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Lula sentenciado, objetivo alcanzado

Por Eric Nepomuceno

El juez de primera instancia Sergio Moro sentenció al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva a nueve años y seis meses de cárcel. De paso, lo inhabilitó para ocupar cualquier puesto en la administración pública por los próximos 19 años. La culpa: haber recibido, como soborno, un departamento de tres plantas y poco más de 200 metros cuadrados en Guarujá, un decadente balneario a unos 70 kilómetros de São Paulo, por valor de poco más de 700 mil dólares.

La sentencia era, bajo muchos aspectos, esperada. Al fin y al cabo, desde el inicio del llamado “Operativo Lavado Rápido” (Lava Jato) quedó más que clara la obsesión fundamentalista del juez de provincias contra el ex presidente más popular del último medio siglo en Brasil y principal figura política del país de nuestros tiempos.

¿Pruebas de que el departamento haya sido regalado a Lula? Ninguna. Para empezar, el inmueble en cuestión tiene su titularidad empeñada junto al banco estatal Caixa Económica, como parte del acuerdo de suspensión de pagos y recuperación judicial de la constructora, la OAS. Pero hay más: no existe un solo registro de propiedad del inmueble a nombre de Lula. Y eso, por una sencilla razón: nunca le perteneció.

Es una historia harto conocida en Brasil, y debidamente ensombrecida por los medios hegemónicos de comunicación que han sido uno de los pilares del golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff, pero cuyo objetivo clarísimo siempre ha sido el de liquidar la figura política de Lula da Silva.

Efectivamente, hace más de una década, la fallecida esposa de Lula, doña Marisa Leticia, adquirió una cota de un edificio que sería construido en Guarujá. Acorde a las leyes y costumbres en Brasil, es posible comprar una cota de una construcción y, cuando esté terminada, elegir determinado departamento y pagar la eventual diferencia. Fue lo que ocurrió: cuando el edificio quedó listo, doña Marisa fue a verlo y desistió del negocio. El constructor, que sí obtuvo gordísimos contratos con la Petrobras durante los mandatos de Lula, entendió lo obvio: tener al ex presidente entre los propietarios del edificio sería un atractivo insuperable. Mandó reformar todo el inmueble, dotándolo inclusive de un ascensor privado, y pidió que Lula fuese a verlo. Y cuándo lo vio, Lula – ha sido su única visita al local– le dijo que definitivamente no.

No hay una única prueba de que algún minuto de algún día el ex presidente haya recibido el departamento. Sobran pruebas de que la constructora OAS sigue siendo su verdadera y única propietaria. ¿Por qué motivos entonces se condena da Lula?

Por una única y verdadera razón: porque para liquidarlo se armó y desató el golpe que destituyó a Dilma Rousseff.

Hay que entender que la frustrada presidenta era nada más que un escollo en el camino de los que armaron el golpe: el actual senador Aécio Neves, derrotado por ella en las elecciones del 2014, con el pleno aval del ex presidente Fernando Henrique Cardoso; los medios hegemónicos de comunicación; los partidos políticos que se dejan comprar por el mejor postor, sea de donde sea; el gran capital nacional; y, claro, los intereses de las multinacionales que ahora pretenden beneficiarse de la nueva situación. Para que ese cuadro se completase, era y es necesario liquidar a Lula y su partido, el PT.

La llegada de Michel Temer y sus secuaces tuvo como objetivo primordial imponer “reformas” que, en realidad, significan liquidar todo lo que se construyó, en términos de derechos sociales, no solo bajo los gobiernos de Lula y Dilma, sino de los últimos más de cincuenta años y, en el caso de los derechos laborales, más de setenta. Ahora, cuando se ve quienes son los verdaderos bucaneros, ellos dejan de ser necesarios. Temer es un presidente que, además de ilegítimo, está moribundo.

Lula da Silva se transformó, gracias a la actuación de un juez de provincias cuyo autoritarismo y parcialidad son más que evidentes y ya no solo para juristas, sino para crecientes parcelas de la opinión pública que no se dejaron idiotizar por los medios hegemónicos de comunicación, con la TV Globo a la cabeza, en el primer expresidente condenado por corrupción.

No hay, vale repetir, una mísera prueba contra Lula en el caso del departamento. Pero sobran pruebas de que, pese a la masacre que el expresidente sufre de manera incesante, su popularidad es una amenaza. Lula es un pájaro peligroso, que tiene que ser abatido antes de que vuelva a alzar vuelo.

Si para defender esa clase de interés la derecha más rancia encuentra a un joven juez de provincias obcecado por la fama y obsesionado contra Lula, y si a tal magistrado se unen fiscales fanáticos, todo eso al amparo de los medios de comunicación y la omisión cómplice de las instancias superiores de justicia, el guión de la película está cerrado.

Hay que ver cómo reaccionará el público. Si con la debida indignación, o la miserable resignación.

Reproducido de www.rebelion.org

Será otra cosa: De las fotos y los tiempos

A primera vista y en blanco y negro, hay nueve niños separados, frente a frente, en dos bandos. En primer plano se encuentran seis de ellos de pie en un llano; dan la espalda a la cámara. Sobre su ropa llevan disfraces de tela y papeles. Utilizan delantales, abrigos y sombreros que imitan a los atuendos militares. Tienen palos –como escopetas– en las manos. Uno de ellos (en la extrema izquierda) da una señal y los otros cinco apuntan hacia los niños que tienen de frente, y que vemos, en segundo plano, sobre una pequeña colina. Ellos miran hacia los otros seis, y tal vez al espectador, y están a un nivel más alto que quienes les apuntan. Salvo uno, que probablemente imita un gorro militar, ninguno parece llevar disfraz. La fotografía capta el momento exacto en que unos niños juegan a los fusilamientos: el pelotón listo para disparar y los otros esperan su ejecución. La imagen fue tomada en 1937 durante la Guerra Civil Española. La imagen fue captada por el fotógrafo valenciano Agustí Centelles, que se dedicó a retratar la guerra como una herramienta de difusión antibélica y antifascista. Más tarde durante su exilio en Francia organizaría, junto a otros desterrados, un laboratorio fotográfico clandestino donde pudo captar imágenes de la vida de los refugiados españoles en los campos de concentración. Muchas de estas fotografías, hoy día emblemáticas, fueron en su tiempo escondidas en una maleta que serían recuperadas por la familia de Centelles después de la muerte de Francisco Franco. Por lo mismo, mucha de su obra se difundió entonces a partir del 1976 en España. En la actualidad el archivo de Centelles se compara al de Robert Capa y Gerda Taro y ha sido reconocido como un importante fotoperiodista de guerra.

Tres mujeres sonríen y hablan entre sí. Cada una sujeta con naturalidad un rifle. Cuatro hombres improvisan una trinchera en medio de una calle. Una familia camina a la frontera, lleva una bolsa pequeña con lo que parece ser una merienda. Cadáveres en fosas comunes. Cadáver con herida de balas. Jóvenes con ropa manchada y con heridas en el rostro

Así descritas podrían ser fotografías tomadas por un celular o por una cámara del siglo pasado. ¿Lo son?

Tal vez las fotos de la guerra plasmen de manera más dramática el antes y el después.
Con el tiempo podemos verlas con distancia y hasta cierta frialdad, podemos estudiarlas y opinar de su encuadre, de su estética. Incluso, volverlas, como ha sucedido, en una pieza de museo o en la imagen símbolo de una lucha, de una causa, de una idea.

Me falta tiempo, seso y perspectiva, pero me pregunto con tanta imagen ubicua, con tanto archivo fotográfico al alcance de un buscador o de nuestro bolsillo, qué dirán en el futuro de nosotros. ¿Cuál será la foto emblemática que nos describa? Que intente compendiar los años de nuestra historia. ¿Cuáles serán las claves, como con los niños de Centelles, que apunten el horror de la violencia domesticada? ¿Cuál será la imagen del pasado cuando seamos pasado? ¿Se habrá perdido algo irrescatable que sólo quedará en la captura de la foto? ¿O nos colgarán en un museo del recuerdo o de las ruinas?

Los signos de los tiempos

“Bajo el cielo, hay momento para todo y tiempo adecuado para cada cosa. Hay tiempo propio para nacer, tiempo para morir. Hay tiempo para plantar, tiempo para cosechar, tiempo para construir y tiempo para destruir … ¿Qué provecho saca el trabajador de tanta fatiga? “

(Ecle 3, 1- 9).

En la Biblia, el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales, relativiza cada tiempo. En los evangelios, Jesús propone que busquemos siempre discernir lo que él llama “signos del tiempo presente” y actuar de acuerdo con los desafíos del momento. En nuestros días, la América Latina y el Caribe vive un tiempo fuerte de resistencia de nuestros pueblos para salvaguardar las conquistas hechas en las décadas más recientes, actualizar el proyecto de integración continental y de independencia del colonialismo. Ese camino propuesto por Simón Bolívar y retomado por el presidente Hugo Chávez, actualmente es atacado por los intentos del Imperio que desea reasumir la hegemonía perdida.

En este momento, es importante que todas las personas de buena voluntad, religiosas o no, asuman la responsabilidad de defender los procesos sociales y políticos que vienen de las comunidades indígenas y grupos sociales que proponen la transformación de ese mundo. Para las personas que tiene fe, el día consagrado y los cultos religiosos deben tener como fundamento el cuidado con la justicia y la preocupación por los derechos de los pobres. En la Biblia, Dios afirma: “El país de ustedes está devastado, las tierras son devoradas por los extranjeros. ¿A quién interesan los cultos religiosos? … Cuando ustedes vienen a mi presencia y pisan el santuario, ¿quién les exige eso? Dejen de hacer cultos inútiles. (…) No soporto injusticia junto con fiesta religiosa … Cuando ustedes levantan las manos para mí, yo desvío la mirada y aunque multipliquen sus oraciones, yo no los escucharé “(Isaías 1, 7 y 12-15).

En diversos países, las dificultades de los nuevos procesos sociales piden que no dejemos caer las conquistas de los trabajadores y las mejoras de la vida del pueblo más pobre. Lo mismo si reconocemos que algunos errores fueron cometidos, tenemos que cuidar de no volver atrás en el camino de la Historia. Es importante mostrar que la preocupación por el bien común, el ejercicio de la ciudadanía y la fraternidad humana continúan vivas. El Espíritu de Dios que condujo al pueblo bíblico de la esclavitud a una tierra libre, ahora impulsa a los grupos sociales y a las personas que tienen hambre y sed de justicia para la felicidad de realizar el proyecto divino en ese mundo.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

El laberinto de los críticos de Albizu Campos

Pedro Albizu Campos llegó a Puerto Rico el 4 de enero de 1930, después de lo que él llamó un viaje de “peregrinación por América Latina”. Entre 1927 y su regreso en 1930, visitó, entre otros lugares, Cuba, Perú, Panamá, México y Venezuela. Hay que imaginarse la primera impresión que pasó por la mente del líder nacionalista al llegar al muelle de San Juan. Antes de este viaje, él había estado en Estados Unidos, específicamente en Vermont y Massachusetts. Si en países como Perú, Cuba y México, Albizu vio una burguesía local todavía en control de sus recursos nacionales, en Vermont y Massachusetts la impresión debió ser más pronunciada. Estos dos estados federados aún hoy se enorgullecen del control local de su agricultura, dominada por las granjas menores de 65 acres. Ambas cosas, su estancia en el noreste de Estados Unidos y su peregrinación por nuestra América, deben haber fortalecido en Albizu la valoración de sus principios de nacionalista revolucionario.

El Puerto Rico al que Albizu regresó en 1930 no se parecía en nada a la agricultura de pequeñas granjas de alto rendimiento en Vermont y Massachusetts; tampoco, a las extensas operaciones de la burguesía azucarera cubana en Cienfuegos. Aquí, cuatro corporaciones absentistas, con sede en Nueva York y Nueva Jersey, controlaban aplastantemente la producción de azúcar. Entre 1900 y 1929, Puerto Rico había sido proletarizado a un nivel no alcanzado en ninguna parte de Estados Unidos, mucho menos en Vermont o Massachusetts, como puede constatarse en los censos agrícolas de 1910-1930. La transformación en las relaciones de producción en la Isla fue casi absoluta.

El desarrollo del capitalismo en la agricultura puertorriqueña era, pues, algo único, tanto por los patrones de América Latina como de Estados Unidos. Cuando Albizu regresó a Puerto Rico el 4 de enero de 1930 todavía había una pequeña pero fuerte producción campesina en el noreste de Estados Unidos. Tan era así que algunos izquierdistas norteamericanos argumentaban que el capitalismo moderno, y la gran propiedad territorial, nunca habrían de conquistar por completo la agricultura estadounidense. En Puerto Rico, por el contrario, el campo había sido proletarizado completamente. El punto de vista pequeñoburgués de la primacía del pequeño campesino era más fuerte, ideológicamente hablando, en lugares como Vermont y Massachusetts que en la Isla. Yo me atrevería a decir que de ahí viene buena parte del llamado a la defensa del pequeño campesino en el pensamiento de Albizu Campos. No pocos socialistas del noreste de Estados Unidos, influenciados por los narodniks rusos, defendían en 1915 la idea del tránsito al “comunismo agrícola” sin pasar por las granjas capitalistas de gran tamaño. Lenin, por supuesto, intervino en el debate. (Ver: Lenin, V. I, 1917, Nuevos datos acerca del desarrollo del capitalismo en la agricultura de Estados Unidos).

Pero había otra paradoja que complicaba aún más el análisis que Albizu quería hacer de la sociedad puertorriqueña en 1930. Puerto Rico, el país con la agricultura capitalista más avanzada del continente, en términos de la relación capital/trabajo en el campo, adolecía de la falta de un pensamiento socialista mínimamente profundo. Aquí no había nadie comparable a Julio Antonio Mella en Cuba, a José Carlos Mariátegui en Perú, o al pujante marxismo que surgió en Argentina y otras partes de América Latina al calor de la Revolución Rusa. La clase obrera de Puerto Rico estaba huérfana de la influencia del socialismo científico. Nuestros pensadores socialistas, salvo contadas excepciones, eran comentaristas de periódicos o burócratas de sindicatos afiliados al imperio.

Albizu Campos, aun desde una perspectiva no marxista, se dio cuenta tempranamente de que el análisis económico de la estructura de clases de la sociedad puertorriqueña no presentaba mayores dificultades. Las mismas agencias del imperialismo, empezando por el Instituto Brookings, lo habían hecho. Temas como la concentración de la propiedad agraria, el pauperismo de los trabajadores, el acorralamiento de la pequeña burguesía, el impacto de los salarios, etc., habían sido estudiados hasta la saciedad por investigadores estadounidenses. Aquí no había que escribir un tratado comparable al Desarrollo del capitalismo en Rusia, de Lenin, ni a los escritos del líder bolchevique sobre la agricultura estadounidense. Los datos, el análisis y las conclusiones estaban allí, en las propias investigaciones hechas por el imperio y sus agentes. No era de extrañar: Ya en 1910 Estados Unidos tenía el sistema de censos agrarios e industriales más avanzado del mundo. Lenin mismo lo elogió en múltiples ocasiones.

¿Qué dificultaba, en realidad, la compresión de la sociedad y la política puertorriqueña en 1930, según Albizu? Pues un entendimiento de la naturaleza del aparato estatal creado por el imperialismo. Y esto no era fácil por tres razones. En primer lugar, el aparato estatal colonial de Puerto Rico había sido creado por decreto del imperialismo en 1900. No era, como en otros lugares de América Latina, un sistema estatal en relación de linaje con el período colonial o postcolonial. Ni siquiera en Hawái en 1930 había algo similar a Puerto Rico, pues allí la anexión preservó, por décadas, muchas de las estructuras de poder creadas por la monarquía en el siglo XIX. La anexión de Hawái como territorio incorporado en 1898 no significó una ruptura política y estatal tan categórica como en el caso de Puerto Rico.

En segundo lugar, el aparato estatal colonial inventado en 1900-1903 para la dominación de Puerto Rico era una extensión de un aparato estatal completamente original en la historia del capitalismo. Tampoco en Estados Unidos había mucha continuidad entre la monarquía inglesa y el estado nacional que emerge en la nación del norte, particularmente después de la Guerra Civil. De hecho, el sistema bancario y fiscal estadounidense acababa de llegar a la madurez cuando Estados Unidos invade a Puerto Rico. Antes de eso, el imperio no tenía propiamente un sistema monetario nacional unificado, como el de Inglaterra. El dólar no adquirió su forma de circulación moderna hasta fines del siglo XIX y principios del XX. La circulación de valores financieros estadounidenses no se unificó, en lo que toca a la movilidad plena del capital, hasta 1911. Puerto Rico quedó, pues, plenamente integrado en un sistema de circulación de capital-dinero que nadie en realidad había tenido mucha oportunidad de estudiar. Lenin mismo se lamentó de que sus referencias principales para el estudio del capitalismo monopolista de estado fueran Inglaterra y Alemania, aunque era en Estados Unidos donde la acumulación y centralización de capitales procedía con mayor ímpetu. Y si en algún lugar había un lazo estrecho entre la gran burguesía y el estado, afirmaba él, era en Norteamérica. Pero los primeros tratados académicos serios sobre la evolución crediticia y monetaria de Estados Unidos no aparecen sino hasta mediados de la segunda década del siglo XX.

En tercer lugar, si los socialistas puertorriqueños no tenían una teoría científica de la lucha de clases, mucho menos tenían una teoría del estado, derivada del marxismo. Estaban en las tinieblas. Cierto es que Marx nunca pudo escribir la parte de El capital correspondiente al estado capitalista. Y cierto es que el trabajo de Lenin al respecto, o sea, El Estado y la revolución, no salió publicado hasta 1920. Pero los socialistas nuestros ni siquiera intentaron teorizar sobre el aparato estatal colonial; abrazaron ciegamente la bandera extranjera. Por supuesto, ni hablar de que se leyeran El capital, cosa que sí pasaba en muchos países de América Latina. Ya en la en la Introducción a la Contribución a la crítica de la economía política, Marx había puesto el estudio del estado capitalista como un momento necesario para la comprensión del mercado exterior y de las determinaciones del mercado mundial. Toda la sección V del tercer tomo de El capital, en que se estudian las determinaciones del capital que rinde interés, asigna un papel protagonista al estado capitalista moderno. Nuestros socialistas ni pensaban en eso.

Albizu no era marxista, obviamente. Pero en Puerto Rico no los había, de todos modos, en la época de las grandes luchas del Partido Nacionalista, a menos que uno se crea los cuentos de sus críticos superficiales. Y en lo que toca a proponentes de una teoría científica del estado colonial tampoco los había en 1930, ni los hay hoy. Por eso los escritos de Albizu sobre el coloniaje no han perdido vigencia alguna. Él es el único que ha intentado comprender el aparato colonial de Puerto Rico en función del desarrollo complejo del estado imperial en su transición al imperialismo. Muy a pesar de las limitaciones del precario ambiente intelectual de Puerto Rico, Albizu formuló una teoría sólida sobre la conexión entre el sistema tarifario estadounidense y la dominación de los monopolios en la Isla. Lo hizo como lo debieron haber hecho los supuestos socialistas puertorriqueños: estudiando la evolución concreta de la conformación interregional del aparato estatal de la metrópoli. Y ahí están sus escritos al respecto de la historia continental territorial norteamericana, tan sólidos como las murallas de El Morro. (Ver, Campos Albizu, Obras escogidas, Tomo I, pp. 116-163).

Que Albizu no fuera marxista es una cosa; pero que sí conocía de lo que estaba hablando es incuestionable. Hay que tener una ignorancia suprema de la historia de Estados Unidos, para afirmar que Albizu era fascista. De hecho, al momento en que Albizu regresó a la Isla, o sea en el 1930, sí había focos fascistas en la sociedad estadounidense, a escala regional y con poder político, con mucho poder político como en Hawái. Demás está decir que ningún parecido tenían con el Partido Nacionalista, mucho menos con Albizu. El fascismo estadounidense, ya desde la década de los 20 del siglo anterior, era virulentamente racista, protestante y proimperialista, aspectos que naturalmente no saben los críticos superficiales de Albizu, acostumbrados como están a criticarlo sin leerlo cuidosamente. Además, los datos, como decía Marx, son tercos. En todas las instancias documentadas de focos fascistas en Estados Unidos entre 1920 y 1940 el proceso organizativo era el mismo: la creación de bandas callejeras para atacar a los obreros y las huelgas, en alianza con la policía y los grupos patronales. No hay ni un solo caso en que los sindicatos de trabajadores en lucha en Estados Unidos pidieran la ayuda de los líderes fascistas. Puerto Rico no era la excepción.

Para mí, la pena no es que Albizu Campos no fuera marxista. La pena es que en nuestra isla los marxistas nunca hayamos abordado el estudio de la sociedad puertorriqueña con la seriedad, pasión y creatividad con que lo hizo Albizu. Claro que se puede criticar, e incluso refutar ideas específicas de Don Pedro. Pero la verdadera refutación, como decía Hegel, supone “el penetrar en la fuerza del adversario, y colocarse en el ámbito de su vigor; el atacarlo fuera de él mismo, y sostener sus propias razones donde él no se halla, no adelanta en nada el asunto”. (Hegel, Ciencia de la lógica, Ediciones Solar, 1968, p. 514).

Los críticos de Albizu Campos, algunos de los cuales se han hecho de fortuna y de fama académica criticándolo, se mueven intelectualmente en los confines de un laberinto. Y lo peor es que ni lo saben.

Crucigrama: Rafael Cancel Miranda

Horizontales

2. Rafael Cancel _____; héroe de la Patria puertorriqueña. Prisionero del imperio yanqui por 25 años por su participación en el ataque al Congreso de EEUU en 1954.

7. Prisioneros.

9. Prefijo.

10. Remando _____ la lluvia: setenta y cinco anécdotas y tres poemas; libro de Cancel Miranda.

11. Afirmación.

12. Antes de Cristo.

13. Del verbo ir.

14. Trabajadora.

17. Sembrando _____ …y verdades; libro de Cancel Miranda.

19. País europeo.

21. Confíe.

23. _____ dioses llevan tu nombre; libro de Cancel Miranda.

25. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

26. Llanura pequeña en la ladera de un monte.

31. _____ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

32. 18 de _____ de 1930; nacimiento de Cancel Miranda.

33. Da aullidos.

35. Conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región.

37. _____ y palomas; libro de Cancel Miranda.

40. Macizo montañoso del Sahara.

41. Garantía.

43. Preposición.

44. Otorgar.

45. Juan _____ Brás; patriota puertorriqueño, fundador del Movimiento Pro Independencia.

46. Movimiento convulsivo habitual.

47. Rezó.

48. Símbolo del tantalio.

49. Reúne.

50. _____ José Martí; le fue entregada a Cancel Miranda por Ricardo Alarcón en la Misión de Puerto Rico en Cuba.

51. Lares: _____ de la Patria.

Verticales

1. 1ro. de _____ de 1954; ataque al Congreso de EEUU realizado por nuestros héroes Lolita Lebrón, Andrés Figueroa Cordero, Irving Flores y Rafael Cancel Miranda.

2. Remojar.

3. Larvas de varias familias de mariposas muy perjudiciales para la agricultura.

4. Desvanece.

5. Del verbo anidar.

6. Orden El Mehdi Ben _____; condecoración otorgada a Cancel Miranda.

7. Símbolo del rubidio.

8. Interjección.

15. _____ Cancel Miranda; recibió, entre otras, las condecoraciones Orden José Martí y la Orden El Mehdi Ben Barka. En 2013, la XVI Feria Internacional del Libro de Puerto Rico le otorgó el Gran Premio Nacional Ricardo Alegría.

16. _____ Castro Ruz; le otorgó a Cancel la Orden Playa Girón y la Medalla Conmemorativa del XX Aniversario.

18. Se dice del hombre que, por su experiencia vital, se vuelve agresivo o desconfiado.

20. Ciudad natal de Rafael Cancel Miranda. A Cancel le llamaban cariñosamente Pito.

22. _____ beso eterno; obra de Cancel Miranda.

23. Apócope de mamá.

24. Del _____ a los macheteros; libro de Cancel Miranda.

27. Achaque

28. Que reúne dos caracteres o fenómenos distintos.

29. Puerto _____: La independencia es una necesidad; libro de Cancel Miranda publicado también en inglés.

30. Satélite más cercano a Júpiter descubierto por Galileo.

34. Aleja, retira.

35. Pito, Entrevista íntima a nuestro Héroe Nacional Rafael _____ Miranda; libro escrito por el Prof. Julio A. Muriente Pérez.

36. Maullar.

38. Olfateaban.

39. Pieza del ajedrez.

41. Ante Meridiano.

42. Se dirige.

46. Pronombre.