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NaciÓN

Los súper héroes no mueren, se transforman

 

Especial para CLARIDAD

El pasado martes 5 de mayo,  como gran parte del país, sentí una tristeza grande al enterarme de la muerte de probablemente el mejor jugador de baloncesto que ha dado esta tierra, José “Piculín” Ortiz.  Al enterarme de la noticia puse una foto de Picu en mis redes sociales agradeciendo todo lo que había hecho por Puerto Rico y me comuniqué con la compañera Elga Castro para que hiciera la nota.  Me pareció lo apropiado pues Elga, siendo hija de Eliott Castro, tenía una serie de vivencias y anécdotas con Piculín y yo entendía que era ella la persona que merecía hacer esa primera reflexión.

Hoy, una semana más tarde, hago yo la mía de como Piculín influyó en mí.

Nací en 1983  por lo que era muy pequeño para acordarme del día en que Piculín fue drafteado por los Utah Jazz.  Sé que en el 1987, en Indianápolis, fue el abanderado y que sus primeros Juegos Olímpicos fueron en el 1988 en Seúl.

En 1989 comencé a jugar baloncesto y como siempre pasa cuando uno empieza en un deporte buscas conocer quienes son las estrellas de ese deporte.  En mi caso dos me llamaron la atención, una a nivel mundial (Michael Jordan) y una a nivel local  José “Piculín” Ortiz.  Aunque mi jugador favorito era el Quijote Morales, desde la primera vez que tu veías un juego de la Selección Nacional de Puerto Rico la figura de Piculín sobresalía no solo por su altura si no su conocimiento del baloncesto y la habilidad de irse de tú a tú con los mejores.  No había duda de quién era el “caballo” del equipo.

En 1990, mientras disfrutaba de un viaje familiar a México y Costa Rica, nos topamos con la histórica actuación que estaban teniendo los boricuas en el campeonato mundial de ese año. Recuerdo que varias veces mientras almorzábamos veíamos los juegos donde llegamos 4to en el mundo y rozamos la medalla de bronce de la mano del Picu quien mató a las potencias como Yugoslavia, la Unión Soviética y Estados Unidos.  Picu promedió sobre 18 puntos por juego y dejó establecido que Puerto Rico era una potencia baloncelística.

Pese a que Puerto Rico no tuvo su mejor torneo en Barcelona 1992, la consistencia de Picu estuvo ahí.  Durante la década de los 1990 Piculín jugó en varias ligas de Europa.  Cada torneo que jugaba con Puerto Rico veías como seguía desarrollando su juego.  Eso quedó demostrado en Atlanta 1996 cuando Piculín promedió 25 puntos por juego en los 7 juegos olímpicos de ese año.

También fue dominante en la superior

Piculín llevó a los Atléticos de San Germán a tres (3) campeonatos en los años 1985, 1991 y 1994 y luego hizo una dupleta de ensueño con Carlos Arroyo ganando 5 de 6 campeonatos en la liga superior con los Cangrejeros de Santurce. Admito que esa fue la etapa del Picu que más me disfruté.

El juego perfecto frente a Canadá

Pese a que ya su juego había decaído un poco, Piculín y el país tenían una espina contra el equipo de Canadá que nos había dejado fuera de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 al vencernos aquí en Puerto Rico en el 2003.  Tuvimos la oportunidad de vengar esa derrota y Piculín pareció meterse una cápsula del tiempo y jugó probablemente el juego más completo de su carrera:  sobre 20 puntos, 10 asistencias, 10 rebotes y 7 bloqueos.  Ese juego lo consolidó como la figura más extraordinaria en haber jugado por nuestro país.

Siempre he pensado que la hazaña de ese día, la cual vi como fanático en el Roberto Clemente, influyó en mi decisión de convertirme en periodista deportivo en octubre de ese mismo año.

Una figura legendaria

La figura de Piculín trasciende mucho más que las fronteras de Puerto Rico.  Recuerdo que estando en Grecia con mi familia y mencionarle al taxista que éramos de Puerto Rico, éste estuvo 20 minutos hablando de la figura de Piculín y como era un ídolo allá en Europa.  Eso ha quedado demostrado en estos días pues muchos de los equipos con los que jugó han dedicado minutos de silencio y han presentado paquetes de sus mejores jugadas con ellos.

Siempre estuvo dispuesto a ayudar a los hombres grandes nuevos

Tras su retiro, Piculín siempre trató de ayudar a la nueva generación para que siguiera mejorando su juego; sobre todo los hombres grandes, algo de lo que hemos carecido desde su retiro.  En los últimos tiempos ese trabajo se había visto en el jugador George Condit IV  que sin ser Picu (nadie lo es) tenía en sus juegos características parecidas y ha adoptado algunas de las tendencias de él.

Conciencia social

Piculín es de los pocos atletas que se atrevía a opinar aún cuando un tema fuera incómodo.  A petición del compañero Eliott Castro, utilizó una bandana solicitando la Paz para Vieques en el campeonato FIBA  de 1999 para dar a conocer la lucha que eventualmente llevó a la salida de la marina de guerra de los EEUU de la Isla Nena. También se pronunció a favor de la convocatoria del “Ricky renuncia” que llevó a la renuncia del ex gobernador Ricky Roselló quien en un chat se burlaba del país.

Siempre dijo que sí

Lo que más me llama la atención del Picu es que, convirtiéndose en la estrella que fue, siempre puso la representación del país primero no importa si era un torneo grande o pequeño o si tenía que volar horas desde España, Grecia u otros lares.

Su transformación fue tal que ahora estoy seguro lo veré en todo el que nos represente dignamente, aunque estoy consciente de que como Piculín no habrá otro, nunca.