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NaciÓN

Las geografías del 11 de septiembre de 1973: el cine de Patricio Guzmán

Especial para En Rojo

«Puedo filmar con mi cámara las ruinas de mi infancia».

 Patricio Guzmán, La cordillera de los sueños

 El maestro del cine chileno, Patricio Guzmán, murió el 15 de septiembre en París. No sé cómo más empezar este artículo. Esas líneas escuetas me saben a hiel porque Patricio Guzmán es de los imprescindibles. Perdimos su voz narrativa dulce y pausada, pero con un ojo que captó los horrores del golpe de estado de la primera mitad de los 70 en Chile. Su documental, La batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas (Chile y Cuba), está dividido en tres partes: La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de estado (1976) y El poder popular (1979). En este documento histórico, Guzmán retrata el triunfo de la Unidad Popular en las elecciones de mitad de término bajo la presidencia de Allende en marzo de 1973, la resistencia agresiva de la burguesía y el golpe de estado liderado por el general Augusto Pinochet. Pero Guzmán no le entrega la última palabra al horror de los militares. El poder popular, la tercera parte del documental, le devuelve la voz al pueblo resaltando el trabajo comunitario, el apoyo popular al gobierno de Allende y el rechazo general a las políticas de derecha. Como bien dijo el cineasta experimental francés, Chris Marker: un documental no empieza cuando llegan los bomberos, sino cuando se enciende la llama que lleva al incendio (o algo parecido porque no encuentro la cita).

La batalla de Chile también encierra la propia experiencia de Guzmán, que pueden escuchar en alguna de sus entrevistas en YouTube. Guzmán terminó el documental con el apoyo de Chris Marker; logró sacar el material fílmico de Chile durante el principio de la dictadura; estuvo arrestado por dos semanas en el Estadio Chile, donde lo amenazaron con fusilamiento; salió del país con ayuda de amigos; y editó su película en Cuba con el apoyo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Además, el director de fotografía, Jorge Müller Silva, fue arrestado y desaparecido junto a su compañera, Carmen Bueno, en el 1974. En su documental, La cordillera de los sueños (Chile y Francia, 2020), Guzmán confiesa: “Mi deseo es que Chile recupere su infancia y su alegría.” El director revisita constantemente en su obra el golpe de estado no solo para profundizar en sus consecuencias, sino para procesar y repensar el trauma del horror que lo llevó a vivir en el exilio por el resto de su vida.

 Hasta este momento, solo había visto La batalla de Chile. Gracias a mi amigo de Facebook, Francis Watlington, guitarrista y cinéfilo obsesivo que a veces enseña español para vivir, acabo de ver La nostalgia de la luz (Francia, Alemania y Chile, entre otros; 2010), El botón de nácar (Francia, Espana y Chile, entre otros; 2015) y La cordillera de los sueños (Chile y Francia, 2020). Estas tres maravillas se enfocan en diferentes aspectos de la geografía de Chile y cómo esta refleja la historia de sus pueblos, sus culturas y hasta la vida del director. La nostalgia de la luz profundiza en el desierto de Atacama, donde no existe nada de humedad. Guzmán considera la claridad con la que se puede observar el cielo desde ese punto geográfico; cuenta la historia de algunos prisioneros del campo de concentración de Charabuco, donde los presos de la dictadura usaban un telescopio para mirar las estrellas y sentirse libres; y entrevista a las mujeres que escarbaron el desierto por 20 años para buscar los restos de sus seres queridos. En El botón de nácar, Guzmán adentra en la relación entre la historia chilena y el mar. El documental nos lleva desde la relación cercana de algunas comunidades indígenas al agua, que representaba una fuente de alimento, hasta la manera en que la dictadura arrojaba los cuerpos de los asesinados al océano. El agua pasa de ser un símbolo de vida a uno de muerte. Pero el agua es memoria que no solo encierra el trauma, sino que también guarda la inocencia que se siente perdida.

En La cordillera de los sueños, Guzmán asume su visión como exiliado para pensar sobre la cordillera de los Andes, que representa una muralla que aísla a Chile del mundo, pero que también es un mundo en sí. Aunque Guzmán filma sus documentales en Chile, en La cordillera de los sueños sentimos la distancia del tiempo entre el director y su país. Guzman estudia las estructuras que permanecen de su pasado, como la casa de su infancia y el edificio abandonado donde estaban muchas de las oficinas de los lideres de la dictadura. El triunfo de la dictadura se refleja en cómo se ha vendido gran parte del país, así como las minas de cobre en la cordillera andina, al capital extranjero. Pero, así como los Andes permanecen, aunque constantemente cambian entre explosiones volcánicas y ríos subterráneos, la esperanza del retorno a un Chile que trascienda el horror de su historia se mantiene viva.

Pueden ver La Batalla de Chile completa en YouTube. Los invito a alquilar la trilogía de la geografía de Chile en Amazon Prime. Celebren la vida de ese Patricio que, aunque nunca regresó a vivir a Chile, siguió creando sobre sus espacios. Hasta pronto, director cósmico.