CLARIDAD
El fascismo no se declara, es una estrategia que se va aplicando de gestión en gestión, de poco a poco. En el caso de Estados Unidos, en la administración del presidente Donald Trump, esa estrategia se ha gestado, entre otras acciones, en su ataque a las universidades, a la población migrante, a las comunidades, a los medios de comunicación, en su guerra comercial y sus amenazas de invasión a otros países, expuso el veterano periodista Juan González, en su cátedra Libertades bajo amenaza: Libertad de expresión, libertad de prensa y libertad de cátedra.
La presentación de González, quien se identifica como un “auténtico nuyorican”, fue auspiciada por la Asociación de Profesores Puertorriqueños Universitarios (APPU), la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPRO) Universi Coop y el Centro de Periodismo Investigativo (CPI), en la Facultad de Estudios Generales del recinto de Rio Piedras, de la Universidad de Puerto Rico (UPR).
El conferenciante ha dedicado la mayor parte de su vida al periodismo, cubriendo temas de política, economía, relaciones laborales y raciales, tanto en Estados Unidos y América Latina como en otras partes del mundo. También ha sido historiador de la diáspora puertorriqueña. En términos académicos, ha sido profesor universitario y, actualmente, es Senior Fellow, en el Great Cities Institute de la Universidad de Illinois, en Chicago.
Sobre ese ámbito universitario, expuso que al presente la relación de la universidad pública con el gobierno, con lo privado, con las comunidades que las rodean, se está transformando ante nuestros ojos; en la práctica, sin voz ni voto de los estudiantes, el profesorado, los residentes locales, ni siquiera de los administradores, que son los principales interesados en dichas instituciones.
En menos de dos años, decenas de universidades de EE. UU. han llamado a la policía para detener a estudiantes que protestan, han aplicado nuevas normas que restringen las reuniones públicas de libertad de expresión, han surgido comisiones del Congreso en Washington D. C., que han interrogado y amenazado a rectores de universidades, que han requerido que despidan a profesores disidentes y expulsen a estudiantes que participan en protestas pacíficas sin siquiera el debido proceso de ley, denunció. Los donantes privados han forzado la expulsión de rectores que consideran demasiado liberales o demasiado débiles. Cuando quieren combatir el antisemitismo, las agencias federales han cancelado de manera sumaria cientos de millones de contratos de investigación universitaria y han amenazado con cancelar miles de millones más en la salud, las ciencias, incluso, humanidades.
Las autoridades federales han arrestado y detenido a un número pequeño pero creciente de estudiantes extranjeros de postgrado, cancelando sus tarjetas de residencia o visas de estudiantes y los han deportado, mientras que cientos de miles de estudiantes migrantes asisten a clases cada día, con el temor de que ellos o sus familiares sean detenidos en las redadas.
“Los ataques han llegado con tal rapidez, que ha sido difícil seguirlos, y muchas personas han quedado traumatizadas y sumidas en la depresión, y la desesperación por estos eventos”, expresó.
Para el periodista ancla del medio Democracy Now, gran parte de lo ocurrido cobra sentido cuando se mira más allá de la avalancha de decretos emitidos a toda velocidad por la administración Trump en contra de muchas de sus propias órdenes. No solo las universidades, sino el sistema judicial, su guerra arancelaria, cuyo objetivo es minar las naciones para someterlas, tanto de aliadas como de enemigas, más allá de amenazas de acciones contra otros países es “una especie de extraña creación del Destino Manifiesto en pleno siglo XXI”. Más allá de todas las acciones económicas unilaterales, incluso las amenazas de invasión a Estados soberanos como Venezuela y Colombia, el hilo conductor que define todos estos acontecimientos es el rápido deterioro del imperio de EE. UU., mientras las naciones y pueblos del Sur Global están creando un nuevo mundo multipolar. En ese aspecto, reconoció que la República Popular de China es la potencia económica emergente del mundo y ya es el socio comercial número uno de nueve naciones de América Latina.
Frente a esta realidad, tanto para Estados Unidos como para otros países occidentales coloniales capitalistas, el fascismo es la estrategia del capitalismo monopolista en un esfuerzo desesperado de los sectores más reaccionarios de la clase alta para mantener el control cuando el sistema mismo se encuentra en una crisis económica que no puede resolver, apuntó.
De acuerdo con González, los nuevos movimientos fascistas se caracterizan en todas partes por una retórica antimigrante y de supremacía racial; defienden la idea de alineación, primero, basado en relaciones sociales, el desmantelamiento del Estado democrático liberal a favor del control directo de los servicios públicos por las mayores empresas tecnológicas y el capital privado; el creciente militarismo y las guerras expansionistas y la represión de cualquier protesta dentro del país.
En el centro de todo esto se encuentra el ataque contra la comunidad migrante. En el caso de EE. UU., la mayoría de los medios de comunicación hacen pensar a los ciudadanos en una crisis migratoria y casi siempre se enfocan en América Latina. Observó que EE. UU. no es el único país que enfrenta una ‘crisis migratoria’, sino que todos los países industrializados de occidente enfrentan la misma situación, legado del coloniaje.
Mientras tanto, la nueva tecnología permite a los capitalistas más ricos del mundo controlar los pensamientos de miles de personas, llegando incluso a soñar con generar guerras sin depender de seres humanos. El veterano periodista apuntó a que el principal problema para la libertad de expresión y la libertad de prensa hoy en día no radica en si el material que se produce sea censurado, sino en que hasta qué punto la información disidente o veraz será sepultada por las empresas tecnológicas que controlan, generan y difunden la avalancha de contenido falso que se produce por la inteligencia artificial y que es consumida de manera inconsciente por las masas.
¿Qué deben hacer entonces los periodistas, revolucionarios, las personas de conciencia contra este ataque fascista?, planteó al público González. “Para empezar, jamás perder la esperanza. En las Panteras Negras y en los Young Lords siempre decían: “El espíritu del pueblo es más poderoso”, citó quien fue miembro de ambas organizaciones. Al respecto, destacó que todos los sistemas tecnológicos dependen en última instancia de los seres humanos para su funcionamiento, por lo que recalcó la necesidad de la unidad, de la organización comunitaria y, de parte de los periodistas, insistir en la verdad.
Para González, no importa las medidas que este nuevo fascismo trate de implementar para aplastar y silenciar la libertad de expresión y la libertad académica. Millones de personas de conciencia en Estados Unidos y en Puerto Rico, así como en el resto de América Latina, el Sur Global, seguirán su lucha por la verdad y por la justicia: “Estoy seguro: el espíritu del pueblo es más poderoso que la tecnología”.



