Me pongo las manos en los bolsillos, haciendo frente al frío del viento de Chicago, mientras camino al café donde tenemos pautado encontrarnos a las 1:00 y estoy tarde por unos minutos. A lo lejos, en dirección contraria, camina una chica de lentes oscuros, vestida de negro. La reconozco al llegar a la puerta en la esquina de la cuadra, “¿Isabella?” le digo. “¿Jorge? me dice.
Luego de completar un bachillerato en la Escuela de Diseño de Rhode Island, Isabella Mellado (San Juan, 1996) Isabella Mellado se estableció en Chicago para continuar su formación en El Instituto de Arte, donde se le confiere el grado de maestría en Pintura. “Me fui en 2021, y llevo aquí desde entonces.”
Nos sentamos adentro. Afuera de la ventana, un muro de hierro corroído se erige contra la vía del tren, encausando su sutil rugido de bestia mecánica, de caballo de hierro. “Me he dado cuenta que yo soy parte de la diáspora de Puerto Rico… Yo me sentía aislada, que no pertenecía a esa comunidad. Hasta me sentía como que yo no pertenecía a ningún lugar. I’m notperfectly one or the other. Por eso me identifico mucho con la diáspora, y estoy pintando desde eso; el -no soy de aquí ni soy de allá- y el querer volver y querer reconectar.”
Quizás en ello vemos una constante intuitiva en Mellado: la búsqueda de conexión. El cosmos le resulta ordenado, entramado, un Logos o Nous en el que, si lográramos ver el tejido de su red, como un mapa de pasados y futuros presentes en los que el sonido del tren pudiera atarse con la hora en la que te levantas mañana, veríamos los instantes de conectividad que Mellado plasma en sus composiciones. “Siempre me ha gustado la astrología. Yo fui criada católica… crecí con estos arquetipos, estos santos que representan una energía que sí existe– out there, pero siempre he sido ecléctica,” piensa Mellado “Me acuerdo una vez, cuando chiquita, estaba hablando con mi papa y yo le digo: –fíjate, yo siento que la reencarnación is a thing. Siento que eso me hace sentido- y el me dijo -Por favor no le digas eso a nadie más–” dice riendo Mellado.
Pagamos la cuenta y salimos hacia el estudio, la acera caminaparalela a la barda de acero de tonos naranjas y rojos de corrosión. “De esa tensión estoy operando, todo de manera existencial: la mortalidad, la mitología, folk magic, los rituales,los cuentos; que se encuentran mucho en la cultura puertorriqueña. Mira, hasta la Noche de San Juan es un ritual, se hace en el solsticio.” Michel DeCerteau interpretaba el uso popular de la religión como una redistribución del poder, el uso de elementos impuestos a través de los años para servir a las necesidades particulares. “It’s a spell. Un rito con intención. Y eso es lo que estoy diciendo que es la brujería, porque básicamente se trabaja con la intención, con tu intuición, con lo que tienes en tu casa.”
Subimos las escaleras, abrimos la puerta del local en la avenida Ravenswood, y entramos al taller. El espacio es pequeño, limpio, blanco. Hay unos pocos pomos de oleo sobre la mesa de trabajo. En la parte superior de la pared, una serie de máscaras, todas hechas por Mellado, establecen su procesión en la parte superior de la pared; son las mascaras de sus pinturas, las que portan sus personajes etéreos y esotéricos. Diseña la obra desde sus objetos, composiciones en las que, usualmente, su hermana participa como modelo, aprovechando viajes, localidades, para realizar series de fotos que luego guían su pincel. Hay un andamio de un nivel a la izquierda, para acceso a las diferentes partes de los lienzos que trabaja pegados a la pared. “Usualmente mi escala es bien grande, y yo lo trabajo todo aquí.” Dice la artista “Los Aries somos bien directos, y la forma en la que yo pinto es así, bien directa. Yo trabajo con esos símbolos, esos arquetipos, esos arquetipos. I put it all out there. Los personajes están Mirando a la audiencia, y los colores que uso son bien intensos: azul, rojo, usually high saturation. La pintura, para mí, es como yo comunico esos mensajes.”
Pero las paredes están vacías. Las obras que cubrieron las paredes hace unas semanas hoy forman parte de su exposición Entre Velos, en el Museo de los Santos (MUSAN) en San Juan, Puerto Rico. Entre las piezas de imaginería, se despliegan cinco lienzos de gran formato, “Para mi es un gran honor estar en conversación con esos talladores, que les viene esa inspiración y esa creatividad, y que están operando desde esa perspectiva de su religión, de símbolos personales que atribuyen a esa pieza. Eso es lo que las hace especial. Es una conexión ancestral másgrande que esas personas, y yo siento que esas pinturas vienen del mismo lugar. Veo esa intuición de la que están trabajando esos talladores y me identifico.”
“Ellos estaban trabajando de un lugar de intuición,” reflexiona Mellado sobre los santeros puertorriqueños “y de una autenticidad que siento que es bien cercana al mas allá, a lo indefinible. Están definiendo lo indefinible.”
En el estudio, solo hay una pintura. Está al fondo, en la pared, en proceso, cerca de la esquina. “Ahora estoy trabajando unas pequeñas. El goal es hacer una serie de veintidós piezas basadas en las cartas del Tarot.”
“¿Cuál es esa?” le pregunto
“Esa carta es The Devil” dice
“Vez, por eso no me leo las cartas.”
“Bueno, esa lo que representa es control, los vicios que tiene uno. A mi lo del Tarot, lo que me interesa, es el hecho de que están built on archetypes—perdón que estoy hablando así.”
“Eso es parte de.”
“Exacto, es parte de la diáspora. El Tarot is not that scary, es como si un amigo te diera unsolicited advice.”
“No one wants unsoliscited advice.” le digo
“But you need it!”








