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CRUCIGRAMA: Juan Bosch

Horizontales

1. Juan _____ Bosch Gaviño; cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, educador y político dominicano.

7. _____ el sembrador (1939); ensayo de Bosch sobre el prócer puertorriqueño.

13. 30 de _____ de 1909; nacimiento de Bosch. Hijo de José Bosch, catalán y Ángela Gaviño, puertorriqueña.

14. El _____ y la paz; novela de Bosch.

16. Severa en el semblante, en el modo de mirar o hablar.

17. Dirá necedades.

20. Símbolo del cobalto.

21. Apócope de mamá.

23. _____ Emilio Bosch; fue electo presidente de la República Dominicana en 1962; fue derrocado el 25 de septiembre de 1963 en un golpe de Estado. Líder de la oposición dominicana en el exilio contra el régimen de Rafael Leónidas Trujillo.

25. El _____ Manuel Sicuri; cuento de Bosch.

26. Orden de _____ Martí; otorgada a Bosch en 1988 por el presidente Fidel Castro.

28. La Revolución de _____; libro de Bosch.

30. Sal de boro, cristal blanco y suave que se disuelve fácilmente en agua.

31. Dios egipcio.

32. Mamífero rumiante africano de la familia de los antílopes.

33. Forma de pronombre.

34. Afirmación.

35. _____ pesos de agua; cuento de Bosch.

36. Ente.

38. Campo, tierra de labranza, pl.

40. Cavidad.

42. De Cristóbal Colón a _____ Castro; libro de Bosch.

45. Consuelo _____ Tapia; educadora y escritora puertorriqueña.

46. Época.

48. Puerto _____; Bosch vivió exiliado en este país.

49. _____ Domingo; ciudad donde Bosch falleció.

50. _____ Pie; cuento de Bosch.

51. Primero de _____ de 2001; defunción de Bosch. Sus restos están sepultados en el Cementerio Ornamental de La Vega, su ciudad natal.

Verticales

1. Barra, varilla o pieza similar que atraviesa un cuerpo giratorio.

2. Mugido.

3. Comenzar algo, llevar a cabo los primeros trámites de un proceso.

4. Símbolo del litio.

5. Átomo con carga eléctrica.

6. Producid algo de la nada.

8. Hembra del oso.

9. Conozco.

10. Escalofrío.

11. Escuché.

12. Colegio _____ Sebastián de La Vega; Bosch estudió allí.

14. Lengua provenzal.

15. Juego infantil hondureño.

18. Prefijo usado en palabras científicas con el significado de sobre.

19. El _____ y su enemigo; cuento de Bosch.

20. País caribeño donde Bosch vivió exiliado y dirigió la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos para la conmemoración de su Centenario.

22. Soasas.

23. Diversión bulliciosa y alborotada.

24. Un _____; cuento de Bosch.

26. Premio _____ Martí a la Excelencia del Periodismo Dominicano, en su mención Escritor Destacado del Siglo; otorgado a Bosch por la Asociación de Periodistas Profesionales de la República Dominicana.

27. Cuentos escritos en el _____; libro de Bosch.

29. Portugueses.

30. Juan Emilio _____ Gaviño; sus cuentos tienen un hondo contenido social, por ejemplo: “Luis Pie”, “Los maestros” y “El indio Manuel Sicuri”, “Un niño”, El río y su enemigo, descritos por la crítica como obras maestras del género.

35. Entregar.

37. Sonríe.

39. Juan Bosch _____; se desarrolló como un agudo analista político e internacional y formó parte en las luchas liberadoras de nuestros países.

41. El _____: frontera imperial; libro de Bosch.

42. Virtud teologal, pl.

43. _____ Alighieri; poeta italiano.

44. Paso la vista por lo escrito.

45. Alaben.

47. Sábila.

Gracias UPR Recuerdos de un viaje a Ghana

Visitar cualquier país del continente africano pudiera no ser tan atractivo para muchas personas. Menos cuando la imagen de África que ha imperado a nivel mundial es que es toda selva y animales salvajes, toda barbarie y enfermedad. ¡Qué carga histórica sostiene este continente, asociado con pobreza, falta de civilización, tinieblas, rayos y centellas!

“Si ves un león en el camino, me llamas en video call”, recuerdo que me dijo un familiar muy querido el día antes de que partiera hacia Accra, Ghana con un grupo de estudiantes graduados(as) y profesores del recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Aunque me resultó gracioso el comentario, evidenció el sinnúmero de estereotipos que damos por ciertos sin más.

Hace tres años exactamente –6 al 25 de junio de 2014– viví junto a ese grupo una de las experiencias más provechosas que puede tener cualquier estudiante universitaria: viajar a otro país para intercambiar conocimientos en un encuentro académico y, de paso, agregarle instancias al bagaje que la va formando como individuo.

Fernando, Lara, Jonatan, Alexandre, Jessica, Steven, Isabel, Xavier, Javier, Lucas, mi tocaya Gabriela y yo partimos llenos y llenas de entusiasmo, pues participaríamos del Seminar Series on the Languages, Literatures, and Cultures of Africa and the Diaspora en la Universidad de Ghana en Legón. Nos acompañaron los profesores César Solá, Nicholas Faraclas, Dannabang kuwabong (nacido en Ghana) y la profesora Rosa Guzzardo, todos activos en diferentes departamentos de la Facultad de Humanidades de la IUPI.

Este viaje estudiantil –coordinado por Faraclas y Kuwabong– se realiza cada dos años, forma parte de un curso graduado del Departamento de Inglés de Humanidades y permite que estudiantes de diferentes disciplinas exploren (para luego presentar allá) temas concernientes a la relación innegable que existe entre África y Puerto Rico: religión, música, fenómenos lingüísticos, esclavitud, entre otros.

A tres años del viaje, ¿qué es lo que más recuerdo de esos días? De inicio, me impresionaron los colores y patrones de las telas con que los ghaneses confeccionan camisas, trajes, pantalones, turbantes, saquitos para cargar bebés. También, me impresionaron los cuerpos negros que portaban las telas. En la mayoría de los casos, eran cuerpos ejercitados, de hombres y mujeres que necesitan mantenerse activos para ganarse la vida. En ese sentido, fue la norma durante la estadía toparme con mujeres que cargaban en la cabeza canastas con agua o frutas a la vez que llevaban un bebé amarrado a la espalda y un(a) niño(a) de la mano, que bien podía estar cargando más paquetes.

Recuerdo el aire denso, la falta de alcantarillados y desagües en las carreteras sin pavimentar, la niña que me pidió que le regalara un bolígrafo, la cerveza Star, lo bien que los africanos bailaban salsa, lo picante del arroz jollof (popular en todo el oeste de África), el Kelewele o plátanos maduros fritos, el fufu y la manera de comerlo, las pocas raciones de pollo que servían, las muchas de pescado o camarones, la vacuna contra la fiebre amarilla que tuvimos que ponernos previo al viaje, las veces que aclaramos que no éramos de Costa Rica, sino de Puerto Rico…

También, la excursión de horas en transporte público junto a los africanos hacia Kumasi, Tamale y Wa, tres ciudades cada una más al norte de Accra, la capital de Ghana, primera nación del África subsahariana en conseguir su independencia. Fue muy interesante visitar la represa hidroeléctrica de Akosombo, cuya producción permite satisfacer la demanda energética local, además de exportar electricidad a los países contiguos, Togo y Benín.

Por otro lado, me estremeció sobremanera la visita al Elmina Castle, ubicado en la comunidad pesquera de Cape Cost. Este castillo data del siglo XV y fue utilizado por los colonos europeos para encerrar y torturar a más de 30 mil esclavos africanos por año, esos que serían enviados al “Nuevo Mundo”.

Y de la Universidad de Ghana, ¿qué guardo en mis memorias? Ante todo, la grandeza del campus. Es una universidad tan grande que dentro de su perímetro hay una estación de bomberos, otra de policías, un correo, varios edificios altos que sirven de residencias para estudiantes, colmados y mercados, iglesias católicas y protestantes –existe el sincretismo religioso– museos, restaurantes. No exagero cuando cuento que vimos taxis transitando el campus de lado a lado.

Recuerdo con una sonrisa en los labios el día en que caminando por el recinto con dos de los compañeros, al escucharnos hablar español, un estudiante africano del Departamento de Lenguas de la Universidad se acercó para preguntarnos de dónde éramos. Al identificarnos como puertorriqueños, se alegró, pues había aprendido español en un intercambio estudiantil que hizo a Cuba. Demás está escribir que nos llevó al Departamento y nos presentó a algunos de los estudiantes que habían aprendido español en la isla vecina para sumarlo al inglés y a las lenguas africanas que conocen.

Precisamente, por oportunidades y experiencias de vida como esta que tuvimos –y que han tenido los y las que han representado la UPR en el extranjero– es que nuestra universidad debe continuar siendo accesible y pública. De este viaje, conservo fotos, que siempre son como el rostro de las memorias. Además, varias pulseras con cuentas pintadas a mano. Hace tres años, me pongo a diario aunque sea una de ellas. Son mi conexión con esa inolvidable vivencia.

NICOLÁS GUILLÉN Y SU CANCIÓN PUERTORRIQUEÑA

Visité a Nicolás Guillén en su oficina de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba un día de julio de 1972. Me acompañaba Flavia Rivera, jefa de la Misión de Puerto Rico en Cuba, y los tres nos sacamos una foto que ya perdí. El poeta estaba en medio de la foto, con sus brazos sobre nuestros hombros, exhibiendo una sonrisa que parecía genuina. Recuerdo que no podía esconder la alegría de estar junto a alguien que tanto había admirado desde que, a mis 19 años, descubrí su Sóngoro Consongo y, más tarde, su Paloma del vuelo popular. La foto la perdí, pero todavía guardo la edición del El diario que a diario (que me dedicó) “con simpatía cubana por su lucha puertorriqueña”.

Antes de la visita no le había dicho a Flavia que pensaba hablarle al anfitrión de su poesía advirtiéndole de algunas injusticias. Porque Guillén – el cubano, el bueno – se volvió famoso, no por ser parte de la Cuba revolucionaria, sino por el ritmo de su poesía y por hacer literatura sobre el negro antillano popularizando sus cantos. Era en ese momento y todavía es el más conocido, pero no fue el primero de quienes trabajaron esa particular expresión literaria. Antes que él hubo otro poeta que también fue grande, bien grande y, sobre todo, un gran exponente de lo que Mercedes López Baralt llama el “negrismo” antillano. Ese otro grande fue Luis Palés Matos, quien escribió sus versos entre Guayama y San Juan en las primeras décadas del siglo XX, cuando Puerto Rico estaba más aislado de lo que está ahora, que es mucho. Mientras Guillén viajaba por España en plena guerra civil, junto a grandes creadores literarios del mundo y frente a buena parte de la prensa mundial, Palés gastaba sus horas en la fría y atrofiante modorra del domingo, en aquel pequeño pueblo que se moría de nada. Voy a dejar que sea Mercedes López Baralt quien lo diga obviamente mejor que yo: “La soledad del vate guayamés, en parte fruto de la precariedad económica y cultural de su entorno, está irremisiblemente ligada al carácter pionero de sus aportes negristas… Esa precariedad cultural del entorno puertorriqueño – producto del colonialismo y el atraso económico – “insularizó” la gran poesía de Palés escondiéndola del mundo. Por eso Guillén, que era bueno por sí solo, reinó en solitario como el gran poeta antillano de la negritud.

De eso pensaba hablarle a Guillén cuando lo visité en La Habana, pero no me atreví y el encuentro se quedó en puro turismo. Con foto y todo. Tampoco abordé un segundo tema que llevaba en el bolsillo que pudo haber creado un ambiente todavía más incómodo: el de su Canción puertorriqueña. Creo que fue a mis 20 años que descubrí el poemario La paloma del vuelo popular, que contiene este poema, que me aprendí de memoria de tanto leerlo.

Para alguien que a sus veinte años estaba inmerso en la lucha por la independencia y el rechazo al colonialismo que había sido disfrazado de “Estado Libre Asociado”, leer aquellos versos resultó cautivante: ¿Cómo estás Puerto Rico, / tú de socio asociado en sociedad? ¿En qué lengua me entiendes/ en qué lengua por fin te podré hablar, / si en yes,/ si en sí. / si en bien /, si en well,/ si en mal, /, si en bad, si en very bad? Pero más adelante encontramos un verso que nos echa un poco de agua fría. Refiriéndose a nuestra lengua Guillén dice: masticas una jerigonza / medio española, medio slang….

La visión que se refleja en esos versos de Guillén – que los puertorriqueños habían sido asimilados y que su lengua española quedó desnaturalizada, convertida en un dialecto callejero – estaba bastante generalizada a mitad del siglo XX y lo estaría aún más en los años siguientes. (Guillén escribió el poema durante su exilio en Brasil en 1953 y lo publicó por vez primera en Guatemala al año siguiente. Más tarde lo incluyó en su libro La Paloma del vuelo popular, publicado en 1958.) El Nobel chileno Pablo Neruda también creía que a los puertorriqueños se les había despojado de su idioma.

En su Canto General, publicado en 1950, Neruda escribió:

“Truman a nuestras aguas llega

a lavarse las manos rojas

de la sangre lejana. Mientras,

decreta, predica y sonríe

en la Universidad, en su idioma,

cierra la boca castellana,

cubre la luz de las palabras

que allí circularon como un

río de estirpe cristalina

y estatuye: “Muerte a tu lengua,

Puerto Rico”.

Es cierto que el “decreto” que menciona Neruda fue emitido, no en la presidencia de Harry Truman sino mucho antes, cuando tras la invasión de 1898 se quiso matar la lengua castellana de los puertorriqueños imponiendo el inglés como idioma vehicular de enseñanza y de la administración pública. Pero cuando ambos poemas se escribieron los puertorriqueños no hablaban la jerigonza que nos endilga Guillén, ni la han llegado a hablar nunca. Cuando Truman nos visitó en 1948 nuestra lengua, en lugar de muerta, estaba muy viva.

La imposición del inglés fue parte de un deliberado proceso de “americanización” que comenzó con la invasión de 1898. A los doce días de haberse izado la bandera estadounidense en La Fortaleza, sede del Gobierno, se aprobó una resolución estableciendo que “la educación universal debe ser implantada basándose en los mejores sistemas de Estados Unidos.” En 1905 se aprobó la “Política Lingüística de Falkner” (por Ronald Falkner, comisionado de Educación enviado por el presidente Theodore Roosevelt) que oficializó lo que ya era la norma, que el inglés sería el vehículo de enseñanza en las escuelas. Esta política técnicamente estuvo en vigor hasta 1949 cuando mediante una orden circular el Comisionado de Educación Mariano Villaronga dispuso que el español sería el vehículo de enseñanza. En 1990 la orden circular de Villaronga finalmente se incorporó a la Ley Orgánica del Departamento de Educación, aprobada por la Asamblea Legislativa de Puerto Rico. Allí se establece con claridad que el castellano es la lengua vehicular de la enseñanza pública.

La orden circular de 1949 del comisionado Villaronga no hizo otra cosa que reconocer lo que era una realidad: que aun cuando la política oficial establecía el inglés como lengua vehicular, tal cosa nunca ocurrió en la práctica. Por mil vías distintas los puertorriqueños se rebelaron contra la pretensión oficial de despojarlos de su vernáculo. La última ola de protestas de estudiantes y maestros se produjo en la década del ’30 del siglo XX, pero antes de esas protestas públicas, múltiples acciones pequeñas en las escuelas y en la calle sentenciaron la ineficacia del plan imperial.

Más de un siglo después de que se intentara convertir a los puertorriqueños en angloparlantes, el propio US Bureau of the Census reconocía en 2010 que menos de una cuarta parte de la población residente en la Isla puede efectivamente sostener una conversación en inglés. Tres cuartas partes ni siquiera pueden hablar ese mínimo.

Hay una cita del escritor español Pedro Salinas, pronunciada en la Universidad de Puerto durante los ejercicios de graduación de 1949, que nos da una idea bastante clara del estado de la lengua de los puertorriqueños en ese momento. Salinas recién había llegado a Puerto Rico procedente de Estados Unidos y dice:

“Cuando se siente uno rodeado de su mismo aire lingüístico, de nuestra misma manera de hablar, ocurre en nuestro ánimo un cambio análogo al de la respiración pulmonar, tomamos de la atmósfera algo, impalpable, invisible, que adentramos en nuestro ser, que se nos entra en nuestra persona y cumple en ella una función vivificadora, que nos ayuda a seguir viviendo. Sí, he vuelto a respirar español, en las calles de San Juan, en los pueblos de la isla. Y he sentido una gratitud, no sé a quién, al pasado, al presente, a todos y a ninguno en particular, gratitud a quienes me dieron mi idioma y al nacer yo, a los que siguen hablándolo a mi lado. “

Como vemos, alguien de la profundidad cultural de Salinas, tan conocedor del idioma castellano, tan pronto llegó a San Juan en 1949 procedente de Estados Unidos, volvió “a respirar español”. Obviamente, lo que escuchó hablar a su lado en las calles no fue un “slang”, sino que se sintió “rodeado de su mismo aire lingüístico”.

De modo que cuando a principios de la década del ‘50 Guillén denunció desde Brasil que la maldad gringa redujo la lengua de los boricuas a un mero “slang”, en realidad los puertorriqueños hablaban un castellano tan bueno como el de los españoles, según apreció un perito como Salinas.

Cuando visité a Guillén en La Habana pensaba hablar de todo eso. Quería decirle al poeta que se había equivocado, añadiendo que para los puertorriqueños el bizcocho es bizcocho y no “cake”, como dicen en Cuba. Pero no me atreví hablarle de esa forma al poeta y, como ya dije, me limité a sacarme la foto y a recibir el librito autografiado. Después de todo, hablarle de esa manera hubiese sido una falta de consideración, para decir lo menos, y un acto de poco agradecimiento para quien entendía que nos defendía cuando, en medio de su exilio, escribió su Canción puertorriqueña.

El básquet y la identidad nacional

0. Alguien podría pensar que el juego final de baloncesto de los Juegos Panamericanos de 1979 entre Puerto Rico y EEUU tiene poca importancia. Eso si pensamos que los deportes son simplemente modos de entretenimiento. Ciertamente son entretenidos. Sin embargo, los deportes pueden ser vistos como otras instancias de batallas políticas.

1. La neutralidad política de los deportes es una mentira que se repite usualmente desde el conservadurismo en países que aún tienen luchas por la independencia, y desde la ideología dominante en países con pretensiones hegemónicas. Así, el deporte y las Olimpiadas fueron importantes para el nazismo en Alemania. Jesse Owens se encargó de humillar las ideas racistas de Hitler.

El aparato propagandístico nazi no perdía oportunidad. En 1936 Max Schmelimg era un boxeador exitoso de escaso reconocimiento fuera de Europa. Retó a la estrella en ascenso, Joe Louis, y lo venció por KO el 19 de julio de 1936. Eso lo convirtió en el portaestandarte de la superioridad aria y en un ídolo en su país natal. Una foto junto a Hitler lo convirtió en uno de los atletas más odiados en EEUU. Eso, a pesar de que su manejador en EEUU era Joe Jacobs, judío, de quien nunca se separó profesionalmente.

La revancha contra Joe Louis, que se había convertido en campeón un año antes, se efectuó en el Yankee Stadium. Louis noqueó al alemán en el primer round. Dicen que Hitler se comió su gorra al enterarse.

En resumen, ya sea el deporte en EEUU, en la Unión Soviética, las nadadoras de Alemania del Este, o en el baloncesto, el deporte puede transformarse en escenario de batallas por el triunfo de ideologías o identidades. El sociólogo J.M. Brohm señala que en las competencias internacionales los estados-nación se enfrentan y “ponen en juego el prestigio nacional; el ritual deportivo es pues, a ese nivel, un ritual de confrontación entre naciones”.

2. Ricardo Olivero Lora y Julio César Torres saben eso perfectamente. Y son amantes del deportes. Hablo con Ricardo sobre Nuyorican Basquet, un documental que se estrenará el próximo 8 de julio. A partir del enfrentamiento entre los equipos nacionales de Puerto Rico y EEUU en la final de un torneo internacional celebrado en la isla, se desarrolla este relato cinematográfico que nos permite adentrarnos en el contexto en el que se dio aquella batalla.

Ricardo asistió a la inauguración de los Juegos Panamericanos en San Juan. No lo recuerda. Tenía tres años. Hay evidencia fotográfica. De suerte que su interés por aquel juego es resultado de los cuentos repetidos y paradigmáticos que se hacían en las reuniones familiares. Los hechos se transformaban en leyendas. Las barrabasadas de Bobby Knight, el emblemático dirigente que fue odiado por su desprecio hacia todos o las travesuras de algunos de los jugadores boricuas que rompían con los esquemas de los que se suponía fuera la “puertorriqueñidad”.

El día en el que se inauguraron esos Juegos, el entonces gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barceló, recibió un soberano abucheo al ser presentado. Romero no solo habría presentado objeción a la bandera solitaria de Puerto Rico, sino que apenas hacía un año habían ocurrido los asesinatos del Cerro Maravilla y el anexionismo desde principios de los ’70 era violento.

3. Aquella Selección Nacional, apunta Olivero Lora, estaba repleta de nuyoricans. Así que el interés del documental no es solo ubicarnos en contextos, sino reflexionar sobre la importancia de la diáspora en el modo en el que nos representamos. Los nuyoricans mostraban la complejidad y riqueza de nuestra identidad. Lo interesante es que Julio (Toro) y Flor (Meléndez) dirigentes de nuestra escuadra, nunca fueron muy articulados en el idioma de Shakespeare ni en el de César Fantauzzi.

Ricardo señala que, aparte del componente del idioma, la gran mayoría de los miembros del equipo eran negros y, de hecho, se habían criado en New York en barrios y en comunicación constante con la comunidad afroamericana. En ese sentido, el equipo nacional subvertía la idea conservadora de la absurda homogeneidad racial, la raíz blanca, europea, de nuestra “raza”. De alguna manera, Nuyorican Basquet es un homenaje a la enorme aportación que ha hecho la diáspora al desarrollo de nuestra identidad nacional.

4. El director señala que ésta, su ópera prima, “monta un relato más o menos controlado mientras que en la ficción lo que impera es la imaginación. Uno tiene una idea y una línea temática. La objetividad surge y se permite porque, por supuesto, no puedo ni quiero controlar lo que el entrevistado dice. Uno quiere hacer ciertas reflexiones pero no se pueden obviar las afirmaciones de los entrevistados. Y cada uno tiene su estilo, su modo de expresión. Charlie Bermúdez es reservado, casi como si aún fuera el capitán del equipo. Georgie Torres, muy locuaz”.

Entre los entrevistados, aparte de los jugadores de aquel gran equipo, están el propio Romero Barceló, el amigo cronista deportivo Elliott Castro, el legendario hombre del basquet, Tuto Marchand, dándole al documental una amplitud de miras que va a satisfacer a los fanáticos del deporte y a los amantes de la historia.

Los boletos para el estreno de Nuyorican Basquet pueden conseguirse en prticket.com y llamando al 787 303 0334.

La fiesta en medio de la lucha

Alguien que viniera de otro planeta podría sorprenderse con nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños. Lo mismo en medio de todos los problemas sociales y políticos de nuestros países, la gente no deja de hacer fiestas. En junio, en diversas regiones de América Latina, el pueblo se entrega a las conmemoraciones de San Antonio, San Juan y San Pedro.

Evidentemente, las fiestas populares pueden ser expresiones de alienación social y política. A través de ellas, las personas pueden olvidar, al menos por instantes, las luchas de la vida. Sin embargo, también pueden servir de ensayo para una organización más eficiente del pueblo. Esas fiestas venidas del antiguo revelan una resistencia cultural que los actuales medios de comunicación no logran vencer.

En las regiones andinas de Bolivia, Perú y Ecuador, en la noche del 24 de junio, los indios celebran el Inti-Rami, la fiesta del sol, celebración principal del año nuevo andino. Corresponden a los festejos juninos que son hechos en Brasil, Venezuela y otros países. Algunas de esas danzas tuvieron su origen en cortes de Europa. Hoy, las personas se visten como gente pobre del campo, pero ejecutan danzas de la nobleza de otros siglos. Al mismo tiempo, a través de teatros de comedia rural, critican figuras como curas y jueces, porque sólo se interesan por dinero y poder. Esas críticas revelan cómo las capas más empobrecidas del pueblo pueden expresar su protesta social. Hasta los santos están involucrados en el clima de fiesta. San Antonio es considerado santo casamentero. San Juan Bautista es un niño que viene a jugar en las hogueras del pueblo y San Pedro se convierte en compañero de fiestas. El carácter lúdico de la crítica popular, latente en los festejos juninos, puede ser un ensayo de una sociedad nueva en la cual todos son protagonistas.

Así, en la alegría y de forma sencilla, grupos y comunidades populares señalan una realidad nueva que se acerca a lo que los evangelios llaman el reinado de Dios. De su modo y en una expresión laical, esas fiestas traen alegría y crean cierta unidad en las comunidades. En el evangelio se dice que, al anunciar el nacimiento del profeta Juan el Bautista, el mensajero de Dios prometió: “Por su nacimiento, muchos se alegrarán” (Lc 1, 14). Al criticar a la sociedad dominante y expresar una palabra de los pobres, las actuales fiestas juninas expresan la verdad que los evangelios atribuyen a San Juan Bautista: “¡Cambien de vida porque la realización del proyecto de Dios en el mundo está cerca!” (Mt 3, 2) .

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.