La antropología del cuerpo-territorio
Caribeña, puertorriqueña, latinoamericana, junqueña, de campo, “de la isla”, queer, escultora, ceramista, educadora, viviendo y creando dentro de una colonia. Estas etiquetas no son externas a mi práctica; son fuerzas que atraviesan mi manera de mirar, construir y habitar el espacio. Como escultora, ceramista y fotógrafa, pienso desde el cuerpo, la materia y el espacio. Me
interesa cómo los materiales cargan memoria; cómo el peso, la fragilidad y el equilibrio dialogancon experiencias históricas y personales. Ser mujer en el Caribe implica confrontar estructuras de poder heredadas del colonialismo y del patriarcado.



Siendo artista queer, cuestiono lo normativo y me inclino hacia lo híbrido, lo ambiguo, lo que existe entre categorías. Esa búsqueda se manifiesta en ensamblajes, fragmentos y superficies que conservan huellas, como si el territorio y el cuerpo compartieran la misma piel marcada. Vengo del campo, de una familia donde la mayoría de los hombres trabajan en la construcción.
Crecí entre sacos de cemento, varillas, arena, bloques, maderas, tierra. Por eso los materiales de construcción y la tierra se han convertido en los lugares desde donde me ubico y existo.
Puerto Rico no es solo el lugar donde nací y vivo; es el territorio que moldea mi mirada, mis preguntas y mis procesos. Observo sus costas, su tierra, su arquitectura vulnerable, sus objetos
cotidianos y las marcas que el tiempo deja sobre ellos y sobre mí.
Crear desde una colonia implica una conciencia constante de dependencia, precariedad, desplazamiento y resistencia. Mi práctica no evade esa realidad; la incorpora. En mi trabajo, el territorio es cuerpo y el cuerpo es territorio: ambos atravesados por historia, cotidianidad e investigación. Desde esa intersección construyo, afirmando presencia.
Mi obra funciona como un autorretrato donde la memoria se convierte en forma.



