Ismael Guadalupe, presidente de la Cruzada Pro Rescate de Vieques, fue condenado (en 1979) a seis meses de cárcel y 500 dólares de multa. En el Tribunal de Estados Unidos en Puerto Rico, antes de ser sentenciado, Guadalupe expresó estas palabras:
(El texto completo del mensaje, que más que defensa fue un “Yo Acuso”, además de en CLARIDAD, fue publicado como anuncio en el diario El Mundo, por el Partido Socialista Puertorriqueño, el 14 de octubre de 1979.)
“Hace muchos años empecé a luchar por el derecho de todos mis hermanos viequenses a vivir en paz. Desde 1978 formo parte de la dirección de la Cruzada Pro Rescate de Vieques. Esta organización, que recoge en su seno a viequenses de todas las ideologías políticas, filosofías religiosas y distintas posiciones sociales, ha tenido sobre sus hombros la responsabilidad de unirnos para hacer más efectiva la lucha contra la Marina de Guerra de Estados Unidos.
Cuando hablo de lucha contra la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques y lo que la presencia de ese instituto armado representa en nuestra tierra, estoy hablando de algo muy concreto.
Yo no había nacido cuando se iniciaron los atropellos de esa Marina de guerra contra mi gente. Nací en la Isla-Nena ya físicamente ocupada y dividida por esa Marina que hoy pretende traernos aquí como acusados.
Hoy vengo aquí como acusado. Me siento y estoy aquí como acusador. Acuso a la Marina de Guerra de Estados Unidos y a la Corte de Estados Unidos en Puerto Rico de confabularse para cometer contra todos los viequenses uno de los más grandes atropellos que se ha llevado a cabo contra un pueblo en Nuestra América.

No estoy exagerando. Acuso a la Marina de guerra de Estados Unidos y a su brazo legal, la Corte Federal, de expropiar y tirar a la calle a miles de seres humanos que vivían en sus tierras y que ahora esa Marina reclama como suyas. ¿Con qué testigos cuento para probar mi acusación? Para comenzar, con mis propios padres, víctimas de esa expropiación. Para continuar, con cientos de viequenses que aún viven y que atestiguan cómo en los años cuarenta, mujeres se vieron precisadas a dar a luz en los cañaverales porque el alumbramiento coincidió con el paso de máquinas de la Marina que arrastraban casas y derrumbaban viviendas. De hombres y mujeres que se vieron de la noche a la mañana sin el pedazo de tierra que cultivaban para su sustento y el de los suyos.

No voy a limitarme a generalidades y daños a la propiedad de los míos. Voy a hablarles de vidas, de preciosas vidas viequenses que se han perdido y siguen perdiéndose como consecuencia de los atropellos y crímenes de la Marina de Guerra de Estados Unidos en la isla-municipio de Vieques. Yo conozco y recuerdo más de una docena de viequenses muertos o asesinados a manos de marinos borrachos o de bombas puestas en nuestra tierra por esa Marina a la que ahora acuso de criminal.
Todos los viequenses recordamos la muerte de Chuíto Legrán, niño de doce años, víctima de las tantas bombas que tira la Marina en nuestro suelo. Eso ocurrió en 1953. Los mayores nos contaron de cómo fue encontrado en terrenos ocupados por la Marina el cadáver de Alejandro Rosado, enterrado con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba. Eso ocurrió temprano en la década del cuarenta. El asesinato de Felipe Francis Christian en abril de 1954 está todavía fresco en nuestra memoria. Los mayores nos contaron de niños sobre la muerte de Anastacio y Domingo Acosta, padre e hijo, víctimas de bombas de la Marina. Juan Maysonet, Helena Holiday y muchos más forman parte de la cadena de víctimas de carne y hueso.
Recordamos también los llamados motines de 1952, ‘58, ‘64 y ’68 que no fueron otra cosa que hordas de marinos borrachos que se lanzaron como salvajes contra nuestra población civil.
Todos los crímenes han quedado impunes. Los criminales andan sueltos y esta Corte ni ninguna otra los ha juzgado. Sin embargo, hoy me juzga a mí por organizarme junto a mis hermanos viequenses en la Cruzada Pro Rescate de Vieques para luchar contra estos atropellos y la injusticia que representa la Marina de Guerra norteamericana y mi tierra de Vieques.
Además de estos crímenes individuales hay un crimen colectivo contra los 8,000 hermanos viequenses que viven en la Isla. Nos han despojado de 26,000 de las 33,000 cuerdas que tenemos para nuestro desarrollo económico, se nos prohíbe el uso de las aguas para la pesca, fuente de subsistencia de cientos de viequenses y se nos impide el libre tránsito aéreo y terrestre por la Marina norteamericana que ocupa nuestro territorio por la fuerza.
Podría seguir hablando de los graves problemas de desempleo, de la falta de un sistema de educación que nada ofrece al niño y joven viequense, pero no quiero extenderme.
Basta con decir que como viequense, como puertorriqueño y como padre de dos niños me siento legítimamente orgulloso de estar al lado de mi pueblo en estos momentos.
Que no quiero para ellos ni para ningún niño de mi pequeña isla una tierra bombardeada y tiroteada al antojo de extranjeros. Que no quiero para ellos una marinería borracha humillándolos y atropellándolos en su propia tierra.
Que para mis hijos y sus amiguitos el atropello de hoy sea cosa del pasado, un recuerdo, o tal vez una lección en un salón de clase de lo que una vez se hizo en Vieques y que no debe hacerse jamás contra ningún pueblo. Por eso lucho.
Mi delito es pisar la tierra donde nací y donde he vivido toda mi vida.
Mi delito es luchar junto a mis hermanos viequenses y a mi pueblo puertorriqueño contra el abuso y la injusticia que representa la Marina de Guerra de Estados Unidos.
Por esos delitos me quiere juzgar esta Corte que representa los intereses del gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico y por consiguiente los intereses de la Marina de guerra de ese gobierno. Esta es la misma Corte que hace unos días decidió que el derecho a disparar y bombardear de esa Marina está por encima del derecho a vivir en paz de 8,000 viequenses. Esta corte extranjera no tiene autoridad moral ni legal para juzgarme. Como puertorriqueño no puedo encontrar justicia en la corte del invasor que hoy agrede a mi pueblo.
Esta corte podrá hoy enviarme a la cárcel, pero afuera quedarán miles que habrán de continuar la lucha que es la lucha de todo un pueblo.







