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La semántica protofacha: más notas de campo desde el mal

 

Believing, with Max Weber, that man is an animal suspended in webs of significance he himself has spun, I take culture to be those webs… [C]ulture is a context, something within which [social phenomena] can be intelligibly—that is, thickly—described.

-C.Geertz, The Interpretation of Cultures.

 

El robo en real time

Las campañas —y la subsecuente victoria— de Zohran Mamdani en Nueva York me trajeron de regreso a las noticias, a la tele, a las redes. A esos espacios que había casi abandonado para proteger la poca cordura que me queda de la crueldad y el disparate (cotidianos, sin respiro) a los que la era de MAGA nos tiene particularmente acostumbradas. En un momento en que el derrotismo se siente lógico, casi inevitable, Mamdani me devolvió algo parecido a la esperanza, incluso—¿me atrevo a decirlo?—hasta un poco de impulso.

¿Un líder político hablando con gente de carne y hueso, de cualquier etnia o afiliación, todo el día, todos los días? ¿Usando las redes no como universo alterno, sino como herramienta para relacionarse con personas reales? ¿Hablando de problemas concretos y sus soluciones, no de abstracciones que jamás llegan a convertirse en política pública? ¿Transparente? ¿Escuchando con atención y hablando de cosas serias sin abandonar lo lúdico, la broma, el gato de la bodega, la bailaíta de bomba y son? ¿Gufearse a sí mismo, a sus defectos e inseguridades, a su español goleta, al tiempo que proyecta la pericia que, ay, tanta falta hace en la clase política? ¿Conectar las muy mentadas «ansiedades económicas» no para manipular y desviar la ira hacia los más vulnerables, sino para insistir en que Nueva York es para los neoyorquinos, y que la comida, el techo y la guagua no deberían ser lujos? Eso es lo que me devolvía Mamdani.

Por supuesto que el Donald, incapaz de tolerar que la atención del mundo se pose sobre alguien que no sea él, reaccionó con su habitual elegancia: llamó a Mamdani un «lunático comunista» y «terrorista», describió sus propuestas sobre affordability como «socialismo radical», amenazó con deportarlo (no nos queda claro a dónde), se describió a sí mismo (sin que nadie le preguntara y confundiendo a las rubias de Fox) como «mucho más guapo» (!) que Mamdani, y amenazó con quitarle fondos federales a la ciudad si lo elegía como alcalde.

Pero apenas horas después de la victoria en Nueva York, el mismo Trump que demonizaba a Mamdani cada cinco minutos no sólo dejó de mencionarlo, sino que se apropió—sin sonrojarse—de las mismas frases que definen la plataforma del neoyorquino. Se auto declaró campeón de los pobres. Despotricó en cuanto foro visitaba que «We are the ones that have done a great job on affordability.» Celebró, falsamente, que su mandato había asegurado más apoyo alimentario y creado millones de empleos domésticos para el norteamericano común. Sin mencionar a Mamdani. Sin citarlo. Sin reconocerlo. Como si las palabras —esas mismas palabras que pocos días antes declaraba peligrosas, sospechosas, casi subversivas— fueran ahora de él.

Las mismas palabras. Con el peso emocional que les da fuerza. Pero ahora huecas, sin la carne del significado que permitiría su tránsito de retórica populista a política pública.

Ya me conocen, a mí y a la reacción automática de la antropóloga frente al absurdo: parpadear, abrir un ojo y sospechar que esa prestidigitación lingüística no es una morisqueta aislada. Que lo que acabo de describir no es un capricho ni un accidente, ni siquiera una excentricidad particular de Trump, sino un patrón reconocible, casi rutinario. Un ingrediente esencial para el caldero de la alquimia protofacha. Agarrada del hilo de esa sospecha, abrazo mi libreta y me amparo en la descripción, para alejarme del precipicio del desespero y la resignación. 

Nombrando la bestia

Clifford Geertz describe nuestra condición humana como suspendida en redes (¿telarañas?) de significado que nosotros mismos tejemos. Esas redes, esos sistemas de símbolos compartidos, son más que partes de la cultura, son la cultura misma. Y aunque esos significados se imprimen y transmutan en cultura de múltiples modos (paisaje, ritual, vestimenta, arquitectura), el lenguaje es probablemente el principal. Lo que nombramos determina, de alguna manera, que ese algo existe. Lo que ese algo significa. El impacto de ese algo en la definición de nuestra realidad cultural y material. Las palabras no sólo expresan pensamientos: nos permiten pensar. No sólo describen el mundo: lo constituyen.

Por eso, lo que Trump le hizo a affordability no es un simple truco publicitario ni una mentira de político cualquiera. Ilustra algo más estructural, más insidioso. Es el secuestro de una herramienta semántica—una palabra cargada de anhelo, de reclamo legítimo, de promesa de justicia, de posibilidades prácticas—para vaciarla, invertirla y lanzarla, como un bumerán corrupto, en contra de su propio origen.

Ese robo es tan común, especialmente en este MAGA-momento, que ya casi ni nos sorprende. Se repite. Se perfecciona. Se amplifica. Se naturaliza. Y, en su conjunto, estas operaciones lingüísticas construyen las condiciones culturales que permiten y facilitan nuestro aparente descenso al fascismo y al autoritarismo.

A esa alquimia semántica que convierte la palabra en arma, escudo, señuelo, basura o, sencillamente, en su propio antónimo, le he puesto el mote de semántica protofacha.

Porque no es sólo la mentira, qué va: esa ha estado con nosotros desde siempre. Esto va más allá: es reconfigurar el terreno semántico mismo, hacer que las palabras pierdan su capacidad de anclar significados compartidos, erosionar la posibilidad de diálogo, de desacuerdo productivo, de resistencia articulada. Se trata, en el sentido más literal, de un acto de guerra cultural. Y si es la cultura, como dice Geertz, lo que nos hace humanos, se trata entonces de una guerra contra nuestra humanidad.

Maniobras de guerra

Estas pequeñas operaciones del lenguaje—que por sí solas serían curiosas, tal vez cómicas o ligeramente irritantes—se repiten, se recrean, se hacen eco, se imponen. Y, en su conjunto, construyen una nueva realidad.

Pienso, por ejemplo, en lo que le pasó a la palabra «woke»: un término nacido en comunidades negras para hablar de estar alerta, despierto, consciente de la violencia racial y dispuesto a entender el mundo tal como es. Una palabra que nombra(ba) vigilancia necesaria, lucidez política, negativa a dormir o sonreír mientras te matan.

Y luego—a fuerza de burlas, editoriales, paneles de opinión, memes infinitos e infinitamente estúpidos—la convirtieron en sinónimo de exageración, fragilidad, histeria progre. En un espantapájaros de paja que se parece muy poco a su significado original y que, de hecho, nos roba el uso de la palabra misma. Porque la contaminaron, como quien le pasa la lengua sucia al helado ajeno para que nadie más lo quiera.

Aquí vemos varias maniobras a la vez: el robo (apropiarse de una herramienta semántica ajena), la inversión (convertir alerta en histeria) y la caricaturización (distorsionar hasta que nadie recuerde el problema original). El resultado: ahora decir «woke» en ciertos espacios es invitar el ridículo, no la reflexión. Peor aún: etiquetar algo como “woke” puede tornar ese algo en ilegal.

También pienso en ese cliché instantáneo que encierran frases como«I do my own research». Research,  investigación, ese vocablo que alguna vez significó rigor intelectual, responsabilidad epistémica, escepticismo saludable, acciones como leer, estudiar, evaluar la legitimidad de fuentes, hacer fact-checking, y ahora sólo requiere indignación, credulidad y Wi-Fi. Nada de universidad, biblioteca o laboratorio, que para eso están FourChan, la iglesia y el rally.  Doing my own research sale de la marmita convertido en contraseña para celebrar el acto de dejarse arrastrar por un algoritmo poblado de comentaristas malcriados (algunos humanos, otros no), memes, deep fakes, influencers y podcasteros que confirman lo que ya queríamos creer y, de paso, nos venden un suplemento milagroso para perder peso o recuperar la virilidad con la misma soltura con la que nos conminan a desconfiar de las vacunas.

Aquí la maniobra es el disfraz: la estructura de la palabra se mantiene («research»), la operación básica también (buscar información), pero el valor epistémico—el rigor, la verificación, el método—se volvió no sólo prescindible, sino hasta sospechoso. Es como un uniforme de médico usado por alguien que te vende humo, timos y aceite de serpiente, y que encima, odia a los médicos y teme que los médicos lo envenenen.

Y luego está ANTIFA: una palabra tan simple y, pensaría una, razonable, convertida en un enemigo público tan nebuloso, omnipresente y peligroso que “justificó” la ocupación militar de Portland (¡Portland!). Pero lo más perverso es esto: al convertir «anti-fascista» en una amenaza, nos colocan en la posición extraordinaria de declararnos anti-anti-fascistas. Y si el álgebra elemental no me falla, eso es lo mismo que decir… fascistas.

Aquí la maniobra es pura inversión con una buena dosis de descaro y cara de lechuga: lo que debería ser obvio—estar contra el fascismo—se vuelve sospechoso, peligroso, casi criminal. Y quien se opone al fascismo se convierte en el verdadero enemigo del orden. Eso tiene tanto sentido como decir que Trump es más guapo que Mamdani.

O tome la muy celebrada figura del «inversionista»: ese tipo que invierte poco y extrae mucho, que amasa su fortuna no de la producción sino de la especulación, de la deuda, del arbitraje, de hacer de la economía un casino y exigir un bailout cada vez que la quiebran. Y que, increíblemente, es presentado como una suerte de héroe que merece incentivos tributarios, flexibilidad regulatoria, alfombra roja.

En Puerto Rico lo conocemos bien—especialmente desde las leyes 20, 22, ahora 60. El «inversionista», que no invierte en Puerto Rico y se dedica a desplazarnos y a generar riqueza sólo para sí. El que nos invita a confiar en que los beneficios llegarán, estilo trickle down, ese trickle down neoliberal que, francamente y ya que hablamos de palabras, me suena menos a un gotero de beneficios económicos y más a que los inversionistas se divierten orinando sobre nuestras cabezas.

Aquí la maniobra es la impostura: una palabra que suena técnica, casi noble (¿quién está contra la inversión?), pero que de hecho nombra extracción, parasitismo, despojo. El traje parece respetable, pero el cuerpo que cubre es todo cinismo y codicia.

Uy, y qué decir de esa “libertad de expresión» que tanto invocan? Esa merece algún premio infernal, tipo “demon of the month”, y se utiliza para justificar lo que debería ser su antónimo más obvio: la censura, el acoso, la cancelación. Elon Musk cerrando las cuentas que lo critican y demandando a los que le “faltan el respeto.” Charlie Kirk gritando obscenidades y luego quejándose (“me cancelaron, qué malos son”)  porque alguien expresó su desacuerdo. Los recortes al trabajo científico y humanístico a diestra y siniestra, porque el estudio de la historia ofende y la salud pública atenta contra la libertad individual. La censura de libros, que ya hasta parece sátira: hay cada vez más bibliotecas sin libros de Toni Morrison o Maya Angelou, eliminados a cuenta de ser (¡ay!) “woke”, pero con la biografía de Hitler ahí en la tablilla, muy tranquila y más popular que nunca.

La libertad de expresión, en esta versión, significa: mi derecho a decir lo más sexista, racista o maligno que se me ocurra, y tu obligación de callarte, porque si hablas me estás oprimiendo. El opresor es quien denuncia. El oprimido es el gritón. (¡Y luego dicen que los “woke” son de cristal!)

Aquí hay robo, distorsión (tomar un reclamo legítimo de movimientos de derechos civiles), inversión (convertirlo en escudo para el abuso) y weaponización (desplegarlo contra quienes originalmente lo necesitaban).

Los ejemplos sobran. El punto es que el truco—la prestidigitación semántica—se repite. Las maniobras no son infinitas: robo, inversión, disfraz, impostura, caricaturización, weaponización. Pero se combinan, se amplifican, se refuerzan mutuamente y le sirven de ancla a persecuciones y abusos muy reales. Funcionan como reactivos principales de esta neolengua dispersa, privatizada y memética: una mezcla extraña, a medio camino entre el Newspeak y el Doublethink de Orwell, pero sin Ministerio de la Verdad y con algoritmos; sin Partido Único, pero con influencers, “analistos” y plataformas que amplifican cada torcedura hasta convertirla en sentido común. Se impone desde arriba pero burbujea desde abajo, desde el caldero de la alquimia protofacha.

La pátina del caldero

Pero estas maniobras no nacieron con MAGA. El caldero ya tenía sedimentos, ingredientes viejos que llevan décadas—siglos, en algunos casos—cocinándose a fuego lento.

Pienso, por ejemplo, en «oportunidad de inversión»: una frase que en Puerto Rico (y más allá) ya todos reconocemos como código y guiño para los esquemas Ponzi. Amway, Herbalife, time-shares, crypto. Suena simpática, casi técnica, muy American Dream. Pero en cuanto la escuchas, sabes que la “oportunidad” en cuestión es para enriquecer a otro, y que una vez engañado, tus ganancias dependen de que engañes a otros más. Esa impostura lingüística no la inventó Trump—ya estaba en el caldero, normalizando la idea de que «inversión» puede significar extracción disfrazada de oportunidad y engaño disfrazado de marketing. El “inversionista” de este siglo es un vendedor de humo, un buscón glorificado y sin pudor, un explotador sin escrúpulos, un capitalista bestial.

También recuerdo cuando el entonces gobernador Fortuño miró con desprecio a la multitud de estudiantes que protestaban una cuota excesiva e injusta en el 2010, y describió a la UPR como una «república bananera en revolución.» Algunos chillamos inmediatamente: ¿pero este señor acaso no conoce la historia de esa expresión? ¿No sabe que en su propia metáfora, el problema no es la protesta de los trabajadores sino la codicia de las corporaciones, la sed de poder de las clases políticas, el abuso de militares y paramilitares? ¿Que en la fraseología que eligió, el malo de la película no es el estudiantado, sino él mismo y lo que representa? No importa si sabe o no: la movida es la misma que se usa en estos días con “woke” o con “Antifa”. 

Y claro, ese revolú semántico tampoco empezó con Fortuño. Venía cocinándose desde antes, en el lenguaje del neoliberalismo y con palabras que solían ser útiles y hasta bonitas: «reforma» pasó a designar recortes, no cambio. «Modernización» se convirtió en privatización y desbaratar uniones. «Eficiencia» (ay, esa palabra tan bonita) casi ni la podemos usar sin pensar en despidos, precariedad, exprimir al otro. «Flexibilidad» ahora significa precariedad permanente. Palabras respetables, casi técnicas, usadas para envolver el despojo en papel de regalo.

Y raspando, con nuestro cucharón de alquimista, las paredes y el fondo del caldero, llegamos a sedimentos aún más viejos y, por lo mismo, más densos y fragantes. Hace dos siglos y medio, cuando el concepto  «libertad» se hizo popular pero de alguna manera mezcló dos cosas que parecerían (y son) contradictorias: libertad para los humanos y libertad para el mercado. No sé si fue conspiración, confusión histórica o un accidente conceptual de la Ilustración que, en una suerte de horrendo butterfly effect, hoy tiene a la gente oprimida protegiendo los intereses de las corporaciones que los oprimen. Un accidente que dejó a generaciones enteras pensando que democracia y capitalismo son lo mismo, que regular el mercado es oprimir al ciudadano, que los derechos de las corporaciones y los derechos humanos habitan la misma categoría moral.

El caso es que la cultura proto- facha no es sólo “facha” sino también “proto”, porque surge de un caldero antiguo y una sopa de centenario hervor; y que el cambio cultural que MAGA promueve cuenta con esa marmita ya caliente, los ingredientes ya mezclados, las maniobras ya probadas. Lo único que tiene que hacer es subir el fuego y añadirle unas onzas de reality show, dos tazas de redes sociales y una de inteligencia artificial, una pizca de pólvora, una biblia picada, gasolina barata y el zumo de muchos egos inflados. Tomó esas operaciones viejas—el robo, la inversión, el disfraz, la impostura—y las convirtió en algoritmos. Las hizo virales, meméticas, descaradas. Las amplificó y normalizó hasta que dejaron de ser trucos de relaciones públicas y se convirtieron en la gramática misma que rige nuestra vida y discurso.

Regresando a las telarañas del querido Geertz: Si estamos suspendidos en esas redes que nosotros mismos tejimos—si el lenguaje no sólo describe, sino que constituye nuestra realidad y nos permite (o nos impide) actuar sobre ella—entonces lo que estamos viendo, y tal vez bebiendo, no es una simple guerra de palabras. Es un intento sistemático de seguir alimentando un brebaje cada vez más maligno y viscoso, un caos malicioso que, como un veneno sin olor, se mezcla lento, se vuelve costumbre y, sin que nos demos cuenta, termina infusionando el tuétano mismo de lo que somos.

Cuando roban «affordability» y la vacían de justicia, cuando convierten «woke» en insulto, cuando hacen de «libertad» un escudo para el abuso, cuando la ciencia es «conspiración» y los antifascistas son «fascistas»—no solamente están mintiendo. Están deshaciendo los hilos que nos permiten nombrar problemas, imaginar resistencia, recordar el pasado, articular desacuerdo.

Por eso las notas de campo. Por eso la descripción densa. Por eso los ojos abiertos, aunque el humo venenoso del caldero nos ahogue.

 

La obra de Elizam Escobar de cara al mundo

 

De la mano de mano de una importante galería de Europa, la Richard Salltoun Gallery -que además de su sede en Londres opera en Roma y New York- la obra de Elizam Escobar estará expuesta por primera vez en una de las ferias de arte más reconocidas, Art Miami Basel 2025, entre el 5 y el 7 de diciembre. La galería londinense seleccionó tres obras del artista puertorriqueño, todas pintadas mientras estuvo prisionero en Estados Unidos, para su oferta en Miami.

Junto a Elizam en la sección de la galería británica en la feria de Miami estarán obras de Olga de Amaral, quien a sus 93 años es un referente del arte colombiano, mayormente conocida por sus obras a gran escala trabajadas con textiles como principal material de trabajo. Integra el grupo la también boricua Cossette Zeno, pionera del surrealismo en Puerto Rico y quien a sus 95 años sigue con nosotros.

En el texto difundido por la Galería Richard Salltoun sobre las obras de Elizam Escobar que expone destaca que fueron pintadas entre 1986 y 1988, cuando apenas comenzaba a cumplir la larga condena que le impuso el tribunal estadounidense que lo juzgó por “sedición” en 1979. Destaca, además, su militancia en la lucha por la independencia en Puerto Rico y la creatividad que mantuvo mientras estuvo encarcelado durante 20 años. Escobar, Amaral y Zeno son identificados como “three pioneering Latin American Artist”.

Elizam ESCOBAR (1948 – 2021)
Pez #2 (Imagen claustrofóbica) [Fish #2 (Claustrophobic Image)], 1984
Acrylic on masonite
96.5 x 61 cm| 24 x 38 in
Elizam ESCOBAR (1948 – 2021)
Entrevista a mi mismo en invierno [Interview with Myself in Winter], 1984
Acrylic on canvas
127 x 88.9 cm | 50 x 35 in
Las tres obras de Escobar expuestas en Miami formaron parte de la exposición “Arte como un acto liberación” que se organizó en Chicago y San Juan mientras estaba en prisión.

Dice el texto que circula la Galería: “Throughout his imprisonment, Escobar continued to paint and write, developing his philosophy of “art as an act of liberation.”  He saw art as a space of absolute freedom – an autonomous realm through which the imagination could resist domination and transcend circumstance.”

PS 504  es violencia contra la mujer

Foto por Adrián Rodriguez Alicea

 

 El movimiento Aborto Libre Puerto Rico (ALPR) denunció que el proyecto del  Senado, PS 504, que le reconoce personalidad jurídica al nasciturus desde el momento de la concepción, es un ataque directo contra los cuerpos de las mujeres, sus  vidas, sus libertades y su  humanidad.

El PS 504 fue aprobado en la noche del último día  de la reciente sesión legislativa, sin  vistas públicas se encuentra ante la consideración de la gobernadora, Jenniffer González Colón.

En comunicado de prensa, Aborto Libre expuso que el PS 504 propone cambiar tres artículos del Código Civil para reconocerle personalidad jurídica al nasciturus desde el momento de la concepción, aún antes de que la mayoría de las personas conozcan de su embarazo. El momento de la concepción es algo abstracto, totalmente inmedible, médica y fácticamente imposible de determinar.

La experta en Derecho y portavoz de Aborto Libre,  Yanira Reyes Gil, afirmó que concederle personalidad jurídica al cigoto, embrión o feto coloca los derechos y la libertad de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar en suspenso durante su embarazo.

“Estos cambios tienen la potencialidad de crear conflictos legales sobre distintos aspectos, como la herencia, pensión alimenticia, la custodia, y hasta acceso a tratamientos médicos y de reproducción asistida. La Legislatura no analizó los impactos y conflictos legales que pudieran surgir a partir de estas enmiendas. No se dio la oportunidad de que la comunidad opinara sobre estos asuntos. Se aprobó a toda prisa y sin consulta”, denunció.

Se reveló, además, que  el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, autor de la medida, ordenó a sus senadores derrotar diez medidas previamente aprobadas por la Cámara, a cambio de la aprobación de su proyecto. Ante esta presión, el presidente de la Cámara, Johnny Méndez, cedió nuevamente y aceptó descargar múltiples proyectos de Rivera Schatz, entre ellos el PS 504, a cambio de que el Senado reconsiderara las diez medidas derrotadas.

“En ese intercambio turbio, la salud, libertad y autonomía de las mujeres fueron utilizadas como moneda de cambio. Ni siquiera se consideraron las recomendaciones que el propio Departamento de Justicia hizo al proyecto. Esto demuestra que no hay transparencia ni compromiso con un proceso legislativo que atienda las opiniones de las personas expertas en estos asuntos, ni siquiera de sus propias agencias”, denunció Rosa Seguí Cordero, abogada y otra de las portavoces de ALPR.

Se  señaló que, si el PS 504  se convierte en ley, casos como el de Adriana Smith pudieran suceder en Puerto Rico, en los que la vida del embrión es más importante incluso que la muerte digna de la persona que gesta. A Adriana Smith, una joven afroamericana de 31 años en el estado de Georgia, después de una emergencia médica se le declaró muerte cerebral y fue mantenida artificialmente con vida por meses desde las 8 semanas de embarazo hasta que el feto pudiera vivir fuera del útero, debido a la ley estatal que prohíbe el aborto desde las 6 semanas de embarazo.  Al concederle personalidad jurídica al concebido no nacido, se prioriza el bienestar del feto por sobre el bienestar de la persona embarazada.

La doctora obstetra Yarí Vale señaló que al concederle personalidad jurídica al concebido no nacido, se prioriza el bienestar del feto por sobre el bienestar de la persona embarazada: “Si la Gobernadora firma el P. del S. 504, se afectaría gravemente la autonomía de las mujeres y personas gestantes en las decisiones sobre su propia salud. Por ejemplo, en casos donde una persona gestante requiere una cirugía o tratamiento que pueda causarle daño al embrión o feto, ¿ella no podrá decidir sobre su propia salud o su vida porque es primero la del embrión o feto?”, cuestionó.

Agregó que de aprobarse, el proyecto amenazaría los estándares de cuidado y los protocolos clínicos ya establecidos para el personal médico en los que prevalece el principio ético de autonomía. Por ejemplo,  un obstetra ginecólogo podría verse impedido de recomendar terminar el embarazo porque este agravaría una condición de salud o vida de la persona gestante o incluso la pondría en peligro de muerte. “¿Qué pasará en una sala de emergencia cuando llegue una persona gestante en condición crítica y ahora ya no prevalece el principio ético médico de salvarla a ella? ¿Habría que pedir una orden a un tribunal para estos casos? Este proyecto va a provocar una crisis de salud en las mujeres y personas gestantes, además de crear un precedente muy peligroso de regular procesos médicos y de salud a través de la ley y no mediante los protocolos de cuidado ya establecidos clínicamente”, denunció la doctora Vale.

Mientras, Mayra Díaz Torres, experta en Salud Pública, apuntó que las leyes que conceden personalidad fetal exponen a las mujeres a la criminalización y a la vigilancia permanente. “Esta no es una situación hipotética. En Estados Unidos, más de 400 mujeres han sido procesadas criminalmente bajo leyes similares; criminalizadas por sufrir pérdidas de embarazos, decisiones médicas o cualquier conducta considerada “peligrosa” para el feto. Y, como siempre ocurre, estas leyes afectan de manera desproporcionada a mujeres racializadas como no blancas, empobrecidas y de comunidades marginalizadas”, denunció.

Un estudio realizado por la organización Pregnancy Justice evidenció  que en los dos primeros años después de la revocación de Roe v. Wade  se iniciaron al menos 412 procesos judiciales contra personas embarazadas por delitos relacionados con el embarazo, la pérdida del embarazo, parto o negligencia durante el embarazo, informó Díaz.

“Hoy queremos hacer un llamado urgente a la gobernadora Jenniffer González para que no firme el PS 504.  La maternidad no puede ser utilizada como pretexto para suspender nuestras libertades, autonomía, ni incapacitar nuestras facultades. Somos sujetas de derechos, con capacidad de decidir sobre nuestra vida, salud y cuerpo.Gobernadora, la decisión correcta, como mujer, madre y abogada, es que no firme esta medida. Esta ley no santifica ni protege vidas, no fomenta la natalidad.

El PS 504 es violencia contra las mujeres. Este proyecto nos recuerda que la violencia contra las mujeres no solo sucede en los hogares, sino que también proviene del Gobierno y de la Legislatura”, manifestó Aborto Libre. Las declaraciones se dieron en el marco del 25 de noviembre Día Internacional de la eliminación de No Más Violencia Contra la Mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NO más violencia contra las mujeres 

El título de este editorial debería avergonzar a cualquier sociedad contemporánea que se considere civilizada. Habla muy mal de la humanidad que, a la altura de 21 siglos de historia compartida, aun se tenga que luchar por el derecho fundamental de las mujeres- más de la mitad de la población del planeta – a una vida sin violencia. 
Ese fue el grito del primer Encuentro  Feminista Latinoamericano de 1981, donde por decisión unánime de las delegaciones presentes se acordó designar cada 25 de noviembre como Día de la No Violencia contra las Mujeres. La jornada de recordación y lucha se inspira en el ejemplo de las luchadoras dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal contra la feroz dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en su patria, que culminó con el vil asesinato de las hermanas por órdenes del dictador el 25 de noviembre de 1960. Un suceso de violencia de género por parte de un gobierno y un Estado que estremeció la fibra de millones de personas en el mundo entero, y selló la suerte del sátrapa que las provocó y ordenó. En el año 2000 la Organización de Naciones Unidas (ONU) elevó la fecha y la conmemoración a nivel internacional.
El grito y el reclamo se han sostenido desde entonces. La jornada de No Más Violencia contra las Mujeres cada año nos recuerda la historia, la lucha, los logros y reveses, y el camino que aún falta hacia el pleno reconocimiento de la equidad e igualdad entre los géneros. Es una clarinada que debe movernos a la acción para poder aspirar a dejar el legado de un Puerto Rico menos violento a nuestras futuras generaciones.
Esta semana marcó 65 años desde el vil asesinato de las hermanas Mirabal, y la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, junto a las organizaciones que luchan y trabajan por los derechos de las mujeres en nuestro país conmemoran la ocasión con una jornada para resaltar la necesidad de unir palabras y acciones para proteger y garantizar los derechos de las mujeres, quienes constituyen más de la mitad de nuestra población, y llevan sobre sus hombros muchísimo más de la mitad de la carga laboral, económica y de sostenimiento de la familia y la sociedad. Todo esto,  mientras siguen viviendo la inequidad y el discrimen laboral,  los prejuicios y expectativas irrazonables de una sociedad machista, y  la inseguridad y el miedo por su integridad física y su vida, que es el pan nuestro de cada día para miles de ellas, sobretodo las que viven en pobreza y  dependencia de sus parejas, familias o el Estado.
Las organizaciones de mujeres en Puerto Rico, con el apoyo de otras organizaciones de la sociedad civil, y pocos pero fundamentales aliados políticos no han cesado en su denuncia de la violencia de género,en el apoyo a las sobrevivientes ni en su trabajo para que sus reclamos se traduzcan en acciones concretas por parte de los organismos del Estado- Legislatura, Ejecutivo y Tribunales- que adelanten los objetivos de la equidad de género y la no violencia.
Puerto Rico puede enorgullecerse de sus instituciones pioneras en la lucha por la equidad y contra la violencia de género, como por ejemplo el Centro de Ayuda a Víctimas de Violación y su exitosa movilización de 1982, o Casa Protegida Julia de Burgos, el primer albergue para sobrevivientes de violencia doméstica, que tiene 46 años de establecido. También del arduo trabajo de concertación realizado hacia la aprobación e implantación de la Ley 54 para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica del 15 de agosto de 1989- hace 36 años- que estableció la violencia de género como un delito y creó mecanismos para proteger a las víctimas y sobrevivientes.
Otro de los grandes logros en la lucha contra la violencia de género es el trabajo realizado por una trabajadora social comprometida y hoy fallecida- Carmen Castelló Ortiz- quien utilizó su tiempo y conocimientos para crear un instrumento estadístico para registrar y documentar los feminicidios en Puerto Rico y las subsiguientes investigaciones policiales, un proceso que ha servido para esclarecer y documentar la realidad de la incidencia de asesinatos de mujeres en Puerto Rico. Las cifras recopiladas por la profesora Castelló fueron de gran utilidad para el desarrollo del primer estudio sobre feminicidios en Puerto Rico realizado por las organizaciones Proyecto Matria y Kilómetro Cero que documentó los asesinatos de mujeres entre 2014-2018 en Puerto Rico. Todos estos son logros y avances de los cuales puede enorgullecerse el movimiento feminista puertorriqueño, y que son testimonio del gran esfuerzo coordinado entre las organizaciones de mujeres y sus aliados. Pero, para que llegue el cambio, hay que hacer más y más porque según las más recientes cifras del Observatorio de Equidad de Género, al 31 de octubre de 2025 se habían documentado en Puerto Rico 54 feminicidios, 17 de ellos íntimos, 95 intentos de feminicidio y 50 mujeres y niñas desaparecidas. Unas cifras que indican el gran trecho que queda por delante hacia la erradicación de la violencia contra las mujeres. Para lograrlo, hay que ir hasta la raíz, el machismo derivado de la sociedad patriarcal ancestral que impide que se eduque de otra manera a las presentes y futuras generaciones. Por eso, las lideresas del feminismo insisten en la urgencia de implantar la educación con perspectiva de género en las escuelas de Puerto Rico, una fórmula estudiada de transformar las actitudes y conductas entre géneros hacia el futuro. Además, el Estado está llamado a considerar como un servicio esencial la labor que realizan los albergues y asignarle fondos del presupuesto general para que estos puedan operar sin la precariedad con que lo hacen ahora. Dos medidas sencillas, pero de gran impacto que contribuirán a combatir la malsana violencia que sufren nuestras mujeres y lacera la fibra de toda la sociedad puertorriqueña.

Asedian gobiernos doblemente

Especial para CLARIDAD

A partir de su segundo cuatrienio el gobierno de Trump ha arreciado su política hostil hacia los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela entre otros en el mundo dispuestos a defender sus intereses y soberanía y que aspiran a usar sus recursos, en el caso de Venezuela con la reservar mayor de petróleo del mundo, para sacar a sus pueblos de la pobreza y el atraso.

En busca de la continuidad de la Doctrina Monroe de Estados Unidos para que ningún país amenace su hegemonía en el hemisferio occidental, Trump busca agresivamente cambios de régimen en esos países con un aumento militar gigantesco en la región caribeña que en particular amenaza el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Además, la movilización militar bautizada Operación Lanza del Sur responde a la adopción de la política de equiparar el narcotráfico al terrorismo.

La retórica reciente incluye acusaciones infundadas y refutadas por el gobierno de Venezuela de un gran narcotráfico por parte de Venezuela liderada por su presidente Nicolás Maduro. Mientras, las fuerzas militares de Venezuela, que incluyen la incorporación masiva del pueblo a la defensa, están en máxima alerta, y Venezuela y Rusia afianzan su alianza estratégica.

Estados Unidos vislumbra que Cuba no lograría sobrevivir sin que perdure su relación de comerció y solidaridad con Venezuela que depende que en ese país haya un gobierno de centroizquierda como los de Hugo Chávez y Maduro. La estrategia imperialista apuesta al “cambio de régimen” en Venezuela y que en un efecto dominó caiga también el gobierno de Cuba, objetivo de los gobiernos de Estados Unidos desde 1959.
La situación reciente ha significado un papel fundamental de Puerto Rico en la preparación militar de la Operación Lanza del Sur. La expresión máxima de la Fase I de la operación es la presencia del buque de guerra Gerald Ford con capacidad de nada menos de 5 mil tropas y 90 aeronaves, e incluye la movilización de 12 barcos adicionales también con aeronaves y más tropas. Sin decirle invasión, según Trump, en la Fase II de la operación se atacarían objetivos de Venezuela en tierra.

En Puerto Rico se ha venido abajo la idea que con la salida de la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques y el cierre de la base naval Roosevelt Roads en Ceiba, Puerto Rico había perdido su valor militar estratégico para su potencia colonial Estados Unidos. Pero Puerto Rico no ha dejado de ser colonia ni ha dejado de estar situado en un lugar estratégico del Caribe.

La preocupación y objeción a la remilitarización de Puerto Rico, reportada ampliamente en los medios no se ha hecho esperar. Myrna Pagán, dirigente comunitaria de Vieques declaró recientemente la voluntad de resistencia en la Isla Nena, y la organización Colectiva Feminista en Construcción, representante de una nueva generación de luchadoras, logró la transmisión en “prime time” por Telemundo de un mensaje contra el reciente recrudecimiento de la militarización de Puerto Rico. Mientras, la gobernadora colonial de Puerto Rico Jenniffer González ha dicho a la prensa de Puerto Rico que no hay nada nuevo en la reciente presencia militar de Estado Unidos en Puerto Rico y el secretario igualmente colonial de la Autoridad de los Puertos de Puerto Rico indicó a la prensa tener pocos detalles porque las operaciones son discretas.

El asedio actual contra Cuba, Nicaragua y Venezuela, que incluye el papel asignado a Puerto Rico, también viene de la prensa occidental que hace galas de su hostilidad a esos gobiernos. Mayormente ignora el criminal bloqueo contra Cuba, las sanciones contra Nicaragua y que Venezuela también es sujeta a sanciones.
Hace algunas un periódico nacional de Puerto Rico publicó una columna sobre la situación alrededor de la Cumbre de las Américas que habría de celebrarse en la República Dominicana pretendiendo excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela. La columna ataca viciosamente las presidencias de Cuba, Nicaragua y Venezuela y el canciller de Cuba. Arremete contra su trabajo diplomático y su presencia en la Cumbre insinuando que la función de la Cumbre sería dar un respiro a los diplomáticos cubanos con tragos en playas paradisiacas. Solo menciona la situación de Venezuela cuando dice que si Maduro viajaba a la Cumbre quizás era que proyectaba quedarse.

No menciona el recrudecimiento del criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y su crisis en varios ámbitos sociales que como producto enfrenta Cuba al presente. Ignora que eventos internacionales como la Cumbre de las Américas son de interés de países como Cuba, Nicaragua y Venezuela para poder defenderse políticamente de las amenazas y agresiones de todo tipo, producir declaraciones que censuren la política de agresión de Estados Unidos y consensuar posiciones sobre los temas importantes para nuestra región que al presente es un barril pólvora.

En un momento como el presente esa columna puede al menos expresar preocupación por la paz en nuestra zona del Caribe, pero será la movilización la que cumpla con la responsabilidad de denunciar el doble asedio de Cuba, Nicaragua y Venezuela.