Lugares para estar solos es una colección de ocho cuentos de la autoría del escritor y cineasta puertorriqueño Orlando Javier Torres. Con una prosa muy bien escrita, Orlando Javier compone el espacio de cada uno de los cuentos y la caracterización de los personajes nos permite sentir y acercarnos a las tramas de estas historias.
El estar solo presenta una oportunidad para conocernos o para ver lo que desconocíamos que estaba ahí, ya sea de nosotros o de las personas con las que convivimos. ¿Hay lugares en los que nos hemos sentido solos, incluso estando acompañados? La casa de un abuelo en Barranquitas podría invitar a la soledad cuando no es el lugar en el que realmente se quiere estar. Eso lo vemos en el primer cuento “Entonces llega otro” en el que conocemos a Fernando, quien pasará unos días con su abuelo Quique porque su madre se ha ido de luna de miel y la petición de Fernando, de que lo mandaran a Tampa con su papá, se quedó en petición. A través de esta historia vemos la construcción del concepto de masculinidad que se espera de un jovencito y cómo él trabaja con todo lo que eso implica, enfrentándolo desde la mirada de los familiares, las amistades del barrio y su propio sentir. Cómo hacemos o hemos hecho para pertenecer, que a veces se vuelve en una manera de supervivencia. Pero todo esto lo vemos enmarcado en el paisaje puertorriqueño, con la forma que nos caracteriza al hablar, lo que se veía en la televisión nacional y los videojuegos que nos acompañaron en la adolescencia. En fin, Orlando Javier Torres, por medio de los personajes, nos regala una historia de ficción que muy bien pudo haber sido la realidad de muchos de nosotros.
De esta misma manera, en “Los arcos”, el sexto cuento del libro, se narra la historia de Osorio, un inmigrante dominicano, quien es el cuidador de su esposa Norma. Este cuento transmite el sentir del cuidador y a la vez lo humaniza porque nos muestra su vulnerabilidad. Así que la focalización del cuento surge a través de Osorio que en varias ocasiones intenta sostener una conversación con su suegro para comunicarle que cuidar a Norma cada vez va siendo más complicado y él necesita ayuda. Hay veracidad en los personajes de los cuentos que Orlando Javier Torres crea porque nadie es completamente bueno o completamente malo, hay tonalidades grises tal cual es la vida. Eso le brinda credibilidad a la historia. Así que, hablando del cuento “Los arcos” vemos a un esposo comprometido, cumpliendo con la labor de cuidador, a la vez que, sin planificar, como sucede en el amor, se enamora de Sandra. Pero la humanización de Osorio también se presenta por la forma amable en la que se sigue dirigiendo hacia su esposa Norma y el aprecio que con el tiempo llegó a tenerles a sus suegros, aunque se sintiera casi como una “deuda de cariño”. Osorio se cuestiona su derecho a la felicidad al mismo tiempo que continúa cumpliendo con un compromiso, amando, porque cuidar es la mejor forma de amar. Asimismo, por medio del personaje Pedro, el suegro de Osorio, se presenta una reflexión sobre las decisiones que se toman en la vida y cómo estas inciden en la realidad en la que terminamos inmersos, de las que a veces se quiere salir o regresar a lo que pudo ser y no fue.
Además, en varios de los cuentos podemos percibir cómo lo raro se filtra en lo cotidiano. Por ejemplo, en “Quizás la próxima”, el segundo cuento, vemos a una mujer que es detenida, por una policía, por conducir a exceso de velocidad y en ese instante se percata de que maneja un carro que no le pertenece. Al mismo tiempo, conocemos el lado humano de la oficial Martínez quien, como debemos suponer, tiene una vida más allá de cuando viste un uniforme azul. Inevitablemente, en nuestra mente lectora, comenzaremos una comparativa de las vivencias de ambas mujeres y notaremos que puede haber cercanía incluso en las vidas más distantes. Por lo tanto, en la medida que la trama se desarrolla comprendemos que lo extraño habita en lo ordinario.
De esta misma forma, entre lo ajeno y lo frecuente, en el cuarto cuento “La proyección” el personaje José Pérez se enfrenta a la crítica de la proyección de su primer largometraje. Los espectadores tienen expectativas altas, mientras él “sólo podía ver el abismo frente a sí”. El miedo al fracaso, hacerse un nombre por medio del trabajo, no tener algo que decir cuando se espera que se hable son algunos de los sentimientos que José transmite. También, enfrentarse a la pregunta impropia, inesperada pero que a la misma vez llegará porque en momentos pasados alguien ha cuestionado: “Mira, ¿y qué es lo próximo? ¿Ya tienes alguito escrito?” El diminutivo revela la intención verdadera del emisor. Por consecuente, se pronuncia el síndrome del impostor por parte del artista que desea que alguien ponga fin a la farsa, pero en el fondo realmente lo que se quiere es salir de la situación incómoda, no sentirse expuesto, desprotegido y vulnerable que es el mayor reflejo de nuestra humanidad. A final de cuentas, a veces no se trata de haber sido, sino de haberlo validado y eso pesa.
Hay una gran importancia en narrarnos, en crear historias desde lo que nosotros somos. No me refiero a la autoficción, sino a que los paisajes, el habla de los personajes, los detalles en una obra provengan de lo más cercano a nosotros, de lo que realmente conocemos y, por ende, lo podemos describir de tal manera que los lectores lo puedan sentir. Lugares para estar solos nos permite caminar por Puerto Rico. Hay mucho para contar en nuestra cotidianidad. Orlando Javier Torres aprovecha esta realidad y crea historias en las que nos podemos reconocer. De modo que, Orlando Javier cuenta sin imponer, pero sin dejar de proponer. La lectura de estos ocho cuentos no se siente pesada, cargada o panfletaria. No obstante, podemos acercarnos a Puerto Rico desde la nostalgia y eso se logra por los espacios descritos, los lugares mencionados, los sonidos, el ambiente y los colores. Tengamos presente que el recuerdo es un factor principal en la construcción de la identidad. La mirada nostálgica acompaña los cuentos y los personajes. Se recurre al recuerdo para poder seguir viviendo cuando lo que ha pasado comienza a tener más sentido e importancia que lo que pudiese acontecer en el futuro incierto.
Por otro lado, debemos destacar que Orlando Javier es cineasta; por lo que su profesión se refleja en su escritura porque en cada cuento hay más “showing” que “telling”. Esta técnica está muy presente en el texto y muchas veces es la mejor forma de narrar.
Para finalizar, quiero destacar el cuento que da título al libro “Lugares para estar solos” por la forma creativa de su presentación. Nos enteramos de la trama y los personajes por medio de reseñas de lugares. En cada uno de estos breves mensajes hay una calificación de cinco estrellitas, como se acostumbra en este tipo de páginas web. Además, no perdamos de perspectiva que quienes redactan las evaluaciones lo hacen mayormente de forma anónima o con un nombre de usuario que no permite revelar su identidad. Así que desde el comienzo hay intriga y expectativa en cada una de las evaluaciones que estamos próximo a leer, a la vez que las relacionamos con las que hemos leído y todo va cayendo en su sitio, comenzamos a atar cabos, casi nos otorga una sensación detectivesca. A su vez, como lectores, podemos concluir que tenemos más en común de lo que pensamos con gente que creemos diferente a nosotros porque, a fin de cuentas, todos hemos experimentado la soledad, el desamor, el amor, la desilusión, la pasión… la vida. En Lugares para estar solos nos acercamos al otro y esto lo logra la literatura.








