Gaza: menos gestos y más acción para detener el genocidio 

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Que en la franja de Gaza en Palestina ocurre un genocidio – o sea el premeditado y calculado exterminio de todo un pueblo- es una realidad cotidiana que hemos presenciado el resto de los habitantes del mundo, desde hace casi dos años.
La ocupación, el estado de sitio, la represión, la persecución, el aislamiento y el desplazamiento han sido ocurrencias continuas  durante décadas, pero la ofensiva genocida desplegada por Israel en Gaza, a partir del 7 de octubre de 2023 hasta el sol de hoy, es una campaña sistemática de terror jamás vista antes sobre esa población sitiada e indefensa. Ya son más de 60,000 las muertes de palestinos y palestinas de todas las edades en un conflicto que los mantiene prisioneros y sin posibilidad de salida del territorio que Israel ocupa y controla con mano de hierro desde 1967, tras la llamada Guerra de los Seis Días.
Son tres los frentes de guerra abiertos por Israel sobre la acorralada población palestina de Gaza. La guerra real de redadas letales, francotiradores y bombardeos indiscriminados con bombas de hasta 2,000 libras, que han hecho polvo las edificaciones de todo tipo y obligado a la población a convertirse en nómadas dentro de su propio suelo. Escuelas, mezquitas, hospitales, barrios residenciales, negocios, mercados, lo edificado se ha venido al suelo, muy poco ha quedado en pie. Y como si no fuera suficiente, a eso se le suman la guerra de salubridad que ha matado miles de infantes, niñas, niños y ancianos, y la guerra alimentaria, que ahora mismo consume en la inanición a una parte sustancial de dicha población, principalmente niños y niñas.
La situación de hambruna en Gaza se ha tornado tan letal como las bombas del ejército israelí. Al cierre de estas líneas, catorce personas allí habían muerto por hambre en tan solo veinticuatro horas. Si la comunidad internacional quiere  pruebas adicionales y contundentes de la continua barbarie de Israel en Gaza, basta con mirar el testimonio gráfico de fotos y vídeos de niños y niñas famélicos y agonizantes por la falta de alimentos que se pudren en convoyes de organizaciones de beneficencia y derechos humanos, interceptados por efectivos Israel que no permiten su distribución a la población de Gaza. Ya no se trata de ayuda que se pierde en un conflicto abierto, sino del bloqueo sistemático y deliberado de productos como medicinas y alimentos que son de vida o muerte para la población de Gaza.
La comunidad internacional está consciente de la barbarie. En la Organización de Naciones Unidas (ONU) se han aprobado decenas de resoluciones protestando la masividad de la ofensiva, condenando los ataques a organizaciones humanitarias de ayuda allí, pidiendo treguas y ceses al fuego, que se han estrellado ante la prepotencia del gobierno de Israel, apoyado por el veto del gobierno de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad.
 La acusación de genocidio contra Israel presentada ante la Corte Internacional de Justicia por el gobierno de África del Sur, y respaldada por otros siete gobiernos del mundo en diciembre de 2023 tampoco ha tomado vuelo. Tras días de dramáticas vistas judiciales, con amplia documentación y pormenores de los actos criminales de Israel y muchas declaraciones pomposas, la población de Gaza aún aguarda por un fallo que le haga justicia, o al menos que le gane un espacio de paz verdadera. Amparado por el gobierno de Estados Unidos, Israel continúa su faena genocida indetenible por fuerza humana alguna hasta este momento
Pero la ferocidad de su barbarie y odio hacia la población palestina ha comenzado a hacer mella en las consciencias en el mundo entero, y ya su trillada excusa de que ejerce su derecho a «legítima defensa ante el terrorismo de Hamás» ha comenzado a cansar a gobiernos, medios de prensa y pueblos del mundo, y  ha ido, poco a poco, erosionado el respeto, respaldo y credibilidad del gobierno de Israel, incluso ante los que hasta hoy habían sido sus más sólidos aliados entre los países de Occidente.
Desde Europa, el presidente de Francia, Emmanuelle Macron, anunció el inminente reconocimiento oficial de su gobierno al estado palestino. Por su parte, el primer ministro del Reino Unido de Gran Bretaña, Keith Starmer, también echó a un lado décadas de apoyo irrestricto de su gobierno a Israel, revelando que su gobierno se propone reconocer oficialmente al estado palestino el próximo mes de noviembre, si Israel continúa sitiando por hambre la población de La Franja. Starmer, además, anunció la estructuración de un plan detallado para que Israel abra paso franco a los alimentos y ayuda humanitaria internacional que se envían a Gaza. Son dos gestos que pueden parecer  tímidos, pero son indicativos de que la conducta criminal contumaz de Israel en Palestina ha comenzado a crear impaciencia e inconformidad entre algunos de sus aliados históricos más consecuentes. Estas señales cobran mayor significado si se tiene en cuenta que Gran Bretaña y Francia fueron, junto a Estados Unidos, los creadores y promotores del estado de Israel y lo han respaldado aún mientras este se ha tornado en el más monstruoso  «frankenstein» de la región del Medio Oriente.
Si Francia y Gran Bretaña cumplen su palabra y reconocen al estado palestino, el gobierno de Estados Unidos se quedaría solo, como único entre los cinco estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (los otros dos son Rusia y China) que aún respaldaría incondicionalmente a Israel.
Con su lucha y resistencia ejemplar, Palestina una vez más ha sido  ejemplo y símbolo de todos los pueblos del mundo que luchan por su afirmación nacional y porque se les haga justicia. En este momento, la población de Gaza enfrenta la más crítica encrucijada en su historia por la supervivencia, y su ejemplo de sacrificio durante este conflicto sirven de emplazamiento moral al mundo entero.
Es hora de que Israel se quede solo. Es un estado forajido y criminal que no cree ni actúa de acuerdo a las convenciones que reglamentan las guerras,  ni las relaciones políticas y de convivencia entre pueblos y gobiernos. Su pretensión de aniquilar a mansalva y ante los ojos de la humanidad a todo un pueblo, y retar con impunidad el alcance de la autoridad  del Tribunal de Justicia Internacional debería ser repudiada por todos los gobiernos del mundo y ser motivo de sanciones más estrictas de las que el mundo implantó- con gran efectividad y peso moral en aquel  momento- contra el régimen del «apartheid» en África del Sur. Llegó el momento de que la comunidad internacional mayoritaria se una y diga ¡basta!  Y más allá de gestos y palabras, asuma el liderazgo y la responsabilidad por detener el  genocidio en Gaza.
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