No importa que hace tiempo no sueñes
No importa que hace tiempo no sueñes
con el mascarón de proa que hablaba
con las aves. Tampoco deseaba
el mar que lo imagines o te empeñes
en nombrarlo. Y ahí sigue. No enseñes
tu lengua al mundo si a quien amaba
sin vocablos tu saliva y cuidaba
de tu hambre has olvidado. No alheñes
tus pies con las ruinas del oro dócil
de los conjuros: “olas”, “ambrosía”,
“recipiente”, “danza”, o “corazón”.
Pinta el cielo de tu boca indócil
de colores inciertos: “travesía”,
“sentidos”, “aire”, “herida”, “aguijón”.
Frente al corazón bizantino de la Iglesia de San Jorge de los Griegos, en Venecia
Las orcas han vuelto a hundir barcos.
Las horcas sueñan con glorias antiguas.
Toda muerte pasada fue mejor.
Toda suerte pasada será algo
Que acaso alguien sabe y no dice
Por aquello de evitar ofender.
Bizancio, por ejemplo, ha decidido
Que la hoguera no vuelva a encenderse
Salvo en ocasiones especiales.
Ojivas de acero infrarrojo
Para empezar. Obscena cetrería
De la tiniebla, el segundo plato.
Las ruinas siempre se sirven al dente.
En cada mesa, una flor radiactiva.
Dijo un día Harry Houdini
(es decir, Erik Weisz,
escapólogo austrohúngaro,
hijo y nieto de rabinos):
Se ríe el Amor
De los cerrajeros.
Acaso Adán, Hijo del Caos, Padre del Comercio,
Abuelo de la Muerte
Fue el segundo en saberlo.
El primero en decirlo de otra manera:
Sé río, Amor,
Que del Árbol del sabor y del saber,
Bien se sabe,
Nadie se escapa.
Ni quien más sabe
Ni quien más ríe.
Sé río, Amor,
Cosecha que en sí misma desemboca.
Nacarile Corazón Nacarile
Este corazón no vuelve
Nacarile, Nacarile,
Que no vuelve, Nacarile,
Ni pa’l rey ni pa’l mayoral.
Si existe camino p’andar
Fue porque alguien lo inventó:
Trazó un trillo, sembró un surco.
Este corazón no vuelve
Nacarile, Nacarile,
Que no vuelve, Nacarile,
Ni pa’l rey ni pa’l mayoral.
Poemas de Archivos del corazón (inédito).








