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Trans-Mission de Barbra Herr en el Teatro Círculo de Nueva York

Legendaria. Inspiradora. Apasionada. Rabiosa. Graciosa. Y más que nada, sumamente conmovedora. La veterana diva del performance transgénero en Puerto Rico Barbra Herr presentó su monólogo original Trans-Mission bajo la dirección del destacado director Luis Caballero del 5 al 14 de mayo en el Teatro Círculo, localizado en el 64 del este de la calle cuatro de Manhattan. Contó con música original por Vir-Amicus y un bien efectuado diseño lumínico por Omayra Garriga. La obra testimonial fue principalmente en inglés pero incluyó diversos textos en español que recalcaron el carácter bilingüe de la vida de la protagonista y de sus relaciones con su familia y sus amistades. Formó parte de la cartelera de la CallBack Series 2017, que también incluyó Adorno del Al Margen Flamenco Dance Company, Olvidadas del dramaturgo venezolano Pablo García-Gámez y Secretos prohibidos de la boricua Tere Marichal bajo la dirección de Rosabel Otón.

Tras más de cuarenta años de carrera artística y de veinticinco años viviendo como mujer, Barbra Herr se prepara para su cirugía de reasignación de sexo (CRS) en junio de este año, aprovechándose del acceso médico que recibe bajo el plan de salud nacional estadounidense llamado la Ley de Cuidados de Salud Asequibles (“Obamacare”) y las leyes del gobernador Andrew Cuomo del estado de Nueva York, las cuales facilitan el acceso bajo Medicaid a todos los servicios médicos necesarios para las personas transgénero, incluyendo tratamiento de hormonas, consejería y cirugía. Todo bajo la nefasta sombra de la nueva administración presidencial que amenaza limitar severamente este plan de salud.

¿Cómo es la vida de una persona que no se identifica con el sexo o género al que fue asignada al nacer? ¿Qué retos enfrenta con su familia, con sus parejas, con el sistema médico y con la sociedad? ¿A qué substancias clandestinas se sometió en su búsqueda de transformar su cuerpo? ¿Y cuál es la particularidad diaspórica y puertorriqueña de esta experiencia para un niño que nació en el Bronx a mediados de los años cincuenta, que creció y vivió entre la isla y el continente y que es reconocida por una larga trayectoria artística?

Barbra Herr, quien a sus 61 años luce sumamente joven, se ha ganado una bien merecida fama en el ambiente gay por sus presentaciones que comenzaron en los años setenta como transformista en Puerto Rico y en Nueva York en discotecas y clubes nocturnos tales como Stars (espacio de ambiente localizado en el penthouse del Atlantic Beach Hotel en el Condado), El Monster en Greenwich Village en Manhattan y otros locales en Queens. Ha aparecido en varias películas, incluyendo en un documental dedicado a su vida titulado Portrait of a Lady: Story of Barbra Herr de 2009. Más recientemente, protagonizó un cabaret titulado I’m Still Herr, juego de palabras que se vale de la multiplicidad de significados de su nombre artístico (“her” que equivale a ella; “here” que quiere decir aquí) para contar cómo Bobby Hernández llegó a ser quién es. El Herr del título, apócope de su apellido, indica que “todavía estoy aquí” y “todavía soy ella”. Este cabaret se presentó en el Bronx Academy of Arts and Dance (BAAD!), en FUERZAfest (un festival LGBT latino) y en el Duplex (un bar en el Village) bajo la dirección musical de Rachel Kaufman y estaba estructurado alrededor de diversas canciones que Herr interpretaba con su propia voz y no con el doblaje que también utiliza en algunas presentaciones, por ejemplo en el divertido espacio santurcino Zal Zi Puedes.

Trans-Mission está estructurada como una serie de consultas con distintos psiquiatras a quienes Barbra les cuenta su historia, a veces por problemas emocionales, otras para recibir el consentimiento necesario para hacerse la cirugía. Comienza con el Dr. Fishberger, un consejero malhumorado a quien ve en 1996 por ataques de pánico. De ahí pasa en 2000 al Dr. Schmitt, un médico alemán que habla con un fuerte acento, lo cual lleva a graciosos malentendidos (él le dice “Let your mind wander” y ella le pregunta “Who is Vanda?”). La más larga relación es con la doctora Matthews, una mujer rubia del Midwest que la atiende antes de pasar a otro más que le firmará el documento final. Ante sus insistentes preguntas, le afirma que se identifica como mujer heterosexual que busca sincronizar su cuerpo con su identidad y que por supuesto que orina sentada. Los médicos van dialogando con Barbra a través de grabaciones o voces en off. (Como indica el programa, son las voces de Cassandra Douglas, Michael Gobberts y Ranardo-Domenico Grays.)

Como parte de estas consultas, Barbra va contando anécdotas de su vida, desde su infancia hasta la adultez, a veces en orden cronológico, otras no. La estructura de la confesión terapéutica no es muy innovadora a nivel teatral pero le facilita a la actriz un marco para su narración. Mientras Barbra se mueve entre las dos sillas y el sofá del escenario, vamos imaginando esos cuerpos ausentes, figuras de la autoridad que tienen su futuro en sus manos. Aquí oímos un episodio de niñez cuando a los 5 o 6 años se puso el vestido de novia de su madre y se quedó dormido, recibiendo senda paliza cuando la mamá lo encontró así. También nos cuenta sobre la primera vez que se enamoró a los 10 años de un muchacho llamado Anthony Correa que estudiaba con ella en el St. Anselm School en el Bronx. Luego narra un violento episodio que ocurrió en 1970 cuando tenía 14 años en el locker room de la escuela superior DeWitt Clinton en el Bronx. En esa ocasión, casi fue violada por cuatro varones mayores que la agarraron en el baño después de la clase de educación física. Como consecuencia, el joven protagonista, un niño delicado y afeminado, faltó a la escuela por 90 días por miedo a la que se repitiera la violencia, pensando que no le podía contar a nadie lo que había sucedido.

Poco después la familia se muda a Puerto Rico; aquí nos cuenta la tierna historia de su relación en 1973 con un muchacho blanco, rubio, de ojos azules a quien le daba tutorías de inglés con quien se besó a espaldas de su mamá (“¡Estoy aquí por si necesitan algo!” dice imitando a su madre y todo el público se ríe); este primer beso le causa un ataque de ansiedad y sale corriendo. Cuando lo volvió a ver cinco años más tarde durante una presentación transformista en San Juan y vestida de mujer, su amigo la rechazó y salió sin hablarle. También relata cómo regresó a Nueva York en 1973, poco después de la muerte de su madre por causa de un derrame cerebral y de graduarse de escuela superior, a cursar estudios de peluquería, los cuales llevaron a su primer noviazgo con Leo, otro estudiante de peluquería que no sabía apreciar la mujer que Barbra llevaba dentro. De hecho, la actriz identifica la transfobia de los hombres gay como uno de los retos que más la ha marcado, junto al deseo de que el mundo deje de verla como aberrante o monstruosa.

Uno de los temas principales de la obra es la violencia doméstica, particularmente en relaciones con hombres de carácter inestable. Barbra va haciendo una larga lista: Johnny Lee, un kickboxer mentiroso usuario de drogas que la dejó por una mujer; el romántico Juan Carlos (un ángel en comparación a los demás), quien luego le cuenta que nombró a su hija Bárbara en su honor; y un pentecostal con muchos complejos. Una regresión de hipnosis (el único evento inventado de la obra, según comentó la actriz más tarde) la lleva a recordar una relación particularmente traumática marcada por la violencia de su compañero Eddie, quien usaba drogas y alcohol y que la amenazó de muerte, evento que Herr recrea en el escenario con gran acierto. Este episodio la dejó hospitalizada por un posterior atentado de suicidio por sobredosis de Klonopin.

La mejor y más lograda parte del espectáculo es el extraordinario monólogo final, en el que la actriz va trazando las partes de su cuerpo, hablando sobre su concepción de ser, las luchas políticas, su deseo de simplemente poder vivir su vida y de cumplir su misión, es decir, su trans-misión, un acto comunicativo y vivencial que tiene que ver con el activismo político y la transformación personal y social. Ha pagado un alto precio por todos estos cambios, que incluyen el consumo de peligrosas hormonas clandestinas que le compraba a un tal “Dirty Bob” en un bar y sus cirugías de feminización en Guadalajara, México. El gesto de fragmentar el cuerpo y presentarlo parte por parte se parece al extraordinario monólogo de la Agrado (personaje interpretado por la brillante actriz transexual española Antonia San Juan) en el legendario filme de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre. La versión de Herr es sumamente personal, sincera y conmovedora.

En los conversatorios que se dieron después de la obra, Herr explicó que la estructura de la obra surgió a partir de limitaciones económicas, por no poder pagar los altos costos de derechos de autor que requería bajo las normas de ASCAP (la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores) para usar canciones de otros artistas al presentarse en un teatro profesional “Off Off Broadway”, a diferencia de los bares, las discotecas y los centros culturales más pequeños donde acostumbra hacer sus espectáculos. Según la artista, Luis Caballero la seguía instando a que escribiera más y más. La artista también recalcó la importancia de que mujeres trans interpreten los papeles de mujeres trans, señalando a las pioneras Lorraine Cox, Candis Cayne y Alexandra Billings como importantes modelos.

Asistí a dos funciones de la obra. La primera, el viernes 12 de mayo, estuvo completamente vendida. En el público se encontraban destacadas personas del ambiente LGBT puertorriqueño tales como el profesor Rubén Ríos Avila, quien dirige el programa de creación literaria en New York University; su compañero Javier Laureano, autor de San Juan Gay: Conquista de un espacio urbano de 1948 a 1991; el fotógrafo Luis Carle, cuya foto de las activistas transgénero puertorriqueñas Christina Hayworth y Sylvia Rivera se encuentra en la Galería Nacional de Retratos de la Institución Smithsonian en Washington, DC; y la reconocida actriz Selenis Leyva, conocida por aparecer en el programa de Netflix Orange Is the New Black. La segunda función, un poco más íntima y menos concurrida, fue el sábado 13 por la tarde y contó con la presencia de las hermanas gemelas Lauren Vélez (reconocidísima por su participación en numerosas series televisivas y películas) y Lorraine Vélez, también actriz, al igual que con el profesor Arnaldo Cruz-Malavé (autor de Queer Latino Testimonio, Keith Haring and Juanito Xtravaganza: Hard Tails) y la profesora Vanesa Pérez Rosario, autora de Becoming Julia de Burgos: The Making of a Puerto Rican Icon. Sin lugar a dudas, TRANS-MISSION fue un evento cultural de gran envergadura y con profundo impacto social.

Será otra cosa: Fuácata

Por el personaje de Mario Conde supe lo que significa “estar en la fuácata”. Según la jerga cubana que registra Leonardo Padura en su obra, Conde, el expolicía de La Habana convertido tras su jubilación en detective, vendelibros y lo que hiciera falta, elabora sobre la definición del estado de la fuácata como “inopia, pobreza, penuria”. Para aclarar la expresión nuestro detective le explica a su cliente, un pintor con especial interés en la escuela holandesa del siglo XVII, que estar en la fuácata es estar “Como Rembrandt cuando le quitaron su casa con todo lo que tenía adentro”(142).

Mario Conde casi siempre se encuentra en aprietos o estrechez económica y acepta meterse en mil entuertos para paliarla o entretenerla. Es curioso que en Puerto Rico, al menos hasta donde sé, la palabra fuácata se utilice a modo de interjección, como el ruido de un golpe, como lo es “plop” de Condorito. La fuácata de Conde se acerca más a nuestro “estar pela’o o pelá” o “en la prángana”.

Otras expresiones que refieren a este tipo de carencia se elaboran a partir del verbo tener (o su falta, no tener/carecer). En México y Guatemala eso de estar en la prángana se expresa con un no tener ni un varo (el varo alude a una moneda, en este caso a su desposesión). Muy parecido a nuestro No tengo chavos que es lo mismo que decir que no se cuenta con dinero. La pelambrera se ha arrastrado unos cuantos siglos porque la palabra chavos viene de la antigua moneda española que pesaba un octavo de onza (octavo/ochavo/chavo).

Por otra parte, es común que en la lengua se registren expresiones similares tanto para apuntar la delgadez física como la precariedad: “Estar en la quilla” puede servirnos de ejemplo. La quilla es la pieza que va desde la popa hasta la proa por la parte inferior de una embarcación. Esta expresión probablemente provenga del castigo que se les imponía a los marineros cuando se les torturaba haciéndoles estar y pasar por ella; arrastrándolos a lo largo –y bajo el agua– de la quilla.

De todas las expresiones, fuácata es la más que me llama la atención por su polivalencia; puede ser un estado, un sonido, un cantazo. Mario Conde lleva la fuácata como rasgo identatario, de ahí el uso del verbo estar más que como un estado cambiante como una característica o lugar permanente. En Puerto Rico la expresión fuácata parece más pasajera, es un golpe o un sonido de poca duración. Me pregunto entonces, en nuestro contexto insular, ¿cuántos golpes se necesitan para hacer de la fuácata un estado permanente? ¿O acaso faltarán castigos y cantazos para darnos cuenta que nos pasan por la quilla?

¿Cuántos boricuas en Grandes Ligas?

Aunque el deporte sea una ciencia exacta en todas sus expresiones, especialmente en las estadísticas, la compilación histórica de los peloteros puertorriqueños en las Grandes Ligas no es simplemente la suma matemática de todos los que han jugado que consideramos boricuas que han jugado.

Eso nos lleva a la primera “gran definición”, que es cuáles son los requisitos para que se considere como “boricua” a un pelotero. Durante décadas el único criterio fue el haber nacido en Puerto Rico.

Así que, por ejemplo, técnicamente, Valmy Thomas fue el primer receptor “puertorriqueño” que vio acción en las Grandes Ligas, aunque hay algunos compas que pretendían excluirlo por haberse criado en las Islas Vírgenes.

Posteriormente, la puertorriqueñidad se extendió a los llamados “hijos de”, lo que aumentó considerablemente el banco de atletas disponibles para representarnos internacionalmente. En ese grupo habría que incluir a docenas de peloteros de Grandes Ligas, como Edgar Martínez, por aquello de no meternos con los de otros deportes, como baloncesto.

En esa misma apertura pasaron también “los que han adquirido elementos legales como matrimonio y adopción, aunque han sido muy pocos los que han reclamado la “puertorriqueñidad” por esas vías.

Aparte de los mencionados, en muchos deportes prevalece el criterio de residencia para aquellos ciudadanos estadounidenses que no hayan competido por ese o cualquier otro país. De todas maneras, a grandes rasgos, esos han pasado a ser los requisitos básicos para definir la puertorriqueñidad en el deporte, especialmente el de béisbol.

Recientemente, prácticamente todas las federaciones deportivas han incluido a los llamados “nietos”entre sus jugadores elegibles, de los que únicamente tendrán que salir los y las atletas que nos pueden representar internacionalmente. Así incorporamos al lanzador Seth Lugo al más reciente Clásico Mundial de Béisbol.

Crescioni etiquetó a Eduardo Pérez

Aunque la inmensa mayoría de nuestros atletas llenan al menos uno de esos requisitos, hay otros que no lo hacen, lo que abre su elegibilidad a discusión.

Aun pasados por ese filtro tan riguroso, hay ocasiones en que hay discrepancias. Hace década y media, nuestro compañero y hermano José Crescioni, quien era abogado de oficio, pero mediador en la práctica, recurrió al “sentido común” o al llamado “menos común de los sentidos”, para tirar la raya. Por ejemplo, Crescioni etiquetó a Eduardo Pérez como boricua, aunque nació en Estados nidos, hijo de una pareja de cubanos residente en la Isla durante largo tiempo. Además, Eduardo estudió y se graduó de escuela superior en Puerto Rico, aquí se casó y aquí nacieron sus hijos. Para completar, Eduardo siempre se ha identificado como “pelotero puertorriqueño” y por nosotros jugó y trabajó en la dirección de los equipos que nos representaron en ediciones del Clásico Mundial de Béisbol.

Armando Moreno no fue “rompe huelga”

Por otro lado, el nombre de Armando Moreno, de “forma incorrecta”, muchas veces se asocia al de Joel Chimleis como peloteros puertorriqueños que estuvieron en “roster” activo en las Grandes Ligas, pero que no vieron acción en el mejor béisbol del Mundo. De hecho, sus casos son completamente diferentes, aunque ambos defendían posiciones, las mismas posiciones del cuadro interior.

En 1980 y ocho años después de haber sido seleccionado en el “draft” por Montreal, Moreno fue incluido en al “roster” oficial de los Piratas. Sin embargo, una lesión a un compañero suyo obligó al equipo a realizar ajustes sobre la marcha, uno de los cuales fue devolver al Boricua a las Menores.

Así que finalmente, Moreno solo estuvo un día oficial con el equipo grande (5 de agosto de 1990), en el que no vio acción.

Chimelis no jugó por ‘rompe huelga”

Recientemente escribimos en detalle sobre Chimelis, cuyo equipo –San Francisco–, lo necesitaba malamente, aunque fuera por unos días, tras la lesión de uno de sus regulares del cuadro interior.

Aunque fue una situación mega incómoda para todas las partes, prevaleció la posición del sindicato de los peloteros de los Gigantes, adscritos a la entonces ya poderosa Unión de Peloteros de Grandes Ligas.

Es cierto que hubo hubo excepciones, pero los equipos de las Mayores contrataron como “reemplazos” mayormente a peloteros sin experiencia en las Mayores y a uno que otro veterano que había ensuciado el uniforme de Grandes Ligas. El tercer grupo estaba compuesto por jóvenes de limitadas posibilidades de ser contratados en Liga Grande.

Chimelis tenía calidad suficiente para jugar al más alto nivel, pero el hecho de haber sido “rompe huelga”, lo sacó de carrera, como se comprobó en este caso, ya que fue reclamado dos veces por los Gigantes y en esas mismas dos ocasiones rechazado por compañeros de equipo, con el respaldo de los directivos del Sindicato.

Revisión histórica de todos los peloteros

A mediados de la década del ochenta, la organización Mayor League Baseball ordenó una revisión completa de todos los peloteros que habían visto acción o al menos habían estado en roster de las Mayores, aunque no hubieran participado.

Los casos como los de Chimelis y Moreno fueron mínimos, mientras la mayor parte de los 1,800 corregidos contenían información incorrecta de nombre y/o apellido o aun fecha de los peloteros en cuestión.

4 boricuas debutantes en 2017

Por otro lado, cuatro puertorriqueños han debutado entre los sesenta que lo han hecho en las Mayores en lo que va de temporada.

Ellos han sido los lanzadores Joe Jiménez (Detroit) y Emilio Pagán (Seatlle), el antesalista Christian Arroyo (San Francisco) y el jardinero Danny Ortiz (de Pittsburgh). Este último, primero fue incluido en la lista de peloteros que estuvo activo en el roster, pero que no jugó y luego fue subido y oficialmente tuvo su llamado “Bautismo de Fuego” en las Mayores.

En resumen, pienso que Euardo Pérez debe ser considerado boricua, al igual que todos los nacidos en Estados Unidos, mientras tengo dudas sobre si Moreno y Chimelis deben estar en la lista de los puertorriqueños en las Grandes Ligas.

Se fijan que no es tan fácil, como contarlos uno por uno.

Otro Operativo del FBI

Desde su llegada a Puerto Rico en 1936, hasta nuestros días, el FBI ha tenido como su tarea principal en la Isla la vigilancia y persecución del movimiento independentista.

Los primeros dos agentes que llegaron en el 1936 fueron enviados para trabajar junto a la fiscalía federal en la investigación y acusación del caso que llevó a Pedro Albizu Campos y cuatro dirigentes nacionalistas a condenas de prisión en la cárcel de Atlanta. Es y ha sido siempre la función primaria de esta policía federal proteger el dominio colonial y los intereses de Estados Unidos sobre la Isla de quienes impugnan y combaten ese dominio. Claro está, estos son los independentistas.

En su función estos policías federales no tienen limitación alguna para actuar. Sus ejecutorias van desde la tortura de Albizu en prisión hasta el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, sin que tengan que responderle a nadie.

El carpeteo prohibido por los tribunales de Puerto Rico no les aplica a ellos. Mantienen a cientos de puertorriqueños con carpetas, infiltran las organizaciones independentistas y a sus dirigentes les hacen perfiles sicológicos según revelara hace algunos años quien trabajara para ellos en la oficina de San Juan.

Además, usan su poder para montar campañas dirigidas a mover la opinión pública contra quienes ellos tienen sed de venganza. En la década de los setenta montaron un operativo contra el independentismo llamado COINTELPRO en que ensayaron todo tipo de trucos, incluyendo envío de anónimos sobre las relaciones familiares y matrimoniales de independentistas.

El historial de sus abusos y persecuciones es largo y conocido. Hoy ensayan un operativo contra Oscar López luego de que no pudieron evitar el indulto del presidente Obama a pesar de todas las presiones que ejercieron para mantenerlo preso.

Las confidencias de una carta firmada por treinta y dos agentes del FBI instando al Presidente a negarle el indulto nos dice de su ensañamiento con Oscar.

Pero hay más allá de confidencias para confirmar la saña del FBI contra Oscar y su excarcelación. Hay un récord de la vista celebrada hace unos cuatro años ante la Junta de Libertad Federal en la que aparecieron sorpresivamente unos agentes del FBI con familiares de los muertos en Frances Tavern para testificar y oponerse a la petición de libertad de Oscar.

Hoy ensayan una campaña de boicot al Desfile Puertorriqueño en Nueva York, actividad que por setenta años convoca el mayor número de puertorriqueños de allá y de acá y que constituye la expresión mas contundente de lo que somos: una nación caribeña y latinoamericana asentada una parte en la metrópolis y otra en la Isla. Pero sin lugar a dudas una sola nación.

¿Alguien puede creer que un grupito de pepenés puede mover a la dirección de empresas como Jet Blue, ATT, Goya, los Yankees de Nueva York, y al gobernador de Nueva York a boicotear el desfile?

Algunos de los boricuas homenajeados han expresado la enorme presión que le han puesto para rechazar el reconocimiento que se les hace en el desfile. Creo que deben hablar de esos acercamientos y quién los ha hecho.

Hasta ahora no ha surgido una organización ni los personajes detrás de esta campaña. Trabajan en la clandestinidad, bajo las capuchas que tanto critican cuando otros las usan. Sin identificarse como organizadores del boicot comienzan a publicarse columnas de personajes del PPD y el PNP como Roberto Prats y José Aponte echando leña al fuego. De aquí al 11 de junio seguramente habrán otros “invitados” a escribir y manifestarse.

Lo último es un llamado de un grupo que promueve el mecanismo de petición al presidente de Estados Unidos We the People demandando que se reabra la investigación de los sucesos de Frances Tavern de 1975.

Los puertorriqueños residentes en Estados Unidos hace tiempo rompieron con la mentalidad colonial que les fabricaron en la Isla y conocen bien las entrañas del monstruo. Todos los días se tienen que enfrentar a la marginación del discrimen y el racismo en las ciudades que viven y están acostumbrados a pelear diariamente contra la opresión en sus comunidades.

Como se dice en la calle, en la diáspora hay que vivir con el cuchillo en la boca. A los que viven en una guerra continua no los pueden intimidar. El 11 de junio miles y miles de boricuas, como siempre, estarán en las calles de Nueva York.

Oscar en Casa: “Luchar no puede ser un ejercicio fútil”

17 de enero de 2017. Mientras muchos de nosotros apenas podíamos concentrarnos en los asuntos cotidianos, pensando obsesivamente en el frágil e infausto destino de Oscar López Rivera, el ex prisionero político pintaba apaciblemente en la prisión de Terre Haute Indiana.

Un guardia penal lo llamó para informarle que tenía una llamada a las 3:30p.m. Cuando llegó la hora, Jan Susler, su abogada, le dio la noticia: “Oscar, el presidente Obama acaba de conmutar tu sentencia”. López Rivera se quedó tranquilo. “¿Cómo te sientes, Oscar? ¿No estás alegre?”, le preguntó Susler. “Me siento igual que ayer, igual que siempre”, le contestó él.

Fueron demasiados años preparándose emocionalmente para el peor de los escenarios. Eso tal vez explica por qué no se sintió inmediatamente eufórico con la noticia de su liberación física.

Mientras tanto, en Puerto Rico, nos íbamos enterando poco a poco y por diversidad de medios. Hubo llantos colectivos, abrazos sentidos, miles de mensajes de textos, las redes sociales se volcaban emotivamente con la noticia. Esa noche se celebró por todas partes. Los pleneros se juntaron en varias plazas, en distintos puntos de la ciudad las amistades se encontraban para celebrar. Y Oscar López seguía apacible. Tal vez no se lo creía.

Vino a internalizarlo realmente el día que le abrieron las puertas de la cárcel. Lo primero que lo sorprendió de la libertad fue el tremendo espacio físico que se abría ante él. “El día 9 de febrero, estoy en un salón de espera en la prisión y me dicen ‘llegaron’. Clarisa es la primera que sale del carro y nos encontramos pero para mí lo primero fue la cuestión del espacio, porque cuando uno está preso está en un espacio bien limitado, entonces de momento uno empieza a ver espacio sin ninguna limitación, es algo bien liberador. Ellos están hablando, yo los estoy escuchando pero ahora no hay verjas, no hay murallas interviniendo, ahora no hay nada”.

Cuando llegó al inmenso aeropuerto de Indianapolis, de nuevo lo sorprendió la holgura extrema de aquel lugar. “Pero ahora venía acompañada de gente, casi nadie hablando sino texteando. Es algo bastante diferente. No estoy acostumbrado a esto”.

Su primera noche en San Juan fue recibido por un coro de coquíes santurcinos, seguidos de madrugada por un cantío de gallos. “Son experiencias bien lindas, al día siguiente me levanté bien tempranito, como a las cuatro y cuarto y empiezo a mirar el cielo, había bastante aire fresquecito, miré las estrellas, y de nuevo pues son experiencias bastantes lindas, pues oí coquíes, oí gallos, yo hacía 35 años que no oía un gallo”.

Una de las cosas que más lo impresionaron desde el primer día fue el aburguesamiento (gentrification) de los barrios populares de Santurce. “Yo en el clandestinaje viví como cuatro meses entre la San Jorge y la Loíza. Cuando llegué no lo conocía. Cuando me dieron permiso para correr vi la ‘gentrificación’. El que no ha vivido la gentrificación no sabe lo dañina que puede ser para el pueblo puertorriqueño. La primera comunidad en Estados Unidos que se gentrificó fue una comunidad boricua en Chicago, Lincoln Park. Ahí nació y se crió Luis Gutiérrez y las hermanas Rodríguez hasta 1969”.

El Puerto Rico que recibe a Oscar López Rivera tras una lucha que muchas veces pareció imposible, es posiblemente el Puerto Rico más difícil de la modernidad. Pero Oscar dice que es un hombre que gusta ver el lado bueno de las cosas y rápido contesta que la crisis puertorriqueña tiene elementos positivos. “El tema de la descolonización está mucho más claro que hace diez años”.

Y lo de la Junta, “eso venía”, dice y, acto seguido, se adentra en un relato ávido y elocuente, evidentemente muy bien estudiado, sobre cómo este desenlace se viene cuajando, calculando, desde los años setenta.

“En el 1971, los billonarios en Estados Unidos decidieron tomar las riendas del poder de una forma diferente”, cuenta Oscar. “Decían que había demasiada democracia. Era la época de David Rockefeller. Crearon los think tanks que a su vez crearían las estrategias para proyectarse veinte años hacia el futuro. (El presidente) Reagan desregula la banca y comienzan a nacer los hedgefunds y los procesos (financieros) usureros. Comienzan los payday loans y, simultáneamente, procesos de globalización como NAFTA. Se puede decir que es el neoliberalismo en todo su esplendor. Antes, las familias podían vivir con un solo sueldo. Del 1976 en adelante, con la situación económica comienzan a tener que trabajar todos en la familia, esposa, hijos. Se desmantela el sindicalismo. Los Right to Work Laws eliminan o minimizan dramáticamente los sindicatos. Por otro lado, la delincuencia empieza a aumentar, se da el fenómeno de la vida en el guetto. En 2007 aparece un artículo de John Polson, entonces secretario del Tesoro de George Bush y hedgefunder en Puerto Rico. Hace mucho tiempo aprendí a ‘follow the money’. Siempre he seguido el dinero. Apartamentos para la venta en dos millones de dólares, eso no es para puertorriqueños. Todo esto ha sido planificado. No es casualidad”.

Para Oscar siempre fue obvio que, en Puerto Rico, “siendo colonia, era donde peor estarían las condiciones. Rosselló (padre) empieza a privatizar”, recuerda. “Los Koch Brothers, un club de millonarios, buscaron conformar el poder con legislaturas municipales y estatales bien conservadoras. Por todo Estados Unidos lo hicieron así. Con ese fenómeno comienza la posibilidad de que un Trump llegue al poder. Empezaron temprano y todo fue minuciosamente calculado. Ahora tenemos un presidente cuya política pública es la del racismo. Trump y el racismo en ese país ilustra lo sofisticado del trabajo que hicieron”.

Si no se hace nada, el destino de Puerto Rico será el de las reservaciones indígenas en Estados Unidos, dice López Rivera. Ha salido poco pero ya se ha percatado de la proliferación de extranjeros estadounidenses por todas partes, especialmente en pueblos como San Juan, Isabela, Rincón, etc. “O una reservación indígena o un Hawaii, un Alaska..”.

Sin embargo, existen condiciones para impedirlo, insiste.

“Es un momento de grandes retos que se puede aprovechar. Viendo el primero de mayo, fue positivo. Hay un entusiasmo por la lucha. Creo que es posible trascender el kioskismo, el protagonismo. Hay un denominador común, que es la descolonización de Puerto Rico. Hace falta armar una carpa amplia donde quepamos todos los que amamos esta patria”.

Confiesa que gran parte de su entusiasmo viene, por supuesto, de la lucha estudiantil. “Muy entusiasmado con la lucha de esos estudiantes”, dice. “Los estudiantes son el futuro de la patria”.

Al señalársele las resonancias de la lucha estudiantil actual con el escenario desesperante y represivo de la época de los 70, cuando él luchaba en Chicago, así como cierto desafío de la legalidad como modo de lucha de algunos grupos aunque muy distintos y menos organizados que entonces, se queda pensativo unos segundos.

“Luchar no puede ser un ejercicio fútil. Cuando uno es joven, come fuego, comete errores y son costosos. A veces se necesita experiencia. Si vamos presos, nos amarran, los sacas de circulación. Y la cárcel puede romper. O puedes salir débil. La lucha tiene que hacerse con cuidado. Depende de cuán bien preparados estemos en ese momento. Cuando veo a (Héctor) Pesquera me preocupa mucho. Esto no es accidental. Tiene acceso a agentes provocadores. Él puede halar a toda una agencia (FBI) con todos sus vicios: matar gente, meter gente presa, reprimir”.

Lo que logró la figura de Oscar López en Puerto Rico ha sido arrollador. Todo el mundo coincide en que no ha habido una causa tan unificadora como la de su excarcelación probablemente desde Vieques. Su capital político es inmenso. Probablemente de las personas más admiradas y respetadas en el país. Qué va a hacer con eso, preguntamos. ¿Dónde pondrá ese capital de resistencia, valentía y dignidad?

Nuestro ex prisionero político contesta y, al final de la entrevista, fuera de récord, lo reitera otra vez, casi en un murmullo, casi por si acaso: “Yo lo único que sé hacer es luchar. Mi compromiso no para hasta el último suspiro”.