Especial para En Rojo
El libro de las tías: una memoria (San Juan, Ediciones Callejón, 2025) de Magali García Ramis es un texto que desde hace mucho esperábamos. Hacía tiempo que se sabía que trabajaba en este proyecto. Por ello le dimos de inmediato la bienvenida y no nos sorprendió su volumen; el libro tiene unas 558 páginas. Es el trabajo de muchos años y su abundante volumen lo hace evidente. Así me lo imaginaba porque este puede verse como la fusión de, al menos, tres libros: la historia del bisabuelo de la autora que llegó de Mallorca a Puerto Rico justo a finales del siglo XIX, el retrato de la familia Ramis Díaz – sus siete hijas y su único hijo – y el final de esa generación y la aparición de nuevas generaciones de la familia. También el libro se puede entender como distintos textos por sus acercamientos al tema: la investigación histórica, la interpretación de los cambios sociales que sufrió Puerto Rico durante el siglo XX, la narración de vidas de los miembros de la familia de la autora. García Ramis hace una excelente fusión de estos posibles acercamientos. En otras palabras, aquí se pueden emplear para entender el libro la historia, la sociología y la narrativa, pues de estas disciplinas se vale la autora para crear un amplio cuadro de su familia extendida.
A El libro de las tías, pues, nos podemos acercar por diversas vías. Cada una de estas resaltarían distintos aspectos del texto. Pero también el mismo se puede entender como un ejercicio de parte de la autora por llegar a establecer una imagen propia de sus antecedentes y los conflictos familiares que la formaron. Pero esa lectura, que también es válida, nos sacaría del libro mismo y nos llevaría a la intimidad de la autora. Esa no es la lectura que me interesa. Me enfoco en el libro mismo. Al hacerlo sigo la definición de su trabajo que nos da la autora misma:
Ahí están los rastros de toda una vida, de todas sus vidas, me digo, pero sé que acaso es un engaño y que lo que hago es acumular sin ton ni son cosas que me recuerdan a la familia, quizás buscando revivir lo que desapareció, tratando de detener el paso del tiempo a sabiendas de que ya no hay vuelta atrás. (39)
Pero lo que ella describe como una posible acumulación de cosas sin ton ni son, en el fondo, tiene su método y su claro objetivo: colocar la memoria familiar en el contexto de la memoria colectiva.
En mi lectura de El libro de las tías, como en tantas otras ocasiones, me he dejado guiar por unas sabía palabras del gran poeta mexicano José Emilio Pacheco quien, en un poema titulado. “Memoria”, nos advierte de los peligroso que es recrear los recuerdos y tratar de plasmarlos:
Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.
Con estos versos Pacheco nos advierte que el recordar, que el escribir memorias, es también una forma de crear ficción. Por ello y porque sé que otros lectores y críticos se acercarán al libro desde otras posibles disciplinas – sobre todo desde la historia y la sociología – y dadas mi preferencia y mi formación profesional, me acerco a este libro de García Ramis como si fuera una obra de ficción. Lo hago sin negar que aquí la realidad se impone, que la base del libro es una historia familiar. En otras palabras, me interesa ver cómo la autora construye ese amplio retrato de su familia. Por ello ofrezco algunos pocos ejemplos de este acercamiento; mucho más queda por explorar al respecto.
Lo primero que hay que apuntar es que el tema de la familia es central a la obra de García Ramis. Sólo hay que recordar su primer libro, la colección de cuentos La familia de todos nosotros (1974), y su primera novela, Felices días, tío Sergio (1986), para confirmar este hecho. Las familias que se presentan en su narrativa son siempre de una clase media acomodada, lo que también se plasma en estas memorias. A pesar de que la autora califica la suya en este nuevo libro como de mera clase media, hay suficientes indicaciones en el texto como para sugerir que la familia, más allá del núcleo más íntimo en el que la autora creció, bordea la clase media alta puertorriqueña. Pero en el libro siempre se establece una íntima relación entre ese núcleo íntimo y el más amplio, el de las tías. Largos viajes a Europa, casonas en urbanizaciones exclusivas, matrimonios con miembros de familias acaudaladas así lo prueban. Pero es que hay que distinguir entre la amplia familia – la compuesta por todas las tías – y la suya, la compuesta sólo por su madre, su padre y dos hermanos. Pero tanto la gran familia, como el núcleo familiar más limitado, son el centro de atención del libro y de gran parte de la obra de García Ramis.
Mientras que en sus cuentos y novelas la autora tenía la libertad de crear personajes que cupieran en la trama de sus textos y sirvieran una función narrativa, en El libro de las tías tiene que crear personajes que sean fieles a la historia familiar, pero que a la vez sea atractivos como entes de ficción. (Recordemos los versos de Pacheco.) Por ejemplo, en su primera novela aparece un personaje clave, el tío Sergio, homosexual, nacionalista e independentista que no cabía cómodamente en el contexto de una familia tradicional puertorriqueña de clase media de mediados de siglo XX. Pero en estas memorias no aparece un personaje como este porque parece ser que no lo hubo en su familia y porque no se necesita para la construcción de la memoria cuya trama tiene que atenerse a la evidencia de lo que pasó en ese contexto.
La autora se tiene que acoplar a la realidad de su familia y esto trae un problema: cómo crear personajes que sean atractivos al lector como entes de ficción y que, a la vez, se atengan a la realidad. García Ramis logra convertir a muchos miembros de su familia en personajes de interés narrativo al presentarlos como seres con contradicciones y hasta con rasgos negativos. El ejemplo más evidente de esta forma de convertir a los miembros de la familia en personajes de interés literario se ve en la presentación del padre, Manolo. De la misma forma, aunque con finalidad opuesta, se puede entender la creación del importante personaje de la tía María Luisa, matriarca de la gran familia y a quien la autora dedica el libro. Si la tía aparece siempre bajo luces positivas pero verosímiles, el padre se retrata con rasgos contradictorios, si no negativos. Visto desde esta perspectiva El libro de las tías es un texto muy privado. Pero también y sobre todo es una obra que se lee por sus cualidades como texto literario. Manolo fue el padre de la autora, pero en el libro es un personaje de gran interés por romper con las normas familiares, por ser contradictorio, lo que lo hace real en términos narrativos.
Otro de los recursos literario que emplea García Ramis para construir el texto es la atención a objetos muy específicos, muchos de los cuales llegan a convertirse en imágenes casi simbólicas que caracterizan a los personajes: una bolsa de papel manchada de grasa queda asociada con el padre, una cacata dominicana, con un tío y un auto deportivo, con una de las tías. Estos son ejemplos de esta táctica narrativa. No sorprende por ello que entre las ilustraciones que ofrece el libro – por suerte son muchas – se incluyan cajitas de fósforos de hoteles y restaurantes, agitadores de bebidas y otros objetos que apuntan a los frecuentes y amplios viajes de las tías por Europa y los Estados Unidos. Las cartas y los documentos legales son de primordial importancia en el texto y la autora cita de ellos frecuentemente. García Ramis está consciente de su importancia y también de su efimeridad. Por eso dice que “[g]racias a esos documentos puedo imaginarlos [a los personajes], se hacen tangibles en un momento, se encarnan para que yo al menos sepa de su existencia” (99). Pero aquí alude a personajes de poca importancia en la gran narración colectiva; son personajes menores que “luego desparecen de la historia” (99). Son como seres de ficción, aunque nunca se puede negar su existencia, su realidad histórica.
Los objetos acumulados evidencian la importancia que los viajes tuvieron para las familias, particularmente para las tías. Esos viajes que la autora y sus tías tuvieron la fortuna de hacer se ven como un ejercicio pedagógico. Es que la familia siempre puso gran interés en la educación. Más allá del mero placer, los viajes eran, como fueron los del “Grand tour” de la nobleza europea del siglo XVIII, la manera de completar la educación de los jóvenes. Por ello las tías llevan a la joven Magali a Europa para que se empape de lo que para ellas es la alta cultura y para que conozca sus orígenes mallorquines.
Los objetos también sirven de medio para construir la historia. Las tías – particularmente la matriarca María Luisa – son acumuladoras casi compulsivas de objetos, de libros, de fotos. Estos le sirven a la autora para construir su narración. Las cajas llenas de recuerdos guardadas por años son la base para darnos una imagen compleja de su familia. Pero esos objetos también “nos brindan pistas para comprender su rol en la historia amplia de nuestro país” (26). De esa forma se enlazan lo familiar y lo colectivo. Un simple objeto que, para otros puede ser descartable, se convierte, a través de la aguda visión de la autora, en clave para entender su mundo familiar y el de los puertorriqueños en general. Por eso un viejo retrato del siglo XIX donde aparece un niñito blanco, hijo de hacendados, con su niñera negra le sirve para explicar nuestra historia “porque su historia y la mía [la de la autora] tienen rutas entrelazadas, como la de todos los puertorriqueños” (66).
Es el descubrimiento de ese puente entre el objeto y la historia, entre la historia familiar y la colectiva, lo que salva a este texto de ser un mero retrato de una sola familia o de ser un ejercicio de exorcismo de los demonios personales. Por eso mismo el libro es relevante e importante para todos sus lectores. Es la compulsiva acumulación de objetos descartables de parte de las tías y la pasión de la autora por entenderlos en un amplio contexto lo que hace que los lectores se sientan identificados con el mundo familiar que se va construyendo página a página.
García Ramis nos dice que muy temprano en su vida se dio cuenta de cuán importante eran para ella las palabras: “Yo no tenía idea entonces de cuánto las palabras iban a importar en mi vida, pero ya respondía a toda cadencia, y a lo que sonaba hermoso, o feo, de la lengua española.” (400) Con el tiempo esa niña que intuye la belleza o la fealdad de la combinación de nombres y palabras, se fue convertido en una excelente narradora que con los objetos que va sacando de las cajas que le dejaron sus tías construye la historia de su familia y de la de “la familia de todos nosotros”. Así es porque “las hermanas Ramis Díaz y su hermano Guillermo, en sus vidas no fueron otra cosa que puertorriqueños” (552).
El libro esta disponible en la CLARITIENDA


