deseo, en una vía de amor alterno, que sirva de punto de encuentro para las vidas rebeldes e inspiradoras de Luisa y Nemesio. Como si ambos, unidos, desde otra dimensión, escribieran con una sola mano; otra versión de los didácticos y utópicos amantes de las obras de Capetillo.

Los lectores, pues, deberán hacer los ajustes creativos necesarios.

Sabemos que Luisa Capetillo fue arrestada en Cuba por andar vestida como hombre, (“por usar pantalones en público”). Tuvo 2 hijos sin casarse. También sabemos que Nemesio, aunque casado, vivió toda su vida separado de su esposa con la que tuvo un hijo. La reinterpretación del drama de Chita y Arjuna en otro universo nos haría imaginar un mundo donde Nemesio y Luisa, como los protagonistas del texto hindú, puedan encontrarse, de igual a igual, con sus seres completos.

Entonces, allá, al otro lado, ¿aquí, ahora, en la página? aboliendo nombres y distancias, en los seres, el deseo toma el poder. Luisa, Nemesio, Chitra, Arjuna . . . se juntan, con sus cuerpos, tal y como son. No más vidas paralelas.

El cuerpo del poema: Click of a shutter. Testimonio*

Me hablan de este libro, me invitan a hablar de él: Cuerpo del poema. ICP. San Juan. 2017. Una antología de poemas seleccionados por Irizelma Robles y fotografías de Adál Maldonado.

Sobre los poemas, tengo el gusto de conocerlos porque tengo la mala costumbre de leer como si fuese un modo de respirar. Lo es. Entonces el fotógrafo le añade imagen. En la hora de los selfies, Adál nos recuerda el retrato, el “portrait” que comenzó a trabajar en The Evidence of Things not Seen en 1975. Una década después retrató a figuras relevantes de la diáspora en Portraits of the Puerto Rican Experience.

Ese interés en los retratos es descrito por el propio Adál de este modo: “My interest in the portrait lies in the hunt for an illusive essence that lives inside each person and that we tend to hide. And then to hunt him until he or she reveals themselves and capture them forever with the click of a shutter” (Cuerpo del poema. p.15).

El libro que nos reúne hoy (5 de abril de 2018) es un abrazo entre poetas de la ciudad de la diáspora, ese Nueva York que se derrama en otras ciudades, y los de la isla. No puedo ver el libro sin pensar en el cuerpo del poema o el cuerpo de los poetas en medio de la ciudad mirando al horizonte de la cámara o mirados por el lente. Los ojos sorprendidos como peces con el “click of a shutter”.

No puedo dejar de pensar en Puerto Ricans Underwater, una serie profética que comenzó a circular hace dos años (2016) en Facebook e Instagram, que nos parece una alegoría hermosa de la situación monstruosa en la que nos encontramos hoy. O en su proyecto más reciente, Los dormidos en el que este operador de percepción, este inventor de desenfoque y/o escrituras de luz, mientras dormimos: a. planifica el modo de tocar los sentidos para formar una impresión consciente de la realidad física de su entorno a través de imágenes visuales; b. (d)escribe el/la un conjunto de procesos mentales mediante el cual su alter ego (Adál Maldonado) selecciona, organiza e interpreta la información proveniente de estímulos, pensamientos y sentimientos, a partir de su/la/mi/tu experiencia previa, de manera (supra) (i) lógica o (in)significativa; y c. enchufa una corriente filosófica (protoidealista o (ir)realista) a su laptop para editar las fotos que dispara con su(s) cámara(s).

Pero, el “cuerpo del poema/poeta”. Pienso en el cuerpo insomne del poeta mirando como el agua le llega al cuello.

Cuando el insomnio, mal de los filósofos (decía Gaston Bachelard) y los poetas (añadimos), aumenta con los ruidos de la ciudad, el pago de los impuestos en una isla en quiebra sin servicios públicos; cuando, ya tarde en la noche, o temprano en la mañana, los automóviles roncan, y el paso de los camiones me induce a maldecir mi destino ciudadano, encuentro paz viviendo las metáforas del océano como si fuera un filósofo francés, en el ruido del mar como línea de deseo, como le pasaba a Ismael Rivera en su guaguancó pa’ La Perla.

Eso es lo que leo en Cuerpo del poema. No me crean a mí, créanle al poema de la página 19: “Tiene un verso con tu nombre reflejado en el agua”.

O el de la página 21, de Néstor Barreto: “era un hombre ya, llorando en el pecho de una bahía/era un lago de cinco sentidos y cinco no sentidos”.

O el de la página 23, de Sheila Candelario: “Un lago oscuro, vivo, profundo.reflejos de vidrio roto ocultando el fondo.

O el de la página 27, de Mayda Colón: “Qué posibilidad puede cargarse/en la mirada, qué lenguaje líquido/perdido trae al pez desde su fondo de branquias”. Miren los ojos de esos retratos.

Se sabe que la ciudad es un mar ruidoso, un río de gente, se ha dicho muchas veces que “París deja oír, en el centro de la noche, el murmullo incesante de la ola y las mareas”. Lo he escuchado en Santurce. O cuando viví, fuera de foco, en la Babel de Hierro, en la que vagaban poetas como Pedro Pietri, o el Pájaro Loco, Yván Silén, en el lente de Adál.

Entonces convierto esas imágenes del más raro espacio de los lugares comunes en una imagen tan mía como si la inventara yo mismo, según la dulce manía de creer que soy siempre el sujeto de lo que pienso.

Este es mi cuerpo que camina o que se hace rodar en una máquina. Si el rodar de los carros se hace más doloroso, me ingenio (como el de azúcar) para encontrar en él (el rodar) la voz del trueno que me habla y me regaña. El trueno: espero los rinocerontes que aparecen con el fogonazo del relámpago. Y tengo compasión de mí mismo.

Y me ensueño arrullado por los ruidos suficientemente lejos, suficientemente cerca, de la 65 de infantería como en un tiempo fue la 106. Debo suponer que se me nota en el rostro. Adál Maldonado lo habrá notado cuando me sugirió una mirada de tres cuartos, o una mirada de frente, mirando al lente. Todos hemos sido mirados en ese libro, como cuando se dice “se toca con los ojos”, mirada háptica de Adál Maldonado, porque me parece que la manera de percibir de este fotógrafo es más compleja de lo que su tranquilidad de monje zen calla mientras trabaja.  La palabra “háptico” deriva de un vocablo griego que significa tocar, y, en sentido amplio, el estudio de la percepción que se logra “explorando activamente con las manos los objetos, y evaluando las impresiones cutáneas y las sensaciones cinestésicas, además de las del calor y el frío”. (Umberto Galimberti, Diccionario de psicología, México, Siglo XXI, 2002)  Adál Maldonado lo habrá logrado, esas/algunas ilusiones perceptivas, cuando nos sugirió una mirada de tres cuartos, o una mirada de frente, mirando al lente, un salto, un recostarse en el sofá, otro salto.

Un salto que despertara al/la poeta que duerme alerta en las calles de Santurce, Carolina, Ponce…su cuerpo siempre es una errancia. Pero entonces el proyecto de Irizelma Robles y Adál Maldonado, El Cuerpo del Poema, es una hermosa agonía de darle rostro al rostro del/la poeta que no se está quieto, aparentemente quieto. Yo no sé, digo rostro como si ese fuera el cuerpo. Lo que pudiera querer decirse es que la escritura de luz en un espejo y el poema que acompaña a cada espejo es un pedazo de otro espejo. Como en ese poema de Servando Echeandía, en la página 33 que citaré al final porque ahora quiero citar a Borges.

En uno de los relatos más citados de Borges, titulado Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, escribe: “El espejo inquietaba el fondo de un corredor (…) Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso”.

También se podría decir que el espejo es el elemento siniestro que dobla al individuo hasta hacer de él su propia imagen. El espejo no tiene retrato, portrait, pero puede hacer multiplicar el rostro. El espejo tiene algo de olvido, de puerta o vía que permite escapar a la presencia de sí, mediante su doblez. Recuerdo cuando niño que me llevaban a la barbería del barrio y me veía repetido, mi rostro lleno de feliz asombro y vértigo, decenas de veces en el espejo que estaba frente a mí, reflejado en el espejo que estaba tras de mí. Era una rara existencia que se basta a sí misma.

Si se observa detenidamente las fotos de Adál en EL CUERPO DEL POEMA, se verá en cada rostro, aún en aquellas en las que el/la modelo asume posturas juguetonas, una suerte de grieta, este espacio deshabitado en uno mismo, el lenguaje inarticulado y marcado por el instinto de muerte. Es lo que Jacques Lacan denomina la “escisión” del sujeto por el hecho de que habla o se expresa. Esa mirada de Mayda Colón, por dar un ejemplo, expresa el drama de su inserción en el orden simbólico. Así lo veo. El cuerpo, o su rostro, sujetado por el discurso, destruye la relación inmediata de él mismo consigo mismo. El lenguaje ya especula: el sujeto sujetado muestra cómo quiere verse o hacerse ver. Miro los retratos, leo los poemas, veo en cada rostro un aviso o un ojo avizor de una experiencia originaria de placer o de desplacer. Sobrelectura. Quizás (no). El lenguaje, dice Lacan “que es también aquello por lo cual el deseo es posible, a partir de la falta o carencia- se halla vinculado al afloramiento del instinto o pulsión de muerte; el discurso “mediatiza» al sujeto y se presta por tanto particularmente a una rápida tergiversación de la verdad: en efecto, la palabra engendra la muerte de la cosa”. Pero no quiero sonar luctuoso, me refiero a “La pulsión de muerte que como señala Serge Leclaire- es esta fuerza radical que aflora en el instante catastrófico o extático en que la coherencia orgánica del cuerpo aparece como innominada e innominable, síncopa o éxtasis, poniendo de manifiesto su exigencia o solicitación de una palabra para velarla o sostenerla”. Bueno, así se alumbra un poema. No hay, entonces, en la poesía, una historia que contar. Hay un cuerpo que se deja asombrar por sus propias derivas y asociaciones o desapegos y la manera como éstas se agrupan y dispersan.

Carmen Villoro, en un artículo nos dice que “la poesía, a diferencia de otros géneros literarios (la narrativa o el ensayo, por ejemplo) se produce a partir de registros corporales difusos en busca de representación. Es el cuerpo, no la mente, donde comienza el poema”. Lo sabemos, es el olor del pan. Es ese azul que brilla cálido espejeando sobre el mar en Vacía Talega. Es la mano entre tus piernas. El ruido de los carros lejanos entre la oscuridad (bajo la noche) que se acercan o se alejan. El sabor de un tamarindo o el olor del recao en el relajo del mercado. Es el ilán ilán lo que detiene el mundo, the click of a shutter. Un verso. Lo hemos visto, lo hemos escuchado, lo hemos saboreado o escupido, lo hemos tocado, lo olfateamos. Ahí está el verso irradiado buscando donde apalabrarse, en qué cicatriz, en qué pliegue, en qué rastro, en dónde la dermis pasa de esa experiencia enriquecedora a las asociaciones libres (liberadoras) en el que todavía el poema no está escrito pero se va dictando. Se nos reconoce, multiplicándose a la vez que nos difumina.

Encontrarse frente a esa cámara, a punto de ser tocado por una mirada, es un encuentro entre lo que creo de mi cuerpo y lo que creen de mi cuerpo, es ese momento en el que, como dice en un verso Octavio Paz: ”El espejo que soy me deshabita (…) Mi propia obra es un espejo en el que no me reconozco”. Este libro, esta antología de Adál e Irizelma es una colección de espejos para reconocernos, recrearnos, tocarnos con los ojos. Diría como ese poema de Servando Echeandía que ahora se da cita:

Una vez

leí mi nombre

en un libro de poesía.

otra vez

vi mi perfil

en alguna antología.

eran lenguaje

e imagen,

tinta, papel,

tipografía.

y no reconocí

al que vi,

ni entendí

lo que leía.

*Lectura en la librería del ICP el 5 de abril como parte de la presentación del libro Cuerpo del poema. Bibliografía disponible.

La justicia en la Tierra y la Pascua

Actualmente hay quién no comprende porque, en Brasil y otros países de América Latina, la Iglesia Católica y otras Iglesias cristianas han fundado la Pastoral de la Tierra. En el pasado, existía la pastoral de los campesinos que tenía como meta traerlos a la Iglesia. Hoy la Pastoral de la Tierra tiene como objetivo apoyar a los campesinos en la lucha por sus derechos a la tierra, a la agricultura ecológica y sus organizaciones autónomas. Y a los que quieren participar de la comunidad cristiana, la pastoral ayuda a que hagan eso ligado a su vida y su lucha.

En la Iglesia Católica, el papa Francisco quiso hacer tres encuentros con los movimientos sociales de todo el mundo. Entre ellos, estaba la Vía Campesina, que congrega diversos movimientos de trabajadores del campo. El Papa los ha escuchado y los estimuló a seguir en su lucha pacífica por la justicia. En su encíclica sobre la Tierra y la ecología, defendió el cuidado con la Madre Tierra, el Agua y propuso que los movimientos de campesinos actuaran como cooperativas y teniendo como base la solidaridad.

Por causa de la masacre cometida en contra campesinos sin Tierra en el norte de Brasil en abril de 1996, la Organización de las Naciones Unidas(ONU) proclamó el 17 de abril de cada año como el “día internacional de la lucha campesina”. Así la ONU reconoce los inmensos beneficios que, en nuestros países, los campesinos y pequeños propietarios tienen significado para el campo y para la vida del pueblo. La revaloración de las semillas nativas, la promoción de la agroecología y la instauración de cooperativas han ayudado mucho las personas más pobres y al mismo tiempo protegido la naturaleza en contra de la amenaza de los agrobusines que destruyen la naturaleza para la mono-cultura y la agropecuaria. En Brasil y ciertamente en otros países, más de 70% de los alimentos consumidos por el pueblo viene de la agricultura familiar. En los países donde hoy la población es más urbana que rural, la fuerza más importante de la alimentación viene del campo.

En estos días en que celebramos la Pascua, las comunidades campesinas en Brasil se han unido a la Iglesia Católica para protestar contra el encarcelamiento del padre Amaro Lopes de Souza, coordinador de la pastoral de los campesinos, ocurrido en el norte de Brasil, por presión de los grandes propietarios de tierra. Ese sacerdote es el continuador del trabajo de la hermana Dorothy Stang, asesinada por los mismos latifundistas en 2005. La celebración de esa Pascua viene a confirmar al padre Amaro y a todos nosotros que seguimos esa lucha por justicia: Dios está con nosotros y, aunque con todas las incomprensiones y sufrimientos, el proyecto divino triunfará. Pablo escribió a los cristianos de Roma: “No se conformen con ese mundo, sino buscad transformarlo”(Rm 12, 1).

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.