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NaciÓN

Mareas a la deriva: destacado cortometraje de Camila Sofía Rodríguez-López

 EN ROJO

Ante todo, destaco el trabajo en conjunto y cinematográfico de este cortometraje de 21 minutos que en tan corto tiempo nos hace reflexionar sobre decisiones que todxs en algún momento nos enfrentamos: quedarnos en el lugar conocido (en este caso Puerto Rico) o buscar otro ambiente que promete un camino + recto y seguro. Todxs sabemos que nunca hay un solo camino, una sola solución, una sola respuesta a lo que nos enfrentamos en momentos decisivos. ¿Dónde y qué estudiar? ¿Dónde y qué empleo aceptar? Para la madre y sus dos hijas, esta es precisamente la decisión que continuamente debaten y que sabemos no hay una respuesta final. El filme se inspira y mantiene una discusión abierta con el ensayo de Magali García Ramis, “Los cerebros que se van y el corazón que se queda” (La ciudad que me habita 1997), que sigue tan pertinente hoy como ayer.

Tres mujeres (interpretadas por Denise Quiñones, Emilia de los Ángeles Muñiz y Gabriela Saker), todas partes de un mismo tronco, retan sus enlaces ante la separación de un grupo que creció en el mismo ambiente hasta que circunstancias que no dominan las llevan a la separación. Tomar decisiones que afectan su vida propia y las + allegadas, y la decisión que establece otra geografía, se presentan en este filme con miradas silenciosas y palabras breves cargadas de amor, resentimiento, miedo a lo desconocido. Su trama es corta: una bienvenida (la hermana mayor, Sofía), una celebración (cumpleaños de la madre, Patricia) y una despedida (la hija menor, Maite). Todas pasando por una experiencia similar; todas sobre pesando las decisiones tomadas.

La cinematógrafa Aliza Jawahar y sus asistentxs utilizan la luz y el movimiento de cámara para armonizar el exterior vivencial y las miradas de lxs personajes. Son miradas al interior a través de cristales empañados, espejos, reflejos, fotos. Es una manera de detener el tiempo para no tomar la decisión de quedar o salir, de tratar de congelar el presente y, si fuera posible, llevarlo siempre en nuestra memoria.

Como el arbolito de limón del ensayo de García Ramis, la hija menor se despide de la isla, del entorno familiar. Hace una última visita a lo que siempre asocia con Puerto Rico—el verdor de las plantas, el calor y la claridad, la familia, las amigas, el grafiti como firma, ese sol que parece nunca apagarse, el mar que siempre nos rodea presente o en el recuerdo. Y al ver las nuevas hojas de su planta, sabe que todo esto no desaparece con su mudanza; queda en PR para visitar frecuente o esporádicamente o para el regreso definitivo algún día.